TEODORO ANTÚNEZ VINAGRE, ARTESANO ZARCEÑO
8 octubre 2026
Emilio Arroyo Bermejo
CRONISTA OFICIAL DE ZARZA LA MAYOR

Hay manos que acarician, hay manos que abrazan, hay manos que tocan y hay manos que transforman.
Zarza la Mayor contó siempre con excelentes artesanos dando forma y utilidad a diferentes materiales para un uso doméstico o laboral.
Desde la fragua, el horno, el taller, Zarza contó con grandes herreros, alfareros, carpinteros, zapateros y orfebres que buena cuenta dieron de sus obras tanto en Zarza como en otros entornos.
Un ejemplo en Zarza la Mayor de esas manos que todo lo moldean es Teodoro Antúnez Vinagre, un hombre de la calle Abajo que une su bondad, su ser zarceño y su respeto a ser un artesano de la forja, del hierro y que con el tiempo derivó a la elaboración de candiles, labor reconocida en diferentes ámbitos.
Teodoro Antúnez Vinagre nace en Zarza la Mayor el 28 de abril de 1914. Teodoro nace en el seno de una familia trabajadora dedicada a la explotación de sus propiedades agrícolas. Sus padres, Antonio Ántunez Borrero y Josefa Vinagre, además de a Teodoro, tienen siete hijos más, aunque uno fallece a la edad de 17 años debido a la falta de antibióticos para una infección de anginas, se llamaba Lucio. Así, además de Lucio, Teodoro tiene como hermanos a Juan, Natividad, Eustasio, Ramón, Cándido y Justa. La familia vivió en la calle Abajo 31 y posteriormente en Abajo 41.
Teodoro sabía leer y escribir perfectamente y contaba con cierta cultura. A los 13 años comenzó a trabajar para aprender el oficio de herrero, pero el momento histórico del país hizo que estallara el Movimiento y nada más comenzar, aunque Teodoro se estaba librando por ser hijo de viuda, tuvo que incorporarse al frente. Se incorporó en Cáceres y posteriormente en Salamanca ingresó en el parque de ingenieros. Luego pasó a Burgos, para al final recalar en Lérida por la zona de Igualada, donde Teodoro llegó a manejar una apisonadora de carretera, recalcando que este era un aspecto del que a Teodoro ni le gustaba hablar, ni hablaba.
Al venir de la guerra, Teodoro contrae, en 1940, matrimonio con Simona Sancho Andrade, nacida el 27 de enero de 1916. Simona era hija de Sandalio Sancho Andrade y Julia Andrade Salgado que vivían en la calle Mesones, 66, familia dedicada a la atención de sus propiedades agrícolas.
Cuando Teodoro y Simona se casan viven en la calle Abajo, 31, vivienda propiedad de la familia de Teodoro, pero a los dos años de nacer su hija pequeña, Presentación, se trasladan a la misma calle, pero ahora al número 41.
Teodoro y Simona tienen cuatro hijos: Antonio nace el 16 de marzo de 1941, Julio el 1 de septiembre de 1943, Cándida el 2 de febrero de 1945 y Presentación que nace el 25 de marzo de 1947. Todos ellos con el paso de los años se casan. Antonio contrae matrimonio con la zarceña Paula González Antúnez y tienen dos hijos; Julio lo hace con la catalana Alicia Palacín y tienen dos hijos; por su parte, Cándida contrae matrimonio con el andaluz Cristóbal Álvarez Toro teniendo también dos hijas y por último, Presentación se casa con el zarceño Elías Antúnez Canales y también tienen dos hijos y con ello los abuelos Teodoro y Simona contaron con ocho nietos.
Profesionalmente Teodoro tenía su fragua en casa. Un recorrido por su zaguán, pasillo y corral daba acceso a ese taller donde con lumbre, fuego, yunque, tenazas y demás herramientas iba moldeando el hierro hasta darle la forma deseada.
Sus hijos trabajaron con Teodoro en la fragua. Pero esto sólo hasta que la emigración azotó a Zarza de la misma forma que lo hizo con muchos pueblos de Extremadura. Los tres hijos mayores, Antonio, Julio y Cándida marcharon solteros mientras que Presentación ya lo hizo casada con Elías. Antonio y Julio tomaron rumbo a Barcelona, Antonio trabajó en la Seat y Julio primero en Correos y posteriormente en el sector bancario. Cándida también marchó a Barcelona y al casarse se asentó en Canovellas y Presentación, junto a Elías, marcharon a Móstoles.
Al inicio, en la fragua Teodoro forjaba sus propias herramientas y posteriormente de igual forma aguzaba una reja, reparaba aperos de labranza o hacia un caldero.
Con el paso del tiempo la actividad de Teodoro derivó en hacer sartenes, calderos, cucharas jarreñas, tenazas, cazos y otros enseres para las dotes de las bodas. Tras este periodo vino la artesanía de los candiles para lo cual Teodoro tenía unas manos primorosas, piezas que su ejecución reportaba mayores beneficios económicos, para lo que empleaba chapa de 1 mm de espesor o se aprovechaban bidones de aceite que se enderezaban a "macha martillo".
Los candiles elaborados eran adornados con elementos naturales como rosas, claveles, pajaros u objetos como abanicos.
Entre noviembre de 2000 y febrero de 2001, algunas piezas de Teodoro estuvieron expuestas en el Museo de Cáceres, en una exposición titulada
"A la luz del Candil" para lo cual se editó un libro en el que se incluyó un estudio realizado por los autores Emilio y Demetrio González Núñez bajo el título "La artesanía de candiles en Zarza la Mayor", en el que se glosa la figura de don Teodoro Antúnez Vinagre y el proceso seguido en la elaboración de los candiles consistente en el rayado y cortado, estampación, engalanado, limado, pitón y ranura, garabato y para finalizar darle un baño de estaño para conseguir un buen lustre de la pieza.
Teodoro no pudo asistir a la inauguración de la exposición, pero posteriormente su familia lo acercó hasta la capital cacereña. Ese día, el amigo Teodoro estaba "como un niño que hace su primera comunión", pues al ver en las vitrinas sus candiles la emoción se apoderó de él. En esa visita es de reseñar una anécdota preciosa. Habían adquirido la entrada y al pasar a la exposición Teodoro comentó al ujier que en la exposición había candiles que él había elaborado, ante lo cual el encargado le dijo: "‽cómo no lo ha dicho usted antes para que le hubiera recibido el director del museo?", hecho que nos demuestra la humildad de Teodoro. Como consideración a Teodoro, Teodoro y la familia fueron obsequiados con varios ejemplares del libro "A la luz del candil".
Los candiles y su obra, Teodoro los vendía en su casa, muchos por encargo a caldereros de Plasencia y Casar de Cáceres, a la ferretería Gregorio Tarancón de Jaraiz de la Vera y muchos otros a nivel particular.
Recuerda su hija Presentación el puesto de venta que su padre ponía en la Plaza por la feria de San Bartolomé.
El pago del trabajo no era siempre de la misma forma. En algunas ocasiones era en especias aprovechando la recogida de las cosechas y en otras con pesetas contantes y sonantes.
Teodoro era un apasionado de su profesión, pero también dejaba tiempo para alguna afición y sus amigos.
Le gustaba ver los toros y echar la partida el domingo en La Pista con sus amigos Gregorio Méndez (herrador) y Antonio Almeida Salgado (zapatero) y conversar con su amigo Modesto Gazapo Gazapo.
Los años pasan y Teodoro fallece el 21 de marzo de 2002, Simona, su mujer, el 14 de febrero de 2010. Cándida, hija de Teodoro y Simona fallece el 20 de enero de 2019. Teodoro y Simona descansan eternamente en el cementerio municipal de Zarza, Cándida fue enterrada en Canovellas.
Teodoro, un marido, un padre, una pasión, una profesión en manos de un hombre bueno, un buen zarceño, un señor respetado que colocó su arte en muchas casas zarceñas, exposiciones y en otras latitudes a las que llegaron sus candiles, sus obras de arte.
Teodoro y familia siempre en el recuerdo de los zarceños.

Emilio Arroyo Bermejo
CRONISTA OFICIAL DE ZARZA LA MAYOR