LA ERMITA DE LOS SANTOS MÁRTIRES SAN FABIÁN Y SAN SEBASTIÁN DE LA ZARZA
Cronista Oficial de La Zarza
El día 20 de enero se celebra la festividad de San Fabián (20º Papa de la Iglesia Católica entre 236-250 d. C.) y San Sebastián (soldado romano, 256-288 d. C.), patrones invocados contra la peste, cuya ermita se encontraba a las afueras de La Zarza, y que con el paso del tiempo, dio lugar a la actual ermita de Nuestra Señora de las Nieves.
Las ermitas son una de las manifestaciones materiales más importantes de la piedad popular. La ermita era un edificio de reducido tamaño, normalmente alejado o a las afueras de un núcleo urbano, en sus ejidos o arrabales. El pueblo acude a ellas en acción de gracias, petición de rogativas y sobre todo en momentos críticos de epidemias, sequías o plagas, como lo harían los zarceños de los siglos XVI y XVII. El origen, por tanto, de las ermitas y de su culto, nace de la incapacidad del ser humano para comprender lo que para ellos no tenía explicación lógica o científica.
A partir del siglo XV se desarrolla un progresivo culto a los santos, al sentir el pueblo la necesidad de tener protectores contra los males que le afligen. Es entonces cuando esta devoción directa entre el pueblo y los santos se refuerza, materializándose muchas veces en la construcción de una ermita. Así ocurrió en La Zarza con la ermita de San Fabián y San Sebastián. De igual modo, cuando esta devoción desaparece, las ermitas se abandonan o se transforman, como nuestra ermita que pasa de la devoción de los Mártires a la de la Virgen de las Nieves.
La ermita de los Santos Mártires de La Zarza
El edificio se comenzó a construir a finales del siglo XV, según las noticias obtenidas de las Visitas que la Orden de Santiago realizó a La Zarza.
En 1494 va a comenzar su edificación, pues “están juntos todos los materiales para ello” ya que “hermita en este lugar ni en su término no la ay, salvo los cimientos de una que el concejo comienza agora a haser”. Ya se habría elegido al maestro de obras y comprados los materiales por parte del mayordomo, que solían ser materiales baratos y abundantes en el entorno, como piedras, ladrillos y sillares para esquinas y portadas.
En 1498, la ermita tenía construidos dos arcos de ladrillo cubiertos de madera tosca y teja. No poseía propios para satisfacer sus gastos públicos, sino que se mantiene con las limosnas de los fieles. El mayordomo, Juan Bravo, era el encargado de la administración de los gastos de la cofradía religiosa y de su funcionamiento.
En 1503 era su mayordomo Toribio Hernández.
En 1508, la ermita es una capilla de dos arcos, que no tiene ninguna imagen porque se “blanqueaba” (esto indica que la ermita estaba enjalbegada, o que ya existían representaciones pictóricas de los Mártires y que al encalar las paredes las hubiesen tapado. Este blanqueo puede ser fruto de alguna epidemia de peste, uno de cuyos remedios era utilizar la cal como desinfectante). Era su mayordomo Alonso Martín.
Los visitadores de la Orden de Santiago decretaron un mandato al mayordomo: que Pedro Nieto, oficial o maestro de cierto renombre en la comarca de Mérida, pintase las imágenes de San Sebastián, San Fabián y San Blas de “buena pintura”, apalabradas con el pintor por 2.200 maravedíes. Las “pinturas” o cuadros se realizarían al óleo sobre lienzo, con una altura de 10 palmos (unos 2,10 m.) y una anchura de 6 ó 7 palmos (entre 1,25 y 1,45 metros) que en 1511 ya habrían sido finalizadas. Sería un retablo sencillo y de modestas proporciones, que daría solemnidad al altar, donde la figura de San Sebastián estaría en el centro, vestido como un caballero con su espada y “buenas ropas de colores” y “la ropa de las tres imágenes sean finas; doradas las diademas, cenefas y mitra” (no es la imagen prototípica de San Sebastián que estamos acostumbrados a ver, en la que aparece semidesnudo con las manos atadas a un árbol y cubierto su cuerpo de saetas en recuerdo de su martirio, como la escultura de San Sebastián que se ubica en un altar lateral de la posterior ermita de las Nieves). Se proporcionará al pintor la madera y los lienzos. También mandaron, ya que la ermita tenía dinero, se construyera el cuerpo de la nave de tapia de piedra y lo demás de tapia de hormigón con sus “rafas” o pilares de ladrillo.
En 1515, tenemos una capilla de dos arcos blanqueada, con vigas de madera que sujetan los cañizos sobre los que se asientan las tejas. En el altar, un retablo pintado en lienzo con las imágenes de los Mártires. Era el mayordomo Gonzalo Martín. Las limosnas y los cultivos de secano, sobre todo trigo y cebada, fueron las principales vías de financiación de la ermita en estos primeros tiempos. Los visitadores mandaron que continuasen las obras y que se vendiese el trigo y la cebada cuando su precio fuese más elevado, cuyo importe también se destinará a la obra.
En 1550, la ermita es de mediano tamaño, con una capilla cubierta de madera de pino, donde hay un altar con un retablo de madera pintada con las tres imágenes (San Sebastián, San Fabián y San Blas). El mayordomo fue Martín Alonso.
En 1556, la ermita es mediana, de una nave sobre cuatro arcos de ladrillo, que supone cinco tramos, cubierta a caña junta sobre cuartones de pino y cabrios, con una capilla mayor redonda maderada de pino, por lo tanto la cabecera es semicircular siguiendo la tradición romana, y suelo de cal. Tiene un altar al que se sube por tres peldaños, con un retablo con las imágenes sobre lienzos. El mayordomo fue Pedro Alonso.
En la Visita de 1604 se señala que la ermita se encuentra en el “ejido ansarero”, terrenos públicos no cultivados donde los vecinos soltaban los patos u otras aves de corral. La ermita tenía la puerta orientada al mediodía o sur (a la actual calle de la Virgen), el cuerpo estaba sobre cuatro arcos de ladrillo que descansan en los muros laterales y sustentan la techumbre, cubierta de madera tosca, cabrios y cañizos. La capilla estaba cubierta de madera de pino a manera de artesones, accediendo a la capilla por tres gradas, con un retablo pintado donde están San Sebastián y San Fabián. Las puertas se conservaban en muy buen estado.
En definitiva, se trataba de una sencilla construcción rectangular de una sola nave con escasa iluminación, sobria en cuanto a su volumen, con sentido útil del espacio, con escasa presencia de elementos decorativos, en definitiva, arquitectura popular. Sebastián Sánchez fue el mayordomo en 1604.
No tenemos noticias de cómo se celebraban y en que consistían las fiestas en honor de San Sebastián y San Fabián el 20 de enero, pero sí sabemos que el mayordomo pagó diez reales a dos mujeres para arreglar y adornar la ermita para el día de los Mártires.
Un siglo después, por Cédula Real del rey Felipe V, fechada en Madrid el 20 de diciembre de 1726, se autoriza la construcción de la actual ermita de Nuestra Señora de las Nieves sobre la antigua de los Mártires, finalizando las obras en 1730.











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