Del 17 al 19 de abril, ha tenido lugar en la Casa de Espiritualidad de Cabezuela del Valle el Cursillo de Cristiandad número 41 de la Diócesis de Plasencia. Para asistir a su clausura, que se celebró en la tarde del domingo 19, se desplazó un grupo de cursillistas desde diversos lugares de la Diócesis – entre los que me hallaba-. Salimos temprano con el propósito de parar en Jerte y pasar unas horas en Tornavacas, donde nos acompañó el Párroco, D. Ovidio, el Teniente de Alcalde, D. Eloy Hernández, y el Cronista Oficial de la localidad, Juan Pedro Recio.

Hasta allí nos desplazamos desde puntos tan diversos como Guareña, Don Benito, Acedera, Vegas Altas, Madrigalejo, Cañamero, Plasenzuela o Navalmoral de la Mata (es posible que me haya quedado atrás alguna localidad; si es así, sepan disculparme).
Después de una comida de confraternidad, realizamos la visita por Tornavacas de la mano de su Cronista. En primer lugar, visitamos su Centro de Interpretación y Recepción de Visitantes, situado en la planta baja del Ayuntamiento, un edificio que, en tiempos pasados, fue la cárcel de la villa. Aquí tomamos un primer contacto con el patrimonio, naturaleza, historia, etc. y, conocimos la curiosa tradición del “Toque de la esquila”, que consiste en que una mujer, todos los días del año y a la puesta del sol, recorre las calles de Tornavacas, tocando la esquila, para llamar a la oración por todos los difuntos. Allí pudimos conversar con dos de las señoras que continúan ejerciendo esta bonita tradición.

Juan Pedro Recio nos llevó, en un agradable paseo, por la calle Real de Abajo, por donde pasaban los rebaños trashumantes de la Mesta, hasta llegar a la Puentecilla, un pequeño tesoro en piedra de grano del S. XVIII, que salva el cauce de la garganta del Cubo. Recorriendo de vuelta la calle Real, nos detuvimos en la casa donde pernoctó Carlos V en noviembre de 1556, cuando iba de camino a su retiro de Yuste.

Y terminamos la visita a Tornavacas en la iglesia de Nuestra Señor de La Asunción, un importante edificio que da muestra de la riqueza de la localidad. Allí pudimos contemplar también la importancia de su patrimonio religioso, con sus retablos barrocos, y la talla del Santísimo Cristo del Perdón, cobijado bajo un baldaquino de gran profusión decorativa.

Fue un lujo contar en esta visita guiada con nuestro compañero Juan Pedro y nos hizo mucha ilusión a ambos podernos saludar. Nos despedimos, emplazándonos para las jornadas de Lobón, y tomamos rumbo a Cabezuela del Valle, como fin del destino.
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