Los días de otoño endurecen la carne de membrillo que acabará derramada sobre el almíbar de una lata de Puente Genil. Se enrojecen y ponen a punto las granadas y hacen que los melones, casados y sumisos, sean subidos a los doblados a la espera de endulzarnos los días cortos y tristes del invierno. En la mesa se exhiben frutos del tiempo: calabazas, membrillos, bellotas y castañas.
Manuel García Cienfuegos
Cronista Oficial de Montijo y Lobón
cienfuegos@cronicasdeunpueblo.com

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