NAZARENO, EL HUERTO DE JUEVES SANTO EN SAN BARTOLOMÉ Y LA FAMILIA BRITOS
1 de abril de 2026
Emilio Arroyo Bermejo
CRONISTA OFICIAL DE ZARZA LA MAYOR

El 10 de mayo de 1883 nace en Zarza la Mayor Juan Britos Pulido, hijo de Anacleto Britos y Agustina Pulido. Juan Britos Pulido muere en 1960 con 77 años. Juan Britos Pulido contrae matrimonio con Teresa Barroso y tienen una sola hija, Petra Britos Barroso.
La hija de Juan Britos Pulido, Petra Britos Barroso se casa con Francisco Montero Rodríguez (piconero y leñador) y tienen cuatro hijos: Ascensión (Chon, vive en Zarza), Francisca (vive en Barcelona), María Teresa (desde la pandemia vive en Zarza), Hermenegildo y Eulogio (ambos fallecidos). Tanto Chon como María Teresa viven en el Altozano y María Teresa lo hace en la casa de sus padres.
Familia vinculada al Altozano, vecinas de Nazareno, como así dice el poema dedicado por un amigo a Juan Britos Pulido:
“Nazareno bendito,
vecino del Altozano,
pariente de los paletas,
Y de Juan Britos primo hermano”.
El 6 de julio de 2025 pasé la tarde conversando con María Teresa Montero Britos, nacida el 10 de diciembre de 1946, una de las hijas de Petra Britos Barroso y a la vez nieta de Juan Britos Pulido, con el fin de conocer de “primera mano” el significado de esta crónica que desde el verano pasado ha estado reservada hasta este momento, día previo al Jueves Santo. Quería adentrarme en el Nazareno del Altozano, la elaboración del Huerto de Jueves Santo en la ermita de San Bartolomé y la vinculación de la familia Britos con Nazareno, la ermita, el Huerto y su cuidado.
Juan Britos Pulido se dedicaba a tareas del campo. En la primavera era un gran esquilador y su pasión era construir el Huerto de San Bartolomé una semana antes de Jueves Santo para lucir esplendoroso el día del Amor Fraterno en la ermita del Altozano. La cercanía física de la familia a la ermita propiciaba aún más esa dedicación, afecto, cariño y cuidado que siempre mantenía la familia Britos.
Eran tiempos en los que no existía una estructura que aguantara el arco del huerto. Para ello, Juan Britos acarreaba cañas de los huertos circundantes y aportaciones de otros, para que con cuerdas fuera entrelazando el cañizal y así dar forma, después de un trabajo laborioso, al armazón donde se colocaría el monte y la flores para que estuviera debidamente adornado. Cada año el armazón se construía de nuevo y en esa tarea siempre participaban sus hijas e hijos y posteriormente nietos, como así recuerda María Teresa Montero Britos.
Eran días de respeto, silencio, entrega, pasión, servicio, la devoción de una familia, los Britos, que vivían el momento como algo excepcional y con profundo recogimiento.
Relata María Teresa: “cuando mi abuelo ya tenía construido el armazón del arco, mi padre, Francisco, se iba al campo a buscar el monte y lo traía hecho haces en el burro y luego mi abuelo, Juan Britos, muy cuidadosamente lo colocaba en el armazón de cañas”.
El proceso continuaba con los adornos, para lo cual la hija y nietas salían por el Altozano y las calles del pueblo a buscar flores, calas (trompetones) y macetas para adornar el entorno del Huerto.
Recuerda María Teresa que en la fachada de la ermita, en el espacio más próximo a la casa contigua de la ermita en dirección al Reducto ,los niños del barrio del Altozano realizaban también otro arco con monte, simulando el del Huerto en el que colocaban estampitas y adornos.
La cama del Huerto se hacía con monte dándole forma, ahora es una estructura de madera.
No podemos olvidar y quedar atrás el rito de vestir a Nazareno, al que vestían el día antes. Juan Britos Pulido, ayudado por su hermana Epifania y por Mercedes Pardo, prima de Petra Britos Barroso y posteriormente Isabel Caro, hija de Epifania, y tambien con la ayuda de Victoriana Hurtado Perianes lo hacían con una delicadeza llamativa y cuidadosa, hasta el punto de que tanto en la elaboración del Huerto como en el rito de vestir a Nazareno, no estaba permitido entrar en la ermita a nadie más que a los que estaban realizando las tareas de colocación, pues en la gatera de la puerta de la ermita se ponía un tablón para que nadie viera como se construía y colocaba, ya que se trataba de una tarea que exigía recogimiento cristiano.
La ropa de la cama del Huerto, compuesta por sábanas blancas y la colcha lila, así como las camisas de Nazareno se guardan en un cofre-arcón que en su día regalaron los vecinos de la ermita.
A pesar del paso del tiempo, Chon y María Teresa siguen ahí, a los pies de Nazareno en memoria de su abuelo Juan y su madre Petra. Posteriormente lo vistió Petra Hurtado Repecho y le ayudaba Belén del Corral Tadeo.
La limpieza de la ermita corre a cargo de la mayordomía y en el caso de que no haya mayordomo lo hace la cofradía del Nazareno y es ahora la cofradía quien lo viste.
La conversación con María Teresa continúa. Permanentemente le embarga la emoción y el recuerdo. Y deriva en recordarme aspecto que hoy ya no existen. El día de Jueves Santo por la noche había un viacrucis por el mismo recorrido de la procesión de la tarde que había llevado a Nazareno y a la Dolorosa por Plaza Mayor, Callita, Reverencia, Plazuela, Concejo, Vitigudino, Fortín, Cruz de los Caídos, Santo Cristo, Cañada, Castillo, San Antonio, Plazuela, Reverencia y Plaza Mayor, para dejar a la Dolorosa en la iglesia y proseguir con Nazareno hasta el Altozano.
Y recordando, MaríaTeresa recuerda que el Cristo Yacente y la urna que en la actualidad se encuentra en el Presbiterio octavado de la Iglesia Parroquial de San Andrés, hoy Bien de Interés Cultural en la Categoría de Monumento, este Cristo y urna se encontraba en la ermita de San Bartolomé, al igual que la urna menos pesada que es con la que procesionaba el Cristo Yacente y el Viernes Santo, la Dolorosa salía de la iglesia para buscar a su Hijo Yacente a San Bartolomé para en la iglesia tener los Santos Oficios y posteriormente procesionar por Zarza y al final volver a la ermita de Nazareno.
Cuenta María Teresa que la urna no estaba en la ermita de San Bartolomé colocada de forma elevada en algún altar, sí encima de unas poyatas, por lo que pensó que cuando volviera al pueblo, (ella residió muchos años en Santa Coloma de Gramanet), quería hacer algo para que esa situación cambiara, pero cuando regresó la urna ya no estaba en la ermita, había sido trasladada a la Iglesia Parroquial pues se había retirado el retablo y “se había colocado allí para rellenar”.
Relata María Teresa que además de que la ermita ya no alberga la urna con el Cristo Yacente, también en la ermita había una imagen de San Pedro del Cielo con unas llaves bastante grandes, imagen de grandes dimensiones, que dejó de estar en la ermita.
María Teresa, hija de Chon y bisnieta de Juan Britos Pulido, recuerda que su madre le contó que antes la vitrina de Nazareno siempre tenia echada la llave y que su bisabuelo, Juan Britos, colocaba la llave a los pies de la urna del Cristo Yacente.
Los descendientes de Juan Britos Pulido, ahí siguen, hoy quizás de otra forma, pero presente la tradición en sus vidas. Abren diariamente la ermita, se preocupan de su limpieza diaria, pendientes de sus humedades pues María Teresa termina diciendo: “Hemos vivido toda la vida con ÉL (Nazareno) y es de familia”, “lo sentimos, sentimos a Nazareno” y “lo respetamos como lo hicieron nuestros abuelos y nuestros padres”.
Otro motivo más de orgullo zarceño por la defensa de las tradiciones.

Emilio Arroyo Bermejo
CRONISTA OFICIAL DE ZARZA LA MAYOR