Oración al río Guadiana (Manuel Pacheco)

Oración al río Guadiana (Manuel Pacheco)

Manuel García Cienfuegos
Cronista Oficial de Montijo y Lobón
cienfuegos@cronicasdeunpueblo.com

«Padre Guadiana que estás en el suelo, santificadas sean tus aguas, venga a nosotros tu naturaleza de paz y libertad y no perdones la civilización de los hombres que arrojan veneno en tus orillas. Líbranos de las sequías y la muerte de tus árboles y peces, acaricia los cuerpos que disfrutan tus abrazos y no los conviertas en muñecos de cera. Pon en nuestros cuellos farolillos de nenúfares y líbranos para siempre de las tiranías, odios y guerras. Amén».

MANUEL PACHECO (Olivenza, 1920-Badajoz, 1998).
Poeta. Académico de la Real Academia de las Letras y las Artes de Extremadura. Huérfano temprano, ingresó a los siete años, en el orfanato de Badajoz, y allí sufrió los duros avatares de la Guerra Civil. Al cumplir los dieciocho años se incorporó a filas, todavía en plena contienda, pero su maltrecha salud le llevó de enfermería en enfermería y de hospital en hospital, donde se familiarizó con el dolor y la muerte, dos temas que aparecen con frecuencia en su poesía y en sus relatos.
En 1940, una vez licenciado del Ejército, intentó multitud de humildes empleos para subsistir hasta que logró una plaza de mecanógrafo (Pacheco se ganó la vida como funcionario del Ministerio del Ejército, en las Subpagaduría de Haberes), ocupación que ha quedado testimoniada en varios registros poéticos, como en el “Poema para mirar al hombre de oficina”, en el cual escribe: “Nicho de fría fábula recoge/ la cansada atención de tu mirada,/ máquina de escribir, calculadoras/ escupen sus metales en tu entraña”; actividad que completaba con la de auxiliar en la Biblioteca de la Diputación Provincial de Badajoz.
De formación escasa, y totalmente autodidacta, Pacheco fue un hombre especialmente interesado por la literatura, el arte y el cine, y aprendió todo lo que esa curiosidad y una envidiable intuición le permitieron. Participó activamente en todas las tertulias provincianas que se formaron en su tiempo, especialmente en la que se celebraba cada sábado en la casa de una dama de la capital pacense, Esperanza Segura Covarsí.
Era la década de 1950, y Pacheco empezaba a publicar sus primeros libros de poemas, dentro de la estética de la “poesía social” que entonces se abría camino, aunque también se advierte en su obra una orientación surrealista que aprendió en sus inicios, cuando estuvo en breve contacto con el grupo postista, en el contexto vanguardista de la década de 1940. El hombre concreto, en sus circunstancias concretas, es uno de sus temas preferidos, al margen de todo formalismo esteticista, que considera frío, inerte, antipoético. El paisaje extremeño y una cierta veta erótica completan su cuadro estético. Uno de los libros que mejor caracteriza la poesía global de Pacheco es el titulado En la tierra del cáncer, poemario sombrío, con versos estremecedores. Su prosa narrativa también procuró análogo talante transgresor en la forma y en el contenido.

 

Torremayor. Dos mil duros o la vida

Torremayor. Dos mil duros o la vida

Manuel García Cienfuegos
Cronista Oficial de Montijo y Lobón
cienfuegos@cronicasdeunpueblo.com

El chantaje más surrealista de la Extremadura de 1909. Un día como hoy, 13 de julio, El Noticiero Extremeño publicaba una crónica de sucesos que hoy en día se volvería completamente viral. El protagonista de la historia es don Pedro Fernández Casado, un vecino de Torremayor que recibió una carta anónima muy poco sutil: o se presentaba en el camino de Arroyo de San Serván con 2.000 duros, o le quitaban la vida.
Pero don Pedro no se amedrentó. Al día siguiente, los extorsionadores esperaban pacientemente sus “2.000 chulés” (como llamaban al dinero en la época). ¿Y qué recibieron en su lugar? ¡Dos guardias civiles! Con muchísima guasa, el redactor de la época explicaba que llegaron dos agentes «por valor de 1.000 duros cada uno» para completar la cantidad pedida.
Al ver que la “mercancía” no era exactamente lo que esperaban, los agentes se los llevaron detenidos para que pudieran poner una queja oficial desde la cárcel por la “informalidad” de Don Pedro. El consejo del periodista: “Les aconsejamos abandonen su negocio, pues está visto que no se le saca a nadie un cuarto ni con amenazas de muerte”. (Tomado de la Real Sociedad Económica Extremeña de Amigos del Pais de Badajoz).

 

 

Desde el Valle del Jerte

Desde el Valle del Jerte

Manuel García Cienfuegos
Cronista Oficial de Montijo y Lobón
cienfuegos@cronicasdeunpueblo.com

En Tornavacas me pregunto ¿acaba aquí o principia Extremadura? Tierras solemnes donde se desliza el gozoso Xerete (Jerte, aguas cristalinas, valle angosto). Aquí se escuchaban las esquilas del ganado en tiempos de trashumancia. En Tornavacas, todos los días, al caer la tarde, los toques de ánimas rezan a vivos y difuntos. En esta villa, el 11 de noviembre de 1556, descansó Carlos V camino de su retiro hacia Yuste, en la casa de Ivan Méndez Dávila, criado de Su Magestad, que así reza labrado en el dintel pétreo, en la calle Real de Abajo.
Caminos de piedra. Caminos antiguos de esta hermosa tierra. Caminos de aguas pletóricas que saltan y corren. Alegres fábricas de espumas. Gargantas que bailan al son del agua. Fría agua. Pura sierra a un lado y otro. Umbría y solana. El río es el Génesis, origen, principio y ser de todo. Llego a Jerte y luego a Cabezuela, cabeza del Valle, con su puente para pasar el río que la cruza y su aljama judía. Y Navaconcejo. Hay calles empinadas entre portales. Balcones donde cruje la madera envejecida. Soleados, exhibiendo macetas y tiestos con geranios.
Avanzo siguiendo el Jerte. Lo dejo y subo. Corro hacía él, al más alto de Extremadura: Piornal, mirador del paisaje ¡Que paisaje! Duermen en paz los cerezos, hay miles y miles de ellos que se despiertan con la sangre de la primavera. En la plaza de Piornal resucita el sonido del tambor de Jarramplas y la copla “A los veinte de enero, cuando más hiela, sale un capitán fuerte a poner bandera”. Cerezos, castaños, robledales, olivares, matorrales y pastizales.
Bajo y cruzo el río hasta el Mirador de la Memoria, a poco para llegar a El Torno. Todo es silencio. Sobrecoge el olvido y la desmemoria. Cuatro figuras humanas, una mujer, un anciano y dos hombres jóvenes, hechas por Francisco Cedenilla, lo dicen todo: “En estas sierras el olvido está lleno de memoria”. El monumento está entre olivos, símbolo de la paz. No a la guerra. Sí a la paz, siempre la paz.
Voy a las aguas del balneario del Jerte, en sentido contrario a Valdastillas, donde su uso cobra otra dimensión. Aguas sulfurosas, benefactoras para las dolencias musculares, afecciones de la piel y la fatiga respiratoria. En el valle del Jerte arquitectura, piedra, gargantas, agua, pueblos, paisaje, paisanaje, descanso y compañía han roto los quehaceres de los días cotidianos.
El valle acaba. Saludan los chopos y olmos llegando a Plasencia, su capital, entre Cáceres y Salamanca. La ciudad que agrada a Dios y a los hombres (ut placeat Deo et hominibus) En Salamanca el Tormes. En Plasencia el Jerte. En ambas dos catedrales, la vieja y la nueva. En la Vía de la Plata los caminos van a Cáceres, a la romana Emérita y luego las Vegas Bajas del Guadiana. Grande, muy grande nuestra antigua, hermosa y sabia tierra, Extremadura.

 

 

Montijo. El quiosco de Vázquez

Montijo. El quiosco de Vázquez

Manuel García Cienfuegos
Cronista Oficial de Montijo y Lobón
cienfuegos@cronicasdeunpueblo.com

Mientras la memoria esté conmigo y me dure, felizmente seguiré escribiendo memoria. Allí, en el medio de la plazuela, tres quioscos desafiaban la dureza de los días y sus quehaceres. Prensa, novelas, cuentos, chucherías, pipas, garbanzos tostados, chicles, y hasta ‘bisontes sueltos’ que debían ser atados ante el susto que producían los mixtos que estallaban sin piedad. Vázquez en el medio, y en los costeros María de la O y Candidito. Aquella trilogía fue gloria bendita, pura estética, arte y temple de cómo había, debía y tenía que pararse el tiempo.
El quiosco me trae el olor a las aventuras de Roberto Alcázar y Pedrín, Hazañas Bélicas, El Jabato con Taurus, Claudia y Fideo de Mileto, Pulgarcito, Mortadelo y Filemón, y Josechu, un fortachón vasco que salía en las páginas del TBO. Aunque ninguno de ellos igualó al entusiasmo que me producía las aventuras de El Capitán Trueno, junto a Crispín, Goliat y Sigrid, su novia y Reina de Thule, quienes en sus aventuras luchaban por el débil, defendiendo la justicia y liberando a los oprimidos que ahora bullen y borbotean en el puchero de mis nostalgias.
(Quiosco de prensa de Fernando Vázquez en la hoy plaza de la Constitución. Al fondo el rótulo del almacén “piensos compuestos” de Santiago Cabezas, en el que, en algunos años, en la feria, se instalaba la caseta benéfica “El Túnel”). (Foto VISAM)

Montijo. Cantinflas en los cines Palmera y Avenida

Montijo. Cantinflas en los cines Palmera y Avenida

Manuel García Cienfuegos
Cronista Oficial de Montijo y Lobón
cienfuegos@cronicasdeunpueblo.com

Los pasillos de la memoria, gracias a la cámara de Visam, hoy martes, me llevan a la película “El Extra”, protagonizada por el popular Mario Moreno, Cantinflas. El cartel que anunciaba la película que se proyectaba en los cines Palmera y Avenida de Montijo, se situaba en la fachada de Confecciones Menayo, entre la Casa del Navegante y la mercería y librería de Agudo, en la plaza de España. Obra realizada por el pintor José María Sánchez Lasaosa, JOSÁN, asiduo realizador de los carteles de los cines emeritenses Liceo, María Luisa y Alcazaba.
La película “El Éxito” (filmada en 1962) mostraba la decisión a triunfar en el mundo del cine, de Rogaciano (Cantinflas) que acepta un papel de ‘extra’ en varias producciones, en las que tiene que interpretar personajes tan variados como el de amante de Margarita Gauthier, un jefe indio, bailarín de twist o matón del oeste. Pero su excesivo celo en el trabajo provoca la antipatía de los sucesivos directores…
Mario Moreno Reyes (Ciudad de México, 1911-1993) fue el sexto de catorce hijos del matrimonio formado por el cartero Pedro Moreno Esquivel y María de la Soledad Reyes Guízar. Se dedicó a diversos trabajos desde muy joven: ayudante de zapatero, limpiabotas, mandadero, cartero, taxista, empleado de billar, boxeador y hasta torero… Vivió cientos de vidas a través de su carismático personaje, que le lanzó a lo más alto de la fama mundial y le llevó a Hollywood: ‘Cantinflas’. Caracterizado siempre por interpretar profesiones humildes o de servicios como peluquero, barrendero, médico, policía o sacerdote, como en El padrecito, la película favorita del Vaticano.

CINES PALMERA Y AVENIDA
En 1958 la empresa Menayo inaugura el cine de verano Palmera, en la calle Clavijo, proyectando la película Alejandro Magno, protagonizada por Richard Burton. El nombre lo toma por la palmera que se encontraba en su interior, talada en 1960 cuando se realizan reformas para mejorar las instalaciones. En la fachada se encontraba la taquilla y se colgaban las carteleras que anunciaban las películas, hasta la última, 101 Dálmatas, en 1997.
La empresa Menayo contaba con otro cine, el Avenida, también de verano, situado en la actual calle Paco Quintana Merino. Era conocido como el cine ‘el chaleco’ o de ‘la alpargata’ porque, por lo general, el público solía ir con la ropa informal utilizada en el trabajo o de estar en casa. Las películas que se proyectaban eran las mismas que en el Palmera y, en ocasiones, había que esperar que el rollo de la película fuera trasladado de uno al otro, mientras para amenizar el descanso solía ponerse el disco de Miguel Aceves Mejías. Cerró sus puertas con la proyección de Drácula de Francis Ford Coppola.