6 de agosto 2026
Emilio Arroyo Bermejo
CRONISTA OFICIAL DE ZARZA LA MAYOR
El pasado día 6 de mayo recibí un legado documental de la mano de Luis Miguel Calderita Chaparro, zarceño, hijo de la zarceña Luisa Chaparro Rodrigo (5 octubre 1927 – 5 diciembre 2013), amiga su madre de la mía, compañero maestro nacional de Escuela Pública, como a él le gusta llamarse, y aunque jubilado por edad y años de servicio, sigue en la profesión como Maestro Emérito en el «CEIP Prácticas» de Cáceres.
Este encuentro con el amigo Calderita Chaparro veníamos fraguándolo desde hace tiempo y fue ese día en el que, en el marco de una Institución Educativa como es un colegio, sede de la antigua Escuela de Magisterio «Rufino Blanco» (pedagogo) y que hoy conforma un complejo educativo formado por el Espacio Uex, el mencionado Colegio de Infantil y Primaria y la Guardería de la Uex, tuvimos esa cita y por ello creo que no podíamos encontrar otro lugar mejor para hacerlo, pues ambos, Luís antes y yo años después, pisamos esas aulas como estudiantes de magisterio, profesión que ambos desarrollamos hasta la llegada de nuestras jubilaciones.
El encuentro se presentaba apasionante, ni más ni menos que Luis me quería legar un fondo documental basado en sus investigaciones a lo largo de muchos años.
Aunque el legado ha sido extenso, en esta crónica me voy a centrar en el documento titulado «Don Mateo Sanz López. Cartas de un zarceño en la Guerra de Filipinas 1896-1898».
La primera noche que dediqué a este documento me apasionó, documento que ya en parte desgranó Luis junto a su hermano Vicente en una conferencia ofrecida en la Casa de Cultura de Zarza la Mayor el 20 de agosto de 2022.
A la mañana siguiente no pude por menos que volver a hablar con Luis para indicarle, que ya en mi mente revoloteaba escribir una crónica sobre lo vivido en la Guerra de Filipinas por Don Mateo Sanz López (1877-1898), tío bisabuelo materno de nuestro amigo Luís.
Un recopilatorio de 160 páginas en las que Luis aporta información del momento, cronología de los hechos, las cartas enviadas por don Mateo a su familia en Zarza y las cartas que su familia le envían a él, además de continuos árboles genealógicos para entender los vínculos familiares desde los padres de don Mateo, Leandro Pablo Sanz Martín y doña Atanasia López Gazapo hasta los descendientes actuales, hijos de José Ramón Chaparro Rodrigo y Flora Gutiérrez Gazapo, Luisa Chaparro Rodrigo y Vicente Calderita Estévez y por último, los hijos de Visitación Chaparro Rodrigo y Alfredo Lozano Casado.
Pero, previamente, situémonos en el momento.
La historia de Filipinas desde 1565 hasta 1898 se conoce como el período colonial español durante el cual las Islas Filipinas fueron gobernadas por el Virreinato de Nueva España y así durante más de 300 años Filipinas fue Española. En 1896 se produce un conflicto armado entre el gobierno metropolitano español y los insurrectos filipinos que dura hasta 1898, que terminó con el dominio español sobre el archipiélago y que sirvió como inicio de la guerra filipino-estadounidense.
Ya en junio de 1886, el ministro de la guerra en el Congreso establece para Filipinas la no desdeñable cifra de 17.656 hombres y en agosto del mismo año, se produce una sublevación y se decide concentrar las fuerzas por parte española en las plazas de Manila y Cavite.
Con esta situación, nuestro zarceño Mateo Sanz López, nacido el 22 de septiembre de 1877, quinto del 96, con 19 años, a finales de noviembre de 1896 sale destino a Madrid y el día 6 de diciembre de 1896 se presenta en el Regimiento de Infantería Covadonga, produciéndose el 11 de diciembre el sorteo de 97 soldados para Filipinas y Mateo es destinado a las Islas. El 15 de diciembre embarca en Barcelona, pasando todas las navidades a bordo del «Isla de Luzón», fondeando en la Bahía de Manila el 18 de enero de 1897.
En Zarza, Mateo, en la Plaza del Altozano, donde vivía, deja a su madre, a sus ocho hermanos y demás familia, pues su padre había muerto antes de incorporarse a filas.
El viaje de Mateo hasta Barcelona donde embarca rumbo a Filipinas, pasando previamente por Mérida y Madrid, el mes de navegación hasta arribar a Manila, todo el año 1987 y hasta su muerte el 9 de febrero de 1898, es el recorrido que Mateo nos ofrece a través de 10 cartas que nuestro protagonista envía a su familia y que Luis, con un excelente trabajo de investigación, me lega, cartas que seguro no fueron las únicas que envió a su familia a Zarza, muchas quedarían en el camino y por otra parte, tres cartas que los hermanos de Mateo, León en dos ocasiones, (enero y abril de 1898) y Luis (abril 1898) ya fallecido Mateo, envían a su madre, pues ambos no residen en Zarza, siendo los dos mayores que Mateo.
Díez cartas que dan fe del sentimiento vivido por Mateo, sus adversidades y el deseo de vuelta, que en la mayor parte de las cartas manifiesta de forma vehemente.
Desde Madrid, el 8 de diciembre de 1896 escribe la primera misiva y cuenta que la ropa de paisano se la ha entregado a Simón Carnacha y que se la enviarán a Zarza. Mateo cuenta que ha preguntado por otro Zarceño, Juan Temprano, que al parecer no lo volverá a ver puesto que le ha tocado para Cuba.
(Juan Temprano Gazapo fue padre del Teniente Coronel Claudio Temprano Domingo).
Madrid vuelve a ser el lugar de salida de la segunda carta. El 12 de diciembre de 1896 Mateo escribe a su hermano León para indicarle que en el sorteo ha sido destinado a Filipinas indicándole que también le ha escrito a su hermano Luis. En un párrafo de la misma Mateo trasmite: » no te apures que la suerte no es para el que la busca, es para el que la encuentra, yo voy bastante animado» y le pide que se lo diga a Don Emilio Gazapo Sánchez y que sea él el que se lo diga a su madre. Al final de la carta le indica que le diga a su madre que la ropa que llevó a Madrid se encuentra en una pensión de la calle Libertad, 7 de Madrid.
Más de un mes transcurre hasta recibir la tercera carta. Misiva procedente de Manila el 20 de enero de 1897. En ella Mateo relata las vivencias en Puerto Said, Colombo, Singapur y Manila y cuenta cómo viven. Indica que el día 24 saldrán a operaciones sin saber a dónde. Cuenta que lo pasó bien en Nochebuena, Año Nuevo y Reyes, pero «mejor lo hubiera pasado en su compañía o si hubiese estado en tierra». Indica que todo es caro menos el tabaco y le manda un cigarro para su cuñado Pepe (José Chaparro de Sande), marido de su hermana María. Al final de la carta les indica que posiblemente tarde en escribirles pues no tendrán tiempo si salen de operaciones.
Y así fue. La cuarta carta se escribe dos meses después, y lo hace desde Silang el 21 de marzo de 1897. En ella Mateo le indica a la familia que había recibido la primera carta en cuatro meses desde que salió de Mérida. Después de hablar de otros temas, Mateo expresa: » Pues esto se acabará pronto, pues ya no faltan que tomar que los otros pueblos…» y » todos los que se han tomado también se han quemado y los que se cojan se hará lo mismo».
Solo pasan 9 días y el 1 de abril de 1897, también desde Silang (Cavite) escribe la quinta carta. En ella Mateo cree vislumbrar el final y así escribe: » Pues ya faltan 5 pueblos que tomar nada más, pues el día 25 tomaron Imus y el puente Zapote, que son los más fuertes de esta isla y ya se puede decir que esto está acabado, porque los que faltan son pueblos pequeños y creemos que la Nochebuena la pasaremos en compañía de ustedes, que es mi mayor deseo y gusto».
La sexta carta Mateo la escribe un mes después, el mes de mayo de 1897, desde Tanauan. En esta ocasión aventura el pronto regreso y así expresa: » Pues esto ya se puede decir que está acabado todo, no queda más que partidas sueltas en el campo que son como partidas de ladrones, que estas siempre las hay, y pienso que pronto les daré un abrazo a todos, usted y mis hermanos». En la carta envía un nuevo cigarro para su primo Celedonio. En esta ocasión no le envía cigarro a Pepe, su cuñado, porque » no se lo mando porque si pongo dos en la carta se puede perder, ya en otra se lo mandaré».
El 4 de junio escribe la séptima carta, también desde Tanauan. Mateo le cuenta a la familia que ya habían tomado el último pueblo llamado Talisay, habiendo cogido a 2500 prisioneros y 696 mujeres y hombres que se entregaron. Y dice: » pero no sabemos cuándo embarcaremos para España, pues a mí los días se me hacen años». Cuenta que hacen muchos trabajos, hay poco que comer, y no reciben un céntimo, salvo lo que les entregaron cuando llegaron a Manila. Y sigue diciendo » lo único que deseo es llegar a esa con salud, que me parece que sí, porque ya está tomado todo lo que hay que tomar» y envía un cigarro para su tío Marcelo, hermano de su madre.
De Tanauan vuelve a salir la octava carta, concretamente el 24 de junio de 1897. Esta carta sigue los cánones normales de una misiva, pero al final indica Mateo que dentro de la misma va un cigarro puro del país para el cuñado Pepe y una fotografía de una nativa filipina de la que dice «es mi costurera e íntima amiga».
La novena carta la escribe el 6 de agosto de 1897 desde Lian. Mateo comunica a la familia que desde el 1 de agosto es cabo. Esta carta tiene una enternecedora despedida » y muchos besos…de este su hijo y hermano que desea verlos y abrazarlos por horas y momentos».
Mientras esto se produce, el 21 de septiembre de 1897 Mateo Sanz López cumple 20 años.
A partir de aquí se produce un parón (de casi cuatro meses) y no será hasta el 29 de noviembre de1897 cuando Mateo escribe la décima carta que le llega a la familia a Zarza la Mayor. Escrita desde Manila (cuando le quedan dos meses de vida, apreciándose cambios en los trazos caligráficos) y al principio de la misma dice: » yo quedo bueno, aunque no de todo, gracias a Dios». Cuenta haber estado en operaciones sin regresar a Manila, pasando dificultades, «no hay más que fieras e indios de la Montaña porque están como las fieras». Dice que era un desierto, no iba el correo, pasando calamidades que solo imagina el que las pasa. Les recuerda, » también le digo que si han cogido la carta en la que le decía que se podía casar León, porque así me llevaría a España, porque hay una Real Orden que todos los hijos de viuda se marchan a casa y por eso casándose León me podré ya marchar».
Y antes de los recuerdos pertinentes a la familia y despedida, Mateo dice: » Dentro de unos días que me ponga un poco más repuesto y me vuelva a retratar veremos como salgo» (Le quedaban a Mateo dos meses de vida).
De Mateo no se volvieron a recibir más cartas.
El 30 de enero de 1898, León Sanz López, hermano de Mateo, escribe desde Merida a su madre y le participa su boda (tan ansiada por Mateo) y le dice que desde el 1 de febrero comienzan a embarcar tropas para la península y regresará Mateo.
El 8 de abril de 1898, León Sanz López, hermano de Mateo, vuelve a escribir a su madre y hermanos para comunicarles la triste noticia de la muerte de Mateo, carta que se inicia de esta forma: «Querida madre, hermanos: Por mediación de mis jefes he sabido la desgracia que hoy nos abruma a todos…y que no hay más que tener fuerzas y resignación…por eso no quita el que lo lloremos como madre y hermanos que somos…».
Días después, desde Aldeanueva, Luis Sanz López, otro hermano de Mateo, escribe a su madre y hermanos expresándoles sus sentimientos por «la noticia tan desconsoladora y triste para todos» y continúa escribiendo » Madre tenga usted paciencia y sufrimiento…mire usted hacer por hermana Felisa que es la que por lo presente más necesita…».
Y así fue, un zarceño, don Mateo Sanz López, según partida de defunción, fallece el 9 de febrero de 1898 a consecuencia de un catarro gastro-intestinal y dado sepultura en el cementerio de Malate, provincia de Manila.
Las guerras y sus consecuencias dejaron en el camino a muchos conciudadanos. Mateo Sanz López es el ejemplo de otros zarceños, extremeños y españoles que dejaron a sus familias huérfanas, pues en las guerras no mueren los que la provocan, muere gente sencilla, trabajadora y humilde que solo piensa en sacar a su familia adelante.
Nuestro reconocimiento 128 años después a don Mateo Sanz López, zarceño que desde Filipinas siempre tuvo el anhelo de volver con su madre viuda y hermanos al Altozano.
Leer y escribir su historia me ha emocionado, me he puesto en su «pellejo», en situación, en sus adversidades en ese destierro obligado, impuesto, para al final entregar su vida y lo peor de todo, dejar sus restos mortales lejos de su casa, lejos, muy lejos de Zarza la Mayor.
Mi expreso agradecimiento a Don Luis Calderita Chaparro, sobrino bisnieto materno de nuestro protagonista don Mateo, por permitirme escribir, vivir y sentir está crónica, así como a los descendientes zarceños de don Mateo en las personas de los hermanos Chaparro-Gutiérrez (José María, Pedro, Josefa, Ramón y Simona), los hermanos Calderita -Chaparro (José Antonio, fallecido, Visitación, Vicente y Luis Miguel) y los hermanos Lozano-Chaparro ( María Visitación, Alfredo y Francisco Javier).
Mateo Sanz López, UN ZARCEÑO EN FILIPINAS, siempre en el recuerdo.
Escuché decir a Javier Cercas: «Un libro es una partitura, el lector es quien lo interpreta».
Os dejo la partitura, ahora vosotros interpretad esta historia, vividla y sentidla.


Comentarios recientes