Mérida: XVI Emerita Lvdica

Mérida: XVI Emerita Lvdica

Si alguna vez soñaste con ver el Circo Romano en todo su esplendor o caminar entre gladiadores y legionarios, marca estas fechas en rojo en tu calendario. Del 18 al 24 de mayo de 2026, la ciudad de Mérida (Badajoz) se transforma por completo para celebrar la decimosexta edición de Emerita Lvdica.

Esta actividad declarada Fiesta de Interés Turístico de Extremadura hace revivir cada año las grandes ruinas de la antigua ciudad, abrir los monumentos al público y mostrarlos de una forma alternativa a la par que formativa y divertida. Por ello se cuida con todo rigor que las recreaciones sean fidedignas: tramas, escenas, indumentarias, objetos, mensajes, aromas, sabores, etc.

Habrá una carrera de cuadrigas, se disputarán luchas de gladiadores, se harán ritos en el Templo de Diana, el foro se llenará de vida recreando escenas de la vida cotidiana de Avgusta Emerita, los legionarios entrarán por el puente romano en la ciudad, acampando a sus puertas, donde harán prácticas de entrenamiento, y habrá constantes recreaciones por los espacios monumentales de la ciudad romana.

Organiza el Ayuntamiento de Mérida con la colaboración del Consorcio de la Ciudad Monumental, El Museo Nacional de Arte Romano, la Dirección General de Turismo de la Junta de Extremadura y la Diputación de Badajoz.

Mas información: www.emerita-lvdica.es

José Luis Molina Bolaños presenta su última obra literaria en la Casa de la Cultura de Puebla de la Calzada

José Luis Molina Bolaños presenta su última obra literaria en la Casa de la Cultura de Puebla de la Calzada

Cronista Oficial Puebla de la Calzada

Puebla de la Calzada ha sido testigo este miércoles 11 de febrero de un acto que quedará en la memoria de quienes aman la palabra y la reflexión. Organizado por el Ayuntamiento, a través de su Concejalía de Cultura, José Luis Molina Bolaños presentó su más reciente obra, El Refranero Español. Machismos, racismos,… y 33 comentarios más, un libro que se erige como un necesario espejo crítico de nuestra tradición lingüística.

La presentación corrió a cargo del poeta y profesor de Filología Hispánica, Juan Pablo Sánchez Miranda, quien ofreció un análisis magistral y elegante de la obra. A lo largo de sus páginas, divididas en cuatro secciones, Molina Bolaños revisa y cuestiona refranes que han formado —y aún forman— parte de nuestro vocabulario, muchos de ellos con un contenido claramente «pasado en el tiempo», ya sea en su machismo, racismo o fobias varias. El autor busca devolver al refranero su protagonismo en la vida cotidiana, invitando a una reflexión serena pero profunda sobre la huella cultural de estas expresiones. El libro incluye, además, apartados dedicados a las “regiones españolas” y a las “profesiones”, completando un panorama que combina análisis crítico y riqueza cultural.

El acto fue dinámico, abierto y participativo. Junto al autor, intervinieron con la lectura de algunos refranes Juan María Delfa, alcalde de Puebla de la Calzada; Pablo Iglesias Aunión, Cronista Oficial de la localidad; y el poeta poblanchino Teodoro Gracia. La parte musical corrió a cargo del dúo de saxos formado por Alfonso Herrera y Juan María Montero, que imprimieron al evento un aire poético y armonioso.

A pesar de las inclemencias del tiempo, la Casa de la Cultura registró un lleno absoluto, cerrándose la velada con una animada tertulia entre los asistentes, donde se compartieron impresiones, debates y sonrisas.

Un acto inolvidable, en el que palabra, música y pensamiento se entrelazaron para ofrecer a Puebla de la Calzada una experiencia cultural de altura.

Reportaje fotográfico: Julia Casado y Teodoro Gracia

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Puebla de la Calzada recibe la visita del arzobispo de Chachapoyas en un emotivo acto misionero

Puebla de la Calzada recibe la visita del arzobispo de Chachapoyas en un emotivo acto misionero

Cronista Oficial Puebla de la Calzada

Puebla de la Calzada ha vivido este viernes, 6 de febrero, una jornada marcada por la fe y el compromiso solidario con la visita del arzobispo de Chachapoyas (Perú), monseñor don Humberto Tapia. El prelado presidió la Eucaristía celebrada en la parroquia de Nuestra Señora de la Concepción, en un acto cargado de simbolismo y emoción.

La misa fue ofrecida en memoria y reconocimiento a la Hermana Katy Piedehierro, natural de Puebla de la Calzada, quien entregó toda su vida al mundo misionero. Precisamente, la región peruana de Chachapoyas fue uno de los lugares donde la religiosa desarrolló una intensa y fructífera labor pastoral y social, dejando una profunda huella humana y espiritual.

Con motivo de esta visita, el alcalde de Puebla de la Calzada, Juan María Delfa Cupido, mantuvo un encuentro con monseñor Tapia, con quien pudo dialogar y conocer de primera mano la realidad del trabajo misionero que se lleva a cabo en países como Perú. Una labor que el regidor calificó como un auténtico ejemplo de compromiso, fe y humanidad, y que resulta esencial para el desarrollo y la dignidad de muchas comunidades.

La visita adquiere, además, un carácter especialmente significativo al celebrarse en vísperas del domingo 8 de febrero, fecha en la que la Iglesia Católica conmemora el DOMUND, el Domingo Mundial de las Misiones. Una jornada dedicada a la propagación de la fe y a la solidaridad, impulsada por la Organización de las Obras Misionales Pontificias.

Este año, la celebración del DOMUND (Domingo 8 de febrero) vuelve a estar estrechamente vinculada a la labor de Manos Unidas, la ONG de la Iglesia Católica, que bajo el lema “Declaramos la guerra al hambre” continúa desarrollando una intensa y eficaz actividad en favor de los más desfavorecidos.

Puebla de la Calzada se suma así, a través de este encuentro, a una llamada universal a la solidaridad y al compromiso con quienes más lo necesitan, recordando la figura y el legado de quienes, como la Hermana Katy Piedehierro, hicieron de su vida un servicio a los demás.

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Febrero, San Blas y la memoria de la piedad popular en Montijo y Puebla de la Calzada

Febrero, San Blas y la memoria de la piedad popular en Montijo y Puebla de la Calzada

Cronista Oficial Puebla de la Calzada

Febrero se inaugura tradicionalmente cargado de celebraciones que entrelazan el calendario litúrgico con la vida social de los pueblos. Son días donde la religiosidad popular, la memoria colectiva y el encuentro vecinal se dan la mano. Entre esas fechas señaladas, el 3 de febrero destaca con nombre propio: San Blas, una advocación profundamente arraigada en la tradición cristiana y en la cultura popular de numerosos municipios.

Antes de adentrarnos en el contexto local de Montijo y Puebla de la Calzada, conviene detenerse en la figura histórica y legendaria de este santo cuya devoción ha atravesado siglos.

San Blas: historia, fe y tradición

San Blas fue obispo de Sebaste, en la antigua Armenia —territorio de la actual Turquía—, y vivió entre los siglos III y IV. Venerado tanto por la Iglesia Católica como por la Ortodoxia, su figura ha quedado ligada desde muy temprano a la protección contra los males de garganta, una asociación que hunde sus raíces en la tradición hagiográfica.

Las fuentes cristianas relatan que, antes de ser obispo, ejerció como médico, circunstancia que explicaría su fama como sanador. Vivía retirado como ermitaño, dedicado a la oración y al recogimiento, y el imaginario popular —rico y simbólico— sostiene que incluso los animales acudían a él para ser curados, reflejo de su santidad y cercanía con la creación.

Durante las persecuciones contra los cristianos bajo el mandato del emperador romano Licinio (308–324), San Blas fue detenido por negarse a renunciar a su fe. Sufrió torturas con peines de hierro, instrumentos utilizados habitualmente para cardar la lana, y finalmente fue decapitado en el año 316, convirtiéndose en mártir.

No obstante, el episodio que marcó definitivamente su devoción popular fue el milagro atribuido a la salvación de un niño que se ahogaba con una espina de pescado, tras la oración del santo. A partir de este hecho, San Blas pasó a ser invocado como protector de la garganta, dando origen a la tradición —aún vigente— de la bendición de cordones, cintas o gargantillas en su festividad.

San Blas y su devoción en Montijo

En Montijo, la festividad de San Blas alcanzó durante décadas una notable relevancia social y religiosa. La localidad conserva una imagen del santo en la iglesia parroquial de San Pedro Apóstol, templo edificado entre los siglos XV y XVII, testimonio material de su presencia en la vida espiritual del municipio.

La celebración incluía una romería hasta el cerro donde se levanta la ermita de San Gregorio, datada en el siglo XVIII. Hasta allí acudían las familias portando comida, bebida y productos procedentes de las recientes matanzas, en una jornada que trascendía lo estrictamente religioso para convertirse en un auténtico acto de convivencia y socialización, una comunión vecinal articulada en torno a la Iglesia y al espacio natural.

Durante un tiempo, San Blas fue en Montijo fiesta mayor, con bailes, juegos y encuentros populares. Con el paso de los años, la celebración ha ido transformándose, adaptándose a nuevas realidades, hasta llegar a su formato actual: una programación de carácter festivo y lúdico, organizada por el Ayuntamiento, que tiene como principal escenario la conocida finca de Las Cabezas.

Puebla de la Calzada y la discreta huella de San Blas

Distinto ha sido el devenir histórico de la festividad de San Blas en Puebla de la Calzada. A diferencia de Montijo, las fuentes locales y las tradiciones más destacadas del municipio no recogen un arraigo significativo de esta advocación en la vida festiva de la villa.

No obstante, siempre abiertos al análisis y la interpretación histórica, cabe la posibilidad de que su celebración haya existido de forma más reducida o localizada, quizá vinculada a algún barrio concreto o a actos parroquiales puntuales, aunque —conviene insistir— no existe documentación que lo certifique.

También resulta plausible que se tratara de una festividad menor, de carácter popular y social, similar a la que hasta fechas recientes se celebraba en el barrio de Santo Toribio, haciéndola coincidir con la tradicional fiesta de las Candelas, compartiendo ese mismo espíritu comunitario, participativo y cercano.

Tradición, identidad y memoria

La festividad de San Blas, con mayor o menor presencia, nos recuerda cómo la religiosidad popular ha sido históricamente un elemento vertebrador de la vida en nuestros pueblos. Más allá del calendario litúrgico, estas celebraciones hablan de identidad, memoria y convivencia, de la manera que generaciones enteras han tejido su historia común en torno a la fe, la fiesta y el encuentro.

(Nota: la imagen que aparece ilustrando estas reseñas, pertenece al templo parroquial de San Pedro Apóstol de Montijo).

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«Montijo y la Fiesta de las Candelas: una tradición que ilumina más de dos siglos de historia»

«Montijo y la Fiesta de las Candelas: una tradición que ilumina más de dos siglos de historia»

Cronista Oficial Puebla de la Calzada

Montijo vuelve a encender hoy, 2 de febrero, la luz de una de sus celebraciones más antiguas y arraigadas: la Fiesta de las Candelas, vinculada litúrgicamente a la Purificación de María Santísima y a la Presentación de Jesús en el Templo de Jerusalén, uno de los grandes misterios que conmemora la Iglesia. Se trata de una festividad que no solo forma parte del calendario religioso local, sino que constituye un valioso legado histórico compartido por la práctica totalidad de los pueblos de las Vegas Bajas del Guadiana.

La documentación histórica sitúa el origen de esta celebración en Montijo, al menos, en el siglo XVIII, una época en la que la religiosidad popular y las tradiciones comunitarias marcaban profundamente la vida cotidiana de la comarca. Desde entonces, la Fiesta de las Candelas ha sabido adaptarse al paso del tiempo sin perder su significado simbólico ni su carácter identitario.

Los archivos revelan que, a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, la festividad estaba estrechamente vinculada a la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario, que ya entonces contaba con el respaldo económico del municipio para la organización de los actos. En aquellas fechas, la imagen que procesionaba no era otra que la de la Virgen del Rosario —la misma que hoy recorre las calles en el Domingo de Resurrección junto a Jesús Resucitado, la Magdalena y San Juan—, rodeando el templo parroquial de San Pedro Apóstol, edificio de origen entre los siglos XV y XVII.

Uno de los elementos más singulares de la celebración era la vela que portaba la imagen mariana durante la procesión. De ella nació una creencia popular que ha perdurado en la memoria colectiva montijana: “Si se le apaga la vela, año de males; si permanece encendida, año de bienes”, una expresión que refleja la fusión entre fe, tradición oral y simbolismo religioso.

A lo largo de los siglos, la Fiesta de las Candelas ha integrado prácticas cargadas de significado espiritual y cultural y ojalá volvamos a conocer actos como el de portar una vela encendida en el templo, símbolo de Cristo como “luz del mundo”, o la presentación de los niños, entendida como la consagración del hogar familiar. También pudiera formar parte del rito la ofrenda de un par de pichones, en recuerdo del pasaje evangélico del anciano Simeón, recogido en el Evangelio de San Lucas (Lc 2, 22-40), episodio representado en una destacada imagen conservada en la parroquia de San Pedro de Montijo.

Hoy, más de doscientos años después de sus primeras referencias documentales, la Fiesta de las Candelas debiera continuar viva en Montijo gracias al compromiso de las parroquias, asociaciones culturales y la participación activa de la comunidad. Una celebración que no solo recuerda el pasado, sino que mantiene encendida la luz de la identidad histórica y cultural del municipio.

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