Emilio Arroyo Bermejo
CRONISTA OFICIAL DE ZARZA LA MAYOR

Hablar o escribir sobre Zalama y La Pista es revivir dos templos de la diversión y buenos momentos vividos por los zarceños en estos establecimientos que bien merecen ser nombrados como «instituciones de la diversión».
Nos remontamos a 1948, cuando el 13 de junio se inaugura Zalama bajo la propiedad de Don Francisco Gundín González. Ese día un programa extenso hacía preveer lo que Zalama con el paso del tiempo sería. El programa de inauguración estuvo a la altura que la ocasión merecía.
Sesión vermut a las 11 horas con la orquesta «Cacharra», seguida de distintos solos de violín, trompeta, acordeón y piano abrieron los actos de inauguración. A las 15 horas fue la sesión café la que cogió el testigo con conciertos de divos y para finalizar, a las 19 horas, gran baile con dos orquestas. No faltó detalle. El mostrador fue dirigido por Antonio Aparicio, con un equipo de camareros vestidos a la última, porteros, botones y limpiabotas.

ZALAMA respondía a las primeras letras de ZARZA LA MAYOR y la edificación se erigía como un bello edificio simétrico en su fachada, destacando los ventanales con arcos de medio punto, que daban luminosidad al bar y los dos óculos situados en los laterales del piso superior.
Recuerdan los mayores las sesiones vermut de los domingos después de misa, cuando desde la balconada del salón emitía música una gramola, también la nombran con picú (pick-up) y los clientes, entre bebida y bebida, escuchaban música y algún que otro baile se producía. También se recuerda el banquete que se celebró en Zalama el 20 de septiembre de 1964 con motivo de la declaración- nombramiento de Hijo Adoptivo de Zarza la Mayor en la persona del doctor don José Perianes Carro y que a su vez se le dedicó la avenida que lleva su nombre y que por cierto, el cubierto o menú, costó a los asistentes 315 pesetas.
Llega el año 1967 y Zalama pasa a manos de Anastasio Herrero Rabasco y Mercedes Pardo Montero tras un traspaso del anterior propietario don Francisco Gundín González.
Anastasio (1934-2023), era hijo de Ricardo Herrero Perianes y Amparo Rabasco que vivieron en la calle Abajo número 17. Mercedes (1933-2021), era hija de Marcelo Pardo Almeida y María Montero Pulido, matrimonio que además de Mercedes tuvo otros hijos como Clementa, Obdulia y Eulogio. La familia de Mercedes vivió en la Plaza y posteriormente en la calle Sargento García Luceño, número 16, hoy calle La Reverencia.
Pero Anastasio y Mercedes, antes de hacerse con Zalama ya habían regentado un bar en la Plaza número 2 (como di cuenta en la crónica del 14 de noviembre de 2025 con el título «Un bar con tres propietarios en la Plaza») y tras ello, comienzan a dirigir Zalama, naciendo en Zalama la hija menor, Mari, el 22 de agosto de 1968. El hijo mayor, Ricardo, había nacido el 12 de febrero de 1959 y Marcelo el 8 de agosto de 1961.
Zalama tenía un salón con un techo muy alto, todo lo alto que era el edificio y desde la vivienda, del piso de arriba, salía la balconada antes referenciada y Marcelo recuerda, «yo me asomaba para ver a la gente bailando».
Zalama, ya de la mano de Anastasio y Mercedes, sufrió algunas remodelaciones, como la bajada del techo del salón, obra realizada por el conocido constructor Alipio para colocar el cuadro de luces por el técnico audiovisual «Carrasco». La pista de baile, tras la reformas, quedó de 118 metros cuadrados como indica la memoria descriptiva visada el 19 de diciembre de 1980. Se sustituyeron los bancos de la discoteca por sillones bajos más cómodos; se construyó de forma elevada la sala del pinchadiscos y se eliminó el escenario, (que debajo tenía un sótano donde se guardaba la bebida). También se quitó la cocina del corral y se creó la discoteca de verano tras eliminar el escenario, discoteca veraniega con forma triangular a la que se accedía desde el salón y con el paso del tiempo este espacio de la discoteca de verano se convirtió en un pub. Cambios que exigían los tiempos.
Son momentos en los que Zalama necesita más espacio y adquieren la casa contigua, además de tener alquilada a los herederos de Blanca Bermejo Gazapo una casilla para almacén de bebidas en la Travesía de Sequeros.
Zalama ofreció bodas, bautizos y comuniones, bailes infantiles, eventos diversos siempre de la mano de excelentes cocineras como Carmen, Antonia y Julia y camareros como Mariano, Justo, los hermanos Juan y Julián y otros procedentes de Moraleja. Al mando de los botones, pinchando discos, Méñito, Simón y Fernando, entre otros, pusieron ritmo a los jóvenes y no tan jóvenes en Zalama y después en La Pista.
Pero llega el año 1975 y Anastasio y Mercedes compran al sr. Aquilino Cortés Pedraza La Pista, un espacio amplísimo con bar, salón, vivienda, baile de verano y huerta. El espacio del baile de verano sirvió en alguna ocasión como cancha de voleibol para un gran equipo femenino que poseía Zarza y el día de la jubilación del maestro don Julián Pantrigo López, este espacio acogió una tabla de gimnasia ofrecida por sus alumnos como despedida.
Son los años de desarrollo en Zarza, Zarza como nadie vive los buenos momentos y el «ojo clínico» de los Herrero-Pardo lo advierte y comienza una etapa de trabajo, de mucho esfuerzo para dar lo mejor a Zarza.

A partir de estos momentos, la familia dirige Zalama y La Pista y en poco tiempo, Ricardo va teniendo más edad y se hace cargo de Zalama y Marcelo, con 14 años, se instala con sus padres en La Pista y comienzan los años de esplendor de este buque insignia zarceño. La Pista no era sólo el bar, era la parada del coche de línea «El Directo», era el restaurante donde muchos zarceños celebraron sus bodas, comuniones, bautizos ,quintas, cotillones de nochevieja, mítines políticos, reuniones de asociaciones, encuentros de cazadores, en resumidas cuentas, un pulmón vital en la vida de los zarceños.
Pero La Pista cambió su nombre, al menos en los papeles. Vicente Guillén Olgado le sugirió a Anastasio ponerle al negocio el nombre «Marimar», en honor a sus tres hijos, eligiendo la primera sílaba de sus nombres para configurar la nueva denominación, pero a decir verdad, el negocio siguió llamándose La Pista para el común de los zarceños.
El ajetreo en La Pista era constante, llegó a haber hasta dos bodas diarias, una a medio día y otra por la noche, las barras estaban repletas de clientes, no se encontraba un velador en la terraza, actividad que se alargaba hasta bien entrada la madrugada las noches de verano y muchos días, por la ausencia de lavavajillas, estuvieron fregando vasos hasta las 9 de la mañana.

Al principio no tenían máquina de hacer hielo y en una ocasión Anastasio trajo un carro de paja para meter debajo las barras de hielo, para que no se descongelaran e ir partiendo los trozos, tarea que realizaban Antonio Rosellón y Fidel, pariente de la familia, hasta que compraron un fabricador de hielo. La primer cafetera que compraron para La Pista costó 500.000 pesetas.
En La Pista, trabajaron de camareros, durante años, los hermanos Piris, Santiago y José, Ramón de Ceclavin y otros.
La Pista de verano también tuvo su expansión. Se colocó un cuadro de luces (también lo colocó «Carrasco), se construyó un segundo escenario, pues algunos años, en la feria, había dos orquestas, con una gran afluencia de público, tanto cuando había discoteca como cuando había orquesta, por lo que había que controlar el acceso de las entradas, distinguidas entre caballero y señorita, tarea que realizaron tanto en Zalama como en La Pista personas como José Módenes, Juan Piris Palomino o Flores Pedraza Manuel.
El 24 de agosto de 1981 la discoteca de verano acogió al grupo de rock andaluz «Alameda», marcando un hito en la comarca y en varias ocasiones actuaron «Los Tarantos», además de buenas orquestas por San Bartolomé.
Pero a Mercedes no le asusta nada, su sonrisa lo puede todo y se arremanga para poner un kiosco a pie de avenida y desde allí endulzar con las golosinas, polos y helados a los niños a la entrada y salida de la escuela y además ofrecernos ricos churros diariamente y los fines de semana invernales regados los churros con un rico chocolate.

Zalama y La Pista es la vida de Anastasio, Mercedes, Ricardo, Marcelo y Mari.
Zalama y la Pista es esfuerzo, tesón y trabajo de una familia luchadora que muy bien define la hija menor con estas palabras: » viví mi infancia en La Pista, en una familia trabajadora, humilde, emprendedora, mis padres siempre nos inculcaron el amor al trabajo» y «nunca se cerraba Zalama, nunca se cerraba La Pista, siempre trabajar, trabajar y trabajar».
Marcelo no sale de La Pista. La Pista es su casa, su ser, mantiene diariamente la cafetera encendida, goza allí, recuerda, se emociona y en su memoria sus padres y hermano.

Cuántos momentos vividos en Zalama y La Pista, bailes y primeros o definitivos amores entre sus paredes, deliciosos manjares en sus mesas, cuántos eventos para el recuerdo, en definitiva, memoria colectiva de un pueblo que siempre estará agradecido a todo lo que significaron y al buen hacer de sus gestores.
Ricardo (+ 2021), Mercedes (+2021) y Anastasio (+2023) ya marcharon, pero su legado perdura y Zarza los recuerda con emoción y respeto.
Siempre Zalama, siempre La Pista.
Otro motivo más de orgullo zarceño.