María del Carmen Calderón Berrocal
Dra. Historia, Ciencias y Técnicas Historiográficas, Pro. UPO,
Cronista Oficial de Cabeza la Vaca y Secretaria Canciller de ACROEX.
Correspondiente por Extremadura en la Academia Andaluza de la Historia.
Como sabemos el antiguo reino de Sevilla comprendía mucho más de lo que hoy es la provincia de Sevilla.
El antiguo Reino de Sevilla fue una de las grandes divisiones territoriales de la Corona de Castilla tras la conquista cristiana del valle del Guadalquivir en el siglo XIII, especialmente después de la toma de Sevilla por Fernando III el Santo en 1248. Este reino no era un “estado” independiente, sino una demarcación administrativa dentro de la Corona y abarcaba un territorio muy amplio en el suroeste peninsular que incluía, de forma general:
- Gran parte de la actual provincia de Sevilla
- Amplias zonas de la actual provincia de Cádiz
- Parte de la actual provincia de Huelva
- Algunos enclaves que hoy pertenecen a Málaga (sobre todo en su zona occidental, en ciertos momentos)
- El Bajo Badajoz.
Entre sus núcleos más importantes se encontraban ciudades como Sevilla (capital del reino), Cádiz, Jerez de la Frontera, Écija, Carmona, Huelva.
El territorio coincidía en gran medida con la antigua taifa de Sevilla y otras zonas musulmanas reconquistadas por Castilla durante la expansión hacia el sur. Tras la reconquista, se reorganizó el espacio mediante repartimientos de tierras y la creación de concejos dependientes de la capital sevillana.
El reino se estructuraba en:
- Ciudades principales con jurisdicción propia
- Villas y lugares dependientes
- Grandes señoríos nobiliarios y eclesiásticos
Además, Sevilla ejercía un papel dominante como centro político, económico y comercial, especialmente a partir del siglo XVI con el comercio con América. El Reino de Sevilla mantuvo su vigencia como división territorial hasta el siglo XIX, cuando las reformas administrativas (como la de 1833 impulsada por Javier de Burgos) sustituyeron los antiguos reinos por las actuales provincias.
La Casa de Pilatos es uno de los conjuntos palaciegos más representativos de la arquitectura doméstica sevillana del siglo XVI y es la casa donde vivían los adelantados mayores de Andalucía, desde que Catalina de Ribera y Mendoza; y su esposo Pedro Enríquez de Quiñones, compraran en 1483 las casas incautadas por el Estado al ejecutor de la ciudad, el verdugo; y fuesen adquiridas por ellos a la Hacienda pública.
Situada en el casco histórico de Sevilla, en el entorno de San Bartolomé, forma parte del patrimonio de la Casa Ducal de Medinaceli y sigue siendo, en buena medida, un edificio vivo y visitable.
Fadrique Enríquez de Ribera, primogénito del matrimonio y primer marqués de Tarifa, impulsó la mayor parte del proyecto tras su viaje a Tierra Santa. Precisamente ese periplo, unido a su interés por la Pasión de Cristo, terminó influyendo en la tradición que relaciona el edificio con el pretorio de Poncio Pilatos, de ahí su nombre popular. También se ha vinculado su denominación al inicio de un antiguo Vía Crucis que partía desde la zona hacia la Cruz del Campo.
El palacio se articula mediante una compleja sucesión de patios, jardines y estancias interconectadas, generando un recorrido de gran riqueza espacial. En su interior conviven distintos lenguajes artísticos —mudéjar, renacentista y barroco— que se superponen a lo largo de los siglos, reflejando la evolución del edificio.
El acceso principal se realiza a través de una portada de inspiración clásica, labrada en Génova en 1529 por Antonio María de Aprile. Concebida como un arco triunfal, destaca por su equilibrio formal, los medallones decorativos y la inscripción que recuerda el viaje a Jerusalén del marqués. Este elemento renacentista contrasta con detalles de tradición gótica presentes en la coronación del muro. Sin embargo, recientemente, se ha edificado una puerta, con entrada solemne, que es la que se ha habilitado para las visitas del público.
Tras el ingreso se accede al apeadero y, desde allí, al patio principal, considerado el corazón del conjunto. Este espacio, de gran armonía clásica, está rodeado por galerías con columnas de mármol, arcos de medio punto y una rica decoración de yeserías y azulejos. En el centro se sitúa una fuente, mientras que en las esquinas aparecen esculturas de inspiración clásica, entre ellas representaciones de Palas Atenea y otras figuras mitológicas. A lo largo de las galerías se distribuyen bustos romanos, en su mayoría procedentes de colecciones antiguas, junto a piezas restauradas en época renacentista.
En torno al patio se organizan distintas estancias de gran interés artístico. Destaca el Salón del Pretorio, con un impresionante artesonado mudéjar de casetones decorados, así como el acceso al Jardín Chico. También sobresalen la capilla de la Flagelación, de origen tardomedieval, y otras salas con ricas yeserías y azulejería sevillana.
Uno de los elementos más llamativos del edificio es su escalera monumental, que conecta con la planta superior. Se trata de un espacio de gran efecto escenográfico, con azulejos, relieves y una espectacular cúpula de madera con mocárabes, pintada y dorada en el siglo XVI.
En la planta alta se conservan numerosas estancias decoradas con pinturas, artesonados y colecciones artísticas. Algunas salas muestran ciclos pictóricos de temática mitológica y religiosa, además de retratos y obras de distintas escuelas europeas, lo que refleja el carácter humanista de sus antiguos propietarios.
Los jardines constituyen otro de los grandes atractivos del conjunto. El Jardín Chico presenta una organización más íntima, con terrazas, fuentes y esculturas clásicas, mientras que el Jardín Grande adopta un diseño más monumental y simétrico, con logias abiertas que exhiben esculturas antiguas y una clara inspiración renacentista.
En conjunto, la Casa de Pilatos es el resultado de siglos de transformaciones y aportaciones de distintos arquitectos y artistas, entre los que destacan maestros genoveses, sevillanos e italianos. El edificio sintetiza influencias mudéjares, renacentistas y barrocas, convirtiéndose en una de las muestras más completas del arte nobiliario sevillano.
Más allá de su valor arquitectónico, el palacio representa también un espacio de intercambio cultural y artístico que marcó profundamente la vida intelectual de la Sevilla del Siglo de Oro.
Para saber más: CONSULTAR ESTE VÍDEO.
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