Cántiga del Fuego
María del Carmen Calderón Berrocal, Dra. Historia, Ciencias y Técnicas Historiográficas. Academia Andaluza de la Historia, correspondiente por Extremadura, Cronista Oficial de Cabeza la Vaca, Badajoz. Prof. UPO
La Cantiga del fuego se compuso a raíz del gran incendio que devastó Salónica el 18 de agosto de 1917. Aquel desastre dejó sin hogar a decenas de miles de judíos y arrasó gran parte del barrio judío de la ciudad antigua.
Tras la expulsión de los judíos de España y Portugal en 1492, las comunidades sefardíes conservaron su herencia cultural mientras se desplazaban por distintas regiones. Entre esos elementos se mantuvieron su literatura tradicional, sus expresiones musicales y el judeoespañol o ladino como lengua propia.
En Salónica, la música sefardí evolucionó en contacto con el entorno mediterráneo y del Oriente Próximo, incorporando influencias locales que enriquecieron sus formas tradicionales sin perder su identidad.
La canción alude al incendio describiendo cómo, en un día de sabbat, el fuego se propagó rápidamente, alcanzando zonas importantes de la ciudad. Evoca la tragedia colectiva, donde tanto personas humildes como acomodadas sufrieron por igual la pérdida de sus hogares. También refleja el desplazamiento forzoso de la población, que quedó sin bienes ni refugio, enfrentándose a la pobreza y la incertidumbre. El texto transmite una sensación de desamparo generalizado y de ruptura de la vida cotidiana, utilizando imágenes simbólicas para expresar el sufrimiento de la comunidad.
Dia de sabat, mi madre,
la horica dando dos,
fuego salió al Agua Mueva,
a la Torre Blanca quedo.
Tando probes como ricos,
todos semos un igual.
Ya quedimos arrastrando
por campos y por kislas.
Mos dieron unos tsadires,
que del aire se volan.
Mos dieron un pan amargo,
ni con agua no se va.
Las palombas van volando
hacienda estruicion.
Ya quedimos arrastrando
sin tener abrigacion’
Este texto está en judeoespañol (ladino). Sigue a continuación la traducción al castellano contemporáneo:
“Día de sábado, mi madre,
a la hora de las dos,
el fuego salió en Agua Nueva,
y en la Torre Blanca quedó.
Tanto pobres como ricos,
todos somos iguales.
Ya nos fuimos arrastrando
por campos y por islas.
Nos dieron unos harapos,
que se vuelan con el aire.
Nos dieron un pan amargo,
que ni con agua se pasa.
Las palomas van volando
haciendo destrucción.
Ya nos fuimos arrastrando
sin tener abrigo.”
El texto es un romance en judeoespañol con ecos de persecución, exilio y sufrimiento colectivo. Puede leerse desde una experiencia histórica judía (diáspora, expulsiones, pogromos, Shoá) y también desde claves simbólicas que un lector cristiano puede asociar con pecado, juicio, sufrimiento y redención.
1ª estrofa
“Día de sábado, mi madre… a la Torre Blanca quedó.”
En la tradición judía, el sábado (Shabat) es un día sagrado dedicado al descanso y la espiritualidad. Por ello, que una catástrofe ocurra en ese momento intensifica la sensación de dolor y profanación. El incendio puede entenderse como símbolo de destrucción colectiva, cercano a la idea de persecución o expulsión de una comunidad.
Las referencias a “Agua Nueva” y “Torre Blanca” podrían interpretarse como espacios concretos dentro de la ciudad o como imágenes simbólicas vinculadas al proceso de huida y dispersión. El agua, asociada a la vida y la renovación, sugiere un lugar que debería representar pureza o esperanza, pero que se ve afectado por el desastre, reforzando así la idea de pérdida y desarraigo.
Desde una lectura cristiana, el hecho de que el suceso ocurra en un día sagrado recuerda la presencia del mal incluso en espacios de lo religioso o lo santo. El fuego puede interpretarse como prueba, castigo o purificación. Los lugares mencionados adquieren un valor simbólico como escenarios del sufrimiento humano, mientras que el agua puede relacionarse con el renacimiento espiritual, como en el bautismo. Su destrucción refuerza la idea de ruptura del orden esperado.
El Shabat es el día sagrado del judaísmo, que comienza al atardecer del viernes y termina el sábado por la noche. Está basado en el relato bíblico de la creación, donde Dios descansa el séptimo día. Su significado principal es el descanso físico y espiritual, así como la memoria de la creación y la liberación de Egipto. Se celebra mediante rituales como el encendido de velas, las comidas familiares, las oraciones y el descanso del trabajo. Por ello, la aparición de una tragedia en este día se percibe como especialmente impactante.
En el caso cristiano, el equivalente simbólico sería el domingo, día de culto y descanso asociado a la resurrección de Cristo. En ambos casos, se trata de jornadas dedicadas a lo sagrado, lo que intensifica el contraste con la destrucción.
La “Torre Blanca” puede entenderse, dentro del contexto de los romances, como un punto geográfico asociado al avance del fuego o al alcance del desastre. Simbólicamente, una torre representa protección o refugio, mientras que el color blanco sugiere pureza o normalidad. Su destrucción indica que el incendio afecta incluso a los espacios considerados seguros o elevados.
2ª estrofa
“Tanto pobres como ricos… por campos y por islas.”
Este fragmento destaca que el desastre no distingue entre clases sociales: toda la comunidad resulta afectada por igual. La imagen de personas “arrastrándose” por campos e islas evoca el exilio forzoso, la dispersión y la pérdida del hogar, elementos muy presentes en la experiencia histórica sefardí.
Desde una lectura más universal o cristiana, esta igualdad en el sufrimiento puede interpretarse como recordatorio de la condición humana común ante la adversidad, así como la idea del ser humano como peregrino en la tierra.
3ª estrofa
“Nos dieron unos harapos… ni con agua se va.”
Aquí se expresa la humillación y la pobreza tras la catástrofe. La referencia a los harapos y al hambre refleja la precariedad extrema de los supervivientes. El “pan amargo” puede vincularse con la tradición judía del Pésaj, donde el pan ácimo simboliza la salida apresurada de Egipto y la memoria del sufrimiento.
En clave cristiana, este pan puede relacionarse con la idea del sufrimiento como prueba espiritual o con el simbolismo del pan como alimento esencial y representación de la fe.
El pan ácimo, elaborado sin levadura, tiene gran importancia en la festividad de Pésaj, que conmemora la liberación del pueblo hebreo de la esclavitud en Egipto. Durante esta celebración se recuerda la rapidez de la huida, la dureza del pasado y la transmisión de la memoria histórica mediante rituales como el séder. Sus símbolos principales incluyen la matzá (pan sin fermentar), las hierbas amargas y el relato de la liberación.
En el cristianismo, el pan ácimo también adquiere relevancia en la Eucaristía, donde simboliza el cuerpo de Cristo y la pureza espiritual. Por ello, el “pan amargo” puede asociarse tanto al sufrimiento histórico como a la dimensión espiritual del sacrificio.
4ª estrofa
“Las palomas van volando… sin tener abrigo.”
Las palomas pueden interpretarse de distintas maneras. En el contexto judío, suelen asociarse a la fragilidad del pueblo, la mensajería o incluso la esperanza, aunque aquí aparecen en un entorno de destrucción, lo que refuerza la sensación de caos y desamparo.
En la tradición cristiana, la paloma suele simbolizar la paz o el Espíritu Santo. Su presencia en un escenario de desastre genera un contraste significativo, subrayando la ausencia de paz o la inversión del orden esperado. La imagen final de “no tener abrigo” enfatiza la vulnerabilidad humana y la falta de protección.
Conclusión
En conjunto, el poema refleja una memoria de catástrofe, exilio y pérdida. En el contexto sefardí, conecta con experiencias históricas de expulsión y persecución, mientras que desde una perspectiva cristiana puede leerse como una reflexión más general sobre el sufrimiento humano, la fragilidad de la vida y la búsqueda de sentido ante la destrucción.
Aunque el texto no menciona explícitamente Salónica, presenta rasgos compatibles con el Gran incendio de 1917, que destruyó gran parte de la ciudad y afectó especialmente a la comunidad judía. Sin embargo, también puede tratarse de una reelaboración poética de distintas experiencias de desastre propias de la tradición oral sefardí.

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