Francisco Enríquez de Ribera, personaje al que tradicionalmente se atribuye la fundación de Paterna de Rivera a comienzos del siglo XVI. Adelantado Mayor de Andalucía cuando el reino de Sevilla abarcaba tierra de tres provincias y parte del bajo Badajoz, destaca por su discreción y su piedad.

Francisco Enríquez de Ribera pertenece a la unión de dos linajes destacados de la nobleza castellana: los Ribera Adelantados Mayores de Andalucía) y los Enríquez (Almirantes de Castilla).

La familia Ribera tiene sus raíces en Galicia y con el paso del tiempo, algunos de sus miembros se trasladaron a Andalucía, estableciéndose en Sevilla durante la Edad Media. Per Afán de Ribera El Viejo acompañó en la Reconquista hacia el Sur a Fernando III que sería llamado El Santo porque la Iglesia lo elevó a los altares. Desde allí fueron acumulando poder y cargos relevantes, especialmente en el ámbito militar y administrativo de la frontera con el reino nazarí.

Entre sus antepasados destaca Per Afán de Ribera, figura clave que llegó a ostentar el cargo de Adelantado Mayor de la Frontera. A través de sucesivos matrimonios y herencias, la familia consolidó su dominio sobre importantes territorios, entre ellos Alcalá de los Gazules, dentro de cuyo término se encontraba la zona de Paterna.

Por otra parte, la conexión con la familia Enríquez introduce vínculos con la casa real castellana, ya que este linaje estaba emparentado con la dinastía Trastámara. Esta unión reforzó aún más el prestigio y la influencia de la familia.

Nacido en 1461, fue hijo de Pedro Enríquez Quiñones y Beatriz de Ribera. Desde joven estuvo vinculado a la vida militar y política propia de su rango, heredando de su madre el título de Adelantado Mayor de Andalucía, a la muerte de su padre, Pedro Enríquez de Quiñones, que era quien lo ostentaba, hasta su muerte en 1492. A lo largo de su vida llegó a ser, además, señor de diversos territorios, lo que le otorgaba amplias competencias tanto económicas como jurisdiccionales.

Contrajo matrimonio con Leonor Ponce de León, hija del poderoso marqués de Cádiz, en una alianza que respondía también a intereses políticos dentro de la nobleza andaluza, pero no tuvieron descendencia.

Participó activamente en campañas militares, especialmente en el contexto de la guerra de Granada, donde fue nombrado caballero por el rey, su primo, junto con sus primos y hermanastros: Fadrique, de 14 años y Fernando. También destacó por su apoyo económico a la Corona, llegando a prestar importantes cantidades de dinero para la financiación de la contienda. Su padre muere de camino a Sevilla, tras la Guerra de Granada, en tierras de Antequera.

Actividad militar y política

Desde joven desempeñó funciones de responsabilidad. Fue nombrado alcaide de Setenil y participó junto a su familia en diversas acciones militares contra el reino nazarí. Su implicación en la conquista de Granada en 1492 lo sitúa entre los nobles andaluces que colaboraron estrechamente con los Reyes Católicos.

Además de su actividad bélica, se le atribuye la liberación de cautivos cristianos y la concesión de libertad a esclavos convertidos, lo que refleja una dimensión caritativa vinculada a su profunda religiosidad.

Conflictos familiares

La herencia del linaje no estuvo exenta de tensiones. Tras la muerte de su padre, Francisco tuvo que enfrentarse a disputas tanto con este como con otros miembros de su familia por el control de los bienes y títulos.

Estas diferencias muestran la complejidad de las relaciones dentro de la nobleza de la época, donde los intereses patrimoniales generaban frecuentes conflictos.

Religiosidad y experiencia personal

Un aspecto fundamental de su vida fue su intensa religiosidad, acentuada por una larga enfermedad. Según las fuentes, padeció durante décadas una dolencia grave, que algunos identificaron como lepra, pero pudo ser una afección alérgica o — que marcó profundamente su existencia.

La tradición recoge que su curación se produjo de manera milagrosa tras un periodo de retiro y penitencia en un templo sevillano. Este episodio tuvo una enorme repercusión en su vida posterior, reforzando su devoción y motivando numerosas acciones de carácter religioso y benéfico.

Obras y fundaciones

Tras su recuperación, desarrolló una intensa actividad como mecenas religioso con fundación y dotación de monasterios, ayudas económicas a comunidades religiosas, donaciones destinadas a obras benéficas, contribuciones a templos y ornamentos litúrgicos.

Entre sus iniciativas destaca la creación del monasterio de Bornos, al que incluso vinculó parte de su patrimonio. También realizó aportaciones para aliviar situaciones de crisis, como la escasez de alimentos en Sevilla a comienzos del siglo XVI.

Últimos años

En sus últimos años se retiró en gran medida a la vida religiosa, pasando temporadas en el monasterio que había fundado. Falleció en 1509, siendo enterrado según su voluntad en dicho lugar, junto a su esposa.

Conclusión

La figura de Francisco Enríquez de Ribera reúne características propias de la nobleza de su tiempo: poder territorial, participación militar, conflictos familiares y una profunda religiosidad.

Su trayectoria vital, marcada por la enfermedad y la devoción, explica en parte su implicación en obras religiosas y en iniciativas de carácter social.

Todo ello ayuda a comprender por qué la tradición lo vincula con procesos de fundación o repoblación como el de Paterna, tema que requiere un análisis específico y más detallado.

Francisco Enríquez de Ribera y el origen de Paterna de Rivera

Paterna surge en torno a 1503. La falta de documentación directa obliga a reconstruir el proceso a partir de indicios, comparándolo con otros casos similares de fundaciones o repoblaciones en territorios dependientes de villas mayores.

Diversas tradiciones, junto con estudios de autores de épocas posteriores, atribuyen la fundación del lugar a miembros de la familia Ribera. Entre los candidatos destacan tres figuras del linaje, aunque el que ocupaba el señorío en la fecha señalada era Francisco Enríquez de Ribera, lo que lo convierte en el principal responsable según la hipótesis más aceptada. Esta idea se refuerza con documentos del siglo XVII donde se afirma expresamente que fue él quien impulsó la población y construcción del asentamiento.

Estos testimonios aparecen en pleitos y acuerdos relacionados con el aprovechamiento de tierras y recursos frente a Alcalá de los Gazules, villa de cuyo término dependía Paterna. En ellos se reconoce que el nuevo núcleo fue levantado por iniciativa del Adelantado, incluso en contra de la voluntad de los habitantes de la villa matriz, lo que explica los conflictos posteriores.

No obstante, la referencia a que el lugar fue “edificado de nuevo” no implica necesariamente que antes no existiera nada. Existen evidencias de que en el siglo XV había al menos una torre en la zona, probablemente de carácter defensivo, vinculada al sistema de vigilancia de la frontera con el reino nazarí de Granada. Lo cual es lógico y posible igualmente que la edificasen sus antepasados pues su tercer abuelo era ya Adelantado de Andalucía.

Documentos de mediados de ese siglo confirman la posesión de torres en el área por parte de la familia Ribera, torres defensivas.

El propio topónimo “Paterna” aparece ya en fuentes medievales anteriores, lo que sugiere la existencia de un asentamiento previo. Tras la reconquista y la expulsión de la población musulmana, muchos de estos núcleos quedaron despoblados, siendo reutilizados más tarde en procesos de repoblación durante los siglos XIV y XV.

Este tipo de iniciativas eran frecuentes en la época. Los señores territoriales promovían la creación de nuevos núcleos de población dentro de sus dominios mediante concesiones a colonos: tierras, beneficios fiscales y cierta autonomía local. A cambio, buscaban incrementar sus rentas y reforzar el control sobre el territorio. En muchos casos, estas nuevas comunidades surgían dentro del término de otras villas, lo que generaba tensiones y litigios.

Paterna encaja en este modelo. Su ubicación ofrecía ventajas estratégicas y económicas: tierras fértiles, acceso a agua, comunicaciones favorables y una situación menos expuesta tras el fin de la frontera con Granada en 1492 que significó el triunfo sobre los invasores musulmanes que habían estado asentados ocho siglos en la Península. Es probable que ya existiera un pequeño asentamiento en torno a la antigua torre, que se vería reforzado con la llegada de nuevos pobladores.

Respecto a estos colonos, se ha planteado que podrían proceder de distintos grupos: servidores del propio linaje, pobladores desplazados de otros enclaves cercanos o incluso conversos tras las campañas de finales del siglo XV.

Los primeros datos demográficos indican que, pocas décadas después de su fundación, Paterna contaba con un número reducido de habitantes, aunque suficiente para consolidarse como núcleo estable. A finales del siglo XVI ya aparece como una pequeña población asentada en la campiña.

Las referencias escritas más antiguas que fijan la fecha de fundación en 1503 proceden de obras del siglo XVII, lo que sugiere que existieron documentos anteriores hoy desaparecidos.

Otro elemento que vincula a Francisco Enríquez de Ribera con la localidad es la iglesia parroquial, dedicada a Nuestra Señora de la Inhiesta. Se cree que fue promovida por él dentro de su política de fundaciones religiosas, posiblemente en agradecimiento por su curación de su enfermedad, que se vio como un milagro en la época.Harto de estar toda la vida enfermo, decidió un buen día encarrarse en la capilla de Nuestra Señora de la Inhiesta, en el barrio de los cuchilleros, de ahí el nombre de la Virgen, en la Parroquia de San Julían, collación lindera con las murallas, de las que los adelantados eran sus alcaides. Se encerró en la capilla a modo de penitencia y rogando curación, sustentándose solamente con pan y agua. Al cabo de un tiempo se vio sano, él que había estado hasta deformado por erupciones en la piel y demás, siempre enfermo, era ahora o nunca; y fue. Salió según las crónicas, bello y sano.

La cronología de su vida permite situar esta construcción en los primeros años del siglo XVI. Sin embargo, resulta llamativo que en su testamento no se mencione ni la población ni su iglesia, a diferencia de otros lugares bajo su dominio. Esta ausencia plantea interrogantes sobre el grado real de implicación del Adelantado o sobre la evolución posterior del asentamiento. Pudiera ser que al ser Paterna territorio en tierras que en principio parecían ser de Alcalá de los Gazules, el término aparezca incluido en la denominación que sería, en la persona de su sobrino, Per Afán de Ribera III, ducado, con el título de I Duque de Alcalá de los Gazules.

En definitiva, el origen de Paterna sigue presentando zonas de sombra. Aunque existen indicios sólidos que apuntan a Francisco Enríquez de Ribera como impulsor de su fundación o repoblación, la falta de documentación directa impide afirmarlo con total certeza. Lo que sí parece claro es que su desarrollo estuvo marcado desde el inicio por conflictos jurisdiccionales y dificultades que condicionaron su evolución histórica.