Emilio Arroyo Bermejo
CRONISTA OFICIAL DE ZARZA LA MAYOR Y VALDASTILLAS

El pasado día 29 de marzo se presentaba como una propuesta que desde hace tiempo tenía en mi agenda, pero encontrar el momento se venía convirtiendo en harto difícil. Era el domingo de Ramos y en contra de lo que habitualmente hago ese día, decidí viajar a las tierras del Geoparque Villuercas-Ibores-Jara, comarca cacereña que conserva excelentemente su estado natural.
Centré mi presencia en Carrascalejo de la Jara, localidad a la que había asistido en dos ocasiones anteriores por motivos luctuosos que, como es lógico, no me permitieron adentrarme en conocer el territorio, sus grandezas naturales y patrimoniales.


Situado Carrascalejo en las estribaciones de la Sierra de Altamira, la tradición indica que fue fundado por unos colmeneros de Talavera de la Reina, los que se asentaron en el paraje de El Carrascal y de ahí la denominación de Carrascalejo.
Ofrece el lugar una gran riqueza en cuanto a fauna y flora. Su cercanía a la sierra facilita el hábitat a especies como jabalíes, buitres, venados y corzos, especies que componen la fauna mediterránea. El olivo, cereal, encinas y alcornoques son su plato fuerte en cuanto a especies arbóreas.
Así que esa mañana madrugué para que, tras hacer los 165 km que dista de Cáceres, estar a primera hora ya plantado en Carrascalejo de la Jara, tras pasar por Navalmoral y coger la carretera de Guadalupe, pasar por Peraleda de la Mata y avanzando en el camino, dejar a un lado los restos romanos «Los Mármoles» de Augustobriga, atravesar el pantano de Valdecañas para llegar a Bohonal de Ibor y girar a la izquierda, abandonando la carretera de Guadalupe, para alcanzar, en este orden, Peraleda de San Román, Garvín, Valdelacasa de Tajo, Villar del Pedroso ( famoso por su Carnaval de Ánimas con origen en el siglo XVII y declarada fiesta de Interés Turístico Regional en 2020) y conquistar Carrascalejo, el de la Jara y no confundirlo con El Carrascalejo al lado de la Emérita Augusta.
Allí me esperaba un amigo, de esos amigos que haces cuando estudias y compartes momentos, ese amigo que cuando escribió uno de sus tres libros publicados, me permitió prologar el libro titulado «Carrascalejo de La Jara, datos y vivencias» publicado en 2004 y que en un párrafo del prólogo escribí: «El recuerdo a un pasado y el respeto a la tradición de Carrascalejo ha sido la constante que ha mantenido viva la llama para que este trabajo , amable lector, esté hoy entre sus manos y espero que este viaje que Isidoro les propone les satisfaga al igual que me ha ocurrido a mí».
Así que sin lugar a dudas, él, Isidoro Dávila Dávila iba a ser mi guía por las tierras de Carrascalejo de la Jara.
Pero antes cogimos fuerzas con unos buenos churros en el Bar Mateos, gestionado por Merche, para tras ello comenzar a adentrarnos en un conocimiento pormenorizado de este bello pueblo de la Jara.


A decir verdad, aunque anteriormente había alargado el hecho de volver a Carrascalejo, ahora había un motivo que propició que en cuanto tuviera oportunidad tenía que situarme en la localidad. La razón era sencilla, mi guía ha inaugurado, en la casa de sus padres, ya fallecidos, un museo etnográfico que ha dedicado a su hermana fallecida en el verano de 2024 y a la cual también tuve el placer de conocer y compartir momentos con ella y hoy ese museo se conoce como «MUSEO ETNOGRÁFICO PILAR DÁVILA».
Asombrosa la recopilación de enseres que ha recogido Isidoro de su propia familia y de aportaciones de vecinos y amigos de su localidad y de otras. Un excelente repaso a la vida de antes, un recordatorio de la vida rural, organizado el museo por sectores y actividades del cual se podrá disfrutar, para que durante una hora y media, aproximadamente de explicación, quien lo visite conocerá de primera mano el uso de la gran mayoría de los objetos expuestos y podrá visitarlo de forma gratuita, previa cita al teléfono 646801231. Vale mucho detenerse en la exposición.

Recorrimos Carrascalejo de la Jara, un pueblo dividido en dos por su valle fluvial y natural que permite la existencia de un gran número de pozos, excelentemente conservados tanto en el casco urbano como fuera de él, además de un bello pilón denominado de «La Fragüilla» datado de 1917, pilón que antes derramaba el agua hacia unos bellos lavaderos públicos, con doce puestos, que en la actualidad se encuentran en excelentes condiciones de conservación.
Carrascalejo contó con varios hornos de «Pan Cocer» distribuidos por los distintos barrios, hornos a los que acudían los vecinos a cocer su propio pan. En la actualidad y de propiedad municipal, se conservan tres en excelentes condiciones guardando en ellos utensilios como las palas y en la actualidad sirven para hacer los dulces típicos en las fiestas de San Mateo (21 septiembre), Cristo Soberano (9 abril) o cuando la ocasión es propicia.
La Iglesia datada de siglo XVII presenta una estampa aparentemente moderna pues sufrió una gran reforma en 1940. La iglesia parroquial, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Asunción, tiene una sola nave y en una capilla lateral se custodia una copia de la imagen de la Virgen de Guadalupe, así como la reliquia de un trozo de manto cedido por el Real Monasterio de Guadalupe.


Me llamó mucho la atención en el recorrido el antiguo cementerio parroquial. Situado a los pies de la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, encontramos un llamativo cementerio, de propiedad parroquial, con una bella portada, con puerta de madera de dos hojas, con un bello y gran cerrojo de forja, adintelada la portada con un travesaño-dintel de madera apoyado en jambas constituidas por sillares de granito, coronado, el adintelado travesaño, por un tejadillo cubierto con teja árabe que a su vez es rematado por una bella cruz de forja indicando el sentido religioso del recinto. Datado el cementerio en el siglo XVI y conformado con tumbas en tierra, supone transportarse a inicios y años posteriores al siglo XX (por los datos que ofrecen las lápidas), llamando mucho la atención, datos como la muerte de niños y personas relativamente jóvenes e incluso cuando se ofrece la edad del finado, se escribe, además de la edad, los meses y días a la muerte del fallecido. Algunos cruceros diseminados por el espacio mantienen el carácter religioso del recinto sagrado. Curiosidades.

Si singulares son los hornos de pan cocer y el cementerio antiguo, singular también es su enebro. Una ruta senderista señalizada con salida desde Carrascalejo te acerca hasta «El Enebro», un árbol catalogado como singular con una altura que supera los 9 metros y con un diámetro de copa que sobrepasa los 10 metros, árbol perfectamente circundado para la observación del senderista.
Antes de yantar quedaba ver una era tradicional, ese lugar donde se trillaba después del arduo trabajo de la siega con muchos de los objetos que habíamos visto anteriormente en el «Museo Etnográfico Pilar Dávila» y que evocaba lugares ya casi olvidados hasta en el medio rural.
Hubo que volver a coger fuerzas y lo volvimos a hacer en el Bar Mateos, ese lugar de ocio por donde el tiempo no ha pasado y donde los Carrascalejanos desayunan diariamente sus churros, toman sus vinos, echan la partida y entre sus paredes ven pasar el ciclo de la vida. Y las fuerzas nos las repuso su gestora, Merche, que nos ofreció unas exquisitas migas del lugar y un delicioso secreto aliñado con una ensalada que generó el aprecio de los que compartimos mesa y mantel.

Con las fuerzas repuestas, quedaba subir al Puerto de Arrebatacapas que permite el paso de Carrascalejo a Navatrasierra, lo que corresponde con una de las últimas etapas del Camino Real de Guadalupe, ruta que comienza en la Parroquia de San Jerónimo El Real de Madrid y que recorrían los Reyes Católicos en su peregrinar al Monasterio de Guadalupe. Riqueza paisajista es la que presenta la subida a este puerto lo que ha convertido a Carrascalejo, por su enclave, en un estratégico lugar del Camino Real de Guadalupe. Allí, en la cima, el horizonte se aleja, las vistas son impresionantes y si el viajero desea un poquito de recogimiento, un pequeño altar de pizarra y granito acoge la imagen en azulejos de Nuestra Señora de Guadalupe acompañada por las imágenes de Santo Tomás, patrón de Navatrasierra y San Mateo, patrón de Carrascalejo.
De vuelta, encontrará el viajero en Carrascalejo un área de recreo municipal, donde poderse alojar en un complejo de bungalow rurales dotados de merenderos dentro de la propia naturaleza envolvente que ofrece el pueblo.
La tarde se echaba, Carrascalejo a la umbría presagiaba el fresco de la noche a sabiendas de que en mi mente habían quedado bien fijados los detalles de este recorrido para ahora ser escritos y divulgados para general conocimiento.
La Jara y Carrascalejo, una comarca y un rincón que te sorprenderá. A mí, así fue.