Pablo Iglesias Aunión
Cronista Oficial Puebla de la Calzada
Febrero se inaugura tradicionalmente cargado de celebraciones que entrelazan el calendario litúrgico con la vida social de los pueblos. Son días donde la religiosidad popular, la memoria colectiva y el encuentro vecinal se dan la mano. Entre esas fechas señaladas, el 3 de febrero destaca con nombre propio: San Blas, una advocación profundamente arraigada en la tradición cristiana y en la cultura popular de numerosos municipios.
Antes de adentrarnos en el contexto local de Montijo y Puebla de la Calzada, conviene detenerse en la figura histórica y legendaria de este santo cuya devoción ha atravesado siglos.
San Blas: historia, fe y tradición
San Blas fue obispo de Sebaste, en la antigua Armenia —territorio de la actual Turquía—, y vivió entre los siglos III y IV. Venerado tanto por la Iglesia Católica como por la Ortodoxia, su figura ha quedado ligada desde muy temprano a la protección contra los males de garganta, una asociación que hunde sus raíces en la tradición hagiográfica.
Las fuentes cristianas relatan que, antes de ser obispo, ejerció como médico, circunstancia que explicaría su fama como sanador. Vivía retirado como ermitaño, dedicado a la oración y al recogimiento, y el imaginario popular —rico y simbólico— sostiene que incluso los animales acudían a él para ser curados, reflejo de su santidad y cercanía con la creación.
Durante las persecuciones contra los cristianos bajo el mandato del emperador romano Licinio (308–324), San Blas fue detenido por negarse a renunciar a su fe. Sufrió torturas con peines de hierro, instrumentos utilizados habitualmente para cardar la lana, y finalmente fue decapitado en el año 316, convirtiéndose en mártir.
No obstante, el episodio que marcó definitivamente su devoción popular fue el milagro atribuido a la salvación de un niño que se ahogaba con una espina de pescado, tras la oración del santo. A partir de este hecho, San Blas pasó a ser invocado como protector de la garganta, dando origen a la tradición —aún vigente— de la bendición de cordones, cintas o gargantillas en su festividad.
San Blas y su devoción en Montijo
En Montijo, la festividad de San Blas alcanzó durante décadas una notable relevancia social y religiosa. La localidad conserva una imagen del santo en la iglesia parroquial de San Pedro Apóstol, templo edificado entre los siglos XV y XVII, testimonio material de su presencia en la vida espiritual del municipio.
La celebración incluía una romería hasta el cerro donde se levanta la ermita de San Gregorio, datada en el siglo XVIII. Hasta allí acudían las familias portando comida, bebida y productos procedentes de las recientes matanzas, en una jornada que trascendía lo estrictamente religioso para convertirse en un auténtico acto de convivencia y socialización, una comunión vecinal articulada en torno a la Iglesia y al espacio natural.
Durante un tiempo, San Blas fue en Montijo fiesta mayor, con bailes, juegos y encuentros populares. Con el paso de los años, la celebración ha ido transformándose, adaptándose a nuevas realidades, hasta llegar a su formato actual: una programación de carácter festivo y lúdico, organizada por el Ayuntamiento, que tiene como principal escenario la conocida finca de Las Cabezas.
Puebla de la Calzada y la discreta huella de San Blas
Distinto ha sido el devenir histórico de la festividad de San Blas en Puebla de la Calzada. A diferencia de Montijo, las fuentes locales y las tradiciones más destacadas del municipio no recogen un arraigo significativo de esta advocación en la vida festiva de la villa.
No obstante, siempre abiertos al análisis y la interpretación histórica, cabe la posibilidad de que su celebración haya existido de forma más reducida o localizada, quizá vinculada a algún barrio concreto o a actos parroquiales puntuales, aunque —conviene insistir— no existe documentación que lo certifique.
También resulta plausible que se tratara de una festividad menor, de carácter popular y social, similar a la que hasta fechas recientes se celebraba en el barrio de Santo Toribio, haciéndola coincidir con la tradicional fiesta de las Candelas, compartiendo ese mismo espíritu comunitario, participativo y cercano.
Tradición, identidad y memoria
La festividad de San Blas, con mayor o menor presencia, nos recuerda cómo la religiosidad popular ha sido históricamente un elemento vertebrador de la vida en nuestros pueblos. Más allá del calendario litúrgico, estas celebraciones hablan de identidad, memoria y convivencia, de la manera que generaciones enteras han tejido su historia común en torno a la fe, la fiesta y el encuentro.
(Nota: la imagen que aparece ilustrando estas reseñas, pertenece al templo parroquial de San Pedro Apóstol de Montijo).
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