«Entre la experiencia docente y la investigación histórica»

«Entre la experiencia docente y la investigación histórica»

Cronista Oficial Puebla de la Calzada

El sentimiento de satisfacción por los objetivos alcanzados a lo largo de la trayectoria personal y profesional constituye una consecuencia natural del esfuerzo sostenido y del compromiso continuado con la labor académica. Dicha satisfacción adquiere una especial relevancia cuando, tras casi treinta y cinco años de ejercicio activo en el ámbito de la docencia, se permanece plenamente vinculado al proceso de formación universitaria, en un momento previo a la defensa de una tesis doctoral.

En este marco, resulta motivo de legítimo orgullo y profundo agradecimiento la confianza depositada por estudiantes universitarios al solicitar la dirección de un Trabajo Fin de Grado, particularmente cuando el objeto de estudio se inscribe en un ámbito de especial significado histórico y cultural, como es el análisis de la devoción a Nuestra Señora de Guadalupe desde una perspectiva histórica.

La tutoría de un trabajo de esta naturaleza y nivel académico comporta una responsabilidad notable y, al mismo tiempo, un honor académico. En primer lugar, porque el proyecto ha sido evaluado favorablemente y aprobado por la Universidad Pontificia de Salamanca, que ha autorizado formalmente su desarrollo bajo esta dirección. En segundo término, porque la labor tutorial implica acompañar al estudiante en su proceso de investigación y contribuir activamente a la consecución de sus objetivos formativos y académicos.

La docencia y la investigación en disciplinas humanísticas, y de manera particular en el campo de la Historia, constituyen pilares fundamentales para la transmisión del conocimiento, el análisis crítico del pasado y la preservación del patrimonio cultural. No obstante, es igualmente cierto que el ejercicio académico puede verse sometido a valoraciones externas carentes de rigor o motivadas por percepciones ajenas al ámbito universitario. Frente a ello, resulta necesario reafirmar la importancia del mérito, la formación continua y la legitimidad institucional como fundamentos esenciales del quehacer académico en el contexto universitario contemporáneo.

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Presentación del nuevo libro de José Luis Molina Bolaños en Puebla de la Calzada

Presentación del nuevo libro de José Luis Molina Bolaños en Puebla de la Calzada

Cronista Oficial Puebla de la Calzada

El profesor y escritor José Luis Molina Bolaños presentará su nuevo libro, El refranero español. Machismos, racismos,… y 33 comentarios más, este miércoles 28 de enero en la Biblioteca Pública Municipal de Puebla de la Calzada. La obra, editada por Círculo Rojo, continúa la línea de estudio de los refranes que Molina Bolaños inició con su anterior título, El refranero castellano. 101 comentarios, ya en su segunda edición.

Natural de Mérida y residente en Valdelacalzada, José Luis Molina imparte actualmente clases de Filosofía en el I.E.S. Vegas Bajas de Montijo. Su trayectoria como escritor se consolida con publicaciones que abordan la cultura, la historia y la literatura local. Entre sus obras destacan Valdelacalzada. Versos bajo su luna y Un paseo histórico, literario y fotográfico por sus calles y plazas.

El acto de presentación dará comienzo a las 19:00 horas como decimos en la Biblioteca Pública de Puebla de la Calzada, contará con la participación de Juan María Delfa Cupido, alcalde de Puebla de la Calzada; el profesor y escritor Juan Pablo Sánchez Miranda; y los bailarines, coreógrafos y profesores de baile Jesús y Sandra.

La iniciativa forma parte del compromiso de la Asociación Vecinal Valviense con la difusión cultural, a través de actividades como veladas literarias, jornadas históricas, conciertos, teatro, conferencias y publicaciones. Asimismo, se enmarca dentro de los esfuerzos del Ayuntamiento de Puebla de la Calzada para promover la cultura en la localidad.

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Los Santos Mártires en Montijo y Comarca: memoria histórica, devoción y patrimonio documental

Los Santos Mártires en Montijo y Comarca: memoria histórica, devoción y patrimonio documental

Cronista Oficial Puebla de la Calzada

Entre los años 1999 y 2000, fruto de un acuerdo de colaboración entre la Diputación de Badajoz y la asociación ADECÓM-Lácara, pude publicar un amplio estudio sobre la entonces Comarca de Lácara, estructurado en dos volúmenes. Aquella obra supuso un hito en el conocimiento histórico de la comarca y, de manera particular, en la recuperación de elementos patrimoniales hasta entonces poco conocidos.

El primero de estos volúmenes, titulado Historia de la Comarca de Lácara. Del Medievo a los Tiempos Modernos, incluía en su página 117 la primera referencia publicada a la antigua ermita de los Santos Mártires de Montijo. Este hallazgo fue posible gracias al trabajo de investigación realizado previamente como becario en el Archivo Provincial de la Diputación de Badajoz, donde se tuvo acceso a una abundante y valiosa documentación procedente de la Orden Militar de Santiago, especialmente para la mediación del siglo XVI. La transcripción de estos documentos permitió sacar a la luz datos inéditos sobre la historia religiosa y artística de Montijo.

A partir de ese momento, y dentro de la misma obra, se completó el estudio histórico de la ermita desde el año 1550, incorporando referencias a la devoción a San Fabián y San Sebastián, santos tradicionalmente vinculados a la protección frente a las epidemias. Dicha devoción aparece documentada ya en relación con las epidemias de 1507, lo que evidencia su arraigo temprano en la religiosidad local.

No obstante, la documentación conservada permite retroceder aún más en el tiempo. En 1503 ya se mencionan ambos santos en los altares de la parroquia de San Pedro Apóstol de Montijo, como recoge una visita pastoral en la que se describe:

“…visitose otro altar, de los Mártires, con su imagen pintada en la pared, con unos mandiles y unas sábanas y una cortina…”.

Esta cita enlaza directamente con un estudio previo que presenté en la Universidad de Extremadura, centrado en la pintura tardogótica en la comarca de Mérida (siglos XV-XVI), y que pone de manifiesto la existencia de manifestaciones artísticas de notable interés vinculadas a esta devoción.

Este recorrido histórico sirve también para contextualizar publicaciones más recientes, como la dedicada a la devoción a los mártires en Puebla de la Calzada, y para recordar que el estudio sobre los Santos Mártires de Montijo cuenta con una trayectoria investigadora documentada en los Libros de Visita de la Orden de Santiago (1494-1605), que se remonta desde esta fuente primaria al año 1992, primero desde el análisis del arte gótico y, posteriormente, con las ediciones de 1999 y 2000 de la citada obra comarcal. Dos ediciones hoy agotadas, pero que siguen siendo una referencia fundamental para comprender la historia religiosa y patrimonial de la comarca de Lácara.

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San Fabián y San Sebastián: peste, devoción y religiosidad popular en Puebla de la Calzada (siglos XVI–XVII I)

San Fabián y San Sebastián: peste, devoción y religiosidad popular en Puebla de la Calzada (siglos XVI–XVII I)

Cronista Oficial Puebla de la Calzada

Introducción

Al finalizar el mes de enero, coincidiendo con la festividad de San Fabián y San Sebastián, tradicionalmente conocidos como santos mártires, se abre una oportunidad propicia para reflexionar sobre su significado histórico, su advocación protectora y su profunda implantación en la religiosidad popular de la villa de Puebla de la Calzada. La veneración a estos santos no puede entenderse sin atender al contexto de crisis demográfica, miedo y enfermedad que caracterizó a la Europa moderna, y muy especialmente a la Monarquía Hispánica durante el último tercio del siglo XVI.

Peste y epidemias en la Edad Moderna: la búsqueda de protección

Los siglos XVI y XVII suelen evocarse como el periodo de máximo esplendor del llamado Imperio español, bajo el gobierno de los denominados Austrias Mayores: Carlos I (1516–1556) y Felipe II (1556–1598). Esta imagen de grandeza, simbolizada en la célebre expresión de que “en sus dominios no se ponía el sol”, contrasta profundamente con la realidad cotidiana de amplios sectores de la población.

Lejos de la opulencia imperial, la vida del pueblo estuvo marcada por la precariedad, las crisis económicas y, de manera dramática, por las epidemias de peste. Desde aproximadamente 1570 hasta 1600, Europa occidental sufrió una de las oleadas epidémicas más intensas de la Edad Moderna, que se extendió desde el ámbito otomano hasta las costas atlánticas, afectando con especial virulencia a la Península Ibérica. En los últimos años del siglo XVI, en torno a 1599, la peste se había convertido en una presencia constante y mortífera en amplias zonas de España, incluida Extremadura y la comarca de las Vegas Bajas del Guadiana.

Intelectuales contemporáneos como Martín González de Cellorigo (1570–1620) dejaron testimonio del impacto social de la enfermedad, describiendo cómo “la enfermedad se alborotó… y poco a poco se fue encendiendo…”. En este contexto de incertidumbre y temor, la población buscó amparo no tanto en la medicina —limitada y poco eficaz— como en la protección divina, canalizada a través de la devoción a determinados santos.

San Fabián y San Sebastián: santos protectores contra la peste

Dentro de este marco de religiosidad defensiva destacan San Fabián y San Sebastián, ambos mártires del cristianismo primitivo y tradicionalmente invocados como abogados contra la peste y las epidemias. San Fabián, papa y mártir, fue sepultado en el cementerio de San Calixto, en la Vía Apia de Roma, en el año 250. San Sebastián, tribuno militar del ejército romano, nacido en Narbona hacia 256 y muerto en el 288, alcanzó una enorme popularidad como intercesor frente a las enfermedades contagiosas.

La veneración a estos santos se extendió ampliamente por la antigua comarca emeritense, dejando una huella significativa en Puebla de la Calzada, donde su devoción cristalizó en la construcción de una ermita dedicada a ambos mártires.

La ermita de los Santos Mártires en Puebla de la Calzada (ca. 1600–1798)

Las fuentes documentales de la Orden Militar de Santiago, especialmente las visitas realizadas a comienzos del siglo XVII, permiten situar con bastante precisión la cronología de la ermita de San Fabián y San Sebastián. En el año 1605, los visitadores santiaguistas describen un edificio religioso ya existente, lo que constituye la primera prueba documental de su presencia en la villa.

Todo indica que la ermita fue levantada en el tránsito entre el siglo XVI y el XVII, coincidiendo con los años más duros de la crisis epidémica. Situada extramuros —como era habitual en las ermitas según la normativa santiaguista, para realzar el carácter central de la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Encarnación—, el edificio se encontraba en plena fase de construcción en 1605. Sus cimientos eran de piedra y cal, y la contabilidad eclesiástica refleja la adquisición continuada de materiales para su fábrica.

Resulta especialmente significativo que, pese a encontrarse aún en obras, la ermita contará ya con retablo, lo que sugiere un grado avanzado de ejecución y la existencia de culto. En dicho retablo aparecían dos tablas pintadas a pincelcon las imágenes de San Fabián y San Sebastián, reforzando su función devocional y protectora.

Economía, cofradías y religiosidad penitencial

La financiación de la ermita procedía fundamentalmente de las limosnas vecinales, de la gestión de sus propios bienes —entre ellos una vaca y una heralda de un año— y de una administración cuidadosamente supervisada por los mayordomos. En 1604, el mayordomo Bartolomé Rodríguez presentó cuentas que ascendían a 6.534 maravedíes, incluyendo limosnas, legados testamentarios y aportaciones de otras instituciones religiosas.

Destaca la colaboración de la Hermandad de la Santa Cruz, que entregó a la ermita seis reales y cuatro maravedíes como limosna recibida “la noche de la disciplina”. Esta referencia alude al Jueves Santo, cuando la cofradía realizaba procesiones penitenciales con hermanos disciplinantes o flagelantes. Estas prácticas de religiosidad extrema, conocidas como procesiones de sangre, se intensificaban en tiempos de epidemia, cuando la mortandad y el temor reforzaban la necesidad de expiación colectiva.

En los primeros años del siglo XVII, la economía de la ermita alcanzó una cifra notable de 8.900 maravedíes, destinados en buena parte a sufragar las obras del edificio, como consta en los descargos por gastos de construcción debidamente documentados.

Evolución y pervivencia de la ermita

La ubicación extramuros de la ermita se confirma también en fuentes posteriores. En 1797, el párroco de Puebla de la Calzada, Juan Ramos Solís, respondió al interrogatorio del geógrafo Tomás López, señalando la existencia de una ermita “situada al mediodía, con el título de San Sebastián en lo antiguo”, cuya advocación había pasado a incorporar también la de la Concepción.

Este testimonio demuestra la pervivencia y transformación de la ermita a lo largo de los siglos, así como la continuidad de una devoción nacida al calor de la peste y profundamente arraigada en la memoria colectiva de la villa.

Conclusión

La devoción a San Fabián y San Sebastián en Puebla de la Calzada constituye un ejemplo significativo de cómo las comunidades rurales de la Edad Moderna respondieron a las crisis sanitarias mediante la religiosidad, la construcción de espacios sagrados y la organización colectiva. La ermita de los Santos Mártires no fue solo un edificio religioso, sino también un refugio espiritual frente al miedo, la enfermedad y la muerte, reflejo de una sociedad que buscó en la fe la protección que la ciencia aún no podía ofrecer.

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En Puebla de la Calzada no hay silencio cultural por imposición estacional

En Puebla de la Calzada no hay silencio cultural por imposición estacional

Cronista Oficial Puebla de la Calzada

Han quedado atrás las celebraciones navideñas y, con ellas, en muchas localidades de la geografía española parece extinguirse el pulso de su propio latido cultural. Es como si el invierno, en su quietud envolvente, encapsulara el deseo de conocer, de comprender y de hacer visible la riqueza que cada lugar atesora. Se atenúan entonces las ganas de un activismo cultural que, sin duda, debe ejercerse con mesura, conciencia y adecuada regulación.

Sin embargo, en Puebla de la Calzada ese silencio estacional no se impone: su vida cultural no se repliega, sino que persiste, firme y consciente, desafiando la inercia del letargo invernal. Puebla de la Calzada, como muchas localidades de las Vegas Bajas del Guadiana, constituye un ejemplo significativo de cómo la identidad cultural se ha configurado más por la continuidad histórica del poblamiento y del trabajo agrícola que por la acumulación de rituales festivos numerosos o singulares. Su historia, vinculada a los procesos de colonización, reorganización del territorio y aprovechamiento de las fértiles tierras de regadío, ha generado una cultura local basada en valores de estabilidad, comunidad y adaptación al medio.

Desde una perspectiva histórica, la ausencia o escasa relevancia de determinadas devociones populares no debe interpretarse como carencia cultural, sino como resultado de una selección histórica de símbolos y prácticas que mejor respondieron a la realidad social y económica del municipio. En Puebla de la Calzada, la centralidad de fiestas como las dedicadas a San Pedro o a la Inmaculada refleja una religiosidad cohesionadora, orientada más a la vida comunitaria y al calendario agrario que a ritos ganaderos o pastoriles.

Así, los valores culturales de Puebla de la Calzada se manifiestan en la permanencia de una identidad colectiva sobria pero sólida, donde la tradición no se define por la abundancia ritual, sino por la transmisión intergeneracional de modos de vida, memoria local y sentido de pertenencia al territorio. Esta continuidad discreta constituye, en términos históricos, una de sus principales fortalezas culturales.

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