Mi felicitación en la festividad de San José Obrero (1 de mayo) para Lácara, Pedanía de Montijo, y Guadajira, Entidad Local Menor de Lobón. Son tiempos para estar agradecidos a la tierra y a la vida. Fiestas que estrenan este mayo que dibuja y pinta dándole color al campo. (Dejo partes del Pregón que ofrecí para la localidad de Guadajira en mayo 2014, por invitación del entonces su alcalde, Alfonso López Thomas (qepd), un buen hombre).

PRÓLOGO
Los vientos de mayo peinan, bajo la emoción íntima, estirando las horas y trayendo, en sus atardeceres, los sueños. Mayo, en su gozo, echa puntadas y costuras precisas a los orígenes y los recuerdos. Mayo cosecha asombros a la vuelta de la esquina que nos va labrando el tiempo.
Este mayo hablador que ha dejado tras de sí los cantuesos, el apogeo de la jara y el anuncio de que el brezo es el señor de nuestras sierras. Este mayo que ha dejado atrás miradas implorando misericordia, manos atravesadas por clavos que se tendían llamando, derrotas, triunfos y repiques de campanas que han tocado a fiestas resucitadas por la vida.
Este mayo de paleta y lienzo. Este mayo que dibuja y pinta de rojo, azul, verde y amarillo. Este mayo que escribe el pliego anual de gratitud que se despierta y levanta porque el campo se desangra en amapolas. Este mayo en el que la espiga anda granándose para disponerse, en su inquietud, ir a la búsqueda de una custodia de Corpus, de flor, cera, juncia y romero.
Este mayo que pide lagares de luces de romería, cantes con sabor a vino de la pitarra mejor guardada de la rendida cosecha de vendimia y cepa. Porque entonces será cuando falten un par de brochazos para que nuestros campos acaben y completen el bodegón de todos los años. Feliz es el tiempo que en su giro templado nos lleva a los calores de los días interminables.
Amo y quiero a este mayo porque en sus inicios nos trae unas manos llenas de virutas del taller de un padre obrero y artesano que fija carteles en los que se anuncian que son tiempos para estar agradecidos, porque, desde lo alto, una hermosa dama, Guadajira,anda preñada por la alegría de este mayo que celebra sus fiestas.

LLAMADA
En otros tiempos, edictos, bandos y pregones llamaban a la común inteligencia del vecindario a que tomasen conciencia y acudiesen ante el acontecimiento festivo que llegaba. Hoy, como entonces, con los mismos desvelos, con las mismas razones y afanes, alzo la voz de aquellos pregoneros antiguos para que vengan todos, absolutamente todos. Para que no falte nadie.
Venid dulces de los petitorios, pelaeros, bodas y tornabodas. Venid, altares que hermosean las mañanas hondas y anchas del Corpus de incienso, juncia y romero. Que vengan los albañiles que construyeron este pueblo. Venid, mesas y sillas de tijeras del bar “La Parada”, que regentaron Manuel Barroso, Manolo y Cristóbal Barrantes. Venid, bogas del Bar Obispo. Que venga el taxi de Valentín García. Venid, bochornos del membrillo y chaparrones de los dioses campesinos de la liturgia de octubre que proclamáis la otoñada.
Venid, aires sanos y romeros que festejan en el campo a San Isidro, patrón de los labradores. Que venga el veterinario Jesús Ramírez de Lucas. Venid, olores y sabores de los ultramarinos de Victorio Álvarez y Fausti. Que vengan las niñas bailando en el colegio “la fuente de las natillas”. Venid, versos de Joaquina Jociles Camello. Que vengan los muchachos jugando en “los pilones”. Que vengan los muebles, la ropa y los comestibles de “La Cantina”, que vendía Dolores Riñones, la cantinera. Venid, virutas, serrín, cepillos y garlopas de la carpintería de Manuel Osorio.
Venid, pasos del Jueves Santo. Venid, montes de corcho del belén de la infancia. Que vengan Francisco Cuenda, el legionario, e Isabel Torrado, la rubia, que fue el primer matrimonio que se dieron el “sí quiero” ante el altar de San José Obrero. Venid, morrales repletos de algodón que se cultivaban en estos campos. Que venga Lorenzo Morato Gemio, el primer alcalde que tuvo este pueblo. Venid, sabores de la confitería y el bar Campos. Que venga Antonio, el pescaero, que era de Málaga y venía desde Talavera vendiendo fruta y pescado fresco.
Que vengan los bailes, las películas, las bodas y las celebraciones que se hacían en el Salón Cinema España. Que venga la barca grande de orilla a orilla del Guadiana, transportando a la gente que iba y venía a Pueblonuevo, Guadiana Montijo, La Puebla y Valdelacalzada. Venid, olores de la ferretería de los Linde. Que venga, empujando su carro, la señora Severiana, lleno de golosinas, caramelos, pipas y avellanas. Que venga Luís Solís, el herrero. Venid, olores y sabores a tintos y blancos del Bar Pepe, templo de la bebienda, que regentaba Pepe el albañil y Faustina González, su mujer.
Que vengan Cecilio Martín, Chinchilla, Inocente, Paco Rojas, Julián Chaves, Anastasio, Roldán y Carvajal. Venid, tejidos, muebles, electrodomésticos y comestibles selectos de Manuel Martín Trigo y su mujer María Giraldo. Venid, flores de los almendros que andáis por las faldas de estos cerros. Que vengan los maestros don Luis, doña Encarna, doña Cristina, doña Ana, don Jesús y don Juan Leo, para dirigir las orquestas de los pizarrines escribiendo en las pizarras de la edad de nuestra infancia. Venid, recetas de don Gregorio, el médico. Venid, medicamentos de la farmacia de Joaquín Antolín. Que venga Inocente Ramírez, el cartero.
Venid, beceros, machos, pardillas y carpas que pregonaban los pescadores del río que cogían con sus redes desde sus barcas. Venid, claros amaneceres que dobláis la luz para que la cal despierte los milagros de siempre, cielo, olor, mediodía, tarde y noche. Que vengan los futbolistas Fariñas, El Galgo, Norci, Chele y El Cano. Que venga José Gallardo Leo, uno de los primeros parceleros. Venid, gente buena, honrada y honesta, porque ya están aquí nuestras fiestas.
Venid todos, pequeños, niños, jóvenes, mayores, de Montijo, La Puebla, Lobón, Solana, Almendralejo, Badajoz, Valdelacalzada y Talavera. Que vengan todos. Que estén todos aquí. Que lo sepan todos. Que ha llegado, que está aquí, esta memoria hecha partitura que canta la copla de estos días de júbilo, distracción, diversión y festejos.

GUADAJIRA, CANTA
Escuchad, prestad atención de cómo nos canta Guadajira. Escuchad lo que dice este contador de cosas de vuestras Fiestas. Os puedo asegurar que esta noche he venido con el alma optimista y el cuerpo dispuesto para darle culto a la alegría y presentaros esta saludable letanía de vuestra Fiesta.

El sonido de la Orquesta Ceniza nos trae las primeras notas musicales
Las chucherías de Victoria Arévalo. La discoteca Chovo. Los costaleros llevando al patrón, San José Obrero. Los cigarrillos pinchados en la boquilla por un palillo en la caseta de tiro. Las atracciones de la noria y los caballitos del matrimonio Naranjo. Las primeras reinas de estas fiestas: Francisca Flores Vaca y Alfonsa Martín Guerrero.
Los concursos de macetas. Las tiradas al plato. Las carreras de sacos, triángulo y la cucaña. Los concursos de cocina. La cantante extremeña Petri Llanos. Ana María Abril y su orquesta, que eran de Valencia. Los desfiles de carrozas. Las carreras de galgos. Los encuentros de fútbol entre casados y solteros. La elección de miss visitante y míster feo. El caballo de cartón de los fotógrafos.

Y continúa el baile, ahora con la orquesta Nueva Tentación
Carnicería Andrés, el que compra chuletas en las Fiestas de San José Obrero, vuelve otra vez. La música del grupo X 45. La discoteca Ramón Gallardo. La peluquería de Vidal, el barbero, en la que los hombres se cortaban el pelo para estar más guapos y atractivos para las Fiestas. Los lanzamientos de cohetes y desfiles de la Banda de cornetas y tambores de la OJE de Montijo. El bar Lázaro. El ajedrez, damas, pin-pong y rompe pucheros que se organizaban desde el Hogar Juvenil. El turrón de Castuera.
La becerrada celebrada en la Ronda Oeste en la que se lidiaron ejemplares de una afamada ganadería para el diestro Antonio Ferrera, el parcelero, el niño de las Vegas Bajas, y el Pitillo, maestro entre los maestros en el arte de poner banderillas. El grupo Acción Rock Band. Los concursos de motocross. La gimkana automovilista de la Escuela de Conductores San Antonio, que cuando te ibas a sacar el carné, Juan Reyes, el encargado, te decía: “con lo que tú sabes, querido, jamón, a la primera”. La gimkana tractorista. La pasión que siempre pusieron Juan José Vaca Sampedro y Julián Chaves Álvarez en la organización de estas fiestas.

Por tanta buena gente que hemos conocido. Canta, Guadajira.
Las cajas de latón del dulce de membrillo donde se guardan ahora las fotografías antiguas, testigos de la luz y el tiempo, de los estudios de Foto Pepe y Garrorena. Las homilías de don Andrés Romero Sánchez el día del patrón, San José Obrero. Las escopetas de juguete con el tapón de corcha y la cuerda. El grupo de coros y danzas. Las parejas de novios paseando por la calle Las Mercedes y más íntimamente cerca de la iglesia, contándose aquello que tú y yo sabemos, Guadajira, sus cosas.
Que lista eres, Guadajira, hermosa dama. Qué bien sabes conjugar y manejar los tiempos y los quehaceres de las Fiestas de San José. Sí, de tu Fiesta, con la que llevas gratificándonos tantos años. Porque al final, en tus cantes, amiga Guadajira, has quedado para enhebrar las orquestas que han pasado animando tus noches. En las que todas se encierran en un solo nombre: Julián Rico Gómez, el músico.
Julián Rico, que trabajaba en la bautizada por vosotros “caseta del músico”. Julián era hijo de Antonio Rico, director de la Banda de Música de Montijo, conocido como el maestro Antonio, el del pito gordo. Julián Rico, memoria cierta de unos dedos acariciando los teclados gastados por el uso de su saxofón.
El bueno de Julián, supo cosechar con oficio, maestría y fama, innumerables éxitos en los templos de la música y el baile. Entre sus destacadas composiciones sobresale la portentosa y festiva pieza a la que él puso el nombre de “La Eustaquia”, embeleso de sinfonía popular.
Fueron días en los que las canciones lanzaban piropos. En las que los relojes del bolero detenían el tiempo haciéndolo perpetúo, para que nunca ella se fuera ni amaneciera. Días de ricos y sabrosones mambos. Porque, en las fiestas de San José, el baile lo ha sido casi todo, bajo el arrastre solemne y glorioso de los pies de las parejas agarradas siguiendo las notas de “España Cañí”. Porque la alegría es una necesidad y no un capricho. Porque era y es el tiempo para que las parejas sientan la verdad cierta de que “amar nunca es ridículo, se tenga la edad que se tenga”.
Porque “donde hay música no puede haber cosa mala”, como razona el servicial escudero de don Quijote. Campechana sentencia que Cervantes puso en boca del enjuto hidalgo “la música compone los ánimos descompuestos y alivia los trabajos que nacen del espíritu”, para añadir, “la música siempre es indicio de regocijos y de fiestas”.
Porque en las fiestas de San José de Guadajira, las chicas jóvenes subidas en unos tacones gustaban mirarse y retocarse los labios ante el pequeño espejo que llevaban en el bolso, esperando que les llegase algún enamoradizo pretendiente. Mientras las parejas abrazadas bailaban “Amapola, lindísima amapola, cómo puedes tú vivir tan sola”.

Manuel García Cienfuegos
Cronista Oficial de Montijo y Lobón
cienfuegos@cronicasdeunpueblo.com