LAS ESCRITURAS DE CENSO PERTENECIENTES A LA COFRADÍA DE NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO DE LA ZARZA EN 1763: UNA FO RMA DE CRÉDITO ECLESIÁSTICO

LAS ESCRITURAS DE CENSO PERTENECIENTES A LA COFRADÍA DE NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO DE LA ZARZA EN 1763: UNA FO RMA DE CRÉDITO ECLESIÁSTICO

Fabián Lavado Rodríguez
Cronista Oficial de La Zarza

Origen y desarrollo del culto a la Virgen del Rosario

En la Iglesia católica, el origen de la advocación mariana a Nuestra Señora del Rosario surge a principios del siglo XIII, más concretamente en 1208, cuando a Santo Domingo de Guzmán se le apareció la Virgen María en una capilla del monasterio francés de Prouille, fundado por él mismo en compañía de Diego de Acebes, entregándole el Santo Rosario como arma contra la herejía albigense. Ella le enseñó a rezarlo y le encomendó propagar esta devoción para la conversión de los pecadores y la obtención de abundantes gracias.

La obra apostólica de Santo Domingo creció de tal forma que, en el IV Concilio de Letrán (1215), el papa Inocencio III apoyó la Regla de Santo Domingo para establecer una nueva orden mendicante. Buscaba combatir las herejías y reformar la Iglesia mediante órdenes religiosas centradas en la pobreza y la predicación, impulsando la fundación de la Orden de Predicadores, más conocidos como Dominicos, aunque la aprobación formal de la orden dominica fue completada por su sucesor Honorio III gracias a la Bula «Religiosam Vitam», fechada en Roma el 22 de diciembre de 1216.

El rosario se mantuvo como la oración elegida durante dos siglos, cayendo su devoción en el siglo XV. Una nueva aparición de la Virgen en torno a 1564, esta vez al beato dominico Alano de la Rupe o de la Roca, revivió y potenció la devoción al rosario. Este dominico de origen bretón, a petición de la Virgen, recogió en un libro todos los milagros llevados a cabo por el rosario, recordándole las promesas que siglos atrás concedió a Santo Domingo. De la Rupe fue un gran difusor del uso devocional del rosario, llamado entonces “Salterio de la Virgen”, nombre tradicional del Santo Rosario completo, compuesto por 150 Avemarías que emulan los 150 salmos bíblicos (Rosario significa corona de rosas, cada avemaría es una rosa ofrecida a la Virgen, y el rosario completo constituye una corona de rosas).

En el siglo XVI, el papa Pío V estableció su fecha de celebración el 7 de octubre para conmemorar la victoria naval de Lepanto, ocurrida precisamente el 7 de octubre de 1571, que enfrentó a la coalición cristiana de la Liga Santa, encabezada por la monarquía de Felipe II, contra los turcos. Los días anteriores a la batalla, Pío V había promovido un prolongado periodo de oración del Santo Rosario y de procesiones penitenciales, invocando la intercesión de María Santísima. La victoria fue vista como una gracia y milagro alcanzado por la Virgen María y el rezo del rosario. De ahí que ese día de celebración fuera conocido como Santa María de la Victoria.

Su sucesor en el pontificado, Gregorio XIII, tuvo un papel fundamental en la consolidación de la devoción a la Virgen del Rosario al cambiar, en 1573, el nombre de la fiesta de Santa María de la Victoria a Nuestra Señora del Rosario.

La victoria en la batalla de Temesvar (1716) por parte del príncipe Eugenio de Saboya sobre el Imperio otomano, atribuida por el papa Clemente XI a la intercesión de la Virgen del Rosario, dio lugar a que este papa ordenara que su fiesta se celebrase por la Iglesia universal.

En consecuencia, el Concilio de Trento (1545-1563) y la conmoción por la victoria en la batalla naval de Lepanto supusieron la universalización del Santo Rosario y la fundación de múltiples cofradías dedicadas a la Virgen del Rosario, tras el trabajo inicial de los dominicos regulando y dando unidad al rezo del rosario y el establecimiento de sus primeras cofradías.

La cofradía de Nuestra Señora del Rosario y sus censos en 1763

No tenemos constancia documental de cuándo se fundó la cofradía de Nuestra Señora del Rosario en La Zarza, aunque posiblemente se erigiera después del éxito de Lepanto y la globalización del rezo del rosario. Existe documentación fechada entre 1700 y 1826, sobre todo referida a cuentas de fábrica de ingresos y gastos que nos muestran la gestión anual de la cofradía.

Entre estos expedientes se conserva uno relativo a los censos que poseía la cofradía del Rosario en 1763. La cofradía poseía numerosas parcelas rústicas y algunas casas, fruto posiblemente de donaciones, la mayoría vía testamentaria. Muchas de estas propiedades inmobiliarias fueron hipotecadas mediante censo, por lo que era fundamental para la cofradía acreditar su propiedad.

Como explica Marco Yagüe (1), el censo es un “contrato por el que surge la obligación de pagar unos intereses según porcentajes legislados, por parte de quien lo recibe y que avala con unos bienes inamovibles, a quien le entrega el capital, sin que se señale fecha para redimirlo”. Por lo tanto, la cofradía del Rosario prestaba un capital, llamado principal, a cambio de unos bienes raíces o fincas. Este capital perduraba sin cambios en el tiempo hasta que se devolvía íntegro (redimir el censo), sin precisar el momento del vencimiento, por parte del receptor o sus herederos en igual condición en que se entregó, y en la misma moneda. Al capital se añadían unos réditos (según la época, entre 3% y 5%) cuyos porcentajes los marcaba la legislación real. Al redimir el censo o restitución del principal, la propiedad volvía a la persona que había solicitado el préstamo. Pero ocurría que estos préstamos eran de larga duración, por generaciones, es “como si el dominio se hubiera perdido y su propiedad hubiera pasado a otro. La redención por tanto responde al concepto de venta con que se encabezan las escrituras de los censos. Hacía olvidar la recepción del principal y hacía valorar especialmente las fincas hipotecadas como si por ellas se pagasen las rentas. Se veían como si se desprendieran de unos bienes, los hipotecados, aunque seguirían trabajándolos para ellos poder sacar el dinero con que pagar el arriendo”.

Como estos censos duraban tanto en el tiempo, debían renovarse ante notario o escribano cada cierto tiempo con testigos, y obligatoriamente si cambiasen de dueño por herencia. Todo quedaba por escrito, comprometiendo sus bienes o el de los herederos para el cumplimiento del pago censal. La suma de los bienes inmuebles hipotecados tenía que superar el triple de la cantidad o principal objeto de préstamo. La cofradía del Rosario, en principio, no podía vender ni enajenar las fincas, y “si alguien las comprara cargaría con la deuda del capital y debería hacer nuevo censo de reconocimiento y aceptación de las cargas”.

La cofradía era representada por su mayordomo, que entregaba el dinero y recibía los réditos en mano, firmaba las escrituras de censo y su renovación, sobre todo cuando había cambio de poseedor por herencia o de propietario para que no se extinguiese el censo. Todo estará registrado en los libros de la cofradía y del escribano, que realizará las copias necesarias para las partes.

En 1763, Fernando Alonso Macías, mayordomo de la cofradía de Nuestra Señora del Rosario, perteneciente a la parroquia de la villa de La Zarza, escribió al licenciado D. Pedro Moscoso, Provisor Juez Ordinario de la Provincia de León de la Orden de Santiago, contándole que dicha cofradía tenía a su favor varios censos, todos en manos de diversos poseedores, de los que se conocían algunas escrituras y otras constaban en el libro de hipotecas de la cofradía, pero que con el paso del tiempo y la dejadez, la documentación acabaría perdiéndose. Por lo que le solicita librase comisión a quien “fuere de su agrado” para que los actuales inquilinos identificasen sus respectivos censos, deslindándolos con la mayor claridad posible, se indagase el paradero de los extraviados y se reconociesen los anotados en el libro. Concluidas las averiguaciones, se hiciera relación de todos los censos en el libro becerro de la iglesia para que siempre constasen. También le informaba que la cofradía del Rosario tenía sus escrituras de censo en casa de Lucas Matheos Milanés, escribano de La Zarza, pero ausente éste, un alcalde las sacó y puso, según tenía noticias, en el archivo del ayuntamiento, diciendo que la cofradía las tenía allí para consultarlas si fuese necesario, cuando debería haberlas reintegrado a la cofradía como su legítima dueña. Por tanto, suplicaba al licenciado Moscoso que la justicia obligase a reintegrar a dicha cofradía sus escrituras, libre y sin costas.

El 16 de agosto de 1763, el provisor juez Pedro Moscoso dictó en Mérida un auto dando comisión al cura o teniente de la iglesia parroquial de La Zarza, con las facultades y auxilios necesarios, para proceder contra los inquilinos censuales de la cofradía del Rosario con el fin de que realicen y otorguen escrituras de nuevo reconocimiento de sus censos y obligaciones, deslindando y apeando los bienes e hipotecas con sus linderos y cabida que hubieran pasado a segundos o más poseedores ante escribano público. Todas estas operaciones deberán certificarse en el libro becerro de la iglesia para que se conservasen en el tiempo. A su vez, exhortaba a cualquiera de los dos alcaldes ordinarios de la villa, Juan Carrasco Montero y Bartolomé Matheos Mejía, a hacer inventario y cesión de todas las escrituras tocantes y pertenecientes a la cofradía que estaban depositadas en el ayuntamiento, y las entregaran a su mayordomo Fernando Alonso Macías, el cual pondrá testimonio del inventario en el libro corriente de cuentas.

Al día siguiente, 17 de agosto, el escribano Lucas Matheos Milanés hizo saber el auto antecedente a Fernando Antonio de la Barreda y Bolaños, cura párroco propio de la parroquia. Vista la comisión que le confiere el provisor dijo la aceptaba y que estaría pronto a su ejecución y cumplimiento. Ese mismo auto, también le fue notificado al mayordomo de la cofradía de Nuestra Señora del Rosario y a los alcaldes de la villa.

Inventario de censos de la cofradía de Nuestra Señora del Rosario en 1763

El 18 de agosto, los alcaldes Juan Carrasco Montero y Bartolomé Matheos Mejía, representantes del estado noble y llano, pasaron al archivo del ayuntamiento, de donde extrajeron un legajo de escrituras perteneciente a la cofradía, y en presencia de los alcaldes, el juez de la comisión (en este caso, el párroco) y el mayordomo, se hizo un reconocimiento formal de todas ellas y se inventariaron en la forma siguiente:

1.- Una escritura censual otorgada ante el escribano Pedro Sánchez Romo por Juan Cortés Dorado y su mujer María Rodríguez, vecinos de Don Álvaro, con unos autos ejecutivos y un reconocimiento de dicho censo de 704 reales ante el escribano Sebastián Gómez Fernández por Esteban Dorado el 18 de septiembre de 1714.

2.- Otra escritura otorgada ante Miguel Cortés Lozano por el licenciado Pedro Alonso Benítez, provisor vecino de esta villa, reconocida ante Sebastián Gómez Fernández por D. Gaspar Ruiz, de 440 reales.

3.- Otra otorgada ante Miguel Cortés Lozano por Francisco Rodríguez Bacas y Teresa Blázquez, vecinos de La Zarza, está reconocida ante Sebastián Gómez Fernández por Juan Cano, vecino de Villagonzalo, de 506 reales.

4.- Otra escritura otorgada por Francisco Montero Macías y María Gómez, su mujer, ante Sebastián Gómez Fernández, de venta de una suerte de tierra en la Toconosa de 5 fanegas de trigo en sembradura.

5.- Otra otorgada por Francisco Rodríguez Tejar ante Lucas Matheos Milanés, de 1364 reales y unos autos ejecutivos.

6.- Otra escritura de venta otorgada ante Lucas Matheos Milanés por Bartolomé Matheos Montero y Juana Sánchez, su mujer, junto a la de cesión que últimamente hizo ante el notario Alexandro de Vargas.

7.- Otra de venta a favor de dicha cofradía otorgada ante Joseph Gregorio Malo de Molina por Benito Sánchez Paredes.

8.- Otra de venta ante Juan López Ortiz Blasco otorgada por los albaceas de Pedro Malpartida.

9.- Otra otorgada ante Lucas Matheos Milanés por Francisco Romero Muñoz y su mujer, de 500 ducados de censo.

10.- Otra escritura otorgada ante Serván Macías por Alonso Blázquez, vecino de esta villa, de 1100 reales, reconocida ante Sebastián Gómez Fernández por Juan Cortés Aguilar, Francisco Romero y Benito Sánchez.

11.- Otra ante Miguel Cortés Lozano reconocida por Alonso del Toro e Isabel de Lemos de 440 reales, reconocida por Fernando Milanés ante Sebastián Gómez Fernández.

12.- Otra escritura otorgada ante Miguel Cortés Lozano por Alonso González Caballero de 480 reales, reconocida ante Sebastián Gómez Fernández por Andrés Martín Casillas y repetido por Juan Matheos Paredes y María Cortés ante Joseph Gregorio Malo de Molina.

13.-Otra de censo otorgada por Fernando Alonso de Fernando Alonso Cortés y su mujer ante Miguel Cortés Lozano de 330 reales.

14.- Otra ante Lucas Matheos Milanés otorgada por Sebastián Benítez Carrasco y su mujer, de 220 reales de principal, reconocida por Matheo Pérez Calbo “el Viejo” ante Sebastián Gómez Fernández.

15.- Otra ante Pedro Sánchez Romo por Pedro Domínguez Menayo y su mujer, de 700 reales.

16.- Otra escritura otorgada por Matheo García y su mujer, de 65 ducados de principal ante Miguel Cortés Lozano.

17.- Otra otorgada por Juan Cortés Barrera y su mujer, de 440 reales, ante Juan Cortés Lozano, reconocida por Antonia Mhateos, vecina de Sebastián Montero.

18.- Otra de 550 reales otorgada por Francisco Rodríguez Villafranca ante Miguel Cortés Lozano, reconocida por Alonso Martín Carretero ante Sebastián Gómez Fernández.

19.- Otra escritura de censo otorgada por Gonzalo Montero y su mujer ante Miguel Cortés Lozano de 60 ducados de principal, reconocida por Francisco Rodríguez Tejar ante Sebastián Gómez Fernández.

20.- Otra de 495 reales ante Marcos Durán otorgada por Juan y Pedro Carrasco Montero.

21.- Otra con autos ejecutorios otorgada por Alonso Ramírez de Martín Alonso ante Juan Cortés Lozano, de 25 ducados, reconocida por Miguel de Chaves ante Sebastián Gómez Fernández.

22.- Otra escritura otorgada por Juan Blázquez “el Mozo” y su mujer ante Lucas Matheos Milanés, reconocida por los mismos ante Sebastián Gómez Fernández.

23.- Otra de 30 ducados otorgada por Esteban Blasco ante Lucas Matheos Milanés.

24.- Otra de 400 reales otorgada por Sebastián Sánchez Aguilar y su mujer ante Miguel Cortés Lozano.

25.- Otra otorgada por los anteriores ante el mismo escribano.

26.- Otra escritura de 84 ducados con autos, otorgada por María Matheos La Parra ante Miguel Cortés Lozano, reconocida por María Sánchez Milanés ante Sebastián Gómez Fernández.

27.- Otra de 90 ducados otorgada por Alonso López de Silba y su mujer ante Lucas Matheos Milanés.

Con esta operación quedó finalizado el inventario, a la espera de que pudieran aparecer algunas más, que se añadirían al listado. Los alcaldes dijeron no tener noticias de otras escrituras, por lo que el juez de la comisión, Fernando Antonio de la Barreda y Bolaños, dio por concluida la diligencia, firmando todos los presentes ante el escribano Lucas Matheos Milanés.

Por último, el 15 de septiembre de 1763, el párroco y juez de la comisión Fernando Antonio de la Barreda y Bolaños, en vista de las diligencias practicadas para el apeo y deslinde de las tierras de la cofradía del Rosario de La Zarza, con el objeto de saber los sujetos que las poseían y que estaban hipotecadas a los censos de dicha cofradía, nombró por apeadores y deslindadores a Martín Alonso Barrero y Martín Alonso Flores, vecinos de la villa, para que se les notifique, acepten y juren el cargo, como así lo hicieron. Una vez realizadas estas operaciones, comparecerán a declarar sobre el particular; asimismo las personas que gozaban de las tierras, también acudirán a reconocer su censo dentro del segundo día, bajo pena de excomunión mayor, que suponía la privación de todos los sufragios de la Iglesia, como recibir los sacramentos, y los sufragios públicos como las indulgencias, la comunión, la misa, la recitación de las horas canónicas y procesiones públicas, e igualmente la sepultura en sagrado, que incluía, además, la prohibición de celebrar exequias de cualquier tipo.

De esta manera, la cofradía de Nuestra Señora del Rosario obtenía unas rentas estables para su funcionamiento y culto. Además, estos censos permiten estudiar la economía y estructura social de La Zarza, así como el crédito eclesiástico.

(1) MARCO YAGÜE, Mariano: Préstamos, hipotecas y censos en la Capellanía de Ánimas: (Labros 1630-1815). Guadalajara: Diputación Provincial de Guadalajara, 2017.

LA ZARZA RECIBE LA BALIZA DIGITAL DEL PROYECTO ART POINTS, QUE PERMITE MEJORAR LA VISITA E INTERPRETACIÓN AL ENCLAVE DE ARTE RUPESTRE DE LA CALDERITA

LA ZARZA RECIBE LA BALIZA DIGITAL DEL PROYECTO ART POINTS, QUE PERMITE MEJORAR LA VISITA E INTERPRETACIÓN AL ENCLAVE DE ARTE RUPESTRE DE LA CALDERITA

La consejera de Cultura, Turismo, Jóvenes y Deportes de la Junta de Extremadura en funciones, Victoria Bazaga, entregó ayer jueves, 19 de febrero, las balizas digitales del proyecto ART POINTS, una iniciativa que permitirá mejorar la visita y la interpretación de enclaves de arte rupestre en entornos rurales, reforzando así la protección, divulgación y puesta en valor de uno de los patrimonios más singulares y valiosos de la comunidad autónoma, según informa en su web la Consejería de Cultura.

Extremadura es, según el Itinerario Cultural del Consejo de Europa ‘Caminos de Arte Rupestre Prehistórico’, del que es socio fundador, la región con mayor concentración de estaciones de arte rupestre esquemático de la Península Ibérica, con más de mil enclaves que abarcan desde el Neolítico hasta la Edad del Bronce e incluso la Edad del Hierro. El proyecto ART POINTS, impulsado por la Asociación Caminos de Arte Rupestre Prehistórico y financiado por el Programa Experiencias de Turismo España del Ministerio de Industria y Turismo con fondos Next Generation, tiene como objetivo dotar de audioguías y señalética a enclaves que carecen de servicio permanente de guía o mediación cultural. A través de un sistema de balizas con códigos QR y tecnología NFC, apoyado por una web y una aplicación móvil, los visitantes pueden acceder a información rigurosa, vídeos y recreaciones gráficas que facilitan la comprensión y disfrute del patrimonio.

En Extremadura, el proyecto recoge diez puntos visitables distribuidos por toda la geografía regional, entre los que se encuentran el abrigo de La Calderita en La Zarza, la Cueva de Maltravieso en Cáceres, la Ruta de los Petroglifos Hurdanos, enclaves en Las Villuercas, Cabeza del Buey y La Serena, entre otros. Estos espacios, integrados en paisajes de gran valor natural, constituyen auténticos museos al aire libre y forman parte de una red cultural que, según la asociación del Itinerario Cultural Europeo, recibe más de 1,2 millones de visitantes al año en España.

La actuación de la Junta en materia de arte rupestre se articula a través de la Dirección General de Bibliotecas, Archivos y Patrimonio Cultural en tres líneas estratégicas:

– la investigación, mediante programas coordinados por técnicos especializados y el uso de metodologías avanzadas de documentación digital en 2D y 3D incorporadas a la Carta Arqueológica de Extremadura.

– la divulgación, con el apoyo a publicaciones científicas como el Corpus de Arte Rupestre en Extremadura y la colaboración con universidades y programas de posgrado.

– la puesta en valor turística y cultural, ámbito en el que se enmarca el proyecto ART POINTS.

Además, la Junta trabaja ya en la organización de un Curso Internacional de Formación para Guías especializados en Arte Rupestre, que se celebrará por primera vez en Extremadura, concretamente en Cabeza del Buey, a finales de año. Esta iniciativa, enmarcada en el proyecto INTERREG-SUDOE TupART, reforzará la profesionalización del sector y consolidará la comunidad como un referente en la gestión y difusión del patrimonio prehistórico.

Enlace a la web de ART POINTs: https://artpoints.prehistour.eu/

Fuente: https://www.juntaex.es/w/extremadura-impulsa-la-digitalizacion-del-arte-rupestre-con-nuevas-herramientas?inheritRedirect=true

LAS CANDELAS Y SAN BLAS EN LA ZARZA (BADAJOZ)

LAS CANDELAS Y SAN BLAS EN LA ZARZA (BADAJOZ)

Cronista Oficial de La Zarza

Los días 2 y 3 de febrero se celebran las fiestas de las Candelas y San Blas, respectivamente. Días de perrunillas, galletas de máquina, bollos de chicharrones, magdalenas…y hornazos con huevo y chorizo. Ambas fiestas tienen referencias documentales en La Zarza.

La Fiesta de La Candelaria o de las Candelas se celebra en recuerdo al pasaje bíblico de la Presentación del Niño Jesús en el Templo de Jerusalén y la purificación de la Virgen María después del parto, para cumplir la prescripción de la Ley del Antiguo Testamento. La fiesta es conocida y celebrada con diversos nombres: la Presentación del Señor, la Purificación de María, la fiesta de la Luz y la fiesta de las Candelas; todos estos nombres expresan el significado de la fiesta. Cristo, la Luz del mundo presentada por su Madre en el Templo, viene a iluminar a todos como la vela o las candelas, de donde se deriva el nombre de Candelaria.

Sobre el año 1400, una imagen de la Virgen que representaba esta advocación, fue hallada a orillas del mar por dos pastores guanches de la isla de Tenerife. Tras el hallazgo y su identificación iconográfica con la Presentación del Niño Jesús y la Purificación de María, la fiesta comenzó a celebrarse con carácter mariano en 1497.

Sus orígenes se encuentran en Oriente con el nombre del Encuentro. En el siglo VI se extendió por Occidente, llegando a celebrarse en Roma con carácter penitencial. En Jerusalén se celebraba una procesión con velas encendidas hasta la basílica de la Resurrección. Otros autores comentan que esta fiesta tuvo su origen en la antigua Roma, donde la procesión de las candelas formaba parte de la fiesta de las Lupercalia.

Documentalmente nos consta que el Ayuntamiento de La Zarza, en la primera mitad del siglo XIX, reservaba una partida del presupuesto anual, dentro del apartado “festibidades de Iglesia”, para pagar al párroco la misa votiva celebrada cada 8 de septiembre en el santuario de la Virgen de las Nieves, al fraile o sacerdote que predicaba la Cuaresma, y también para pagar la cera de la “función” de la Candelaria. Tenemos muchos ejemplos, así en el 1 de febrero de 1810 se pagaron 146 reales al cerero Esteban Pérez Barba, vecino del Almendro, por el mayordomo de propios municipales Juan Rodríguez Montero. En 1813 se pagaron 144 reales al mismo por 8 libras y media de cera, al igual que en 1814. En 1818 se abonaron 80 reales a Antonio Meneses, vecino de Zafra, por el mayordomo Mauricio Flores. El 25 de enero de 1821, el mayordomo Félix Romero pagó a Esteban Fernández, vecino del lugar del Castaño, 80 reales por 6 libras y media de cera: 5 a 13 reales, y la otra y media a 10 reales, para su distribución entre el estado eclesiástico y la corporación municipal. En 1824, otros 80 reales al mismo, por 7 libras y media. En 1827, el mayordomo Clemente Rodríguez pagó 80 reales a Alonso Pérez, por 7 libras de cera a 11 reales y 17 maravedíes cada una. En 1830, Pedro Mª Pérez abona 80 reales a Matías Antúnez, vecino de Alosno, por 6 libras y media de cera. Por último, en 1830 se pagan de nuevo 80 reales a Alonso Pérez, vecino de Puebla de Sancho Pérez, por el depositario de propios Fernando Delgado, por 7 libras de cera.

San Blas o Blas de Sebaste fue médico, obispo de Sebaste (Armenia) y mártir cristiano. Hizo vida eremítica en una cueva en el bosque del monte Argeus, que convirtió en su sede episcopal. Fue torturado y ejecutado en la época del emperador romano Licinio, durante las persecuciones cristianas del siglo IV. Su culto se extendió por Oriente y Occidente. San Blas tiene el honor de ser uno de los catorce santos auxiliadores. Se le considera patrón de los enfermos de garganta y de los otorrinolaringólogos.

Según la tradición, San Blas era conocido por su don de curación milagrosa, que aplicaba tanto a personas como a animales. Salvó la vida de un niño que se ahogaba al clavársele en la garganta una espina de pescado. Este sería el origen de la costumbre de bendecir las gargantas el día de su fiesta.

También nos consta la presencia de San Blas en La Zarza, en el retablo de la antigua ermita de los Santos Mártires San Fabián y San Sebastián, hoy ermita de Ntra. Sra. de las Nieves. Ya en la temprana fecha de 1508, los visitadores de la Orden de Santiago ordenaron al mayordomo que Pedro Nieto, oficial o maestro de cierto renombre en la comarca de Mérida, pintase las imágenes de San Sebastián, San Fabián y San Blas de “buena pintura”, por 2.200 maravedíes. Las “pinturas” o cuadros se realizarían al óleo sobre lienzo, con una altura de 10 palmos (unos 2,10 m.) y una anchura de 6 ó 7 palmos (entre 1,25 y 1,45 metros) que en 1511 ya habrían sido acabadas. Sería un retablo sencillo y de modestas proporciones, que daría solemnidad al altar, donde la figura de San Sebastián estaría en el centro y “la ropa de las tres imágenes [Fabián,
Sebastián y Blas] sean finas; doradas las diademas, cenefas y mitra”.

LA ERMITA DE LOS SANTOS MÁRTIRES SAN FABIÁN Y SAN SEBASTIÁN DE LA ZARZA

LA ERMITA DE LOS SANTOS MÁRTIRES SAN FABIÁN Y SAN SEBASTIÁN DE LA ZARZA

Cronista Oficial de La Zarza

El día 20 de enero se celebra la festividad de San Fabián (20º Papa de la Iglesia Católica entre 236-250 d. C.) y San Sebastián (soldado romano, 256-288 d. C.), patrones invocados contra la peste, cuya ermita se encontraba a las afueras de La Zarza, y que con el paso del tiempo, dio lugar a la actual ermita de Nuestra Señora de las Nieves.

Las ermitas son una de las manifestaciones materiales más importantes de la piedad popular. La ermita era un edificio de reducido tamaño, normalmente alejado o a las afueras de un núcleo urbano, en sus ejidos o arrabales. El pueblo acude a ellas en acción de gracias, petición de rogativas y sobre todo en momentos críticos de epidemias, sequías o plagas, como lo harían los zarceños de los siglos XVI y XVII. El origen, por tanto, de las ermitas y de su culto, nace de la incapacidad del ser humano para comprender lo que para ellos no tenía explicación lógica o científica.

A partir del siglo XV se desarrolla un progresivo culto a los santos, al sentir el pueblo la necesidad de tener protectores contra los males que le afligen. Es entonces cuando esta devoción directa entre el pueblo y los santos se refuerza, materializándose muchas veces en la construcción de una ermita. Así ocurrió en La Zarza con la ermita de San Fabián y San Sebastián. De igual modo, cuando esta devoción desaparece, las ermitas se abandonan o se transforman, como nuestra ermita que pasa de la devoción de los Mártires a la de la Virgen de las Nieves.

La ermita de los Santos Mártires de La Zarza

El edificio se comenzó a construir a finales del siglo XV, según las noticias obtenidas de las Visitas que la Orden de Santiago realizó a La Zarza.

En 1494 va a comenzar su edificación, pues “están juntos todos los materiales para ello” ya que “hermita en este lugar ni en su término no la ay, salvo los cimientos de una que el concejo comienza agora a haser”. Ya se habría elegido al maestro de obras y comprados los materiales por parte del mayordomo, que solían ser materiales baratos y abundantes en el entorno, como piedras, ladrillos y sillares para esquinas y portadas.

En 1498, la ermita tenía construidos dos arcos de ladrillo cubiertos de madera tosca y teja. No poseía propios para satisfacer sus gastos públicos, sino que se mantiene con las limosnas de los fieles. El mayordomo, Juan Bravo, era el encargado de la administración de los gastos de la cofradía religiosa y de su funcionamiento.

En 1503 era su mayordomo Toribio Hernández.

En 1508, la ermita es una capilla de dos arcos, que no tiene ninguna imagen porque se “blanqueaba” (esto indica que la ermita estaba enjalbegada, o que ya existían representaciones pictóricas de los Mártires y que al encalar las paredes las hubiesen tapado. Este blanqueo puede ser fruto de alguna epidemia de peste, uno de cuyos remedios era utilizar la cal como desinfectante). Era su mayordomo Alonso Martín.

Los visitadores de la Orden de Santiago decretaron un mandato al mayordomo: que Pedro Nieto, oficial o maestro de cierto renombre en la comarca de Mérida, pintase las imágenes de San Sebastián, San Fabián y San Blas de “buena pintura”, apalabradas con el pintor por 2.200 maravedíes. Las “pinturas” o cuadros se realizarían al óleo sobre lienzo, con una altura de 10 palmos (unos 2,10 m.) y una anchura de 6 ó 7 palmos (entre 1,25 y 1,45 metros) que en 1511 ya habrían sido finalizadas. Sería un retablo sencillo y de modestas proporciones, que daría solemnidad al altar, donde la figura de San Sebastián estaría en el centro, vestido como un caballero con su espada y “buenas ropas de colores” y “la ropa de las tres imágenes sean finas; doradas las diademas, cenefas y mitra” (no es la imagen prototípica de San Sebastián que estamos acostumbrados a ver, en la que aparece semidesnudo con las manos atadas a un árbol y cubierto su cuerpo de saetas en recuerdo de su martirio, como la escultura de San Sebastián que se ubica en un altar lateral de la posterior ermita de las Nieves). Se proporcionará al pintor la madera y los lienzos. También mandaron, ya que la ermita tenía dinero, se construyera el cuerpo de la nave de tapia de piedra y lo demás de tapia de hormigón con sus “rafas” o pilares de ladrillo.

En 1515, tenemos una capilla de dos arcos blanqueada, con vigas de madera que sujetan los cañizos sobre los que se asientan las tejas. En el altar, un retablo pintado en lienzo con las imágenes de los Mártires. Era el mayordomo Gonzalo Martín. Las limosnas y los cultivos de secano, sobre todo trigo y cebada, fueron las principales vías de financiación de la ermita en estos primeros tiempos. Los visitadores mandaron que continuasen las obras y que se vendiese el trigo y la cebada cuando su precio fuese más elevado, cuyo importe también se destinará a la obra.

En 1550, la ermita es de mediano tamaño, con una capilla cubierta de madera de pino, donde hay un altar con un retablo de madera pintada con las tres imágenes (San Sebastián, San Fabián y San Blas). El mayordomo fue Martín Alonso.

En 1556, la ermita es mediana, de una nave sobre cuatro arcos de ladrillo, que supone cinco tramos, cubierta a caña junta sobre cuartones de pino y cabrios, con una capilla mayor redonda maderada de pino, por lo tanto la cabecera es semicircular siguiendo la tradición romana, y suelo de cal. Tiene un altar al que se sube por tres peldaños, con un retablo con las imágenes sobre lienzos. El mayordomo fue Pedro Alonso.

En la Visita de 1604 se señala que la ermita se encuentra en el “ejido ansarero”, terrenos públicos no cultivados donde los vecinos soltaban los patos u otras aves de corral. La ermita tenía la puerta orientada al mediodía o sur (a la actual calle de la Virgen), el cuerpo estaba sobre cuatro arcos de ladrillo que descansan en los muros laterales y sustentan la techumbre, cubierta de madera tosca, cabrios y cañizos. La capilla estaba cubierta de madera de pino a manera de artesones, accediendo a la capilla por tres gradas, con un retablo pintado donde están San Sebastián y San Fabián. Las puertas se conservaban en muy buen estado.

En definitiva, se trataba de una sencilla construcción rectangular de una sola nave con escasa iluminación, sobria en cuanto a su volumen, con sentido útil del espacio, con escasa presencia de elementos decorativos, en definitiva, arquitectura popular. Sebastián Sánchez fue el mayordomo en 1604.

No tenemos noticias de cómo se celebraban y en que consistían las fiestas en honor de San Sebastián y San Fabián el 20 de enero, pero sí sabemos que el mayordomo pagó diez reales a dos mujeres para arreglar y adornar la ermita para el día de los Mártires.

Un siglo después, por Cédula Real del rey Felipe V, fechada en Madrid el 20 de diciembre de 1726, se autoriza la construcción de la actual ermita de Nuestra Señora de las Nieves sobre la antigua de los Mártires, finalizando las obras en 1730.

SAN MARTÍN DE TOURS, PATRÓN DE LA ZARZA

SAN MARTÍN DE TOURS, PATRÓN DE LA ZARZA

Cronista Oficial de La Zarza

Hoy, 11 de noviembre, se celebra la fiesta de San Martín de Tours, patrón de La Zarza.

La iglesia parroquial de La Zarza está dedicada a San Martín, personaje histórico conocido como San Martín de Tours o San Martín Obispo. Nacido en 316 d. C., desde joven sirvió en el ejército romano. Siendo soldado ocurrió el episodio por el que es más conocido y motivo preferido para su representación iconográfica: Martín estaba en Amiens, cuando a las puertas de la ciudad, se encontró a un mendigo tiritando de frío, partió su capa en dos y le entregó la mitad al pobre. Abandonada la vida militar, Martín se bautiza. En el 371 es nombrado obispo de Tours, destacando por su caridad, la evangelización y la lucha contra el paganismo. Murió el 8 de noviembre de 397 en Francia; pero sus funerales se celebraron tres días después, el 11 de noviembre, de ahí que este sea el día de su conmemoración.

Hace más de 500 años, concretamente en1494 y 1498, y gracias a las Visitas de la Orden de Santiago, sabemos que en el altar mayor de la parroquia de San Martín de La Zarza, dentro de un tabernáculo pintado, se encontraba la imagen de San Martín realizada en madera “y a su espalda algunas historias religiosas pintadas en la pared”.

En1503, en el altar estaba la imagen de San Martín de madera “cubierta” con un manto de terciopelo.

En 1508, “hay un altar de la advocación de San Martín con manteles” y “que se pintase la imagen de San Martín con buena pintura por parte de un pintor conocido, que el gasto se pagase con la venta de un buey y de otras reses que tuviera la iglesia, si no llegara el dinero que el concejo ponga el resto”.

En 1511 existía “un altar dedicado a San Martín adornado con un frontal y manteles” y en1515 “hay un altar nuevo dedicado a San Martín adornado con un frontal y manteles…”.

En 1550, la capilla principal o mayor –la cabecera del templo-, contenía un retablo pequeño de tabla y dorado, en el medio del cual estaba la imagen “de bulto” de San Martín.

En 1556 “en la capilla mayor está un altar mayor, al cual se sube por seis gradas de ladrillo, en él está un retablo de talla y pincel [escultura y pintura] dorado antiguo, tiene ocho tableros de pincel y en el medio un tabernáculo donde está la imagen de bulto de San Martín”.

Por último, en 1605 “se accede al altar mayor por seis gradas de ladrillo, en el cual está un retablo de pincel con historias gozosas y gloriosas, y en medio un tabernáculo pintado y dorado dentro del cual está, de talla de bulto entero, dorada y pintada, la imagen del glorioso San Martín confesor, advocación de la dicha villa [de La Zarza]”.