Días pasados recibí un mi correo electrónico del periodista paisano y académico José Julián Barriga sobre un congreso internacional, a celebrar en octubre, dedicado al brocense Nicolás de Ovando, el primer gobernador en Indias, (1502 – 1509) nombrado por los Reyes Católicos, tras ser uno de los maestros del primer Príncipe de Asturias, el príncipe Juan, fallecido muy joven.
En la villa de Las Brozas se conserva el palacio de los Flores, los abuelos maternos de Nicolás, que según la tradición fue el lugar donde nació este ilustre personaje, ya que por entonces su padre se hallaba exiliado en el Reino de Aragón y se cree que su madre fue a dar a luz a la casa de sus padres: Los Flores. Yo invito, desde aquí, a los congresistas que se acerquen a la villa de Las Brozas, el último conjunto histórico artístico de Extremadura, ya que en su día el entonces consejero de Cultura, Paco Muñoz, me hizo caso y con el tiempo se logró, a que visiten la localidad y conozcan sus muchos e interesantes monumentos.
Por cierto, en tiempos del alcalde Juan Olivenza, acompañado por el entonces presidente de la Diputación, Manuel Veiga que con el tiempo sería presidente de la Asamblea Regional de Extremadura se colocó a instancia de un servidor una lápida para testimoniar el lugar de nacimiento de tan ilustre brocense, que se ha quitado recientemente tras las obras realizadas en el edificio palaciego, reconvertido a primeros del siglo XX en las Escuelas Nuevas.
También por sugerencia e ideas históricas de un servidor, el pintor brocense Germán Díaz y sufragado por la Diputación Provincial, pintó un cuadro a este conquistador extremeño, con el que fueron a América verdaderos personajes de la historia hispanoamericana como Francisco Pizarro y Hernán Cortés. El cuadro se conserva en el Ayuntamiento de Brozas.
Coloco a continuación el comunicado que divulgó este mismo mes de junio la Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes y mañana el programa completo:
Un Congreso Internacional sobre el extremeño Nicolás de Ovando analizará una de las figuras más importantes de la presencia española en América. La iniciativa pretende establecer un espacio de reflexión académica que permita profundizar en el alcance histórico, político y cultural de su actuación, así como su protagonismo en el proceso de configuración del mundo atlántico.
El Congreso se celebrará entre los días 22 al 24 del próximo mes de octubre en Cáceres, Trujillo y Alcántara, organizado por la Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes en colaboración con la Consejería de Cultura, Turismo y Deportes de la Junta de Extremadura. Bajo el título de “Frey Nicolás de Ovando: el extremeño que organizó el Nuevo Mundo”, participarán destacadas personalidades del ámbito universitario de la Republica Dominicana y de España. Se pretende, por otra parte, que el Congreso sirva para Impulsar la investigación interdisciplinar en los ámbitos histórico, cultural, antropológico y patrimonial relacionados con las figuras que protagonizaron el tránsito entre la experiencia peninsular de las Órdenes Militares y la organización institucional del espacio ultramarino.
El Congreso será continuidad de los celebrados en años anteriores dedicados a estudiar respectivamente, con base científica y académica, el legado histórico de los Doce Apóstoles de Méjico y su aportación a la Evangelización, y a Hernán Cortés. En este tercer Congreso se abordará la trayectoria de Frey Nicolás de Ovando (1451-1511), bajo cuyo mandato se establecieron las primeras bases administrativas y económicas del sistema colonial, se configuró un modelo de organización laboral indígena, se impulsaron instituciones asistenciales —entre ellas los primeros hospitales del ámbito americano— y se definieron pautas urbanísticas que servirían de referencia para la posterior expansión continental.
En sus diferentes sesiones, que se celebrarán en tres de las poblaciones vinculadas a la trayectoria vital de Ovando, reunirá a reconocidos especialistas de España y de la República Dominicana, con el propósito de situar su figura en el marco de los estudios atlánticos y de la historiografía contemporánea. Con ello, la Real Academia reafirma su compromiso con la investigación histórica y con la difusión de un legado que forma parte esencial de la proyección universal de Extremadura. La clausura se celebrará en la Conventual de Alcántara en donde se encuentra la sepultura de uno de los extremeños que tuvieron un papel más destacado en la configuración del Nuevo Mundo.
Valentín Casco Fernández Cronista Oficial de la Villa de Valdetorres (Badajoz)
De nuevo el yacimiento arqueológico de Casas del Turuñuelo, cuya propiedad pertenece a la Junta de Extremadura, nos revela el pasado de las distintas culturas que habitaban en Valdetorres y su entorno.
Situada entre los ríos Guadiana y Guadámez, Valdetorres ocupa un territorio cuya riqueza natural favoreció el asentamiento humano desde la Prehistoria.
La abundancia de agua, la fertilidad de las vegas y las vías naturales de comunicación hicieron de este espacio un enclave estratégico para las distintas culturas que poblaron el valle medio del Guadiana.
El territorio fue ocupado sucesivamente por comunidades paleolíticas, neolíticas, calcolíticas, poblaciones del Bronce Final, grupos tartésicos, romanos, visigodos e islámicos, configurando una de las secuencias arqueológicas más completas de Extremadura.
Los numerosos yacimientos documentados en nuestra población permiten reconstruir una historia continuada de más de cinco mil años, circunstancia que convierte a Valdetorres en un referente para el estudio del poblamiento histórico del suroeste peninsular.
Nuestra localidad se encuentra a escasamente 2,5 km del yacimiento y es uno de los mayores ejemplos de continuidad con asentamientos desde la prehistoria.
El carro del Turuñuelo está compuesto por una caja que conserva una rica decoración figurativa: en su parte frontal aparece representado un Aqueloo, una divinidad fluvial que podría vincularse con el inframundo por su gestualidad; y en los laterales figuran dos grifos, seres mitológicos con cabeza de águila y cuerpo de león. En los extremos, dos figuras humanas con los brazos alzados sostienen la estructura, que descansa sobre dos ruedas, también decoradas. «Es uno de los hallazgos más relevantes realizados hasta la fecha en este enclave tartésico del siglo V a. C», destaca Esther Rodríguez, codirectora de las excavaciones.
Valdetorres y el mundo tartésico: un territorio abierto al Mediterráneo y al Atlántico
Entre los siglos IX y VI a. C., el suroeste de la Península Ibérica vivió el desarrollo de la cultura tartésica. Las investigaciones arqueológicas demuestran que su influencia alcanzó el valle medio del Guadiana y que Valdetorres ocupó una posición destacada en ese contexto.
La continuidad del poblamiento, la concentración de yacimientos y el descubrimiento de dos estelas de guerrero convierten a Valdetorres en uno de los enclaves más representativos para comprender la expansión de estas comunidades hacia el interior peninsular.
Los ríos Guadiana y Guadámez actuaron como corredores naturales que favorecieron el intercambio de personas, mercancías e ideas. La fertilidad del territorio y su posición estratégica explican la continuidad de la ocupación humana.
La estela de Valdetorres I constituye uno de los testimonios arqueológicos más sobresalientes del Bronce Final. Su iconografía, presidida por un gran escudo y diversas armas y figuras humanas, refleja la importancia simbólica de las élites guerreras.
La cercanía del yacimiento de Casas del Turuñuelo a nuestra población permite comprender la relevancia
histórica del entorno de Valdetorres durante la Protohistoria. Ambos enclaves forman parte de un mismo paisaje cultural de extraordinaria riqueza.
Las estelas de Valdetorres han sido incluidas en estudios internacionales que comparan el arte rupestre de la Península Ibérica y Escandinavia, situando a la localidad entre los referentes europeos para el estudio de las conexiones atlánticas del Bronce Final.
24 de junio de 2026
Emilio Arroyo Bermejo
CRONISTA OFICIAL DE VALDASTILLAS
En la crónica publicada el pasado día 20 de mayo de 2026 bajo el título «Valdastillas Vive la Cerecera», haciendo un repaso histórico de cómo llega la expansión del cultivo del cerezo, aludía a que con la aparición, en el siglo XVIII, de la quiebra del castañar propiciada por la enfermedad de la tinta, afección que produjo que el castaño fuera atacado por hongos que parasitaban y dañaban las raíces y la base del tronco bloqueando la circulación de la savia y nutrientes, ocasionando daños económicos irreparables en la región, hizo que hubiera que focalizar la atención y el trabajo en otro cultivo, el cerezo.
Así, esta crisis histórica del siglo XVIII afectó al Valle del Jerte y zonas aledañas de la cual Valdastillas no se libró.
Durante el siglo XVIII y sobre todo en las décadas centrales del mismo, la economía agraria de Valdastillas adquiere una aceptable posición, pero los años posteriores suponen una ruina pues ya azota la tinta generando malignas consecuencias.
El catastro del Marqués de la Ensenada de 1752, refiriéndose al reparto de cultivos en la localidad cuqueña, refiere que el cultivo del castaño, medido en fanegas, representaba el 63% de las tierras cultivadas, el olivo el 11, 7 %, la vid el 6,3%, el regadio el 6,8 %, los frutales el 5,6%, los prados el 4,8 % y las Moreras el O’ 5 %.
Estos datos refrendan el cuantioso daño económico que provocó la tinta, pues el 63 % de las tierras cultivables los vecinos de Valdastillas las tenían orientadas hacia el cultivo del castaño, árbol que destrozó la epidemia y se llevó por delante un producto que hasta se llegó a consumir en la Corte. El precio de la castaña era elevado, llegando a cambiarse el producto por el trigo, a razón de cuatro fanegas de trigo por una de castaña.
Esta quiebra afectó estrepitosamente a Valdastillas, sobre todo en el último cuarto del siglo XVIII y tan difícil era la situación que el Concejo le pide a Plasencia, por data, concesión de terreno público para explotar los amplios baldíos valdastillanos, que ocupaban una superficie de 4200 fanegas y que eran de aprovechamiento comunal de los vecinos de la ciudad de Plasencia y de su alfoz,
territorio rural o conjunto de aldeas que dependían administrativamente y jurídicamente de Plasencia, elevándose solicitud para anexionar los baldíos cercanos a la dehesa boyal de Valdastillas y así aumentar la extensión de terreno cultivable.
Pero el camino no fue fácil, las gestiones se prolongaron en el tiempo y se gravó con una carga de 100 maravedíes a favor de los Propios de la Ciudad. Tanto se alargaron los trámites que se había solicitado en 1776 y no fue hasta 1782 cuando se ratifica por data los baldíos solicitados, unos en la umbría y otros en la solana, entregando la Carta-Data y despacho.
Pero lo que parecía solucionado, volvió a encontrar una reclamación por parte del pueblo de El Torno, alegando que baldíos entregados a Valdastillas habían sido de El Torno. Hubo litigio en los tribunales placentinos, pero al final Valdastillas y El Torno optaron por la concordia, se pusieron de acuerdo en cuanto a algún baldío y así en 1785 el litigio se dio por concluido.
A pesar de disponer de más terreno con el sistema de datas, la realidad es que otra parte de la propiedad terrícola de Valdastillas estaba en manos muertas, convirtiéndose en bienes fuera del mercado o amortizados, lo que impedía aumentar el espacio cultivable.
Los pegujaleros posteriormente vuelven a recurrir al sistema de datas, pero con condiciones mucho más gravosas y con otro sistema de recaudación, pues ahora no sería el ayuntamiento placentino el encargado de recaudar los tributos a cada vecino, sino que el ayuntamiento placentino se lo cobraría al ayuntamiento de Valdastillas y luego este se lo cobraría de forma individual a sus vecinos. Recordar que a mitad de la centuria este mismo sistema de cobro también afectó a Piornal por lo que ambos municipios pleitearon con Plasencia, fallando la Real Chancillería vallisoletana a favor de Plasencia en 1754.
Los gravámenes eran elevados, por lo que se optó por rompimientos ilícitos de terreno, con el fin de aumentar el patrimonio cultivable, lo cual no era fácil, pues Plasencia estaba alerta y mandaba comisionados e impedía los prohibidos rompimientos y apoderamientos imponiendo multas.
Ante ello, se facilita terrenos de los Propios, pero también con múltiples dificultades, y vuelven a aparecer litigios, hasta el punto de que en 1776 se niega a Valdastillas utilizar el producto de los castaños regoldanos (no injertos) suponiendo otro nuevo inconveniente.
Pero el agricultor no se da por vencido e intenta recuperar los castañares perdidos saneándolos, labrando y abonando los pies, resultando todo el esfuerzo estéril. Recurren, como en épocas anteriores, al reparto de tierras por data, pero aún así el reparto es escaso, pues mucha parte de la propiedad sigue estando en manos de propietarios foráneos y propiedades eclesiales.
La solución se centra en recuperar los cultivos tradicionales como la producción hortelana, vitivinícola, oléicola y frutícola y de esta manera, tomar el peso de la producción agrícola de Valdastillas aquellos productos, que según recogía el Catastro del Marqués de la Ensenada de 1752, ocupaban un menor porcentaje de implantación, pero que ahora, debido a la fatídica tinta, no quedaba más remedio que recuperar en una fracción mayor.
Una epidemia agrícola hace cambiar los designios de un pueblo, transforma sus modos de vida, pero el tesón del cuqueño busca nuevas posibilidades agrarias y pasados los años, la implantación del cerezo, de forma progresiva, sobre todo en el siglo XX y más en los últimos cincuenta años, el cerezo ha supuesto un ingente motor económico que ha colocado a Valdastillas y al Valle del Jerte en los circuitos internacionales, poniendo en valor su fruto estrella, su oro rojo, la cereza.
Manuel García Cienfuegos
Cronista Oficial de Montijo y Lobón
cienfuegos@cronicasdeunpueblo.com
A propósito de la festividad de San Juan Bautista. Al entrar en la iglesia de San Pedro Apóstol por la puerta que da al mediodía, el visitante se encuentra frente a tres capillas. Escribo sobre la más próxima a la capilla mayor, situada al lado del Evangelio, que antaño tuvo el nombre de San Juan Bautista, fundada en 1608 por el matrimonio Juan Pérez Gragera, el hidalgo, y María Sánchez Gragera, la rica, teniendo por patronos el Cabildo de la villa. Dispusieron que además que ésta se dotara de una capellanía y una obra pía para casar huérfanas, previéndola con un capital de mil cuatrocientos ducados.
Al fallecer el matrimonio fundador la capilla de San Juan pasó a su hermano Bartolomé Sánchez Gragera, y posterior a sus hijos Pedro Gragera y Sancho González, éste casado con Catalina Rodríguez Moreno, padres de Leonor Martín Gragera, mujer del Capitán de caballos, Toribio Mateo Gragera, abuelos paternos del I Conde de la Torre del Fresno, don Toribio Diego Gragera Bérriz Gragera, (Rama Gragera-Torrefresno). Leonor Martin Gragera fue enterrada en la capilla el 18/XII/1715.
Con los años, la administración de la capilla tomó otra rama familiar: Gragera-Asensio-Barrena y posterior Bootello de San Juan Gragera-Mendoza. Dando comienzo con Pedro Gragera, casado con Catalina López, prosigue su hijo Juan Pérez Gragera, continúa en el hijo de éste, Martín Asensio Gragera, pasando a Pedro Gragera Asensio, de éste a su hermano, el presbítero Juan Pérez Gragera, y de éste a su sobrina María Joaquina Gragera Mendoza.
Con ésta última la capilla llega a la familia Bootello de San Juan-Gragera Mendoza. Tomando entonces la advocación de la Sagrada Familia. El 24/XI/1700, miembros de la Real Chancillería de Granada, llegan a la villa de Montijo requiriendo la presencia del cura párroco Rodrigo Alfonso Barrena y Gragera, de la Orden de Santiago, y del Capitán de caballos corazas, Diego San Cebrián de la Quadra, testigos que habían depuesto en la probanza de la Ejecutoria por parte de los hermanos Sancho y Alonso Gragera, describiendo el ornato de la capilla. En la parte exterior de la cornisa de la capilla, con letras mayúsculas de oro un rótulo que decía “Híçola María Sánchez, mujer de Juan Pérez Gragera el hidalgo, año de 1608”. Por la parte interior de la cornisa otro rótulo del mismo género de letras que decía “Internatus mullerum non su rexit Mayor Joane Baptista (no ha surgido entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan el Bautista).
En ella estaba un retablo de madera con columnas doradas y lo demás estofado de oro y colorado, y en el nicho del medio del retablo una imagen de talla de San Juan Bautista y a los lados, de cuerpo entero, en lienzo pintado los apóstoles: San Pedro y San Pablo; y encima de este cuerpo otros tres lienzos pintados: en el medio, el Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo, y a los lados Santa Águeda, y Santa María Magdalena. El retablo se veía coronado con una Santa Cruz.
En el arco frontal, pintado en la pared un escudo de armas, con un solo cuartel formado por cinco grajas (Gragera) negras en campo de oro, puestas en sotuer, en pie. También pintadas las imágenes de Nuestra Señora y San Esteban, los Evangelistas y otras. La remodelación hecha en la capilla por Joaquín Bootello de San Juan Gragera, acogió dos altares hechos de fábrica. El frontal con las imágenes de San Juan Bautista, San Joaquín y San Francisco Javier, y en el lateral la Sagrada Familia. Su hija Joaquina casó con Luis de Mendoza Villanueva, recayendo la administración de la capilla en esta familia, siendo cedida por Luis Alfonso de Mendoza Bootello y Tous de Monsalve en agosto de 1968 a la cofradía del Santísimo Cristo de la Agonía y María Santísima de los Dolores, entronizando en ella sus imágenes titulares. El Cristo de Limpias, trocado en la Agonía, y la Virgen, obra del escultor hispalense Francisco Buiza Fernández (Carmona, 1923-Sevilla, 1983), adquirida en 1967, concebida como imagen de Gloria y trocada por su imaginero en Virgen de Pasión.
23 de junio de 2026
Emilio Arroyo Bermejo
CRONISTA OFICIAL DE ZARZA LA MAYOR
Mañana se celebra en Zarza la Mayor el día de San Juan, pero hoy la localidad, a los pies de su ermita, celebra la tradicional velada con su hoguera, ponche, dulces, bailes y música.
Juan el Bautista (y no confundirlo con Juan el Apóstol, el discípulo amado y a la vez evangelista), nace el año 6 antes de Cristo, primo de Jesús que administra el bautismo como sacramento central de su vida pastoral. En los libros sagrados se nos presenta como el Ministro que bautizó a Jesús y que según el evangelio de San Lucas, se produce cuando tiene 30 años aproximadamente.
Estudiosos y algunos evangelios defienden que Jesús pudo ser discípulo de Juan y algunos discípulos de Jesús pudieron ser antes discípulos de Juan.
Fue mártir, decapitado como castigo por haber denunciado el matrimonio ilícito del rey con la esposa de su hermano.
San Juan Bautista en Zarza la Mayor es venerado en la ermita barroca de su nombre, obra arquitectónica construida con mampostería y sillares, datada en el siglo XVII, cuya génesis la debemos al mecenazgo de un Sande, don Juan de Sande, que ejercía de canónigo en el cabildo catedralicio de Coria. La ermita zarceña de San Juan es un templo religioso íntimamente unido a la casa solariega contigua, unidas ermita y vivienda por el pasadizo y siempre conocido arco de San Juan, constituyendo, ambas edificaciones, una de las estampas más bellas que posee Zarza la Mayor, quedando, como recuerdo, en ambas fachadas, escudos del linaje familiar del mecenazgo.
Arquitectónicamente bella y coqueta presenta la ermita una fachada con sillares dispuestos en tres calles con casetones rehundidos, dos cuerpos y un frontispicio partido donde se aloja la campana en su bonita espadaña. Planta de cruz latina, iluminada desde el exterior a través de óculos y la cúpula o linterna del crucero.
En 1995 sufrió la ermita algunas reformas que ayudaron a mejorar sus condiciones, pero también estas mejoras taparon, al ser encaladas, las pinturas al fresco que existían en la bóveda.
Cuenta la ermita con dos imágenes del santo, una en la hornacina central de la fachada, escultura de características barrocas resaltando por su dramatismo y expresividad, elementos comunes en las obras escultóricas de la época. La otra imagen, es una talla policromada que se encuentra en una hornacina avenerada situada en el presbiterio y que antes era acogida en un retablo neogótico del XIX. El arte mueble de la ermita se completa con dos retablos neogóticos, procedentes de la Iglesia Parroquial que acogen a San Isidro Labrador y a Nuestra Señora de la Asunción.
La ermita de San Juan fue declarada monumento histórico en 1982, bien protegido por la ley 16/1985, de 25 de junio, de Patrimonio Histórico Español (BOE núm. 155, de 29 de junio de 1985).
Antaño los días de San Juan en Zarza eran día de feria de ganado y diversión y como tal la vivían los zarceños.
Prueba de ello es que el 24 de junio de 1914 quedó inaugurada la Plaza de Toros que hoy tiene Zarza y para la ocasión torearon cuatro toros de la ganadería del Campo de Salamanca los diestros Antonio Álvarez Gavilán (Alvarito de Córdoba 1880-1927) y ángel Fernández Pedraza (Angelete 1892-1931) natural de Baños de Montemayor.
Estos festejos, coincidiendo con la Feria de San Juan, se siguieron celebrando, pues en 1935, con la ganadería de German Dueñas, se llevó a cabo una novillada para el espada Chico de la Botica; en 1936, el día 24 de junio a las 8 de la mañana diana por la Banda Municipal de Plasencia, a las 12 concierto por la misma banda en la Plaza y por la tarde, con la misma ganadería se celebra una novillada para los espadas Juan García (Niño de la Alhambra) y Antonio Cáceres (Marcelo) y por la tarde- noche verbena popular; en 1939, diana por la mañana, concierto a las 11, novillada para Joselito Romero y concierto de la banda de música a las 21 horas en la Plaza y bailes en los salones de la localidad; y en 1942, dos novillos de Germán Dueñas para el espada Emiliano Astudillo.
Razones varias, con el paso del tiempo, fueron dando paso y más portagonismo a otras festividades en Zarza, pero a pesar de perder la feria de San Juan, el sentido religioso no lo ha perdido y esta celebración no ha decaído totalmente. Esta noche, como viene siendo tradicional, con el apoyo del Ayuntamiento, la estimable colaboración de la charanga de la localidad, la presencia de la vecindad, los mayordomos, la parroquia y todos los zarceños y visitantes que lo deseen, volverá a sonar la campana de la ermita como reclamo a la velada, a la hoguera en el atrio elevado del oratorio, a degustar dulces típicos y buen ponche maridado con buenos bailes al son de buena música por la charanga local con sus tambores y cornetas, para mañana, honrar a San Juan Bautista en su misa y procesión por las calles de Zarza.
Que celebremos la llegada del solsticio de verano, que se purifique y alejen los malos espíritus y las personas que se atrevan a saltar la hoguera, sean protegidas contra las malas energías y las personas que no lo hagan, con su presencia ante la hoguera, alcancen la protección necesaria.
Y felicidades por su onomástica, a los Juanes y Juanas.
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