por Pablo Iglesias Aunión | Feb 4, 2026 | Agenda Cultural, Artículos
Cronista Oficial Puebla de la Calzada
Montijo vuelve a encender hoy, 2 de febrero, la luz de una de sus celebraciones más antiguas y arraigadas: la Fiesta de las Candelas, vinculada litúrgicamente a la Purificación de María Santísima y a la Presentación de Jesús en el Templo de Jerusalén, uno de los grandes misterios que conmemora la Iglesia. Se trata de una festividad que no solo forma parte del calendario religioso local, sino que constituye un valioso legado histórico compartido por la práctica totalidad de los pueblos de las Vegas Bajas del Guadiana.
La documentación histórica sitúa el origen de esta celebración en Montijo, al menos, en el siglo XVIII, una época en la que la religiosidad popular y las tradiciones comunitarias marcaban profundamente la vida cotidiana de la comarca. Desde entonces, la Fiesta de las Candelas ha sabido adaptarse al paso del tiempo sin perder su significado simbólico ni su carácter identitario.
Los archivos revelan que, a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, la festividad estaba estrechamente vinculada a la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario, que ya entonces contaba con el respaldo económico del municipio para la organización de los actos. En aquellas fechas, la imagen que procesionaba no era otra que la de la Virgen del Rosario —la misma que hoy recorre las calles en el Domingo de Resurrección junto a Jesús Resucitado, la Magdalena y San Juan—, rodeando el templo parroquial de San Pedro Apóstol, edificio de origen entre los siglos XV y XVII.
Uno de los elementos más singulares de la celebración era la vela que portaba la imagen mariana durante la procesión. De ella nació una creencia popular que ha perdurado en la memoria colectiva montijana: “Si se le apaga la vela, año de males; si permanece encendida, año de bienes”, una expresión que refleja la fusión entre fe, tradición oral y simbolismo religioso.
A lo largo de los siglos, la Fiesta de las Candelas ha integrado prácticas cargadas de significado espiritual y cultural y ojalá volvamos a conocer actos como el de portar una vela encendida en el templo, símbolo de Cristo como “luz del mundo”, o la presentación de los niños, entendida como la consagración del hogar familiar. También pudiera formar parte del rito la ofrenda de un par de pichones, en recuerdo del pasaje evangélico del anciano Simeón, recogido en el Evangelio de San Lucas (Lc 2, 22-40), episodio representado en una destacada imagen conservada en la parroquia de San Pedro de Montijo.
Hoy, más de doscientos años después de sus primeras referencias documentales, la Fiesta de las Candelas debiera continuar viva en Montijo gracias al compromiso de las parroquias, asociaciones culturales y la participación activa de la comunidad. Una celebración que no solo recuerda el pasado, sino que mantiene encendida la luz de la identidad histórica y cultural del municipio.

por Pablo Iglesias Aunión | Ene 28, 2026 | Agenda Cultural, Noticias
Cronista Oficial Puebla de la Calzada
Si tuviera que definir a Agustín Velázquez Jiménez con una sola palabra, esa sería, sin duda, “caballero”. Sé que con ello quienes me conocen puedan decir que no soy objetivo porque me elogio de ser su amigo. Elegante y humilde en el trato, riguroso y corresponsable en lo profesional, Velázquez encarna la dedicación y el amor por la historia y la cultura que ha marcado toda su trayectoria. Su labor, aunque ya no se desarrolla en el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida, sigue vigente en el Arzobispado de Mérida-Badajoz, donde se ocupa con maestría del patrimonio cultural. ¿Quién mejor que él para esta tarea hoy en día?
El pasado martes 27 de enero, el Centro Cultural “Santo Domingo” acogió la presentación del Cuaderno Emeritense nº 52, “Varia Arqueológica y Patrimonial”, un homenaje a Velázquez Jiménez en reconocimiento a su brillante carrera profesional y a su estrecha vinculación con la actividad desarrollada en la ciudad. Cabe recordar que fue él mismo quien, en 1989, impulsó la creación de esta serie de cuadernos del Museo Nacional de Arte Romano, financiados por la Asociación de Amigos del Museo, para dar continuidad a trabajos científicos inéditos.
Nacido en Mérida el 2 de septiembre de 1958, Velázquez es historiador, arqueólogo y especialista en patrimonio cultural. Su vida profesional ha estado profundamente vinculada al estudio, documentación y difusión del legado arqueológico de Augusta Emerita, la antigua ciudad romana que hoy conocemos como Mérida. Desde 1984, trabajó durante más de cuatro décadas en el Museo Nacional de Arte Romano, donde fue Jefe del Departamento de Documentación y responsable de la biblioteca y archivos del museo. Su labor incluyó la organización y digitalización de fondos, así como la coordinación de exposiciones y publicaciones científicas.
Velázquez es autor de numerosos estudios en arqueología e historia antigua, con especial atención a la epigrafía y la numismática emeritense. Entre sus obras recientes destaca La Ceca de Augusta Emerita, un exhaustivo catálogo de monedas romanas acuñadas en la ciudad que subraya la relevancia histórica de Mérida. Su trabajo le ha valido reconocimientos como el Premio Genio Protector de la Colonia Augusta Emerita, otorgado por su dedicación constante a la protección y puesta en valor del patrimonio emeritense.
Pero la vida de Agustín Velázquez no se limita al ámbito académico. También ha desempeñado un papel destacado en la esfera cofrade, al frente de la Junta de Cofradías de Mérida, institución que presidió hasta 2014. Su gestión se caracterizó por promover la unidad entre las hermandades y reforzar el compromiso social y cultural de la Semana Santa emeritense. De su mano, muchos tuvieron la oportunidad de vivir experiencias únicas, como la mía personal al ser, de su mano, Pregonero Oficial de la Semana Santa de Mérida. Tras su mandato, dejó el cargo al asumir el nombramiento de Delegado Episcopal para Patrimonio Cultural, un nuevo desafío que ha continuado desarrollando con la misma pasión de siempre.
Agustín Velázquez Jiménez representa una rara combinación de erudición, humildad y servicio. Su legado no solo se aprecia en libros, monedas o archivos, sino en la forma en que ha sabido transmitir amor por la historia, compromiso con la comunidad y respeto por la tradición. Sin duda, un caballero en todos los sentidos.

por Pablo Iglesias Aunión | Ene 27, 2026 | Agenda Cultural
Cronista Oficial Puebla de la Calzada
Puebla de la Calzada continúa demostrando su dinamismo cultural con una nueva actividad dirigida al público infantil y familiar nada más entrar el año nuevo. La localidad volverá a recibir al popular Capitán Papiro, un personaje que ha logrado ganarse el cariño de vecinos y vecinas gracias a sus originales y divertidas aventuras.
El encuentro tendrá lugar el próximo viernes en la Biblioteca Municipal, en un acto organizado por la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Puebla de la Calzada y patrocinado por el propio consistorio. La cita promete una nueva sesión cargada de humor, imaginación y aprendizaje, en la que los cuentos clásicos cobran vida de una forma novedosa, cercana y muy atractiva para los más pequeños.
El Capitán Papiro cuenta ya con numerosos seguidores en la localidad y su visita se ha convertido en una esperada cita mensual. Tanto niños como adultos disfrutan de unas historias que combinan el componente lúdico con valores educativos, fomentando el gusto por la lectura entre el público infantil y ayudando a reconocer relatos que forman parte de la literatura universal.
Con iniciativas como esta, Puebla de la Calzada reafirma su compromiso con la cultura y la promoción de la lectura desde edades tempranas, consolidándose como un referente en la programación cultural de la comarca.
Fuente y fotografías: Teodoro Gracia.

por Pablo Iglesias Aunión | Ene 27, 2026 | Artículos
Cronista Oficial Puebla de la Calzada
El sentimiento religioso del pueblo constituye uno de los rasgos fundamentales para la comprensión histórica de la Edad Media y la Edad Moderna. Durante ambos periodos, la religiosidad impregnó de manera profunda las estructuras sociales, las mentalidades colectivas y las prácticas cotidianas, configurándose como un elemento esencial de la identidad cultural de las comunidades. En este contexto, los pueblos de la Comarca Emeritense ofrecen un marco de análisis especialmente significativo para el estudio del denominado fervor religioso popular, característico de la época.
No obstante, resulta imprescindible señalar que el comportamiento religioso del individuo medieval presenta diferencias sustanciales respecto al del hombre de los Tiempos Modernos, particularmente en lo relativo a las manifestaciones de religiosidad y piedad popular. Estas diferencias responden tanto a cambios en las estructuras sociales y económicas como a transformaciones doctrinales y culturales que afectaron al conjunto de la sociedad.
En el ámbito espacial y temporal que presenta esta breve reflexión, dichas manifestaciones de religiosidad popular encuentran una expresión privilegiada en el surgimiento y desarrollo de las cofradías. Estas asociaciones, que aparecen con relativa prontitud en la Comarca Emeritense, desempeñaron un papel fundamental en la canalización del sentimiento religioso colectivo. Si bien sus fines primordiales estaban orientados al culto divino, no puede obviarse su destacada función social, especialmente en ámbitos como la caridad, la asistencia a los necesitados y el apoyo comunitario.
Las fuentes primarias disponibles permiten abordar el estudio de estas instituciones desde la perspectiva de la denominada Historia de las Mentalidades, una corriente metodológica que se apoya en un amplio y diverso corpus documental. Dichas fuentes se convierten, así, en herramientas indispensables para el historiador, al posibilitar el análisis de las creencias, actitudes y comportamientos colectivos en relación con lo religioso.
Las cofradías no deben entenderse únicamente como asociaciones generadoras de información de carácter religioso o como meros instrumentos de la vida eclesiástica —aunque este aspecto resulte ya de gran relevancia—, sino como entidades con un notable grado de autonomía. A través de su organización y actividades, estas asociaciones ofrecen valiosa información sobre las formas de comportamiento socio-religioso de las comunidades locales, constituyéndose en una manifestación genuina de la piedad y la religiosidad popular en el tránsito del Medievo a la Modernidad dentro de la Comarca Emeritense.
Nuestra interpretación se centra, en una primera aproximación, en localidades de especial relevancia dentro de la comarca emeritense de las que nos iremos ocupando progresivamente. En el caso de Puebla de la Calzada o Montijo, la documentación histórica atestigua la existencia, entre los años iniciales de los siglos XVI y XVII, de diversas asociaciones religiosas, entre las que destacan, la Hermandad de la Cruz, la de las Ánimas Benditas del Purgatorio, la Cofradía de los Santos Mártires y la Hermandad de San Pedro. Asimismo, se constata documentalmente la presencia, ya en el siglo XVI, de devociones tan interesantes en la mencionada comarca como por ejemplo Nuestra Señora de la Carilla, que contaba con ermita propia.
Por su parte, en las localidades de Puebla de la Calzada y Montijo documentan, para los siglos XVI y XVII, la existencia de la Hermandad de la Santa Cruz, la de Nuestra Señora del Rosario y la del Santísimo Sacramento, asociaciones que reflejan igualmente la vitalidad de la religiosidad popular en el ámbito local. El análisis detallado de estas hermandades, aunque en ocasiones los hemos desarrollado siguen abriendo interesantes caminos para nuestra investigación.
Estas manifestaciones de piedad colectiva encuentran un interesante paralelismo iconográfico en representaciones artísticas como el detalle de Disciplinantes de Francisco de Goya (1808-1812), que ilustra la persistencia de determinadas prácticas penitenciales y devocionales en la cultura religiosa española y d nuestra realidad más cercana como Montijo y la Comarca Emeritense igualmente para los siglos XVI-XVII encontramos ejemplos como los de la Hermandad de la Santa Cruz, Nuestra Señora del Rosario y Santísimo Sacramento.

por Pablo Iglesias Aunión | Ene 24, 2026 | Artículos
Pablo Iglesias Aunión
Cronista Oficial Puebla de la Calzada
Leer es hoy tan necesario como lo fue siempre, aunque entre nuestros jóvenes se haya convertido, dolorosamente, en una costumbre en extinción. Lo comprobé hace poco, al regresar de las vacaciones, cuando pregunté a mis alumnos cuántos libros habían leído. Las respuestas apenas superaban los dos o tres por aula, y rara vez más de un título por estudiante —cuando ese único libro había llegado, siquiera, a su última página—. El dato, más que sorprender, obliga a pensar.
Y, sin embargo, en ocasiones habría que conceder cierta razón a quien se declara ávido de lectura y, aun así, se siente defraudado. Porque no todo depende del «hábito», sino también de «la oferta»: de a quién se lee y qué se lee. Originalidad o repetición; sustancia o vacío; creación o plagio. Demasiado a menudo se nos sirve lo mismo de siempre, disfrazado de novedad, o se pretende dotar de valor incuestionable a las cosas de ayer solo porque ocurrieron ayer.
Eugenio de Nora (1923–2018), poeta y crítico literario, uno de los nombres imprescindibles de la poesía social española de mediados del siglo XX, filólogo y profesor universitario —como no podía ni debía ser de otro modo, lo de docente digo—, galardonado con el Premio Castilla y León de las Letras en 2001, lo expresó con una lucidez difícil de superar:
«Yo no canto la historia que bosteza en los libros, ni la gloria que arrastran las sombras de la muerte. ¡España está entre nosotros!».
No se trata, pues, de negar la historia, sino de rechazar la historia inerte, momificada, aquella que se repite sin alma y sin preguntas. En esta misma línea reflexiva que apuesta como lo hace Eugenio de Nora, se sitúan historiadores de la talla de Ricardo García Cárcel y José Manuel González Vegas, quienes en su magistral y muy recomendable Breve Historia de España (Espasa, Madrid, 2016) plantean una cuestión tan sencilla como incómoda: ¿debe escribirse la historia de España en singular o, más honestamente, hablar de las historias de los españoles?
Traigo esta reflexión a colación porque asombra la facilidad con la que algunos, al hilo de una noticia aislada tomada de un libro, un anuario, una revista o un periódico, se lanzan a la peligrosa aventura de “escribir” —peligrosa, al menos para quienes creemos que escribir exige responsabilidad— un relato histórico que presentan como erudito. No advierten que reinciden, una vez más, en una invitación al desinterés: una historia exclusiva, enaltecedora y presuntamente brillante, que siempre es la misma. La de los reyes y los héroes, la de la nobleza y el alto clero, la de los poderosos y los señoritos.
Queda fuera de ese relato la historia del arado y la oveja, de los viajes marítimos y la burocracia, de las leyes y los oficios, de los libros —pero de los originales, no de las copias ni de los plagios que pretenden ocultar su condición bajo reducciones y atajos—. Una historia que no alardea, pero explica.
A veces, al leer a estos autores apresurados, uno tiene la sensación de que siguen creyendo que España empieza en los Pirineos y termina en África; que jamás hubo navegantes fenicios y cartagineses, que romanos y musulmanes no pisaron nuestro suelo, que no fuimos ni somos una tierra en constante diálogo con el Oriente Próximo, el mar Egeo o el Mediterráneo central. Lean, lean a García Cárcel y González Vegas. Lean de verdad.
Basta ya de querer hacernos creer que de la nada puede extraerse algo valioso. Basta ya de intentar tomarnos por ingenuos con una retalla que no es más que artillería barata y copiada. La historia —como la literatura— no se honra repitiendo sombras, sino iluminando lo que aún late entre nosotros.

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