UNA HISTORIA DE CINE: EL CINE DE DON MARIO DE ZARZA LA MAYOR
7 de julio de 2026
Emilio Arroyo Bermejo
CRONISTA OFICIAL DE ZARZA LA MAYOR
El cine, como séptimo arte, es un poderoso agente de cambio y cohesión, transmite valores, fomenta la educación emocional, genera identidad colectiva y despierta la denuncia de injusticias.
En nuestra comarca gozamos, antaño, del privilegio de contar con varios cines que de una forma u otra cumplían con esos objetivos, rememorarlos y recordarlos es parte de nuestro deber. Así, Coria tenía el Cine Mendo, Acehúche el cine Avenida, en Piedras Albas el Roel/Mari-Emi y el Ideal Cinema en Ceclavín, por nombrar algunos.
Pero Zarza la Mayor no estuvo ajena a esta tendencia. Contamos en diferentes etapas del siglo XX con tres representaciones: el cine de María Montero en la calle San Juan, el Cine-Teatro "El Clavero" (Cine Zarza), también conocido como teatro Bofill por ser su propietario Serapio Bofill Rivas, sito en la actual Plaza Mayor y el "Cinema Salamanca" en terrenos de la conocida, antiguamente, como La Calcinada, hoy Avenida Doctor Perianes Carro.
Pero hoy mis letras van dedicadas al Cine de Don Mario, el "Cinema Salamanca", un proyecto familiar pensado en los años 40 y puesto en funcionamiento a finales de esa década por el empeño de Don Mario Guillen Carbayo, médico de profesión en nuestra localidad.
Sin el ímpetu y los fondos personales necesarios, la obra no hubiera sido una realidad.
Pero hay que retroceder en el tiempo y para ello debemos recordar la figura y personalidad de don Mario.
Don Mario Guillén Carbayo nace el 12 de abril de 1902 en Aldeaseca de la Armuña, entidad local menor dependiente de Villares de la Reina (Salamanca). Hijo de Valentín Guillén Nacarino, (tesorero en la hacienda de Salamanca) y Aurelia Carbayo Pérez. El padre de don Mario murió joven quedando viuda su madre, Aurelia, maestra de profesión y que dado el poco sueldo que por la época cobraban los maestros, dejó de ejercer y montó una pescadería y así logró dar estudios a sus dos hijos, Mario y José.
Tanto Mario como su hermano José, estudian Medicina en Salamanca y tras ello, don Mario ejerce la profesión en Zarza la Mayor y su hermano, don José, lo hace, entre otros lugares en Aliseda, donde se casa.
Don Mario termina la carrera a los 23 años, en la orla de la Facultad de Medicina de Salamanca reza la fecha de 1925.
Don Mario gozó de tener un solo destino profesional y ese es Zarza la Mayor, localidad a la que llega acompañado de su madre, pero todavía soltero, muriendo su madre en Zarza el 16 de diciembre de 1942 a la edad de 70 años y siendo enterrada en el Cementerio Municipal de Zarza.
En sus años de estudios en Salamanca don Mario conoció a la joven María Luisa Olgado Macías, estudiante de Bachillerato, natural de Arroyo de la Luz, nacida en 1905, hija de Ángel Olgado y Vicenta Macías. Don Mario y doña María Luisa contraen matrimonio en Arroyo de la Luz fijando su residencia matrimonial en Zarza, primero de arriendo en la calle Concejo n⁰ 56, en la casa que luego fue vivienda de Juan Navarro de Sande y Josefa Millagros Ballestero Rubio, donde nacen los tres hijos del matrimonio Guillén-Olgado, Mari Luz, Vicente y Valentín, para posteriormente trasladarse a la misma calle Concejo n⁰ 61, vivienda que compraron a la familia de don José Perianes Carro.
Doña María Luisa procedía de una familia que poseía propiedades agrícolas en Arroyo de la Luz y en su matrimonio atendía las labores familiares, encantándole el cuidado de las flores y plantas que tenían en el corral que poseía la casa, corral con estrada por la calleja que comunica Concejo con la Plaza Mayor y que se conocía como "La calleja de don Mario". Doña María Luisa gozaba de la amistad de Josefa Rubio Andrade y de Josefa Ballestero, entre otras, además de ser muy devota de San Antonio.
Don Mario ejerció toda su vida profesional en Zarza. En su propia casa tenía la consulta. El zaguán servía de sala de espera y la sala situada a la derecha de la edificación ocupaba la consulta. Solía visitar a los enfermos después de desayunar y tras ello, iniciaba la consulta diaria. Aunque los enfermos mejoraban, él seguía visitándolos, hasta el punto que cuando se trataba de niños, ya los padres le decían: "no se preocupe don Mario, que el niño ya está por ahí jugando". Tras su jubilación, parte de su instrumental formó parte de alguna exposición.
Le gustaba mucho el fútbol, del Real Madrid, amaba la zarzuela y siendo niño disfrutaba viendo a su padre tocar la bandurria. Le gustaba escuchar la radio, tenía una telefunken y en la época de la Guerra Civil la gente acudía a su casa a escuchar el parte de guerra.
Los años pasan y nacen los hijos, Mari Luz el 20 de octubre de 1928, Vicente el 16 de octubre de 1930 y Valentín el 30 de abril de 1933. Pero además de los hijos del matrimonio, hay que recordar a Lucía Durán Paniagua, que desde muy joven fue la asistenta de la familia a la que siempre consideraron como una más, pues en todo momento vivió con ellos hasta su muerte.
Mari Luz estudia enfermería y ejerce en el Hospital de Cruces en Bilbao y posteriormente, hasta su jubilación, lo hace en la antigua Residencia Sanitaria de Cáceres, actual Hospital San Pedro de Alcántara donde llegó a ser supervisora.
Los dos varones, Vicente y Valentín, son escolarizados en Zarza siendo alumnos de maestros como don Felipe Vega Fabián y don Carlos Fernández Barbero, para luego marchar a estudiar a los Salesianos de Salamanca.
Pasan los años y Vicente y Valentín se casan con dos zarceñas. Vicente lo hace el 12 de julio de 1957 con María del Pilar Rubio Andrade (12 de octubre de 1929- 22 de enero de 2017), hija de Antonio Rubio de Sande y Emilia Andrade Prieto , de cuyo matrimonio nacen cinco hijos, Mario Jorge, Marisé, Emilio, Jesús Antonio y María del Pilar.
Por su parte Valentín se casa en Zarza el 3 de octubre de 1958 con Carmen de Sande Rosellón (15 de mayo de 1933 – 29 de mayo de 2024), hija de Pedro de Sande y Sande y de Clementa Rosellón Andrade, de cuyo matrimonio nacen Luis María (Luismari), María Luz (Mariluz), Pedro y María Luisa (Marisa).
Don Mario cuando se jubila, junto a su mujer, su hija y Lucía, se trasladan a vivir a Cáceres y se asientan en la conocida avenida de Antonio Hurtado, n⁰ 14. Don Mario fallece el 21 de abril de 1977 a los 75 años, su mujer muere en 1990 con 85 años y su hija María Luz fallece el 26 de julio de 2022 a la edad de 96 años. Los tres encuentran su reposo eterno en Arroyo de la Luz.
Don Mario, el médico, era un gran aficionado al cine y ese gusto le llevó a convertirse en empresario cinematográfico, acompañado de su cuñado, hermano de su mujer, Ángel Olgado que era Policía Secreta en Madrid.
Y así el sueño se hace realidad. En la segunda mitad de la década de los 40, tras adquirir los terrenos a don Francisco Gundín y bajo la dirección técnica del aparejador zarceño Fernando Perianes Presumido (1908-1985), se erige tan noble edificación bajo el nombre de "Cinema Salamanca", aunque era conocido por el "Cine de Don Mario", entrando primero en funcionamiento el cine de invierno y más adelante el cine de verano.
El edificio se construye con piedra traída fundamentalmente de las proximidades de Sequeros y de terrenos en la carretera de Moraleja tras rebasar el cementerio. La piedra fue acarreada en los carros de Juan Pascual Vicente y Reyes Antúnez, cobrando los propietarios de las carretas 100 pesetas por viaje, ofreciendo el edificio una solidez y bella pátina asombrosa desde cualquier punto que se observe.
Y así, el 31 de diciembre de 1946 la Delegación de Industria de la Provincia de Cáceres resuelve y autoriza a don Mario Guillén Carbayo a "instalar una industria de SALÓN DE CINEMATÓGRAFO EN ZARZA LA MAYOR" como así se publica en el Boletín Oficial de la Provincia de Cáceres de fecha 24 de enero de 1947.
Y será bajo la dirección de don Mario cuando sus hijos Vicente y Valentín comienzan a poner en funcionamiento el cine, un edificio que contaba con bar, patio de butacas (98 butacas), platea, escenario y camerino, además del conocido "gallinero" y la cabina de proyección.
Pero el espíritu empresarial del doctor no se queda ahí. Don Mario se asocia a Antonio Herrero González para gestionar el Ideal Cinema de Ceclavín constituyendo un tándem empresarial elogiado en la zona.
Y así fue desarrollándose este proyecto que se convirtió en realidad.
Los viajantes cinematográficos les ofrecían catálogos de películas que la familia Guillén seleccionaban y pedían según la época. Las películas llegaban al principio a Zarza a través de los coches de línea y posteriormente un empresario madrileño las iba distribuyendo por los pueblos. La familia Guillén recibía las películas en una sacas que contenían las cintas, debidamente recogidas, en unas cajas circulares de lata. Tras ello, la película, antes de la emisión, había que desenrollar la cinta y colocarla en la bobina teniendo que unir las cintas si la película era muy larga y si no entraba en una bobina, había que colocar otra bobina y eso hacía que en la proyección se diera paso al descanso. El "Cinema Salamanca" contaba con una máquina de proyección marca Superson y el cine de Ceclavin tenía una máquina Ossa.
Pero el día de la proyección, al inicio de la actual calle Vitigudino, confluencia con Concejo, se colocaban las carteleras con distintas secuencias de la película y en una pizarra se escribían, con tiza, aspectos como el título de la película y hora de proyección. Bonito momento que se vivía en la esquina de la intersección de esas calles, lugar al que acudía el público para adquirir la información.
Y llegada la tarde-noche, el señor Vicente y el señor Valentín se encargaban de la proyección, que se realizaba normalmente, sobre todo al principio, los domingos y lunes, con la misma entrada para los dos días, de tal forma que se pasaba una película el domingo en Zarza y esa misma película se pasaba el lunes en Ceclavin y la que se había pasado el domingo en Ceclavin sería el lunes cuando se proyectaba en Zarza.
Pero también surgían dificultades que hoy resultan ser una anécdota. Cuando la luz llegaba a Zarza procedente del Alagón (Juan Casas), esta era "muy pobre" y don Mario tuvo que comprar un generador-motor a gasolina para que funcionara el arco voltáico, pero con frecuencia se paraba, lo que despertaba los silbidos del público, cosas propias del momento, hasta que la compañía eléctrica Pitarch se hizo cargo de la gestión eléctrica en Zarza y todo quedó solucionado. ¿Se imaginan los silbidos y pataleos en el gallinero?…Don Mario lo pasaba muy mal cuando esto se producía.
Al cine se accedía con entrada que había que adquirir en la taquilla y al principio hubo abono, con reserva de butacas, como por ejemplo los que disponían familias como Melchor Plaza Hernández y su esposa Juana Canales Placeres y los maestros-matrimonio don Julián Pantrigo López y doña María Casado Lanchares.
Para acceder al patio de butacas había que hacerlo a través de una puerta con arco de medio punto y al gallinero a través de unas anchas escaleras que partían al lado de la taquilla.
En Zarza gustaban especialmente las películas del oeste, las de cante y baile, sobre todo películas españolas.
Pero el cine no ofreció solo películas. El "Cine de Don Mario" ofreció actuaciones de Rafael Farina, Antonio Molina, El Príncipe Gitano, Manolo Escobar y la Niña de la Puebla, entre otros. El cine también acogió teatro, como las obras ofrecidas por la compañía familiar "Fonseca", que permanecían en Zarza durante varios días ofreciendo obras teatrales distintas cada jornada. Además, acogió obras de grupos de teatro locales e infantiles y sus propietarios ofrecieron sus instalaciones, en diferentes ocasiones, para galas benéficas.
El año 1977 el cine acogió el Pregón con motivo de las fiestas del Resucitado y la Virgen de Sequeros a cargo de don Valeriano Gutiérrez Macías y en 1979 pregonó a la Virgen de Sequeros el zarceño Emilio Rubio Pérez.
Pero el cine no lo conformó solo la familia Guillén. Hubo otras personas que desarrollaron su trabajo en el "Cinema Salamanca". El bar que estaba situado al lado izquierdo, en la antesala del cine, con una barra de obra muy alta, lo llevaron personas como don Julián Pantrigo López, Anastasio Herrero Rabasco, Atilano Jorge Salgado y Marcos Borrero Requejo junto a su José María con el puesto de las golosinas. En la taquilla estuvo Justo de Alba Jiménez y de portero Claudio Palomino y su mujer Santiaga Prieto, que también realizaba la limpieza del local, sin olvidar a los acomodadores Pedro de Alba que era herrero y Ambrosio Zango.
La oficina administrativa estaba en la casa de la familia Guillén Olgado, en la sala contraria a la de la consulta del doctor. Allí don Mario hacía las gestiones administrativas y el señor Valentín, con su máquina de escribir Olivetti, escribía las cartas a las empresas cinematográficas y cumplimentaba los documentos de gestión.
Los hermanos Guillén Olgado, Vicente y Valentín, también diversificaron sus actividades laborales, tuvieron taxi juntos, que al final se quedó Valentín, durante años tuvieron una DKV para llevar a trabajadores al Salto de Alcántara y también para realizar viajes sobre todo al norte en los años de la emigración, todo ello combinado con la atención al campo y al ganado. Vicente, por el año 1976, gestionó el molino y mezcladora que se instaló en el antiguo local de la Casa Cuartel de la calle Altozano, y en 1978 Vicente fue nombrado presidente de la Cámara Agraria Local y ya, en la etapa democrática, fue concejal del Ayuntamiento. Vicente fallece el 15 de marzo de 2017.
Pero vino la enfermedad del cine, aparece la televisión y dice Valentín y "la furia de las discotecas" y el cine desapareció.
Las dificultades y la ausencia de relevo generacional hace que los Guillén-Olgado vendan, como dice Valentín, "nuestra vida", porque así fue y en 1999 toda la propiedad del cine es comprada por Fidel Paniagua Perianes.
A lo largo de la conversación que mantuve con el señor Valentín el día 22 de mayo aprecié en él nostalgia, recuerdo, emoción, le afloraron las lágrimas pero también nacieron en él sonrisas, las sonrisas propias de unos buenos momentos vividos y de entrega a un pueblo como Zarza, ofreciendo a través del cine, entretenimiento, ocio y diversión, tanto en la sala de invierno como en las bonitas noches de verano.
Don Mario en el recuerdo, siempre será la casa de Don Mario, la calleja de Don Mario y el cine de Don Mario.
Siempre será el cine, siempre en el recuerdo el chascar de las pipas, la evocación del pataleo del gallinero, el descanso, las primeras manitas de los enamorados en la oscuridad de la emisión, siempre el cine de don Mario en la memoria de los zarceños.
Gracias a la familia Guillén-Olgado.
Otro motivo más de orgullo zarceño.
Emilio Arroyo Bermejo
CRONISTA OFICIAL DE ZARZA LA MAYOR





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