27 agosto 2026
Emilio Arroyo Bermejo
CRONISTA OFICIAL DE ZARZA LA MAYOR
Ver amanecer en Zarza el día 27 de agosto es sinónimo de silencio, quietud que embarga a un pueblo tras el ajetreo de unos días de ferias, porque yo la sigo llamando la «Feria de San Bartolomé».
Y es sinónimo de despedida, de cierre de ventanas, de mirar por última vez tu casa, la casa de tus padres o tus abuelos, de maleteros abiertos sin no antes despedir a los tuyos, los que están y los que gozan del sueño eterno y de despedirse de la Madre, la Madre de Sequeros a la que los zarceños vamos cuando llegamos y cuando nos vamos.
Los coches comienzan a dejar huecos en las calles, las viandas del pueblo abren paso en los repletos maleteros, las lágrimas afloran cuando rebasas el Puente de los Dos Arroyos, la Huerta de los Sillones, la fábrica o el Pilar, pero siempre queda el recuerdo, ese recuerdo que te aferra a la tierra, a tus raíces, a tu ser, a tu gente, en definitiva, a lo nuestro.
Y Volverán, volveremos como en la rima LIII dice Gustavo Adolfo Bécquer, aunque en este caso, no hay ruptura, el amor es correspondido:
«Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán».
Buen viaje, zarceño, marchas de Zarza, pero te llevas el recuerdo.

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