Cronista Oficial Puebla de la Calzada
Introducción
Al finalizar el mes de enero, coincidiendo con la festividad de San Fabián y San Sebastián, tradicionalmente conocidos como santos mártires, se abre una oportunidad propicia para reflexionar sobre su significado histórico, su advocación protectora y su profunda implantación en la religiosidad popular de la villa de Puebla de la Calzada. La veneración a estos santos no puede entenderse sin atender al contexto de crisis demográfica, miedo y enfermedad que caracterizó a la Europa moderna, y muy especialmente a la Monarquía Hispánica durante el último tercio del siglo XVI.
Peste y epidemias en la Edad Moderna: la búsqueda de protección
Los siglos XVI y XVII suelen evocarse como el periodo de máximo esplendor del llamado Imperio español, bajo el gobierno de los denominados Austrias Mayores: Carlos I (1516–1556) y Felipe II (1556–1598). Esta imagen de grandeza, simbolizada en la célebre expresión de que “en sus dominios no se ponía el sol”, contrasta profundamente con la realidad cotidiana de amplios sectores de la población.
Lejos de la opulencia imperial, la vida del pueblo estuvo marcada por la precariedad, las crisis económicas y, de manera dramática, por las epidemias de peste. Desde aproximadamente 1570 hasta 1600, Europa occidental sufrió una de las oleadas epidémicas más intensas de la Edad Moderna, que se extendió desde el ámbito otomano hasta las costas atlánticas, afectando con especial virulencia a la Península Ibérica. En los últimos años del siglo XVI, en torno a 1599, la peste se había convertido en una presencia constante y mortífera en amplias zonas de España, incluida Extremadura y la comarca de las Vegas Bajas del Guadiana.
Intelectuales contemporáneos como Martín González de Cellorigo (1570–1620) dejaron testimonio del impacto social de la enfermedad, describiendo cómo “la enfermedad se alborotó… y poco a poco se fue encendiendo…”. En este contexto de incertidumbre y temor, la población buscó amparo no tanto en la medicina —limitada y poco eficaz— como en la protección divina, canalizada a través de la devoción a determinados santos.

San Fabián y San Sebastián: santos protectores contra la peste
Dentro de este marco de religiosidad defensiva destacan San Fabián y San Sebastián, ambos mártires del cristianismo primitivo y tradicionalmente invocados como abogados contra la peste y las epidemias. San Fabián, papa y mártir, fue sepultado en el cementerio de San Calixto, en la Vía Apia de Roma, en el año 250. San Sebastián, tribuno militar del ejército romano, nacido en Narbona hacia 256 y muerto en el 288, alcanzó una enorme popularidad como intercesor frente a las enfermedades contagiosas.
La veneración a estos santos se extendió ampliamente por la antigua comarca emeritense, dejando una huella significativa en Puebla de la Calzada, donde su devoción cristalizó en la construcción de una ermita dedicada a ambos mártires.
La ermita de los Santos Mártires en Puebla de la Calzada (ca. 1600–1798)
Las fuentes documentales de la Orden Militar de Santiago, especialmente las visitas realizadas a comienzos del siglo XVII, permiten situar con bastante precisión la cronología de la ermita de San Fabián y San Sebastián. En el año 1605, los visitadores santiaguistas describen un edificio religioso ya existente, lo que constituye la primera prueba documental de su presencia en la villa.
Todo indica que la ermita fue levantada en el tránsito entre el siglo XVI y el XVII, coincidiendo con los años más duros de la crisis epidémica. Situada extramuros —como era habitual en las ermitas según la normativa santiaguista, para realzar el carácter central de la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Encarnación—, el edificio se encontraba en plena fase de construcción en 1605. Sus cimientos eran de piedra y cal, y la contabilidad eclesiástica refleja la adquisición continuada de materiales para su fábrica.
Resulta especialmente significativo que, pese a encontrarse aún en obras, la ermita contará ya con retablo, lo que sugiere un grado avanzado de ejecución y la existencia de culto. En dicho retablo aparecían dos tablas pintadas a pincelcon las imágenes de San Fabián y San Sebastián, reforzando su función devocional y protectora.
Economía, cofradías y religiosidad penitencial
La financiación de la ermita procedía fundamentalmente de las limosnas vecinales, de la gestión de sus propios bienes —entre ellos una vaca y una heralda de un año— y de una administración cuidadosamente supervisada por los mayordomos. En 1604, el mayordomo Bartolomé Rodríguez presentó cuentas que ascendían a 6.534 maravedíes, incluyendo limosnas, legados testamentarios y aportaciones de otras instituciones religiosas.
Destaca la colaboración de la Hermandad de la Santa Cruz, que entregó a la ermita seis reales y cuatro maravedíes como limosna recibida “la noche de la disciplina”. Esta referencia alude al Jueves Santo, cuando la cofradía realizaba procesiones penitenciales con hermanos disciplinantes o flagelantes. Estas prácticas de religiosidad extrema, conocidas como procesiones de sangre, se intensificaban en tiempos de epidemia, cuando la mortandad y el temor reforzaban la necesidad de expiación colectiva.
En los primeros años del siglo XVII, la economía de la ermita alcanzó una cifra notable de 8.900 maravedíes, destinados en buena parte a sufragar las obras del edificio, como consta en los descargos por gastos de construcción debidamente documentados.
Evolución y pervivencia de la ermita
La ubicación extramuros de la ermita se confirma también en fuentes posteriores. En 1797, el párroco de Puebla de la Calzada, Juan Ramos Solís, respondió al interrogatorio del geógrafo Tomás López, señalando la existencia de una ermita “situada al mediodía, con el título de San Sebastián en lo antiguo”, cuya advocación había pasado a incorporar también la de la Concepción.
Este testimonio demuestra la pervivencia y transformación de la ermita a lo largo de los siglos, así como la continuidad de una devoción nacida al calor de la peste y profundamente arraigada en la memoria colectiva de la villa.
Conclusión
La devoción a San Fabián y San Sebastián en Puebla de la Calzada constituye un ejemplo significativo de cómo las comunidades rurales de la Edad Moderna respondieron a las crisis sanitarias mediante la religiosidad, la construcción de espacios sagrados y la organización colectiva. La ermita de los Santos Mártires no fue solo un edificio religioso, sino también un refugio espiritual frente al miedo, la enfermedad y la muerte, reflejo de una sociedad que buscó en la fe la protección que la ciencia aún no podía ofrecer.
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