Del membrillero cuelgan los frutos moldeados por la luna de septiembre que acabarán dormidos y derramados sobre el almíbar de la sepultura dorada de una lata de Puente Genil. Así está el almanaque que se abre en estos días que cantan la antífona del paraíso de los sabores que llegan. La paleta pinta la luz dorada, atemperada, suave y tamizada del otoño que abre sus puertas. Bajo un cielo azul claro y sin que aún las canales nos ofrezcan un concierto copioso de lluvia que cae. Con la falta que hace para que alivie la sequedad, corra el agua por regatos y riberas proclamando la otoñada.
Días que aún saben a vendimia, a racimos de uva, sudor y manos que trajinan. Días de introito de orzas de barro que custodiarán ese punto con sabor y grandeza de las primeras aceitunas aliñadas. Días donde los melones, casados y sumisos son subidos a los doblados para azucararnos las tristezas del invierno. Los arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael, con sus ferias, mercados y tratos, producirá coletazos a veranillo pegajoso que desea quedarse.
Así llegarán los gozos de octubre con el regreso de nuestra Patrona a su ermita. Las clarisas rezando en el quinario a San Francisco. El Niño besará a su madre, la Virgen del Rosario. Guadalupe recordará la coronación de la morenita de las Villuercas, día de la Hispanidad y Fiesta Nacional. A mediados será la fiesta de la santa carmelitana, Santa Teresa de Jesús y luego San Pedro de Alcántara, patrón de Extremadura. Entre tanto,
la granada, desde su timidez, le faltará poco para coronarse reina, endulzándonos el bautizo de la vida. Así es el calendario que traen los quehaceres y los días. Es otoño
Manuel García Cienfuegos
Cronista Oficial de Montijo y Lobón
cienfuegos@cronicasdeunpueblo.com

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