EL PUENTE DE SIETE VADILLOS SOBRE EL RÍO MATACHEL EN EL TÉRMINO MUNICIPAL DE LA ZARZA: UN NUEVO INTENTO DE REC ONSTRUCCIÓN DURANTE LA 2.ª MITAD DEL SIGLO XIX

EL PUENTE DE SIETE VADILLOS SOBRE EL RÍO MATACHEL EN EL TÉRMINO MUNICIPAL DE LA ZARZA: UN NUEVO INTENTO DE REC ONSTRUCCIÓN DURANTE LA 2.ª MITAD DEL SIGLO XIX

Fig. 1: Estado del puente y proyecto de reconstrucción de Fernando Rodríguez en 1785.

Fabián Lavado Rodríguez
Cronista Oficial de La Zarza

Este artículo es continuación de “El puente de Siete Vadillos sobre el río Matachel” publicado en el diario HOY La Zarza (abril de 2017, n.º 31), en el que se describía el citado puente y los intentos de reconstrucción del mismo hasta el siglo XVIII.

A modo de resumen o introducción, el puente de Siete Vadillos o Siete Vaillos sobre el Matachel, en el término municipal de La Zarza, junto al cerro Alanjón y aguas abajo del molino de la Rabia o las Piletas, era una infraestructura alomada y estrecha, de más de 60 metros de longitud, posiblemente de origen bajomedieval. Construido en piedra y ladrillo, tendría posiblemente seis arcos apoyados en pilastras, varias de las cuales son a día de hoy visibles.

En la Edad Moderna, se situaba en la ladera del castillo de Alange el llamado puente de la Quebrada, sobre el río Matachel, que salvaba el camino que unía La Zarza con Almendralejo. En 1678, los vecinos de Alange manifestaban que junto al castillo existía un puente al cual “solo le faltaba cerrar un ojo por cuya causa estaba sin servidumbre”, que en los alrededores había otros tres puentes arruinados, entre ellos el de Siete Vadillos, y que en ocho leguas -45 kms- a la redonda no había ninguno. Eran necesarios 12.000 ducados para su compostura, pero nada se hizo dada la situación económica del país tras finalizar la Guerra de Portugal (1640-1668) unos años antes.

A mediados del siglo XVIII, se solicitó al Consejo Real que fueran construidos o reparados varios puentes cercanos a Mérida. Para el Matachel se proyectó edificar un puente de 92 varas de largo (76,91 m) por 5 de ancho (4’17 m) sobre otro anterior, que tenía varios pilares arruinados, cuyo coste alcanzaba los 30.000 reales. Aunque en el proyecto no se cita de qué puente se trata, muy posiblemente se refiera al de Siete Vadillos, ya arruinado, y no al de la Quebrada, pues éste excedía en mucho la longitud de 92 varas. En 1756 no se habían iniciado las obras, por lo que el paso de los correos debía realizarse por el puente de Aljucén.

Nuevamente, en 1784, los ayuntamientos de La Zarza y Alange solicitaron licencia al Consejo Real para reparar uno de los dos puentes o construir uno nuevo, pues la situación se había vuelto insostenible para el paso de tropas, comerciantes, correos, labradores, ganados y vecinos de la zona; además de su importancia estratégica por ser un paso fundamental para conectar los pueblos del partido de Mérida con el camino hacia Almendralejo, Llerena y Sevilla.

En 1785, se encargó el proyecto de revisión de ambos puentes al maestro de obras emeritense Fernando Rodríguez, quien entregó a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando los planos de los reconocimientos y el proyecto de reconstrucción del puente de Siete Vadillos, tasadas las obras en 159.000 reales, al considerar el alarife que éste tenía un emplazamiento más seguro y acertado. La Academia aprobó las reparaciones, pero no siguiendo los planos de Rodríguez, asignando la revisión del proyecto al arquitecto y académico Manuel Machuca Vargas, que se desplazó a La Zarza para reconocer las márgenes y fondo del río donde se pretendía construir el puente, así como los materiales constructivos que hubiera cercanos. En 1786, Machuca ideó un puente de nueva planta con ocho arcos y suficiente anchura para el paso de dos carros a la vez, todo de piedra berroqueña. Lo presupuestó en 551.000 reales, el elevado coste hizo que el Consejo Real solicitara más detalles al Intendente Provincial. Otra vez se frustraba una nueva oportunidad, el puente de Siete Vadillos seguía en ruinas y sin acometer la prometida reparación.

Fig. 2: Puente de la Quebrada en Alange, hoy bajo las aguas del pantano.

Nuevo proyecto de reconstrucción a mediados del siglo XIX

Transcurridos 56 años, en la sesión del pleno de la Diputación de Badajoz, de fecha 15 de febrero de 1842, con la asistencia de Cayetano Cardero de la Vega, como presidente, el intendente Antonio Moral Arenzana, Pedro Bueno Flores, José Carbonell Carbonell, José Antonio Ortiz, Vicente Sánchez Arjona y Carlos Márquez Rodríguez, se trató el expediente sobre la recomposición del pavimento de los baños de Alange, así como el desagüe y limpieza de las termas romanas, ya que el presupuesto formado por el ayuntamiento alangeño no cubría los gastos. Acordaron que el arquitecto Valentín Falcato (figura destacada en la arquitectura de obra civil en Extremadura, trabajó sobre todo en Badajoz, realizando obras como el paseo de San Francisco, el cementerio de San Juan, la reconstrucción de los puentes de Palmas y Gévora, etc.) pasase por Alange a reconocer las obras que necesitasen los dos edificios y formar el presupuesto de su costo. Al mismo tiempo, siendo de absoluta necesidad rehabilitar el puente antiguo sobre Matachel, en las inmediaciones de Alange, para facilitar la comunicación de la villa y la que afectaba entre los partidos de los Barros, Don Benito y la Serena, estimase el presupuesto también de esa obra.

Al día siguiente, 16 de febrero, en sesión vespertina, se reunieron los diputados Pedro Bueno Flores, Pedro José Campos, José Carbonell Carbonell, José Antonio Ortiz, Vicente Sánchez Arjona y el secretario interino Carlos Nicolás de Rebolledo. El diputado Campos manifestó que, en la sesión del día anterior, se acordó la rehabilitación del puente que está en los alrededores de Alange sobre el río Matachel, puente que nunca pudo servir más que para infantería, y juzgando que este gasto no puede evitar otro desembolso que precisamente tendría que hacerse en la recomposición del puente que está, en parte arruinado, a un cuarto de legua distante de las villas de Alange y La Zarza -se trataría del puente de Siete Vadillos-, en el camino-carretera de los partidos de los Barros a Don Benito y la Serena, y de éstos a Sevilla; propuso que, en consideración a la mucha mayor utilidad pública, se acordase la reparación del que está en el sitio de Siete Vadillos, jurisdicción de La Zarza, ordenando a Valentín Falcato realizar el correspondiente presupuesto, aplicando para ello los fondos sobrantes de los baños de Alange, al tiempo que los pueblos que se designen propongan los arbitrios más apropiados para esta obra y menos gravosos para sus vecinos. Después de haber hecho varias aclaraciones y dadas todas las explicaciones por el diputado peticionario Campos, se aprobó su proposición.

Un mes más tarde, 14 de marzo, los diputadosCarlos Márquez Rodríguez, Francisco Moreno Gallardo, Guillermo Nicolau Rivalaigua y el secretario Nicolás Coronadodieron cuenta de la comunicación del arquitecto Falcato, que iba acompañada de los presupuestos necesarios para los baños de Alange y la reconstrucción de un puente sobre el río Matachel frente al pueblo de Zarza junto Alange, pasando toda la información a la Comisión de Puentes y Alcantarillas.

Reparto del coste entre las poblaciones afectadas

Con posterioridad, la Diputación de Badajoz, que el 15 de febrero de 1842 había acordado la construcción de un puente sobre el río Matachel en las inmediaciones de La Zarza y firmado el presupuesto cuya suma ascendía 145.300 reales de vellón, tomando por tipo el encabezamiento de la contribución de paja y utensilios (impuesto que se creó con el objeto de obtener fondos para los gastos de cama, luz, aceite, leña, vinagre y sal que causaba el alojamiento de las tropas en los pueblos y la paja que consumía la caballería), estipuló el consecuente repartimiento entre los pueblos afectados, debiendo contribuir, según lo publicado en el Boletín Oficial de Badajoz de fecha 5 de julio de 1845, con las siguientes cantidades: Zarza de Alanje: 4665 reales 25 maravedíes, Alanje: 5308 rs. 29 mrs., Aljucén: 357 rs. 20 mrs., Almendralejo: 17827 rs. 4 mrs., Aceuchal: 3270 rs. 9 mrs., Calamonte: 723 rs. 23 mrs., Carmonita: 176 rs. 12 mrs., Carrascalejo: 177 rs. 33 mrs., Cordobilla de Lácara: 359 rs., Don Álvaro: 1144 rs. 1 mrs., Esparragalejo: 1082 rs. 18 mrs., Fuente del Maestre: 15174 rs. 33 mrs., La Garrovilla: 923 rs. 32 mrs., Guareña: 11998 rs. 15 mrs., Mérida: 26573 rs. 7 mrs., Mirandilla: 1053 rs. 14 mrs., La Nava de Santiago: 543 rs. 23 mrs., Puebla de la Calzada: 5451 rs. 18 mrs., Puebla de la Reina: 1373 rs. 6 mrs., Solana de los Barros: 558 rs. 8 mrs., Torremayor: 925 rs. 19 mrs., Torremejía: 304 rs. 7 mrs., Trujillanos: 360 rs. 28 mrs., Valverde de Mérida: 1678 rs., Villafranca de los Barros: 16531 rs., Villagonzalo: 2794 rs. 18 mrs., Villalba de los Barros: 3231 rs. 8 mrs., Arroyo de San Serván: 2530 rs. 26 mrs., Lobón: 2687 rs. 25 mrs., Oliva de Mérida: 2717 r. 5 mrs., Montijo: 10579 rs. 15 mrs., Palomas: 1336 rs. 20 mrs. y San Pedro: 880 rs. 9 mrs.

Expedidas las órdenes oportunas para que los pueblos hicieran la propuesta de arbitrios para cubrir las cantidades que a cada uno correspondía, lo verificaron las 27 primeras poblaciones, entre ellas La Zarza, según aparece en el expediente general, pero no los 6 pueblos restantes (Arroyo de San Serván, Lobón, Oliva de Mérida, Montijo, Palomas y San Pedro). Deseando que se llevara a cabo la obra a la mayor brevedad posible, los ayuntamientos de los expresados pueblos darían cuenta al gobierno provincial, sin demora, del estado en que estaban estos expedientes y de las cantidades que hubiesen hecho efectivas, disponiendo se ingresasen en la depositaría de la corporación provincial, tanto por los repartimientos, cuanto por las ventas y arbitrios aprobados por el gobernador provincial; proponiendo igualmente, sin el menor retraso, los que sean necesarios para cubrir su déficit, manifestando las causas que les hayan impedido ejecutarlo hasta ahora, exigiendo responsabilidades a quienes retrasasen los pagos.

La reconstrucción se dilata en el tiempo

La esperada reconstrucción del puente de Siete Vadillos seguía sin ejecutarse. El 5 de diciembre de 1852, siete años después del repartimiento de las distintas cantidades entre los pueblos afectados, el Ayuntamiento de La Zarza, compuesto por Francisco Gutiérrez Mateos, alcalde constitucional; Pedro Merino, primer teniente de alcalde; Francisco Seguro, síndico, y los regidores Fernando Delgado Almendro, Cristóbal Solar, Francisco Delgado Ordóñez, Juan Peñato, Patricio Lavado Dicha, Juan Barrero Paliza y el secretario Miguel Amado, se reunió en sesión ordinaria para, entre otros asuntos, acordar lo necesario para el cumplimiento de la orden del gobernador provincial, de 17 de noviembre, relativa a saber si existía disponible en las arcas de la depositaría de los propios municipales la cantidad de 4695 reales de vellón y 25 maravedíes [sic] que le correspondieron a esta villa para la construcción del puente en el río Matachel; en caso contrario, se acreditase dónde se había invertido dicha cuantía para ponerlo en conocimiento del gobernador. Enterados los ediles, acordaron que el secretario mostrase el repartimiento que tienen entendido obra en su poder, girado por orden superior el pasado año de 1842. Visto el repartimiento e informados por varios miembros que componían el ayuntamiento de aquel año y otras personas con conocimiento de causa, parece que no se realizó su cobranza, puesto que en las arcas de la depositaría de propios no entró ninguna suma con dicho destino. Mediante el correspondiente oficio, pusieron en conocimiento del gobernador provincial la situación.

Casi un año después, el pleno de la Diputación Provincial de Badajoz, en la sesión de 17 de noviembre de 1853, integrado por José del Pino, gobernador presidente, José Montero Romera, Francisco Guerrero Baena, Campo Espino, Antonio Fernández, Manuel Mendoza González Torres de Navarra, Gabino Daza y José M.ª Albarrán como secretario, decidió que el expediente relativo a la construcción de un puente sobre el río Matachel pasara a informe de los señores Montero y Fernández.

En la siguiente sesión, 19 de noviembre, los anteriores diputadosestudiaron el dictamen presentado por la comisión encargada de informar sobre el expediente antiguo promovido con motivo de la construcción de un puente sobre el río Matachel en el punto de Siete Vadillos, proponiendo que no había motivos para variar el acuerdo aprobado por la Diputación Provincial de Badajoz sobre su reparación en 1842. Por lo tanto, deberá llevarse a cabo lo resuelto entonces respecto a que se costee por los 31 [sic] pueblos que se comprometieron a ello, determinándose se vuelva a consultar a dichos pueblos para que declaren si están prontos a solventar la cuota que se les repartió con tal motivo y en su vista resolverá en la primera reunión del próximo año lo que proceda, pidiendo, mientras tanto, al gobernador que averiguara el paradero de los fondos que tienen entregados algunos pueblos en virtud del reparto que se hizo en aquella época para el costo de dicha obra.

El Ayuntamiento de La Zarza, reunido en sesión ordinaria a primeros de abril de 1855, formado por Clemente Rodríguez Montero, segundo teniente de alcalde; Antonio Bravo Bacas, síndico, y los regidores José Guerrero Márquez, Antonio Cortés Lobato, Agustín Barrero, Sebastián Guerrero Muñoz, Sancho Morán Gómez, Martín Flores y Miguel Amado como secretario, sin la presencia del alcalde presidente Pedro Merino, trató nuevamente el tema del puente sobre el río Matachel. El síndico Antonio Bravo manifestó el retraso en que se encontraba la construcción del puente sobre el Matachel, en el sitio de las Piletas o Siete Vadillos, cuya obra ya debería haber comenzado, toda vez que los pueblos que estaban comprometidos a costearlo parece que tenían sus respectivas cuotas presupuestadas o arbitradas, y que el ayuntamiento zarceño, con fecha 4 de diciembre de 1853, manifestó su cooperación y conformidad en la cuota que se le asignó a consecuencia de la orden del gobernador provincial.

Asimismo, destaca el incalculable perjuicio para los porteadores, carreteros y viajeros que transitaban por la carretera que de la Serena, parte de la Mancha y Castilla iba hacía dicho puente, y que reiteradamente tienen que paralizarse por las grandes y frecuentes crecidas del río Matachel. Mucho mayor era el daño para los pueblos del entorno, sobre todo Villagonzalo, Guareña, La Oliva, Palomas, Puebla de la Reina, Alange y La Zarza, por su indispensable paso por aquel punto, causando infinidad de retrasos en los correos y remesas de caudales a la capital, y, peor aún, algunos, después de un largo rodeo, cruzaban el crecido río en un barquichuelo, sucediendo mayores desgracias como la acaecida unos días atrás en la que se ahogó el vecino Benito Pérez, cuando estos sucesos se podían evitar.

Por todo ello, la corporación dirigió un recordatorio a la Diputación Provincial, suplicándole brevedad en una pronta determinación y que, dado que estaban en primavera, era una buena época para comenzar la ejecución de esta imprescindible obra, que tantos beneficios había de reportar como calamidades ocurrieron a causa de su abandono.

Proyecto para un nuevo puente en el río Matachel

Pasaban los años y la obra del puente seguía sin materializarse. En el pleno de la Diputación Provincial del día 9 de febrero de 1866, se reunieron los diputadosAntonio Fernández Viera, Secundino Fernández, Miguel Nogales, Alfonso Nogales, Andrés Moreno Nogales, Eduardo Maesso de la Fuente, Antonio Estévez Osma, Santiago Ruiz García, Gómez Bravo, Juan Martínez de Santa María, Antonio de Castro y José Blanco y Romo, presididos por Juan Fernández de Soria.Este último dio la puntilla al proyecto de levantamiento de un puente sobre el río Matachel en Siete Vadillos, al proponer a la Diputación la importancia y necesidad de construir un nuevo puente sobre el río Matachel, acordando se procediera al estudio, formación de planos y presupuesto por el director de caminos vecinales Florencio Ger, cuya obra sería costeada por los pueblos interesados en su construcción y subvencionada por la propia Diputación. El puente se construirá en el punto que designen los pueblos que debían costearlo, siempre que se subordine al plan de caminos vecinales y atendiendo a la situación topográfica más conveniente. La elección del lugar se hará en una reunión de dichos pueblos que convocará el alcalde de Almendralejo, citándolos para ello, y con asistencia de los diputados provinciales de los partidos de Almendralejo, Zafra, Mérida, Villanueva de la Serena, Don Benito y Castuera. Los gastos de estudio y servicio de peones se sufragarán de los fondos provinciales destinados al estudio de caminos vecinales.

Al cabo de tres años, el 10 de mayo de 1869, Florencio Ger y Lóbez presentó el borrador del proyecto de puente sobre el río Matachel en el camino vecinal de Almendralejo a Oliva de Mérida. Ger y Lóbez eligió como mejor emplazamiento para el puente sobre el río Matachel el pasil de Palomas, ya que presentaba pocas dificultades para la construcción de un puente de cinco arcos iguales de 8 metros de luz cada uno.

En conclusión, la reconstrucción del puente de Siete Vadillos sobre el río Matachel, en el término municipal de La Zarza, fue una necesidad histórica recurrente durante los siglos XVII, XVIII y XIX, marcada por los intentos de recuperar la ruina de la antigua construcción y la dificultad para asegurar su financiación, retrasando las obras o quedando paralizadas, como de hecho ocurrió de nuevo.

Actualmente, aunque se considera una estructura arruinada, sigue siendo un punto de interés histórico y paisajístico dentro de las rutas turísticas por La Zarza.

Publicado en:

– LAVADO RODRÍGUEZ, Fabián: “El puente de Siete Vadillos sobre el río Matachel en el término municipal de La Zarza: un nuevo intento de reconstrucción durante la 2ª mitad del siglo XIX”, La Zarza: Feria del Ganado Mayo 2026. La Zarza: Ayuntamiento de La Zarza, 2026, 7-17.

Fig. 3: Estado actual del puente de Siete Vadillos.

LAS ESCRITURAS DE CENSO PERTENECIENTES A LA COFRADÍA DE NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO DE LA ZARZA EN 1763: UNA FO RMA DE CRÉDITO ECLESIÁSTICO

LAS ESCRITURAS DE CENSO PERTENECIENTES A LA COFRADÍA DE NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO DE LA ZARZA EN 1763: UNA FO RMA DE CRÉDITO ECLESIÁSTICO

Fabián Lavado Rodríguez
Cronista Oficial de La Zarza

Origen y desarrollo del culto a la Virgen del Rosario

En la Iglesia católica, el origen de la advocación mariana a Nuestra Señora del Rosario surge a principios del siglo XIII, más concretamente en 1208, cuando a Santo Domingo de Guzmán se le apareció la Virgen María en una capilla del monasterio francés de Prouille, fundado por él mismo en compañía de Diego de Acebes, entregándole el Santo Rosario como arma contra la herejía albigense. Ella le enseñó a rezarlo y le encomendó propagar esta devoción para la conversión de los pecadores y la obtención de abundantes gracias.

La obra apostólica de Santo Domingo creció de tal forma que, en el IV Concilio de Letrán (1215), el papa Inocencio III apoyó la Regla de Santo Domingo para establecer una nueva orden mendicante. Buscaba combatir las herejías y reformar la Iglesia mediante órdenes religiosas centradas en la pobreza y la predicación, impulsando la fundación de la Orden de Predicadores, más conocidos como Dominicos, aunque la aprobación formal de la orden dominica fue completada por su sucesor Honorio III gracias a la Bula «Religiosam Vitam», fechada en Roma el 22 de diciembre de 1216.

El rosario se mantuvo como la oración elegida durante dos siglos, cayendo su devoción en el siglo XV. Una nueva aparición de la Virgen en torno a 1564, esta vez al beato dominico Alano de la Rupe o de la Roca, revivió y potenció la devoción al rosario. Este dominico de origen bretón, a petición de la Virgen, recogió en un libro todos los milagros llevados a cabo por el rosario, recordándole las promesas que siglos atrás concedió a Santo Domingo. De la Rupe fue un gran difusor del uso devocional del rosario, llamado entonces “Salterio de la Virgen”, nombre tradicional del Santo Rosario completo, compuesto por 150 Avemarías que emulan los 150 salmos bíblicos (Rosario significa corona de rosas, cada avemaría es una rosa ofrecida a la Virgen, y el rosario completo constituye una corona de rosas).

En el siglo XVI, el papa Pío V estableció su fecha de celebración el 7 de octubre para conmemorar la victoria naval de Lepanto, ocurrida precisamente el 7 de octubre de 1571, que enfrentó a la coalición cristiana de la Liga Santa, encabezada por la monarquía de Felipe II, contra los turcos. Los días anteriores a la batalla, Pío V había promovido un prolongado periodo de oración del Santo Rosario y de procesiones penitenciales, invocando la intercesión de María Santísima. La victoria fue vista como una gracia y milagro alcanzado por la Virgen María y el rezo del rosario. De ahí que ese día de celebración fuera conocido como Santa María de la Victoria.

Su sucesor en el pontificado, Gregorio XIII, tuvo un papel fundamental en la consolidación de la devoción a la Virgen del Rosario al cambiar, en 1573, el nombre de la fiesta de Santa María de la Victoria a Nuestra Señora del Rosario.

La victoria en la batalla de Temesvar (1716) por parte del príncipe Eugenio de Saboya sobre el Imperio otomano, atribuida por el papa Clemente XI a la intercesión de la Virgen del Rosario, dio lugar a que este papa ordenara que su fiesta se celebrase por la Iglesia universal.

En consecuencia, el Concilio de Trento (1545-1563) y la conmoción por la victoria en la batalla naval de Lepanto supusieron la universalización del Santo Rosario y la fundación de múltiples cofradías dedicadas a la Virgen del Rosario, tras el trabajo inicial de los dominicos regulando y dando unidad al rezo del rosario y el establecimiento de sus primeras cofradías.

La cofradía de Nuestra Señora del Rosario y sus censos en 1763

No tenemos constancia documental de cuándo se fundó la cofradía de Nuestra Señora del Rosario en La Zarza, aunque posiblemente se erigiera después del éxito de Lepanto y la globalización del rezo del rosario. Existe documentación fechada entre 1700 y 1826, sobre todo referida a cuentas de fábrica de ingresos y gastos que nos muestran la gestión anual de la cofradía.

Entre estos expedientes se conserva uno relativo a los censos que poseía la cofradía del Rosario en 1763. La cofradía poseía numerosas parcelas rústicas y algunas casas, fruto posiblemente de donaciones, la mayoría vía testamentaria. Muchas de estas propiedades inmobiliarias fueron hipotecadas mediante censo, por lo que era fundamental para la cofradía acreditar su propiedad.

Como explica Marco Yagüe (1), el censo es un “contrato por el que surge la obligación de pagar unos intereses según porcentajes legislados, por parte de quien lo recibe y que avala con unos bienes inamovibles, a quien le entrega el capital, sin que se señale fecha para redimirlo”. Por lo tanto, la cofradía del Rosario prestaba un capital, llamado principal, a cambio de unos bienes raíces o fincas. Este capital perduraba sin cambios en el tiempo hasta que se devolvía íntegro (redimir el censo), sin precisar el momento del vencimiento, por parte del receptor o sus herederos en igual condición en que se entregó, y en la misma moneda. Al capital se añadían unos réditos (según la época, entre 3% y 5%) cuyos porcentajes los marcaba la legislación real. Al redimir el censo o restitución del principal, la propiedad volvía a la persona que había solicitado el préstamo. Pero ocurría que estos préstamos eran de larga duración, por generaciones, es “como si el dominio se hubiera perdido y su propiedad hubiera pasado a otro. La redención por tanto responde al concepto de venta con que se encabezan las escrituras de los censos. Hacía olvidar la recepción del principal y hacía valorar especialmente las fincas hipotecadas como si por ellas se pagasen las rentas. Se veían como si se desprendieran de unos bienes, los hipotecados, aunque seguirían trabajándolos para ellos poder sacar el dinero con que pagar el arriendo”.

Como estos censos duraban tanto en el tiempo, debían renovarse ante notario o escribano cada cierto tiempo con testigos, y obligatoriamente si cambiasen de dueño por herencia. Todo quedaba por escrito, comprometiendo sus bienes o el de los herederos para el cumplimiento del pago censal. La suma de los bienes inmuebles hipotecados tenía que superar el triple de la cantidad o principal objeto de préstamo. La cofradía del Rosario, en principio, no podía vender ni enajenar las fincas, y “si alguien las comprara cargaría con la deuda del capital y debería hacer nuevo censo de reconocimiento y aceptación de las cargas”.

La cofradía era representada por su mayordomo, que entregaba el dinero y recibía los réditos en mano, firmaba las escrituras de censo y su renovación, sobre todo cuando había cambio de poseedor por herencia o de propietario para que no se extinguiese el censo. Todo estará registrado en los libros de la cofradía y del escribano, que realizará las copias necesarias para las partes.

En 1763, Fernando Alonso Macías, mayordomo de la cofradía de Nuestra Señora del Rosario, perteneciente a la parroquia de la villa de La Zarza, escribió al licenciado D. Pedro Moscoso, Provisor Juez Ordinario de la Provincia de León de la Orden de Santiago, contándole que dicha cofradía tenía a su favor varios censos, todos en manos de diversos poseedores, de los que se conocían algunas escrituras y otras constaban en el libro de hipotecas de la cofradía, pero que con el paso del tiempo y la dejadez, la documentación acabaría perdiéndose. Por lo que le solicita librase comisión a quien “fuere de su agrado” para que los actuales inquilinos identificasen sus respectivos censos, deslindándolos con la mayor claridad posible, se indagase el paradero de los extraviados y se reconociesen los anotados en el libro. Concluidas las averiguaciones, se hiciera relación de todos los censos en el libro becerro de la iglesia para que siempre constasen. También le informaba que la cofradía del Rosario tenía sus escrituras de censo en casa de Lucas Matheos Milanés, escribano de La Zarza, pero ausente éste, un alcalde las sacó y puso, según tenía noticias, en el archivo del ayuntamiento, diciendo que la cofradía las tenía allí para consultarlas si fuese necesario, cuando debería haberlas reintegrado a la cofradía como su legítima dueña. Por tanto, suplicaba al licenciado Moscoso que la justicia obligase a reintegrar a dicha cofradía sus escrituras, libre y sin costas.

El 16 de agosto de 1763, el provisor juez Pedro Moscoso dictó en Mérida un auto dando comisión al cura o teniente de la iglesia parroquial de La Zarza, con las facultades y auxilios necesarios, para proceder contra los inquilinos censuales de la cofradía del Rosario con el fin de que realicen y otorguen escrituras de nuevo reconocimiento de sus censos y obligaciones, deslindando y apeando los bienes e hipotecas con sus linderos y cabida que hubieran pasado a segundos o más poseedores ante escribano público. Todas estas operaciones deberán certificarse en el libro becerro de la iglesia para que se conservasen en el tiempo. A su vez, exhortaba a cualquiera de los dos alcaldes ordinarios de la villa, Juan Carrasco Montero y Bartolomé Matheos Mejía, a hacer inventario y cesión de todas las escrituras tocantes y pertenecientes a la cofradía que estaban depositadas en el ayuntamiento, y las entregaran a su mayordomo Fernando Alonso Macías, el cual pondrá testimonio del inventario en el libro corriente de cuentas.

Al día siguiente, 17 de agosto, el escribano Lucas Matheos Milanés hizo saber el auto antecedente a Fernando Antonio de la Barreda y Bolaños, cura párroco propio de la parroquia. Vista la comisión que le confiere el provisor dijo la aceptaba y que estaría pronto a su ejecución y cumplimiento. Ese mismo auto, también le fue notificado al mayordomo de la cofradía de Nuestra Señora del Rosario y a los alcaldes de la villa.

Inventario de censos de la cofradía de Nuestra Señora del Rosario en 1763

El 18 de agosto, los alcaldes Juan Carrasco Montero y Bartolomé Matheos Mejía, representantes del estado noble y llano, pasaron al archivo del ayuntamiento, de donde extrajeron un legajo de escrituras perteneciente a la cofradía, y en presencia de los alcaldes, el juez de la comisión (en este caso, el párroco) y el mayordomo, se hizo un reconocimiento formal de todas ellas y se inventariaron en la forma siguiente:

1.- Una escritura censual otorgada ante el escribano Pedro Sánchez Romo por Juan Cortés Dorado y su mujer María Rodríguez, vecinos de Don Álvaro, con unos autos ejecutivos y un reconocimiento de dicho censo de 704 reales ante el escribano Sebastián Gómez Fernández por Esteban Dorado el 18 de septiembre de 1714.

2.- Otra escritura otorgada ante Miguel Cortés Lozano por el licenciado Pedro Alonso Benítez, provisor vecino de esta villa, reconocida ante Sebastián Gómez Fernández por D. Gaspar Ruiz, de 440 reales.

3.- Otra otorgada ante Miguel Cortés Lozano por Francisco Rodríguez Bacas y Teresa Blázquez, vecinos de La Zarza, está reconocida ante Sebastián Gómez Fernández por Juan Cano, vecino de Villagonzalo, de 506 reales.

4.- Otra escritura otorgada por Francisco Montero Macías y María Gómez, su mujer, ante Sebastián Gómez Fernández, de venta de una suerte de tierra en la Toconosa de 5 fanegas de trigo en sembradura.

5.- Otra otorgada por Francisco Rodríguez Tejar ante Lucas Matheos Milanés, de 1364 reales y unos autos ejecutivos.

6.- Otra escritura de venta otorgada ante Lucas Matheos Milanés por Bartolomé Matheos Montero y Juana Sánchez, su mujer, junto a la de cesión que últimamente hizo ante el notario Alexandro de Vargas.

7.- Otra de venta a favor de dicha cofradía otorgada ante Joseph Gregorio Malo de Molina por Benito Sánchez Paredes.

8.- Otra de venta ante Juan López Ortiz Blasco otorgada por los albaceas de Pedro Malpartida.

9.- Otra otorgada ante Lucas Matheos Milanés por Francisco Romero Muñoz y su mujer, de 500 ducados de censo.

10.- Otra escritura otorgada ante Serván Macías por Alonso Blázquez, vecino de esta villa, de 1100 reales, reconocida ante Sebastián Gómez Fernández por Juan Cortés Aguilar, Francisco Romero y Benito Sánchez.

11.- Otra ante Miguel Cortés Lozano reconocida por Alonso del Toro e Isabel de Lemos de 440 reales, reconocida por Fernando Milanés ante Sebastián Gómez Fernández.

12.- Otra escritura otorgada ante Miguel Cortés Lozano por Alonso González Caballero de 480 reales, reconocida ante Sebastián Gómez Fernández por Andrés Martín Casillas y repetido por Juan Matheos Paredes y María Cortés ante Joseph Gregorio Malo de Molina.

13.-Otra de censo otorgada por Fernando Alonso de Fernando Alonso Cortés y su mujer ante Miguel Cortés Lozano de 330 reales.

14.- Otra ante Lucas Matheos Milanés otorgada por Sebastián Benítez Carrasco y su mujer, de 220 reales de principal, reconocida por Matheo Pérez Calbo “el Viejo” ante Sebastián Gómez Fernández.

15.- Otra ante Pedro Sánchez Romo por Pedro Domínguez Menayo y su mujer, de 700 reales.

16.- Otra escritura otorgada por Matheo García y su mujer, de 65 ducados de principal ante Miguel Cortés Lozano.

17.- Otra otorgada por Juan Cortés Barrera y su mujer, de 440 reales, ante Juan Cortés Lozano, reconocida por Antonia Mhateos, vecina de Sebastián Montero.

18.- Otra de 550 reales otorgada por Francisco Rodríguez Villafranca ante Miguel Cortés Lozano, reconocida por Alonso Martín Carretero ante Sebastián Gómez Fernández.

19.- Otra escritura de censo otorgada por Gonzalo Montero y su mujer ante Miguel Cortés Lozano de 60 ducados de principal, reconocida por Francisco Rodríguez Tejar ante Sebastián Gómez Fernández.

20.- Otra de 495 reales ante Marcos Durán otorgada por Juan y Pedro Carrasco Montero.

21.- Otra con autos ejecutorios otorgada por Alonso Ramírez de Martín Alonso ante Juan Cortés Lozano, de 25 ducados, reconocida por Miguel de Chaves ante Sebastián Gómez Fernández.

22.- Otra escritura otorgada por Juan Blázquez “el Mozo” y su mujer ante Lucas Matheos Milanés, reconocida por los mismos ante Sebastián Gómez Fernández.

23.- Otra de 30 ducados otorgada por Esteban Blasco ante Lucas Matheos Milanés.

24.- Otra de 400 reales otorgada por Sebastián Sánchez Aguilar y su mujer ante Miguel Cortés Lozano.

25.- Otra otorgada por los anteriores ante el mismo escribano.

26.- Otra escritura de 84 ducados con autos, otorgada por María Matheos La Parra ante Miguel Cortés Lozano, reconocida por María Sánchez Milanés ante Sebastián Gómez Fernández.

27.- Otra de 90 ducados otorgada por Alonso López de Silba y su mujer ante Lucas Matheos Milanés.

Con esta operación quedó finalizado el inventario, a la espera de que pudieran aparecer algunas más, que se añadirían al listado. Los alcaldes dijeron no tener noticias de otras escrituras, por lo que el juez de la comisión, Fernando Antonio de la Barreda y Bolaños, dio por concluida la diligencia, firmando todos los presentes ante el escribano Lucas Matheos Milanés.

Por último, el 15 de septiembre de 1763, el párroco y juez de la comisión Fernando Antonio de la Barreda y Bolaños, en vista de las diligencias practicadas para el apeo y deslinde de las tierras de la cofradía del Rosario de La Zarza, con el objeto de saber los sujetos que las poseían y que estaban hipotecadas a los censos de dicha cofradía, nombró por apeadores y deslindadores a Martín Alonso Barrero y Martín Alonso Flores, vecinos de la villa, para que se les notifique, acepten y juren el cargo, como así lo hicieron. Una vez realizadas estas operaciones, comparecerán a declarar sobre el particular; asimismo las personas que gozaban de las tierras, también acudirán a reconocer su censo dentro del segundo día, bajo pena de excomunión mayor, que suponía la privación de todos los sufragios de la Iglesia, como recibir los sacramentos, y los sufragios públicos como las indulgencias, la comunión, la misa, la recitación de las horas canónicas y procesiones públicas, e igualmente la sepultura en sagrado, que incluía, además, la prohibición de celebrar exequias de cualquier tipo.

De esta manera, la cofradía de Nuestra Señora del Rosario obtenía unas rentas estables para su funcionamiento y culto. Además, estos censos permiten estudiar la economía y estructura social de La Zarza, así como el crédito eclesiástico.

(1) MARCO YAGÜE, Mariano: Préstamos, hipotecas y censos en la Capellanía de Ánimas: (Labros 1630-1815). Guadalajara: Diputación Provincial de Guadalajara, 2017.

LA ZARZA RECIBE LA BALIZA DIGITAL DEL PROYECTO ART POINTS, QUE PERMITE MEJORAR LA VISITA E INTERPRETACIÓN AL ENCLAVE DE ARTE RUPESTRE DE LA CALDERITA

LA ZARZA RECIBE LA BALIZA DIGITAL DEL PROYECTO ART POINTS, QUE PERMITE MEJORAR LA VISITA E INTERPRETACIÓN AL ENCLAVE DE ARTE RUPESTRE DE LA CALDERITA

La consejera de Cultura, Turismo, Jóvenes y Deportes de la Junta de Extremadura en funciones, Victoria Bazaga, entregó ayer jueves, 19 de febrero, las balizas digitales del proyecto ART POINTS, una iniciativa que permitirá mejorar la visita y la interpretación de enclaves de arte rupestre en entornos rurales, reforzando así la protección, divulgación y puesta en valor de uno de los patrimonios más singulares y valiosos de la comunidad autónoma, según informa en su web la Consejería de Cultura.

Extremadura es, según el Itinerario Cultural del Consejo de Europa ‘Caminos de Arte Rupestre Prehistórico’, del que es socio fundador, la región con mayor concentración de estaciones de arte rupestre esquemático de la Península Ibérica, con más de mil enclaves que abarcan desde el Neolítico hasta la Edad del Bronce e incluso la Edad del Hierro. El proyecto ART POINTS, impulsado por la Asociación Caminos de Arte Rupestre Prehistórico y financiado por el Programa Experiencias de Turismo España del Ministerio de Industria y Turismo con fondos Next Generation, tiene como objetivo dotar de audioguías y señalética a enclaves que carecen de servicio permanente de guía o mediación cultural. A través de un sistema de balizas con códigos QR y tecnología NFC, apoyado por una web y una aplicación móvil, los visitantes pueden acceder a información rigurosa, vídeos y recreaciones gráficas que facilitan la comprensión y disfrute del patrimonio.

En Extremadura, el proyecto recoge diez puntos visitables distribuidos por toda la geografía regional, entre los que se encuentran el abrigo de La Calderita en La Zarza, la Cueva de Maltravieso en Cáceres, la Ruta de los Petroglifos Hurdanos, enclaves en Las Villuercas, Cabeza del Buey y La Serena, entre otros. Estos espacios, integrados en paisajes de gran valor natural, constituyen auténticos museos al aire libre y forman parte de una red cultural que, según la asociación del Itinerario Cultural Europeo, recibe más de 1,2 millones de visitantes al año en España.

La actuación de la Junta en materia de arte rupestre se articula a través de la Dirección General de Bibliotecas, Archivos y Patrimonio Cultural en tres líneas estratégicas:

– la investigación, mediante programas coordinados por técnicos especializados y el uso de metodologías avanzadas de documentación digital en 2D y 3D incorporadas a la Carta Arqueológica de Extremadura.

– la divulgación, con el apoyo a publicaciones científicas como el Corpus de Arte Rupestre en Extremadura y la colaboración con universidades y programas de posgrado.

– la puesta en valor turística y cultural, ámbito en el que se enmarca el proyecto ART POINTS.

Además, la Junta trabaja ya en la organización de un Curso Internacional de Formación para Guías especializados en Arte Rupestre, que se celebrará por primera vez en Extremadura, concretamente en Cabeza del Buey, a finales de año. Esta iniciativa, enmarcada en el proyecto INTERREG-SUDOE TupART, reforzará la profesionalización del sector y consolidará la comunidad como un referente en la gestión y difusión del patrimonio prehistórico.

Enlace a la web de ART POINTs: https://artpoints.prehistour.eu/

Fuente: https://www.juntaex.es/w/extremadura-impulsa-la-digitalizacion-del-arte-rupestre-con-nuevas-herramientas?inheritRedirect=true

LAS CANDELAS Y SAN BLAS EN LA ZARZA (BADAJOZ)

LAS CANDELAS Y SAN BLAS EN LA ZARZA (BADAJOZ)

Cronista Oficial de La Zarza

Los días 2 y 3 de febrero se celebran las fiestas de las Candelas y San Blas, respectivamente. Días de perrunillas, galletas de máquina, bollos de chicharrones, magdalenas…y hornazos con huevo y chorizo. Ambas fiestas tienen referencias documentales en La Zarza.

La Fiesta de La Candelaria o de las Candelas se celebra en recuerdo al pasaje bíblico de la Presentación del Niño Jesús en el Templo de Jerusalén y la purificación de la Virgen María después del parto, para cumplir la prescripción de la Ley del Antiguo Testamento. La fiesta es conocida y celebrada con diversos nombres: la Presentación del Señor, la Purificación de María, la fiesta de la Luz y la fiesta de las Candelas; todos estos nombres expresan el significado de la fiesta. Cristo, la Luz del mundo presentada por su Madre en el Templo, viene a iluminar a todos como la vela o las candelas, de donde se deriva el nombre de Candelaria.

Sobre el año 1400, una imagen de la Virgen que representaba esta advocación, fue hallada a orillas del mar por dos pastores guanches de la isla de Tenerife. Tras el hallazgo y su identificación iconográfica con la Presentación del Niño Jesús y la Purificación de María, la fiesta comenzó a celebrarse con carácter mariano en 1497.

Sus orígenes se encuentran en Oriente con el nombre del Encuentro. En el siglo VI se extendió por Occidente, llegando a celebrarse en Roma con carácter penitencial. En Jerusalén se celebraba una procesión con velas encendidas hasta la basílica de la Resurrección. Otros autores comentan que esta fiesta tuvo su origen en la antigua Roma, donde la procesión de las candelas formaba parte de la fiesta de las Lupercalia.

Documentalmente nos consta que el Ayuntamiento de La Zarza, en la primera mitad del siglo XIX, reservaba una partida del presupuesto anual, dentro del apartado “festibidades de Iglesia”, para pagar al párroco la misa votiva celebrada cada 8 de septiembre en el santuario de la Virgen de las Nieves, al fraile o sacerdote que predicaba la Cuaresma, y también para pagar la cera de la “función” de la Candelaria. Tenemos muchos ejemplos, así en el 1 de febrero de 1810 se pagaron 146 reales al cerero Esteban Pérez Barba, vecino del Almendro, por el mayordomo de propios municipales Juan Rodríguez Montero. En 1813 se pagaron 144 reales al mismo por 8 libras y media de cera, al igual que en 1814. En 1818 se abonaron 80 reales a Antonio Meneses, vecino de Zafra, por el mayordomo Mauricio Flores. El 25 de enero de 1821, el mayordomo Félix Romero pagó a Esteban Fernández, vecino del lugar del Castaño, 80 reales por 6 libras y media de cera: 5 a 13 reales, y la otra y media a 10 reales, para su distribución entre el estado eclesiástico y la corporación municipal. En 1824, otros 80 reales al mismo, por 7 libras y media. En 1827, el mayordomo Clemente Rodríguez pagó 80 reales a Alonso Pérez, por 7 libras de cera a 11 reales y 17 maravedíes cada una. En 1830, Pedro Mª Pérez abona 80 reales a Matías Antúnez, vecino de Alosno, por 6 libras y media de cera. Por último, en 1830 se pagan de nuevo 80 reales a Alonso Pérez, vecino de Puebla de Sancho Pérez, por el depositario de propios Fernando Delgado, por 7 libras de cera.

San Blas o Blas de Sebaste fue médico, obispo de Sebaste (Armenia) y mártir cristiano. Hizo vida eremítica en una cueva en el bosque del monte Argeus, que convirtió en su sede episcopal. Fue torturado y ejecutado en la época del emperador romano Licinio, durante las persecuciones cristianas del siglo IV. Su culto se extendió por Oriente y Occidente. San Blas tiene el honor de ser uno de los catorce santos auxiliadores. Se le considera patrón de los enfermos de garganta y de los otorrinolaringólogos.

Según la tradición, San Blas era conocido por su don de curación milagrosa, que aplicaba tanto a personas como a animales. Salvó la vida de un niño que se ahogaba al clavársele en la garganta una espina de pescado. Este sería el origen de la costumbre de bendecir las gargantas el día de su fiesta.

También nos consta la presencia de San Blas en La Zarza, en el retablo de la antigua ermita de los Santos Mártires San Fabián y San Sebastián, hoy ermita de Ntra. Sra. de las Nieves. Ya en la temprana fecha de 1508, los visitadores de la Orden de Santiago ordenaron al mayordomo que Pedro Nieto, oficial o maestro de cierto renombre en la comarca de Mérida, pintase las imágenes de San Sebastián, San Fabián y San Blas de “buena pintura”, por 2.200 maravedíes. Las “pinturas” o cuadros se realizarían al óleo sobre lienzo, con una altura de 10 palmos (unos 2,10 m.) y una anchura de 6 ó 7 palmos (entre 1,25 y 1,45 metros) que en 1511 ya habrían sido acabadas. Sería un retablo sencillo y de modestas proporciones, que daría solemnidad al altar, donde la figura de San Sebastián estaría en el centro y “la ropa de las tres imágenes [Fabián,
Sebastián y Blas] sean finas; doradas las diademas, cenefas y mitra”.

LA ERMITA DE LOS SANTOS MÁRTIRES SAN FABIÁN Y SAN SEBASTIÁN DE LA ZARZA

LA ERMITA DE LOS SANTOS MÁRTIRES SAN FABIÁN Y SAN SEBASTIÁN DE LA ZARZA

Cronista Oficial de La Zarza

El día 20 de enero se celebra la festividad de San Fabián (20º Papa de la Iglesia Católica entre 236-250 d. C.) y San Sebastián (soldado romano, 256-288 d. C.), patrones invocados contra la peste, cuya ermita se encontraba a las afueras de La Zarza, y que con el paso del tiempo, dio lugar a la actual ermita de Nuestra Señora de las Nieves.

Las ermitas son una de las manifestaciones materiales más importantes de la piedad popular. La ermita era un edificio de reducido tamaño, normalmente alejado o a las afueras de un núcleo urbano, en sus ejidos o arrabales. El pueblo acude a ellas en acción de gracias, petición de rogativas y sobre todo en momentos críticos de epidemias, sequías o plagas, como lo harían los zarceños de los siglos XVI y XVII. El origen, por tanto, de las ermitas y de su culto, nace de la incapacidad del ser humano para comprender lo que para ellos no tenía explicación lógica o científica.

A partir del siglo XV se desarrolla un progresivo culto a los santos, al sentir el pueblo la necesidad de tener protectores contra los males que le afligen. Es entonces cuando esta devoción directa entre el pueblo y los santos se refuerza, materializándose muchas veces en la construcción de una ermita. Así ocurrió en La Zarza con la ermita de San Fabián y San Sebastián. De igual modo, cuando esta devoción desaparece, las ermitas se abandonan o se transforman, como nuestra ermita que pasa de la devoción de los Mártires a la de la Virgen de las Nieves.

La ermita de los Santos Mártires de La Zarza

El edificio se comenzó a construir a finales del siglo XV, según las noticias obtenidas de las Visitas que la Orden de Santiago realizó a La Zarza.

En 1494 va a comenzar su edificación, pues “están juntos todos los materiales para ello” ya que “hermita en este lugar ni en su término no la ay, salvo los cimientos de una que el concejo comienza agora a haser”. Ya se habría elegido al maestro de obras y comprados los materiales por parte del mayordomo, que solían ser materiales baratos y abundantes en el entorno, como piedras, ladrillos y sillares para esquinas y portadas.

En 1498, la ermita tenía construidos dos arcos de ladrillo cubiertos de madera tosca y teja. No poseía propios para satisfacer sus gastos públicos, sino que se mantiene con las limosnas de los fieles. El mayordomo, Juan Bravo, era el encargado de la administración de los gastos de la cofradía religiosa y de su funcionamiento.

En 1503 era su mayordomo Toribio Hernández.

En 1508, la ermita es una capilla de dos arcos, que no tiene ninguna imagen porque se “blanqueaba” (esto indica que la ermita estaba enjalbegada, o que ya existían representaciones pictóricas de los Mártires y que al encalar las paredes las hubiesen tapado. Este blanqueo puede ser fruto de alguna epidemia de peste, uno de cuyos remedios era utilizar la cal como desinfectante). Era su mayordomo Alonso Martín.

Los visitadores de la Orden de Santiago decretaron un mandato al mayordomo: que Pedro Nieto, oficial o maestro de cierto renombre en la comarca de Mérida, pintase las imágenes de San Sebastián, San Fabián y San Blas de “buena pintura”, apalabradas con el pintor por 2.200 maravedíes. Las “pinturas” o cuadros se realizarían al óleo sobre lienzo, con una altura de 10 palmos (unos 2,10 m.) y una anchura de 6 ó 7 palmos (entre 1,25 y 1,45 metros) que en 1511 ya habrían sido finalizadas. Sería un retablo sencillo y de modestas proporciones, que daría solemnidad al altar, donde la figura de San Sebastián estaría en el centro, vestido como un caballero con su espada y “buenas ropas de colores” y “la ropa de las tres imágenes sean finas; doradas las diademas, cenefas y mitra” (no es la imagen prototípica de San Sebastián que estamos acostumbrados a ver, en la que aparece semidesnudo con las manos atadas a un árbol y cubierto su cuerpo de saetas en recuerdo de su martirio, como la escultura de San Sebastián que se ubica en un altar lateral de la posterior ermita de las Nieves). Se proporcionará al pintor la madera y los lienzos. También mandaron, ya que la ermita tenía dinero, se construyera el cuerpo de la nave de tapia de piedra y lo demás de tapia de hormigón con sus “rafas” o pilares de ladrillo.

En 1515, tenemos una capilla de dos arcos blanqueada, con vigas de madera que sujetan los cañizos sobre los que se asientan las tejas. En el altar, un retablo pintado en lienzo con las imágenes de los Mártires. Era el mayordomo Gonzalo Martín. Las limosnas y los cultivos de secano, sobre todo trigo y cebada, fueron las principales vías de financiación de la ermita en estos primeros tiempos. Los visitadores mandaron que continuasen las obras y que se vendiese el trigo y la cebada cuando su precio fuese más elevado, cuyo importe también se destinará a la obra.

En 1550, la ermita es de mediano tamaño, con una capilla cubierta de madera de pino, donde hay un altar con un retablo de madera pintada con las tres imágenes (San Sebastián, San Fabián y San Blas). El mayordomo fue Martín Alonso.

En 1556, la ermita es mediana, de una nave sobre cuatro arcos de ladrillo, que supone cinco tramos, cubierta a caña junta sobre cuartones de pino y cabrios, con una capilla mayor redonda maderada de pino, por lo tanto la cabecera es semicircular siguiendo la tradición romana, y suelo de cal. Tiene un altar al que se sube por tres peldaños, con un retablo con las imágenes sobre lienzos. El mayordomo fue Pedro Alonso.

En la Visita de 1604 se señala que la ermita se encuentra en el “ejido ansarero”, terrenos públicos no cultivados donde los vecinos soltaban los patos u otras aves de corral. La ermita tenía la puerta orientada al mediodía o sur (a la actual calle de la Virgen), el cuerpo estaba sobre cuatro arcos de ladrillo que descansan en los muros laterales y sustentan la techumbre, cubierta de madera tosca, cabrios y cañizos. La capilla estaba cubierta de madera de pino a manera de artesones, accediendo a la capilla por tres gradas, con un retablo pintado donde están San Sebastián y San Fabián. Las puertas se conservaban en muy buen estado.

En definitiva, se trataba de una sencilla construcción rectangular de una sola nave con escasa iluminación, sobria en cuanto a su volumen, con sentido útil del espacio, con escasa presencia de elementos decorativos, en definitiva, arquitectura popular. Sebastián Sánchez fue el mayordomo en 1604.

No tenemos noticias de cómo se celebraban y en que consistían las fiestas en honor de San Sebastián y San Fabián el 20 de enero, pero sí sabemos que el mayordomo pagó diez reales a dos mujeres para arreglar y adornar la ermita para el día de los Mártires.

Un siglo después, por Cédula Real del rey Felipe V, fechada en Madrid el 20 de diciembre de 1726, se autoriza la construcción de la actual ermita de Nuestra Señora de las Nieves sobre la antigua de los Mártires, finalizando las obras en 1730.