FRANCISCO RIVERO
Mi buen amigo hispano cubano Esteban Maciques, ya más español que habanero, me envía un interesante estudio sobre un reciente descubrimiento arqueológico en la Mina de Ibor, en Castañar de Ibor, en la comarca cacereña de Los Ibores, cercana al mundialmente famoso monasterio de Guadalupe y dentro del Geoparque de la UNESCO de Villuercas, Ibores y Jara.
El trabajo lo ha realizado el Grupo de Investigación Cultural “Luis Montané” y está formado por Esteban Maciques Sánchez y Luis Jara Jiménez, con fotografías del hermano del segundo Alberto Jara Jiménez. Los tres han conseguido nuevos descubrimientos de grabados sobre caliza, del Paleolítico Superior (Magdaleniense entre 17.000 y 10.000 años antes de Cristo) en la Cueva II de la Mina de Ibor. Este hallazgo amplía el número de grabados encontrados en esta gruta, hecho que realza el valor del arte rupestre, dentro de este horizonte cultural en el centro de la Península Ibérica.
En septiembre de 2020 se descubrieron restos arqueológicos en la Cueva número I de la Mina, en Castañar de Ibor, Ahora surgen estos nuevos descubrimientos hechos por la mano del hombre primitivo con afilados elementos de piedra sobre una roca caliza (Las fotos están realzadas para que se vean mejor las figuras).
Hay un mural de 120 por 110 centímetros hay cinco figuras grabadas: Cabezas de un oso, un corzo, un ciervo, un alce o un reno y también trazos en forma de letra M.
La cabeza de un oso se trabaja a partir de grietas naturales. Se aprecian depresiones desgastadas artificialmente, la primera en la zona del hocico y la segunda sobre el ojo. El ojo ha sido tallado en forma de almendra con leve inclinación hacia arriba.
Y el estudio termina con estas conclusiones:
La Cueva número II de la Mina de Ibor, en el término municipal de Castañar de Ibor, Cáceres, Extremadura, es un nuevo recinto que atesora importantes grabados Paleolíticos (El más tiempo duró en la península Ibérica fue el Solutrense, del año 22.000 al 17.000 antes de Cristo-Magdaleniense, del 17.000 al 10.000 a. C.). Por el valor y excepcionalidad de estas manifestaciones, merecen una protección especial, lo que lamentablemente no se ha conseguido hasta el momento, lo que las deja expuestas a cualquier acción vandálica. El arte rupestre aquí encontrado abre una nueva puerta a futuras investigaciones y apunta al hecho, más evidente con cada descubrimiento, de la importante presencia de la huella del hombre del Paleolítico Superior en el centro de la Península.

Comentarios recientes