CRONISTA OFICIAL DE ZARZA LA MAYOR

Dionisio Montero Prieto y Ángela Viera Jiménez, matrimonio, viven en la Plaza nº 18. La vivienda procedía, por herencia, de la familia de Ángela. Dionisio nació en 1896 y fallece con 54 años en 1950. Por su parte, Ángela nació con el siglo, en 1900 y murió en 1969, con 69 años. Prematuras muertes la de ambos, dejando cuatro hijos: José, Gumersindo, Isabel y Cándido.
Con el paso de los años, los hijos van abriendo horizontes y se casan, menos el pequeño que se queda soltero. José se casa con Verónica Famoso Bueso, procedente de Casillas de Coria; Gumersindo contrae matrimonio con la zarceña Concepción (Chon) Núñez Marcos e Isabel lo hace con Pedro Famoso Bueso, hermano de Verónica, mujer de José.
Volviendo al principio del relato, Dioniso se dedicó toda su vida a la agricultura, vida de labradores, hasta que en un momento del pasaje compró la huerta de la Grera, una finca de una hectárea y media, aproximadamente, que contaba con una parte de huerta y otra parte de “tapao”. Allí, Dionisio cultivaba toda clase de productos hortelanos, lechugas, cebollas y toda clase de verduras, además de una notable producción de naranjas, productos regados por los tres pozos que suministraban el líquido preciado obtenido a través del varal de la alberca y posteriormente con un motor de agua. La huerta ofrecía el sustento alimenticio familiar y además permitía poder vender en su casa los productos a todos aquellos zarceños que quisieran disfrutar de sus ricas cualidades, teniendo siempre el reclamo de los productos situados en la puerta de la casa.
La muerte de Dionisio con 54 años desmorona de alguna forma la vida familiar. A partir de aquí será Ángela la que coja las riendas con sus cuatro hijos y ésta, en honor y recuerdo a su marido, se “arremanga” y no quedándole más remedio, lucha por sacar a sus hijos adelante y diariamente acude a la huerta, camino del Montón de Trigo y tras trabajar en ella, ofreciéndole todos los cuidados que la huerta merece, Ángela emprende la vuelta a Zarza cargada con el baño de cinz apoyado en la rodilla en la cabeza, cargado de productos hortícolas para el sustento familiar y la venta.
Los hijos de Ángela ayudan a su madre, pero el azote de la emigración hace que José, Isabel y Cándido decidan abrir horizontes y marchan a Bilbao. Solo Gumersindo queda en Zarza, pues con el paso del tiempo la casa de la Plaza 18, morada de Dionisio y Ángela le toca a Gumersindo y es aquí donde establece su vivienda familiar junto a su mujer, Concepción (Chon) (1932-2020) y a sus hijos Dionisio (fallecido en 2019) y paula (Pauli). Ante esta circunstancia de la emigración de tres de los hijos de Dionisio y Ángela, será Gumersindo quien se hará cargo de la Huerta de la Grera, aunque él no es el propietario, la propiedad es de sus hermanos Isabel y Cándido. A la muerte de Gumersindo en 1990, con 58 años, la huerta se arrendó al menos a dos arrendatarios y posteriormente la vendieron a un zarceño con el objetivo, este último, de unir la huerta con otra propiedad contigua que poseía.
Por la casa de Dioniso y Ángela pasaba mucha gente a comprar productos de la huerta, Ángela era muy espléndida y dadivosa, Pauli, su nieta, dice “mi abuela Ángela era generosa y buena y estamos muy orgullosos de ella”.
La vivienda se convertía también en parada de las portuguesas para ejercer el contrabando tan propio de la época, de tal forma que en la Plaza nº 18, dejaban los productos para desde allí ser vendidos por el pueblo.
La vivienda también acogió durante muchos años la visita del dentista “Los Olivenzas”, procedentes de Brozas un par de días por semana y también era la casa, el lugar donde se guardaba la llave de la iglesia de la puerta del lado del evangelio, hecho que dejó de suceder cuando se colocó una nueva cerradura a la puerta con una llave pequeña.
Ángela tenía un don, una habilidad para sanar algún daño ocular que cualquier zarceño presentara, siendo común acudir a su casa personas, que, dadas las tareas agrícolas, alguna mota pudiera introducírseles en los ojos ante lo cual Ángela era “mano santa”.
No hay que olvidar que Ángela Viera Jiménez era hija de Gumersindo Viera y Máxima, oribes por tradición familiar de generaciones anteriores, con el taller en la calle Concejo por donde pasaron también algunos zarceños como aprendices. Gumersindo Viera y Máxima tuvieron varios hijos que murieron al poco de nacer, otros como Gerardo, Dionisio y María murieron a la veintena y los que sí sobrevivieron fueron Jacinto y Ángela. Jacinto Viera Jiménez (11 de septiembre de 1893-17 enero 1982, rememorada su vida en el libro “35 biografías familiares zarceñas”) fue el digno sucesor de la tradición familiar hasta casi sus últimos días, tarea que también aprendió su hermana Ángela, aunque no la desarrolló profesionalmente.
Pasan los años y la familia no se desprende de sus recuerdos, con mimo conservan objetos y herramientas de la orfebrería y una báscula de precisión con sus pesas para el oro, así como la romana o báscula con la que Ángela y las generaciones posteriores pesaban las delicias que cultivaban en la huerta de la Grera.
Ángela, José, Dionisio (+ 2019), Paula (Pauli) y Pedro, sienten un orgullo enorme por sus abuelos Dionisio y Ángela, los recuerdan con cariño, rememoran sus vicisitudes y encuentran como lugar de referencia la casa familiar, la que fuera de Dionisio y Ángela, vivienda pegando con la parte del ábside de la iglesia parroquial de San Andrés Apóstol de Zarza la Mayor.
Gracias a Isabel, hija de Dionisio y Ángela, a Pauli y a sus primos por ofrecerme la posibilidad de hacer este trabajo. El mejor homenaje que podemos hacer a nuestros antepasados es el que les ofrecemos con el recuerdo.
(Las fotografías corresponden a Ángela Viera Jiménez, Dionisio Montero Prieto, peso y balanza de precisión).