El Corpus Christi y la cofradía de Jesús Sacramentado en Valdastillas

El Corpus Christi y la cofradía de Jesús Sacramentado en Valdastillas

Emilio Arroyo Bermejo
CRONISTA OFICIAL DE VALDASTILLAS

Hoy se celebra la fiesta del Corpus Christi, festividad que siempre se celebraba en jueves y que el refranero popular bien recogía:
«Hay tres jueves al año,
que relucen más que el sol,
Jueves Santo, Corpus Christi
y el día de la Ascensión».
Tradicionalmente correspondía celebrar la festividad del Corpus 60 días después del Domingo de Resurrección, coincidiendo siempre en jueves, pero en el caso de España, tras un acuerdo entre la Conferencia Episcopal Española y el Gobierno en 1989, la festividad se ha pasado al siguiente domingo después de esos 60 días, excepto en ciudades en las que sus fiestas mayores son el día de Corpus, como es el caso de la capital Primada de Toledo y el caso cercano de Tornavacas, aquí en el Valle del Jerte, que sigue celebrando el Corpus en jueves, sesenta días después del Domingo de Resurrección.
La festividad del Corpus Christi o Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo sacramentado ofreciendo públicamente el culto de adoración en la Santa Misa y posterior procesión, es una fiiesta religiosa de origen medieval instituida por el papa Urbano IV (Papado de 4 septiembre de 1261 a 2 de diciembre de 1264) quien en su aspecto doctrinal se distinguió por la instauración de la fiesta del Corpus en 1264.

Dejando a un lado este breve pero obligado recorrido histórico, podemos afirmar que la festividad del Corpus Christi siempre estuvo arraigada en Valdastillas, pues ya hay constancia de la existencia de una cofradía, íntimamente unida al Corpus con el nombre del Santísimo Sacramento en los XVII y XVIII, además de otras cuatro cofradías también documentadas.
En concreto, la cofradía del Santísimo Sacramento además de exaltar la adoración a la Eucaristía el día de Corpus, era esta cofradía la que abonaba los gastos de la misa y procesión por las calles de la localidad con Jesús Sacramentado en la Custodia, viviendo su día grande y a lo largo de todo el año, los jueves de verano y quincenalmente los jueves de invierno, se exponía en la iglesia el Santísimo Sacramento acompañado de misa cantada.
Como era habitual en las cofradías y hermandades, la cofradía valdastillense del Santísimo Sacramento poseía bienes terrícolas que en su mayoría estaban arrendados a lugareños, lo que propiciaba a la cofradía el tener rentas, aunque exiguas, para mantener el culto, la actividad litúrgica de la cofradía y el mantenimiento de sus festividades.
Así, a principios del siglo XVIII poseía castañares dispersos en los sitios de los Torneros, Solanilla y las Cerradas; olivos dispersos también en el Vallejo, Cerro Lomo y Cortinal, entre otros. Quizás el valor mayor de todo lo que poseía la cofradía era una casa en el pueblo y una escritura de diez mil maravedis de principal por la venta de propiedades.
Pero el florecimiento de este tipo de asociaciones religiosas se topó, en el siglo XIX, con factores que iniciaron el declive de las mismas, tales como las ventas producidas por las desamortizaciones del periodo Isabelino (reinado de Isabel II) con la conocida desamortización de Juan Álvarez de Mendizabal y la influencia del estado liberal que provocó la reducción de prácticas piadosas.
Así pues, el Vicario de Cabezuela en 1859, que actuaba como supervisor eclesiástico, dio por disueltas las distintas cofradías locales de Valdastillas ya que llevaban muchos años sin actividad alguna.
Pero el día de Corpus fuera del paraguas de la cofradía del Santísimo Sacramento, se siguió viviendo en Valdastillas con su misa y procesión por la localidad con Jesús Sacramentado en su custodia y bajo Palio con la devoción propia de la festividad y solemnidad religiosa.
Desde hace años a esta parte, dado el adelanto de la campaña cerecera, que antiguamente se iniciaba por las Ferias de Plasencia, cuando llega esta fecha, hace que los cuqueños se afanen, como es lógico, en las tareas de recolección, aún siendo días festivos dando prioridad a lo laboral, y así, en la actualidad, la festividad del Corpus en Valdastillas consiste en un acto litúrgico en un altar colocado en la puerta del templo parroquial con adoración a la Hostia consagrada en la custodia, momento vivido con profundo recogimiento y procesión alrededor de la Iglesia y misa con la asistencia de las personas que por edad ya no laboran la cereza o por personas que no se dedican al cultivo del cerezo.

 

LA CAZUELA ZARCEÑA EN JATO

LA CAZUELA ZARCEÑA EN JATO

Emilio Arroyo Bermejo
CRONISTA OFICIAL DE ZARZA LA MAYOR

El próximo fin de semana, 5, 6 y 7 de junio, se celebra en Cáceres la quinta edición de JATO, Encuentro de Oportunidades del Medio Rural, una propuesta de la Diputación Provincial de Cáceres que pretende poner en valor el capital que atesora la provincia, sus comarcas y municipios en aspectos tan reseñables como la riqueza histórica y monumental, el valor paisajístico, la rica y diversa gastronomía, sus fiestas y tradiciones populares, en resumidas cuentas, la idiosincrasia de los pueblos cacereños.
Todos estos elementos proporcionan a la provincia sus señas de identidad, que a través de JATO suponen un excelente escaparate para promocionar lo mejor de la provincia en un marco incomparable cual es la Plaza Mayor de Cáceres y su ciudad monumental, donde se desarrollarán múltiples actividades de promoción.
Como viene siendo habitual, Zarza la Mayor estará representada ofreciendo una degustación de nuestro plato postre típico «LA CAZUELA» el próximo domingo, día 7 en la Plaza Mayor cacereña, a las 12 horas, en el stand del Valle del Alagón, para que las personas que por allí se acerquen, saboreen en su paladar este jugoso postre realizado tradicionalmente en las cocinas zarceñas con motivo de eventos familiares como bautizos, comuniones, quintas y bodas, demostrando que en Zarza la Mayor aún es posible disfrutar de la cocina de antaño, del fogón de las abuelas y de los sabores de siempre.
Zarza la Mayor presenta para la degustación su «CAZUELA DE ARROZ» en la que marida, en las proporciones adecuadas, según receta, harina de arroz, huevos, azúcar, leche y almendras suponiendo una buena excusa para acudir el domingo a degustarla mirando hacia la Ciudad Monumental de Cáceres.

Los pueblos ofrecen lo mejor que tienen, entregan tantas y tantas manifestaciones dignas de mención con el fin de divulgar sus grandezas y ahora queda que todo eso sea visto y disfrutado » in situ», que nos movamos por nuestros pueblos, que viajemos a conocerlos, que saboreemos en ellos sus platos, nos emborrachemos de sus tradiciones y así apoyemos al medio rural, motor de la gran mayoría de las cosas que goza la ciudad.
Y como zarceño y cronista oficial de la localidad, orgulloso de que una representación de Zarza la Mayor esté presente en JATO y coloquen a nuestro pueblo en este escaparate provincial que año tras año tiene más auge.

Con esto, Zarza abre una ventana al exterior, sitúa nuestra gastronomía en el evento más importante de promoción provincial, nos damos a conocer con este excelente plato típico, conectamos y compartimos con nuestros paisanos nuestras excelencias y a la vez divulgamos nuestra tradición gastronómica.

Así que:
«Si endulzar quieres tu boca,
a la plaza de Cáceres tienes que acudir,
un trozo de cazuela zarceña,
podrás ingerir,
y así alegrar tu paladar,
con este postre zarceño,
Que en JATO encontrarás».

Nos vemos el domingo en JATO con la cazuela zarceña, porque somos los de pueblo los que vamos a engalanar Cáceres con colores, olores, sonidos y sabores.

 

LA FUENTE DE LA MIMBRE

LA FUENTE DE LA MIMBRE

27 de mayo de 2026
Emilio Arroyo Bermejo
CRONISTA OFICIAL DE ZARZA LA MAYOR

Quienes me conocen saben que los puentes, el agua, las charcas, las noras, lagunas, arroyos, riveras, gargantas, cascadas, regatos y corrientes de agua siempre me llamaron la atención.
Tirando de cuaderno de campo hice parada en un lugar al que de niño, pedaleando mi bicicleta orbea, en ese afán de explorar el término, me acercaba en esos días de asueto infantil.
Y llegué a la Mimbre, a esa fuente que el viajero senderista la puede encontrar a 2,4 km desde Zarza la Mayor en dirección a la vecina localidad de Ceclavín.
Localizada en la EX 372 en el punto kilométrico 36, en las conocidas tierras abiertas, a menos de 100 metros de la cuneta, se observa una elevación circular que constituye el brocal de la fuente que se nutre del subsuelo.


Fuente de forma cilíndrica con brocal de mampostería e interior de piedra, con un diámetro interior de 2 metros y exterior de 2, 50 metros, aproximadamente.
La profundidad de la Mimbre alcanza 2 metros hasta el aliviadero y 2, 30 metros hasta la parte superior del brocal. Estos datos permiten determinar que, haciendo las operaciones pertinentes, el volumen de la misma, en lo que a capacidad líquida se refiere, alcanza los 6, 28 metros cúbicos, aproximadamente, si está llena hasta el nivel del aliviadero.
El agua aliviada, bien porque su capacidad esté al completo, o porque de forma artificial se obtenga el agua, esta vierte a 30 abrevaderos entrelazados en ligera pendiente, organizados en 5 tramos a partir del aliviadero.
El primer tramo lo componen 10 abrevaderos, 7 abrevaderos componen el segundo tramo, 4 abrevaderos el tercer tramo, 5 abrevaderos el cuarto tramo y cierra el número de abrevaderos los 4 últimos del quinto tramo.
Recurso hídrico al que acuden ganaderos en el estío y épocas carentes de agua en las corrientes fluviales y preciado líquido para el ganado, especialmente para las ovejas que pastorean en su entorno de la mano de la insigne figura del pastor.
Estampa preciosa la que presenta la fuente La Mimbre cuando el senderista se va aproximando, sobre todo cuando el terreno circundante es un tapiz verde bordeando la fuente tras las caídas de las primeras lluvias otoñales, alfombra herbácea y verde que se conserva durante el invierno y las primeras semanas primaverales.
No todo tiene que ser grandilocuente, las pequeñas cosas, nuestras cosas, también son grandes por lo que significan y también merecen el recuerdo.
Seguro que muchos también tenéis recuerdos alrededor de La Mimbre.

 

VALDASTILLAS VIVE LA CERECERA

VALDASTILLAS VIVE LA CERECERA

Emilio Arroyo Bermejo
CRONISTA OFICIAL DE VALDASTILLAS

Si hay que hablar del Valle del Jerte y de Valdastillas hay que hacerlo, ineludiblemente, hablando del fruto de la cereza, seña de identidad de la comarca y de la localidad cuqueña.

Históricamente el producto ha estado presente en la comarca, pues en la Edad Media ya el Valle contaba con presencia del cerezo y posteriormente, en el período de dominación musulmana, la presencia del cerezo aumentó. Con la llegada en el siglo XVIII de la quiebra del castañar con la aparición de la enfermedad de la tinta, enfermedad que produjo que el castaño fuera atacado por hongos que parasitaban y dañaban las raíces y la base del tronco, bloqueando la circulación de la savia y nutrientes, ocasionando daños económicos irreparables en la región, hizo que hubiera que focalizar la atención y el trabajo en otro cultivo.

El daño de la tinta propició la extensión del cultivo del cerezo en el siglo XIX y el aumento progresivo en cada década del siglo XX, hasta llegar a la década de los 60, etapa en la que se produce una expansión acelerada del cultivo del cerezo en todo el Valle del Jerte y en Valdastillas hasta nuestros días.
Dejando a un lado el recorrido histórico, que conviene recordar, decir que no hace mucho celebrábamos la fiesta del Cerezo en Flor, cumpliéndose más de medio siglo de celebraciones que gozan del título de Fiesta de Interés Turístico Nacional, reclamo turístico para la comarca y que este año ha tenido su epicentro en Tornavacas donde, entre otros actos, se le concedió una de las Cerezas de Oro a mi compañero Cronista Oficial de esa localidad, Juan Pedro Recio Cuesta y que tras múltiples actividades y eventos repartidos por toda la comarca, se llegó a la clausura de la festividad en la vecina localidad de Casas del Castañar.
La bella floración que inunda de blanco el Valle, con la ingente llegada de visitantes y senderistas para fotografiarse ante un cerezo florecido y visitar nuestras gargantas, entre ellas la cuqueña Marta, nos ha ido avisando, poco a poco, de que el momento de la cerecera estaba a la vuelta de la esquina.

Y así ha sido. La cerecera se ha hecho presente y adentrarse en cualquier pueblo del Valle del Jerte, en estas fechas, es inmiscuirse en las tareas laboriosas de un día tras otro, sin descanso, para acarrear la cereza, ese oro rojo, que con mimo, coge una a una con sus manos el agricultor del Valle.
La vida, en cuanto a otras cosas se paraliza, no hay diversión, todo es trabajo, los eventos pueden esperar, las miradas permanentes al cielo, las nubes generan desasosiego, prisas. Y ese desasosiego ha llegado. El principal adversario de una cerecera han sido las fuertes tormentas y lluvias de los pasados días, que llenan de tristeza al avezado agricultor, pues el trabajo de muchos meses se tira por la borda en un abrir y cerrar de ojos. A ver si desde las instituciones y desde los seguros agrarios se entiende la situación y se establecen medidas para paliar el daño.
Pero sigamos con el relato.
Es común escuchar «ya están maduras», «mañana voy a la Salera» y «por la tarde echaré un vistazo a los Majales» y «a ver si para el finde, que vienen los muchachos, podemos coger en las Huertas Grandes»…y así en una casa, en otra, en la de Antonio, Ángel y también en la de Marina.
Valdastillas vive este mes de mayo, junio y julio inmersa en la recolección de la cereza, el fruto preciado de esta comarca, el sustento de una economía agraria basada en la agricultura de montaña, aliñada con el trabajo sudoroso de familias completas que saben lo importante que es una buena cosecha para sus vidas y familia.
La bancalización del terreno, como medio de sujeción de las tierras, permite adaptar los cultivos al mismo y así el agricultor cuqueño, como el del Valle del Jerte, puede laborar sus minifundios con el fin de sacar sus productos, para a través del cooperativismo, fuertemente implantado en la comarca, con sello de calidad, poder exportar internacionalmente la cereza.

Y esa bancalización del suelo y las diferentes altitudes del Valle permiten una cerecera escalonada, como escalonados son los bancales y así esas primeras faenas de recogida del oro rojo se produce en latitudes como la de las laderas de Valdastillas, por su situación en cuanto a altitud, que lleva aparejada una temperatura proclive tanto para la floración como para la maduración, siendo Valdastillas uno de los pueblos donde antes se inicia la floración y recogida de la cereza y que progresivamente se irá extendiendo por todo el Valle hasta alcanzar a Tornavacas y Piornal como puntos que gozan de mayor altitud dentro del Valle.

Temprano suena el despertador, yo creo que no da tiempo a que suene, y la ebullición se produce tan rápido que hay que almorzar con agilidad para que, apenas aparezcan las primeras luces, el cerecero ya tenga colgada de su cuello la cesta con el garabato.
Qué bonito escuchar el dicho «cesta» que en el argot futbolístico podría traducirse en «gol» y como el cerecero que está al lado se «pica» para cantar él o ella, también cuanto antes, «cesta» y así una tras otra ir llenando las cajas, con mucho cuidado y mimo, pues la cereza se resiente si no es «acariciada» por la mano del agricultor.
El progreso ha ido dando pasos en la mejora de las condiciones laborales, pero aún, así, estamos ante una realidad laboral dura, pues la recogida del producto exige paciencia, esmero y mucho cuidado por lo delicado que es el género.
Atrás quedan las tardes que había que ir a buscar helechos para forrar las jaulas de madera, con el fin de que la cereza se mantuviera fresquita después de cogida y acarreada con bestias dotadas de engarillas para llevarlas hasta el punto de venta o hasta la Cooperativa del Campo Santa Lucía, fundada en Valdastillas en 1961. Después llegaron los cajones de madera y cartón, pero ya de menor peso.
No solo el trabajo era coger la cereza, tras ello había que escogerla, antiguamente con un almantrinche arrodillado en el suelo, luego llegó el tendal colocando el almantrinche que de vez en cuando había que sacudir para tirar el zurrón. Esta tarea de escoger, con la consiguiente calibración, en principio se hacía en la explotación agraria y más tarde, con el paso del tiempo, la cereza se cogía en el huerto y posteriormente se dejó de hacer en la explotación y se hacía en cada cochera, casilla o espacio del que dispusiera el cerecero cuqueño.
Aunque todavía en algunos casos perviven estas modalidades, si bien, la mecanización de los propios cereceros, de las cooperativas y en especial de la Agrupación de Cooperativas del Valle del Jerte, facilitan el proceso, no sin suponerle costes al productor.
Momento clave en la recogida es el almuerzo, el pequeño recreo en el que de la fiambrera salen exquisitos manjares, (morcilla, tocino de la plingue, un huevo cocido o un trocito de queso…) para reponer fuerzas y charlar un ratito con la cuadrilla, pero poco, la cereza llama, la cereza si está madura no espera y más vale cogerla cuanto antes no vaya a aparecer el nublado, muy propio de los meses de mayo y junio que es cuando empieza a estabilizarse el tiempo, pero que en muchas ocasiones ofrece sustos como los vividos días pasados.
Y cuando el producto está en la cooperativa, el productor ya piensa en mañana, en pasado mañana, en la semana que viene. El horizonte está puesto en el fin de la campaña, que días arriba o días abajo, se ha de producir y si ha habido suerte y el tiempo ha acompañado, ya es momento de hacer el ramo, festejo familiar como fin de campaña y comenzar a planificar eventos, encuentros, en resumidas cuentas esparcimiento después de la laboriosa y calurosa tarea de la cerecera.
Y tras ello viene disfrutar en Valdastillas, a lo largo del verano, del rico repertorio de actividades deportivas y culturales así como de refrescantes chapuzones en sus piscinas naturales y artificiales.
Pero el cuqueño también pone su cabeza y corazón en las próximas fiestas del Cristo de la Victoria, el 14 de septiembre, para honrarle en la ermita del Humilladero y por la tarde, en el Ofertorio en la Plaza Mayor, ofreciéndole todo tipo de productos en agradecimiento por los bienes concedidos, tanto referidos a la campaña cerecera como de otro tipo.
Por eso, que sea una cerecera «como Dios manda» y que el Cristo de la Victoria lo conozca.

CARRASCALEJO DE LA JARA

CARRASCALEJO DE LA JARA

Emilio Arroyo Bermejo
CRONISTA OFICIAL DE ZARZA LA MAYOR Y VALDASTILLAS

El pasado día 29 de marzo se presentaba como una propuesta que desde hace tiempo tenía en mi agenda, pero encontrar el momento se venía convirtiendo en harto difícil. Era el domingo de Ramos y en contra de lo que habitualmente hago ese día, decidí viajar a las tierras del Geoparque Villuercas-Ibores-Jara, comarca cacereña que conserva excelentemente su estado natural.
Centré mi presencia en Carrascalejo de la Jara, localidad a la que había asistido en dos ocasiones anteriores por motivos luctuosos que, como es lógico, no me permitieron adentrarme en conocer el territorio, sus grandezas naturales y patrimoniales.


Situado Carrascalejo en las estribaciones de la Sierra de Altamira, la tradición indica que fue fundado por unos colmeneros de Talavera de la Reina, los que se asentaron en el paraje de El Carrascal y de ahí la denominación de Carrascalejo.
Ofrece el lugar una gran riqueza en cuanto a fauna y flora. Su cercanía a la sierra facilita el hábitat a especies como jabalíes, buitres, venados y corzos, especies que componen la fauna mediterránea. El olivo, cereal, encinas y alcornoques son su plato fuerte en cuanto a especies arbóreas.
Así que esa mañana madrugué para que, tras hacer los 165 km que dista de Cáceres, estar a primera hora ya plantado en Carrascalejo de la Jara, tras pasar por Navalmoral y coger la carretera de Guadalupe, pasar por Peraleda de la Mata y avanzando en el camino, dejar a un lado los restos romanos «Los Mármoles» de Augustobriga, atravesar el pantano de Valdecañas para llegar a Bohonal de Ibor y girar a la izquierda, abandonando la carretera de Guadalupe, para alcanzar, en este orden, Peraleda de San Román, Garvín, Valdelacasa de Tajo, Villar del Pedroso ( famoso por su Carnaval de Ánimas con origen en el siglo XVII y declarada fiesta de Interés Turístico Regional en 2020) y conquistar Carrascalejo, el de la Jara y no confundirlo con El Carrascalejo al lado de la Emérita Augusta.
Allí me esperaba un amigo, de esos amigos que haces cuando estudias y compartes momentos, ese amigo que cuando escribió uno de sus tres libros publicados, me permitió prologar el libro titulado «Carrascalejo de La Jara, datos y vivencias» publicado en 2004 y que en un párrafo del prólogo escribí: «El recuerdo a un pasado y el respeto a la tradición de Carrascalejo ha sido la constante que ha mantenido viva la llama para que este trabajo , amable lector, esté hoy entre sus manos y espero que este viaje que Isidoro les propone les satisfaga al igual que me ha ocurrido a mí».
Así que sin lugar a dudas, él, Isidoro Dávila Dávila iba a ser mi guía por las tierras de Carrascalejo de la Jara.
Pero antes cogimos fuerzas con unos buenos churros en el Bar Mateos, gestionado por Merche, para tras ello comenzar a adentrarnos en un conocimiento pormenorizado de este bello pueblo de la Jara.


A decir verdad, aunque anteriormente había alargado el hecho de volver a Carrascalejo, ahora había un motivo que propició que en cuanto tuviera oportunidad tenía que situarme en la localidad. La razón era sencilla, mi guía ha inaugurado, en la casa de sus padres, ya fallecidos, un museo etnográfico que ha dedicado a su hermana fallecida en el verano de 2024 y a la cual también tuve el placer de conocer y compartir momentos con ella y hoy ese museo se conoce como «MUSEO ETNOGRÁFICO PILAR DÁVILA».
Asombrosa la recopilación de enseres que ha recogido Isidoro de su propia familia y de aportaciones de vecinos y amigos de su localidad y de otras. Un excelente repaso a la vida de antes, un recordatorio de la vida rural, organizado el museo por sectores y actividades del cual se podrá disfrutar, para que durante una hora y media, aproximadamente de explicación, quien lo visite conocerá de primera mano el uso de la gran mayoría de los objetos expuestos y podrá visitarlo de forma gratuita, previa cita al teléfono 646801231. Vale mucho detenerse en la exposición.

Recorrimos Carrascalejo de la Jara, un pueblo dividido en dos por su valle fluvial y natural que permite la existencia de un gran número de pozos, excelentemente conservados tanto en el casco urbano como fuera de él, además de un bello pilón denominado de «La Fragüilla» datado de 1917, pilón que antes derramaba el agua hacia unos bellos lavaderos públicos, con doce puestos, que en la actualidad se encuentran en excelentes condiciones de conservación.
Carrascalejo contó con varios hornos de «Pan Cocer» distribuidos por los distintos barrios, hornos a los que acudían los vecinos a cocer su propio pan. En la actualidad y de propiedad municipal, se conservan tres en excelentes condiciones guardando en ellos utensilios como las palas y en la actualidad sirven para hacer los dulces típicos en las fiestas de San Mateo (21 septiembre), Cristo Soberano (9 abril) o cuando la ocasión es propicia.
La Iglesia datada de siglo XVII presenta una estampa aparentemente moderna pues sufrió una gran reforma en 1940. La iglesia parroquial, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Asunción, tiene una sola nave y en una capilla lateral se custodia una copia de la imagen de la Virgen de Guadalupe, así como la reliquia de un trozo de manto cedido por el Real Monasterio de Guadalupe.


Me llamó mucho la atención en el recorrido el antiguo cementerio parroquial. Situado a los pies de la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, encontramos un llamativo cementerio, de propiedad parroquial, con una bella portada, con puerta de madera de dos hojas, con un bello y gran cerrojo de forja, adintelada la portada con un travesaño-dintel de madera apoyado en jambas constituidas por sillares de granito, coronado, el adintelado travesaño, por un tejadillo cubierto con teja árabe que a su vez es rematado por una bella cruz de forja indicando el sentido religioso del recinto. Datado el cementerio en el siglo XVI y conformado con tumbas en tierra, supone transportarse a inicios y años posteriores al siglo XX (por los datos que ofrecen las lápidas), llamando mucho la atención, datos como la muerte de niños y personas relativamente jóvenes e incluso cuando se ofrece la edad del finado, se escribe, además de la edad, los meses y días a la muerte del fallecido. Algunos cruceros diseminados por el espacio mantienen el carácter religioso del recinto sagrado. Curiosidades.

Si singulares son los hornos de pan cocer y el cementerio antiguo, singular también es su enebro. Una ruta senderista señalizada con salida desde Carrascalejo te acerca hasta «El Enebro», un árbol catalogado como singular con una altura que supera los 9 metros y con un diámetro de copa que sobrepasa los 10 metros, árbol perfectamente circundado para la observación del senderista.
Antes de yantar quedaba ver una era tradicional, ese lugar donde se trillaba después del arduo trabajo de la siega con muchos de los objetos que habíamos visto anteriormente en el «Museo Etnográfico Pilar Dávila» y que evocaba lugares ya casi olvidados hasta en el medio rural.
Hubo que volver a coger fuerzas y lo volvimos a hacer en el Bar Mateos, ese lugar de ocio por donde el tiempo no ha pasado y donde los Carrascalejanos desayunan diariamente sus churros, toman sus vinos, echan la partida y entre sus paredes ven pasar el ciclo de la vida. Y las fuerzas nos las repuso su gestora, Merche, que nos ofreció unas exquisitas migas del lugar y un delicioso secreto aliñado con una ensalada que generó el aprecio de los que compartimos mesa y mantel.

Con las fuerzas repuestas, quedaba subir al Puerto de Arrebatacapas que permite el paso de Carrascalejo a Navatrasierra, lo que corresponde con una de las últimas etapas del Camino Real de Guadalupe, ruta que comienza en la Parroquia de San Jerónimo El Real de Madrid y que recorrían los Reyes Católicos en su peregrinar al Monasterio de Guadalupe. Riqueza paisajista es la que presenta la subida a este puerto lo que ha convertido a Carrascalejo, por su enclave, en un estratégico lugar del Camino Real de Guadalupe. Allí, en la cima, el horizonte se aleja, las vistas son impresionantes y si el viajero desea un poquito de recogimiento, un pequeño altar de pizarra y granito acoge la imagen en azulejos de Nuestra Señora de Guadalupe acompañada por las imágenes de Santo Tomás, patrón de Navatrasierra y San Mateo, patrón de Carrascalejo.
De vuelta, encontrará el viajero en Carrascalejo un área de recreo municipal, donde poderse alojar en un complejo de bungalow rurales dotados de merenderos dentro de la propia naturaleza envolvente que ofrece el pueblo.
La tarde se echaba, Carrascalejo a la umbría presagiaba el fresco de la noche a sabiendas de que en mi mente habían quedado bien fijados los detalles de este recorrido para ahora ser escritos y divulgados para general conocimiento.
La Jara y Carrascalejo, una comarca y un rincón que te sorprenderá. A mí, así fue.