EL CAPRICHO DE COTRINA
7 de marzo de 2026
Emilio Arroyo Bermejo
CRONISTA OFICIAL DE ZARZA LA MAYOR Y VALDASTILLAS (Cáceres)

Los Cronistas Oficiales, ademas de ofrecer información de las localidades de las que somos cronistas, también podemos divulgar grandezas que encierran otras localidades que merezcan ponerlas en valor para darlas a conocer.
Hace unos días visité el Capricho de Cotrina en la localidad pacense de los Santos de Maimona.
Conocía por medios de comunicación, redes sociales, dípticos y por el boca a boca la obra de Francisco González Grajera iniciada en 1988, pero no había tenido la oportunidad de conocerla físicamente.
Al regreso de la señorial Zafra, días anteriores pedí cita para poder conocer el espíritu y obra de Cotrina.
Como viene siendo costumbre en mí, no suelo apurar los horarios y con tiempo me planté a la puerta de la edificación sita en una urbanización a las afueras de los Santos de Maimona. Llegué tan pronto que estaba yo solo. La verdad es que llegué una hora antes. La Primera persona que llegó, por cierto a bordo de una moto, fue un señor vendedor de cupones. Esta llegada ya me auguró que aunque en ese momento estaba yo solo, en nada supuse que acudiría gente, máxime cuando había que pedir cita con antelación. Y así fue, minutos antes de las 11 horas un aluvión de personas comenzaron a llenar el aparcamiento exterior y hasta un autobús de Portugal.
Dado mi carácter curioso, intenté un acercamiento al vendedor de cupones, cosa que fue fácil pues este señor me contó la vida y obra de Cotrina. Lo conoció perfectamente, además de mantener con él una gran amistad y con el que pasó algún que otro momento de asueto en el lugar.
Este señor me dijo que abriera lo ojos en la visita, la verdad es que desde el exterior del recinto ya observé formas que invitaban a pensar en animales u otros enseres medio escondidos en la construcción, cosa que en la visita, excelentemente dirigida por la hija del arquitecto-escultor, logré descubrir cuando la guía lo explicó.
Ya la puerta de entrada al recinto auguraba la obra de arte de la que iba a disfrutar la próxima hora. Cancela que, con una base de hierro, cuidadosamente y con esmero, Cotrina había sabido insertar pequeñas teselas en las formas moldeadas en hierro. Y sorprendentes son las dependencias interiores, baño, cocina, dormitorios, el pasillo representando el vientre de un gusano…todo bajo la perspectiva de un estilo modernista.
Entrar en el Capricho de Cotrina es abandonar la rigidez de la línea recta y con formas curvas u onduladas adentrarte o camuflarte en la naturaleza, pues los motivos vegetales se convierten en el eje vertebrador de este modelo arquitectónico, un espacio acogedor, amable, único.
Si el exterior es de ensueño, penetrar en sus dependencias es paradisíaco, un aire fresco, colorido, imaginación y esmero se maridan para lograr que el visitante se quede estupefacto por la dosis de paciencia que tuvo el promotor, fallecido en 2016, continuada en la actualidad por los descendientes de Cotrina, para preservar y consolidar el proyecto, desde el respeto y admiración a su padre.
Si digna es la obra, igual de digna o más es el arraigo que presentan los sucesores de Cotrina, máxime en estos tiempos de la inmediatez, cosa o característica que la obra de Cotrina no reconoce. En el "Capricho de Cotrina" las prisas no son buenas consejeras, dosis de paciencia, recuerdo y respeto son los ingredientes que engalanan y ponen en valor, un sueño y deseo, el de una niña que le pidió a su padre una casa distinta y lo consiguió, es distinta, es única.
Enhorabuena por la continuidad en memoria de Francisco González Gragera, memoria hecha patente en ‘EL CAPRICHO DE COTRINA".
Que el sueño y el deseo continúe.

Emilio Arroyo Bermejo
CRONISTA OFICIAL DE ZARZA LA MAYOR Y VALDASTILLAS (Cáceres