Cronista Oficial de Madrigalejo
Madrigalejo tiene una cita con la Historia cada 23 de enero, para conmemorar la efeméride de los acontecimientos históricos que tuvieron lugar en nuestra localidad en 1516, que hoy cumplen 510 años.
Se cuenta que, en cierta ocasión, un adivino hizo saber al rey Fernando el Católico que moriría en la villa de Madrigal. También se dice que, desde ese momento, el monarca no volvió a pisar Madrigal de las Altas Torres (SANTA MARINA, Luis. Cisneros,1957). Sin embargo, no tuvo ningún reparo en pasar en más de una ocasión por nuestra localidad, aun siendo su raíz primigenia “Madrigal”.
Parece que el monarca no tuvo en cuenta esta predicción cuando, en enero de 1516, viajando con la salud maltrecha hacia Guadalupe, tuvo que hacer un alto en el camino y parar en la Casa de Santa María de Madrigalejo para recuperar fuerzas. Su enfermedad, en lugar de mejorar, se complicó y, con ello, se precipitaron los acontecimientos.
Entre los muros de la Casa de Santa María, tuvieron lugar encuentros decisivos. Al embajador del príncipe Carlos, Adriano de Utrecht, que se presentó en Madrigalejo sin disimular su nerviosismo por intentar cerrar su cometido, el Rey lo recibió tarde y lo despachó a la ligera, sin darle más solución que la promesa de verse pronto en Guadalupe.
Otra reunión, más pausada y atenta, fue la que concertó con tres miembros de su Consejo Real: Galíndez de Carvajal, Zapata y Vargas. Algo le atormentaba al monarca en su fuero interno y, a ellos, pidió consejo. Los escuchó atentamente y lloró, porque sabía que debía hacer prevalecer los intereses de los reinos frente a sus afectos personales. Supo entonces que debía otorgar un nuevo testamento, uno más de los numerosos que había firmado a lo largo de su vida, el último de los cuales fue en Aranda de Duero unos meses atrás.
Sin más espera, llamó al protonotario, Miguel Velázquez Climent, a quien comunicó su decisión. El contenido de sus últimas voluntades no debía ser conocido hasta después de su muerte.
A marchas forzadas, porque el tiempo se echaba encima y el texto no era pequeño, se redactó y transcribió el documento en 14 hojas de pergamino español. Con el tiempo justo, al atardecer del 22 de enero, y delante de siete testigos, el rey Fernando el Católico plasmó su firma en su último testamento, mandó que se cerrase y sellase con su sello, y que no se publicase hasta después de sus días.
Poco después, el monarca entró en agonía y, en la madrugada del 23 de enero de 1516, con el hábito de Santo Domingo, falleció.
Así, a las pocas horas de haberse firmado el testamento donde se custodiaba el futuro de los reinos hispánicos, y ante Adriano de Utrecht, los testamentarios presentes y los miembros del Consejo Real, se abrió el documento para conocer las últimas voluntades del monarca. A partir de ese momento, la unión de reinos con la que soñaron Isabel y Fernando se hizo realidad en la reina Juana y, ante su incapacidad para gobernar, en Carlos I.
Por estos acontecimientos transcendentales, Madrigalejo, una pequeña aldea que contaría con unos 800 habitantes a principios del S. XVI, entró por la puerta grande en la Historia de España y, por las implicaciones con Europa y América, también en la Historia Universal.
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