Durante más de cuatrocientos años, Madrigalejo estuvo muy ligada al Monasterio de Guadalupe, habida cuenta de que, tomando palabras de Arturo Álvarez, esta localidad fue uno de los lugares en que el opulento cenobio guadalupense tuvo más antiguas y mejores tierras de trigo y ganado[1]. Para administrar la importante hacienda que el monasterio tenía en el lugar, el convento disponía de una gran edificación acorde con el trasiego que generaban sus propiedades. Estamos hablando de la histórica “Casa de Santa María”, de la que apenas queda un pequeño resto y de la que no nos cansaremos de demostrar que, en absoluto, fue una casita desguarnecida e indecorosa, como la llegó a calificar Mártir de Anglería[2].
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