DON ANDRÉS ANES FERNÁNDEZ
Por Valentín Casco Fernández, Cronista Oficial de la Villa de Valdetorres (Badajoz)
Mi tío Andrés, el cura: una vida entregada al servicio de la Iglesia y de los demás
Recuerdo con enorme cariño a mi tío Andrés Anes, a quien en la familia llamábamos cariñosamente «el cura». Para mí, su recuerdo está unido a mis raíces extremeñas, a la familia y a una de las tradiciones que conservo desde que tengo uso de razón.
Todos los años, el 8 de septiembre, mi padre nos llevaba a visitar su pueblo, Logrosán, y después nos desplazábamos a la Puebla de Guadalupe para asistir a la procesión en honor de Nuestra Señora Santa María de Guadalupe, patrona de Extremadura y reina de la Hispanidad, nuestra querida Morenita de las Villuercas.
Allí nos encontrábamos con mi tío Andrés, que desde Almería acudía cada año para visitar a la Virgen en su festividad. Era un hombre profundamente devoto de Nuestra Señora de Guadalupe, cuya fe formaba parte esencial de su vida.
Hoy quiero recordar su figura y rendirle mi particular homenaje, recuperando los aspectos más destacados de una existencia marcada por la vocación sacerdotal, la humildad, la cultura y la entrega a los demás.
De Logrosán a Almería: una vocación desde la infancia
Mi tio Andrés nació en Logrosán (Cáceres) el 17 de febrero de 1927. Fue el sexto de los ocho hijos de mi tío abuelo, Andrés Anes Piñango y Josefa Fernández, quienes lo educaron en un hogar humilde, trabajador y profundamente cristiano.
Desde niño sintió una especial inclinación hacia el sacerdocio. La influencia de don Manuel López Sánchez-Mora, párroco de Logrosán, fue decisiva para despertar aquella vocación que habría de acompañarlo durante toda su vida.
En 1940 ingresó en el Seminario de Plasencia. Posteriormente, debido al traslado laboral de su padre a Almería, continuó allí sus estudios eclesiásticos. A pesar de las dificultades y de tener que alejarse de su tierra natal, nunca abandonó su propósito.
El 31 de mayo de 1952 fue ordenado sacerdote en Barcelona, durante el XXXV Congreso Eucarístico Internacional. Eligió como lema de su sacerdocio unas palabras que resumen perfectamente su existencia: «Para servicio de la Santa Iglesia».
Y, ciertamente, cumplió ese compromiso hasta las últimas consecuencias.
Una vida de entrega pastoral
Su ministerio comenzó en distintas localidades de la provincia de Almería, entre ellas Sierro, Tíjola, Topares, Alhabia y Alsodux. En todos estos destinos destacó por su dedicación a la vida parroquial, la educación, la formación cristiana y la atención a los más necesitados.
En 1964 llegó a Alhama de Almería, donde desarrolló una intensa labor pastoral durante once años. Impulsó la vida religiosa, renovó las celebraciones litúrgicas y dedicó una atención especial a los niños y jóvenes. Organizó catequesis, coros, actividades culturales y representaciones teatrales, convencido de que la educación era fundamental para el crecimiento de las personas y de la sociedad.
Junto a su hermana y mi tía María Luisa, maestra de profesión y colaboradora incansable, promovió iniciativas educativas que contribuyeron a mejorar las oportunidades de formación de muchos jóvenes. Ambos entendían su labor como una forma de servicio a la Iglesia y a la comunidad.
Mi tío también se distinguió por su caridad. Visitaba a los enfermos, ayudaba a quienes atravesaban dificultades y procuraba acercarse a todas las personas, sin distinción. Su carácter humilde y su profunda fe no le impedían tratar con respeto y afecto incluso a quienes se encontraban alejados de la Iglesia.
En 1975 fue destinado a la parroquia de San Pío X, en el barrio almeriense de El Zapillo, donde continuó su ministerio hasta el final de sus días. También ejerció como profesor de Religión y Moral Católica en varios institutos de Almería y desempeñó responsabilidades pastorales como arcipreste.
Su capacidad de trabajo, su sensibilidad musical y su amor por la cultura fueron cualidades que acompañaron siempre su vocación sacerdotal.
Un sacerdote que vivió hasta el final su vocación
Si algo sobresale en la trayectoria de mi tío Andrés es su fidelidad a la misión que había elegido desde niño. Su sacerdocio no fue simplemente una profesión, sino una forma de entender la vida y de ponerse al servicio de los demás.
Su entrega llegó hasta el extremo de que, encontrándose gravemente enfermo, no dudó en abandonar su lecho para atender a un moribundo. Aquel esfuerzo agravó su estado de salud y terminó afectando mortalmente a su corazón.
Falleció en Granada el 27 de febrero de 2002, a los setenta y cinco años. Sus restos fueron sepultados en el cementerio municipal de San José, en Almería, la tierra donde había desarrollado la mayor parte de su ministerio.
Su recuerdo permanece vivo entre quienes lo conocieron, especialmente entre sus antiguos feligreses, que guardan memoria de su cercanía, su generosidad y su dedicación incansable.
El recuerdo de mi tío Andrés
Para mí, no es únicamente el sacerdote que desarrolló una importante labor pastoral en tierras almerienses. Es, ante todo, mi tío, aquel al que llamábamos cariñosamente «el cura» y al que recuerdo con especial afecto en nuestras visitas a Logrosán y en aquellos encuentros del 8 de septiembre en Guadalupe.
Su vida estuvo marcada por dos tierras que forman parte de su historia: Extremadura, donde nació y descubrió su vocación, y Almería, donde entregó lo mejor de sí mismo al servicio de la Iglesia y de sus feligreses.
Hoy, al evocar su memoria, siento orgullo por su trayectoria y gratitud por el ejemplo que dejó. Su historia nos recuerda que la grandeza de una persona no siempre se mide por los honores recibidos, sino por el bien que ha hecho, por las vidas que ha ayudado y por la huella que permanece en el corazón de los demás.
Mi tío Andrés vivió para servir y sirvió hasta el final.
Su recuerdo sigue siendo para mí motivo de cariño, admiración y respeto.
Que la Virgen de Guadalupe, a la que tanta devoción profesó, lo tenga siempre bajo su manto.
Con todo mi cariño y recuerdo, en memoria de mi tío Andrés Anes Fernández.
Valentín Casco Fernández
Cronista Oficial de la Villa de Valdetorres (Badajoz)
Bibliografía:Eco de Alhama. Número 41-diciembre 2011
Archivo familiar
Situada en la arteria central de Montijo y con el nombre de la que fue emperatriz de los franceses por su matrimonio con Napoleón III. Eugenia María Guzmán Portocarrero (Granada, 1826-Madrid, 1920), hija del VIII conde de Montijo, don Cipriano Portocarrero y Palafox (1784-1839) y María Manuela Kirkpatrick de Closeburn. Eugenia de Montijo, que así quiso llamarse, fue hermana de María Francisca Portocarrero Palafox (1825-1860), cuatro veces grande de España, por sus títulos de XII duquesa de Peñaranda de Duero, XVIII condesa de Miranda del Castañar, IX condesa de Montijo y Baños, que contrajo matrimonio con Jacobo Fitz-James Stuart y Ventimiglia, XV duque de Alba.
Hoy quiero llamar a la memoria de los quehaceres de este territorio: El cine Emperatriz, donde la luz corría por el pasillo en busca de la pantalla. La zapatería de Juan López. El estanco de Tirado. La taberna del Basero, Cristóbal Gil Hidalgo. La carnicería de María Cruz. El Banco Central. Cafetería Mariola. El Banco Hispano Americano, luego Central Hispano. El puesto de pipas y chucherías de Toribio Jiménez Díaz. El jardín que tuvo en su parte central la Avenida. El comercio de Manolo Piquito. Demetrio Holguín, que fue militar y tuvo una barbería, donde hoy está la Administración de Loterías. Juanita Holguín Pedraja, que cogía las carreras de las medias. Los hermanos Navarrete, que eran de Lucena y ponían, en la feria, allí, un puesto con artículos de ferretería. Tomás Holguín Pedraja, ganador de un concurso de mecanografía en la Feria, seguido por los hermanos Alejo y Santiago Mendo Galán. Paco el dulcero y sus bombones de bellota Loriana. Retales La Rambla, la Heladería Gradel (Gragera Delgado)… Pero especialmente enmarco los saludables paseos de las parejas, avenida para arriba, avenida para abajo.
(Las imágenes captan la evolución que ha venido experimentando la Avenida Emperatriz Eugenia, desde los años cincuenta a nuestros días)
Manuel García Cienfuegos
Cronista Oficial de Montijo y Lobón
cienfuegos@cronicasdeunpueblo.com
FIN DE SEMANA ROSA EN ZARZA LA MAYOR
20 de octubre de 2026
Emilio Arroyo Bermejo
CRONISTA OFICIAL DE ZARZA LA MAYOR
Una sociedad debe distinguirse por su preocupación social en apoyar y ayudar en las distintas necesidades que se presentan en la vida, las cuales, por desgracia, son muchas y que afectan a personas individuales, colectivos o lugares.
Zarza la Mayor ha demostrado esa solidaridad y en momentos difíciles siempre ha estado dispuesta a arrimar el hombro, aportando granitos de arena que se convierten en fuertes rocas de apoyo, pues la dadivosidad del zarceño siempre se hace presente.
Zarza la Mayor vivirá los próximos días 23, 24 y 25 de octubre las lV Jornadas Solidarias dentro del Fin de Semana Rosa.
Con un extenso programa de actividades organizadas con la colaboración del Ayuntamiento, asociaciones locales, Comisión de Festejos, establecimientos locales, Cruz Roja y voluntarios de Zarza la Mayor, intentarán lograr una gran recaudación económica en favor de la Asociación Oncológica Extremeña con sede en Coria.
Zarza la Mayor y todo el que lo desee podrá disfrutar de diferentes actividades solidarias que darán inicio el viernes día 23 con un MERCADO SOLIDARIO en la Plaza Mayor por la mañana y a las 19,30 en la Casa de Cultura CONCIERTO FOLKLÓRICO DE ACORDEONES.
El sábado 24, día central, a las 10 horas, II RUTA ECUESTRE con salida desde el Pabellón Municipal con aperitivo campero y comida.
A las 11,30 horas MARCHA ROSA con salida desde el Pabellón Municipal para
a las 12 horas en la Plaza Mayor, CHARLA DE CONCIENCIACIÓN a cargo de la psicóloga María Herrero y acto seguido dar LECTURA DE UN MANIFIESTO de apoyo a la causa.
A las 13 horas APERITIVO SOLIDARIO compuesto por tortilla de patatas y bebida.
Por la tarde, a las 17 horas, CAPEA SOLIDARIA en la Plaza de Toros y
a las 19 horas en la Plaza Mayor BINGO SOLIDARIO.
Por la noche, a las 00:00 horas en el centro de desinfección, NOCHE DJ´S solidario con la participación de Dj Toñete y Dj Tore.
Se cierra el FINDE ROSA el domingo 25, iniciado con un DESAYUNO SOLIDARIO en el Pabellón Municipal.
De 12 a 14 horas en el Pabellón Municipal MUNDO INFANTIL solidario con castillos hinchables, pintacaras, cuentos, PASATIEMPOS y actividades diversas.
A las 13 horas, en el Pabellón Municipal, ACTUACION CHARANGA LOCAL ¡Ay Gregoria!
Y como colofón a las IV Jornadas Solidarios, a las 14,30 horas COMIDA SOLIDARIA con patatas con carne, pan, bebida y postre.
Zarza la Mayor ofrecerá lo mejor de sí, ayuda, colaboración y afecto a través de estas jornadas.
En las ediciones anteriores del fin de Semana Rosa la implicación y dadivosidad de los zarceños fue extraordinaria y así en 2023 la recaudación ascendió a 6884,93 euros; en 2024 fueron 4449,88 euros y en 2025 la cuantiosa cantidad de 8330,92 euros destinados a la AECC con sede en Coria.
Por ello en esta edición de 2026 no va a ser menos, Zarza volverá a demostrar su solidaridad, aportación económica que irá destinada a la Asociación Oncologica de Extremadura en Coria para aportar fondos para la investigación a favor del cáncer de mama.
Que Zarza destaque por su solidaridad debe ser otro motivo más de orgullo zarceño.
(Los ticket para el desayuno solidario y la comida solidaria se adquieren en el Ayuntamiento hasta el jueves día 22. Para el resto de propuestas, en las taquillas de cada actividad).
Emilio Arroyo Bermejo
CRONISTA OFICIAL DE ZARZA LA MAYOR
Valdetorres, tierra de agua y vida: el río Guadámez y el paraje
de «El Pico»
Por Valentín Casco Fernández
Cronista Oficial de la Villa de Valdetores (Badajoz)
El agua, una riqueza natural de Valdetorres
Valdetorres es una población cuya historia, paisaje y riqueza natural no pueden comprenderse sin tener en cuenta un elemento esencial: el agua.
Situada en las Vegas Altas del Guadiana, en una tierra fértil de la provincia de Badajoz, nuestra localidad ha mantenido desde antiguo una estrecha relación con los ríos, arroyos y terrenos que la rodean.
El agua ha sido fuente de riqueza, sustento
para sus habitantes, recurso para la agricultura y lugar de encuentro y esparcimiento para generaciones de valdetorreños.
Hablar de Valdetorres es hablar del Guadiana, del río Guadámez y del arroyo Chaparral, tres referencias fundamentales para entender la configuración de nuestro territorio y la importancia que el medio natural ha tenido en la vida de sus gentes.
Esta presencia de agua ha contribuido a
modelar el paisaje, favorecer los cultivos y crear espacios de gran atractivo, en los que la naturaleza y la memoria colectiva se dan la mano.
La abundancia de agua constituye uno de los grandes valores de nuestro término municipal. En una región como Extremadura, donde las condiciones climáticas alternan periodos de lluvias con
largos meses de calor y sequía, disponer de ríos, arroyos y tierras vinculadas a la vega ha representado históricamente una ventaja de enorme importancia.
El agua ha sido indispensable para el desarrollo de la agricultura, actividad que ha marcado durante siglos la economía y la identidad de Valdetorres. Las tierras de su entorno, favorecidas por la proximidad de los cursos fluviales y por las posibilidades de aprovechamiento de los recursos hídricos, han permitido el desarrollo de cultivos que forman parte de nuestro paisaje y de nuestra tradición agraria. Huertas, olivares, viñedos y, en las zonas de regadío, otros cultivos propios de las Vegas Altas, reflejan esa relación entre el trabajo del hombre y la generosidad de la tierra.
Pero la riqueza del agua no debe medirse únicamente por su utilidad económica. También se encuentra en el valor ecológico de las riberas, en la vegetación que acompaña a los cauces, en la presencia de aves y otras especies, y en la belleza de unos paisajes que cambian con las
estaciones. El agua es, en definitiva, patrimonio natural y una parte esencial de la identidad de nuestro pueblo.
El río Guadámez y «El Pico»: un lugar en la memoria de los valdetoreños
Entre los espacios vinculados al agua destaca especialmente el río Guadámez, conocido por los vecinos de Valdetorres, en el paraje al que nos referimos, con el nombre popular de «El Pico». Más
allá de su dimensión geográfica, este lugar posee un significado humano y sentimental que merece ser recordado y transmitido a las nuevas generaciones.
El Guadámez forma parte del paisaje cotidiano e histórico de nuestro municipio. Sus aguas y sus riberas han ofrecido un entorno natural en el que el hombre ha encontrado recursos, descanso y contacto directo con la naturaleza. En el paraje de «El Pico», el río se convierte también en
protagonista de los recuerdos de muchos valdetorreños, que conservan en su memoria las jornadas de baño, los encuentros con familiares y amigos y aquellos días de verano en los que
acercarse al agua suponía una de las formas más agradables de combatir el calor.
Para muchas personas, el río continúa siendo una auténtica playa natural. Cuando llegan las altas temperaturas estivales, sus aguas constituyen un lugar de recreo al aire libre, donde pequeños y
mayores comparten momentos de diversión y convivencia. No se necesitan grandes instalaciones ni complejos equipamientos: basta el agua, la sombra, el paisaje y la compañía de los seres queridos para convertir una jornada junto al Guadámez en un recuerdo imborrable.
Aquellos baños pasados y presentes forman parte de una historia popular que no siempre aparece recogida en los
documentos escritos, pero que permanece viva en la memoria de quienes los disfrutaron. Son recuerdos transmitidos de padres a hijos, relatos de una infancia vinculada al campo y al río, y testimonios de una forma de vida en la que la naturaleza constituye uno de los principales espacios de ocio.
Por ello, «El Pico» merece ser considerado no solamente como un paraje fluvial, sino también como un lugar de memoria colectiva. En sus aguas y en sus orillas se encuentran las experiencias personales de numerosas generaciones de vecinos de Valdetorres.
Un paisaje de agua, vegetación y belleza
El encanto de estos parajes reside asimismo en la armonía entre el agua y la vegetación. Las riberas, los cañaverales, los árboles y los reflejos que se forman sobre la superficie del río ofrecen
una estampa de gran atractivo, especialmente durante las primeras y últimas horas del día.
En el paisaje de «El Pico», el agua adquiere una dimensión visual y emocional. El movimiento de la corriente, la vegetación de las orillas y la luz que se refleja sobre el cauce componen una imagen serena, capaz de recordarnos la importancia de conservar los espacios naturales que forman parte de nuestro patrimonio.
El río Guadámez constituye, además, un elemento de interés para quienes desean conocer una Extremadura menos conocida, en la que la riqueza natural no se limita a los grandes espacios
protegidos o a los enclaves turísticos más divulgados. También se encuentra en los pequeños parajes locales, en los caminos que conducen a la ribera y en aquellos lugares que los vecinos han incorporado a su vida cotidiana a lo largo del tiempo.
A ello se suma la proximidad del Guadiana y del arroyo Chaparral, que completan un entorno en el que el agua ha tenido una presencia determinante. Esta realidad permite comprender mejor la
importancia del territorio de Valdetorres, situado en una zona donde la relación entre los cauces fluviales, las tierras de cultivo y los asentamientos humanos ha sido fundamental.
De la riqueza agrícola al patrimonio natural y cultural
La abundancia de agua ha de entenderse como un recurso que exige responsabilidad. Los ríos han proporcionado beneficios a las poblaciones, pero también recuerdan, mediante las crecidas y los desbordamientos, que son sistemas naturales dinámicos que deben respetarse.
La conservación de sus cauces, la protección de las riberas y la prevención de la contaminación son cuestiones esenciales para garantizar que las generaciones futuras puedan seguir disfrutando de estos espacios.
En la actualidad, el valor del Guadámez y de parajes como «El Pico» puede contemplarse desde una perspectiva más amplia. A su importancia agrícola se añaden sus posibilidades ambientales,
educativas, recreativas y turísticas. Su conocimiento puede contribuir a divulgar la riqueza natural de Valdetores y a reforzar el sentimiento de pertenencia de sus habitantes.
Sería deseable que los recuerdos relacionados con los antiguos baños del río se recogieran mediante testimonios orales, fotografías familiares y relatos de quienes conocieron aquel lugar en
distintas épocas. De esta manera, la memoria de «El Pico» podría conservarse como parte de la historia local, junto a otros elementos patrimoniales que explican la evolución de nuestro
municipio.
El patrimonio de un pueblo no está formado exclusivamente por sus monumentos, sus documentos históricos o sus restos arqueológicos. También lo constituyen sus paisajes, sus
costumbres, sus lugares de reunión y aquellos espacios naturales que han acompañado la vida de sus vecinos. El río Guadámez reúne muchas de estas dimensiones: naturaleza, aprovechamiento
económico, tradición y recuerdos compartidos.
Valdetorres, un pueblo unido al agua
Como Cronista Oficial de la Villa de Valdetorres, considero que debemos prestar una atención especial a esta riqueza natural, tantas veces presente en nuestra vida cotidiana que corremos el
riesgo de no valorar suficientemente su importancia.
El Guadiana, el Guadámez y el arroyo Chaparral forman parte de una geografía que ha condicionado nuestra historia y ha contribuido a configurar el paisaje que hoy conocemos. Sus aguas han favorecido la actividad agrícola, han enriquecido el entorno natural y han ofrecido a los
valdetorreños espacios de encuentro y recreo.
Entre todos ellos, «El Pico» ocupa un lugar particular por su vinculación con los baños estivales y con los recuerdos de tantas personas que encontraron allí descanso, diversión y convivencia.
Recuperar su memoria es también reconocer una parte de nuestra historia social, esa que no siempre figura en los libros, pero que permanece en las conversaciones, en las fotografías
antiguas y en el recuerdo de nuestros mayores.
Valdetorres posee una riqueza que va más allá de sus tierras de cultivo. Es también un pueblo de ríos, riberas y paisajes ligados al agua. Una riqueza natural que debemos conocer, cuidar y transmitir, porque forma parte de nuestra identidad y constituye un legado para quienes vendrán después.
El agua ha dado vida a nuestra tierra; el Guadámez ha formado parte de la vida de
nuestros vecinos, y «El Pico» permanece en la memoria de Valdetorres como uno de esos lugares donde naturaleza, historia y sentimientos se encuentran.
Recientemente se ha dado a conocer la restauración del “Cuadro de Ánimas” de Hinojal, por parte de dos excelentes restauradoras, Raquel Flores Cruz, con formación en Conservación y Restauración de Bienes Culturales, y Janire Sancho Templado, con el Grado de Conservación y Restauración por la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Sevilla, en su taller de la ciudad de Cáceres por sugerencia del sacerdote responsable de la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción Luis Vidal Arias Moreno, quien tuvo a bien ponerme en contacto con estas dos profesionales que me elaboraron el siguiente informe del cuadro y me facilitaron varias fotografías de cómo estaba antes de su restauración y del estado final. La obra, del siglo XVIII, pertenecía a la ermita de San Juan (hoy reconvertida en la Plaza Mayor en casa particular) y que en 1928 se convirtió en parroquia provisional, al estar el edificio de la iglesia de la Asunción en obras mandadas hacer por el obispo Feliciano Rocha Pizarro, natural de Hinojal. Ese mismo año fue nombrado obispo auxiliar de Toledo con el cardenal Pedro Segura, quien anteriormente había sido obispo de Coria.
Veamos el informe de las restauradoras. La obra que ha sido restaurada se trata de un cuadro de Ánimas de grandes dimensiones (2,70m x 1,60m), rematada con un marco en madera con tallas en las esquinas y calles. El cuadro se encuentra en la iglesia parroquial de Hinojal, pero desconocemos si se trata de su ubicación original. El daño principal que presentaba la obra era una aureola en la zona inferior izquierda provocada por una gotera y que había degradado la policromía hasta el punto de no poder apreciar lo representado en el lienzo. El daño afectaba tanto a la policromía como a la preparación, dejando a la vista en soporte de tela de lino.
Otro daño importante era la pérdida de capa pictórica en partes importantes del perímetro del cuadro causada por el deterioro mecánico del mismo y la importante rotura con pérdida del soporte de tela en la zona inferior izquierda.
El lienzo sufría deformaciones y debilitamiento estructural debido a exposición prolongada a humedad lo que ha provocado fisuración (craquelado) en algunas zonas y pérdida de policromía. A estos daños debemos añadir los provocados por el envejecimiento natural de los materiales como los barnices oxidados y envejecidos, ligera capa de suciedad superficial no adherida. El bastidor que soporta el lienzo no se encontraba en buen estado, a lo que había que añadir que su tamaño no se ajustaba a las dimensiones del marco. Respecto al marco, éste se encontraba totalmente repintado en tonos marrones y con las tallas cubiertas de purpurina. Algunas tallas habían sufrido pérdidas de soporte especialmente evidentes en la zona central derecha Por todos estos daños la intervención realizada era importante para evitar que los materiales continuaran degradándose y seguir perdiendo policromía. El primer paso ha sido la retirada del lienzo respecto del bastidor para posteriormente separar el lienzo del bastidor, lo que nos permite tratar cada elemento por separado. Al lienzo se le realizó una primera limpieza mecánica y controlada mediante aspiración para retirar la suciedad no adherida, lo que nos permitió comprobar el mal estado del soporte, por lo que decidimos reentelar. El primer paso es proteger la capa pictórica con un empapelado para posteriormente, y previa limpieza del reverso, adherirla a un tejido de lino que ya había sido tratado también. El estado del bastidor no era bueno, por lo que se decidió sustituirlo por otro nuevo que se ajustara a las medidas del marco y que pudiera soportar la correcta tensión de la tela evitando deformaciones. Tras la limpieza química de la capa pictórica para retirar los barnices oxidados y la suciedad adherida, se estucaron todos los desprendimientos hasta dejar la superficie perfectamente enrasada. Posteriormente se procedió la reintegración de las lagunas mediante acuarela por ser una técnica estable y reversible. La intervención del lienzo termina con el barnizado que protege la obra. Respecto al marco, se retiraron los repintes en tonos marrones y purpurinas, con medios químicos y mecánicos, que ocultaban la policromía original. Se repusieron las tallas desaparecidas y que interferían en la contemplación de la obra con técnicas igualmente reversibles. Una vez limpia la superficie se estucaron las lagunas y se reintegraron acorde al original para dar unidad al conjunto. El paso final es la colocación del lienzo en el marco ajustándolo por el reverso. Raquel Flores y Janire Sancho
Manuel García Cienfuegos Cronista Oficial de Montijo y Lobón cienfuegos@cronicasdeunpueblo.com
Nacido en Alcántara (Cáceres) en 1499, en el seno de una familia noble. Juan de Garavito (nombre de pila) en su más temprana juventud sintió fuertemente la llamada vocacional en la Orden Franciscana. Abandonó sus estudios en Salamanca en 1515 e ingresó en el monasterio de San Pedro de Majarretes, donde al tomar los hábitos tomó el nombre de Pedro. De carácter humilde, encontró su camino espiritual en la vida monástica más austera y sencilla, predicando la humildad como un camino inquebrantable para conseguir todos los parabienes celestiales y alcanzar la vida eterna.
Conoció a Santa Teresa de Jesús, trabando una sincera amistad y convirtiéndose a su consejero más allegado, animándola a emprender la dura tarea de reformar la Orden del Carmelo y ayudándola con la creación de diversos monasterios Descalzos. De hecho, Santa Teresa se convirtió en la primera escritora en relatar una biografía de San Pedro de Alcántara. Su fama se extendió por toda Extremadura e incluso llegó hasta la Corte, solicitándole el Emperador Carlos V que fuese su confesor durante su retiro en el Monasterio de Yuste, honor que la humildad de Pedro de Alcántara declinó.
San Pedro de Alcántara fundó, entre otros, el convento del Palancar (Pedroso de Acim, Cáceres), protagonizó la reforma de la observancia de los llamados franciscanos alcantarinos. En el convento de San Isidro de Loriana y vinculado a la historia de Montijo se celebraron los definitorios provinciales de 1557 y 1559, siendo elegido San Pedro de Alcántara, Comisario Provincial.
Murió austeramente entre sus hermanos dando a gracias al Creador, el 18 de octubre de 1562 en Arenas de San Pedro (Ávila). Fue canonizado en 1669 por Clemente IX. En 1675 fue nombrado patrón de la diócesis de Coria (hoy Coria-Cáceres). El Papa Juan XXIII declaró el 22 de febrero de 1962 a San Pedro de Alcántara patrono principal de la región, junto a la Virgen de Guadalupe, por su breve “Commune patrae solum”, celebrándose su festividad el 19 de octubre.
Fue la Diputación Provincial de Cáceres la que, a mediados del siglo XX, promovió erigir una estatua pública en honor al santo. El encargo recayó en Enrique Pérez Comendador (Hervás, 1900-Madrid,1981), uno de los grandes escultores extremeños del siglo. El San Pedro cacereño es un bronce de unos 2,5 metros y 650 kilos, fundido en la casa Hermanos Codina (Madrid), a partir de un modelo previo tallado en cedro que hoy conserva el museo dedicado al escultor en Hervás, su localidad natal. Comendador prestó a San Pedro de Alcántara su propio rostro y compuso el cuerpo siguiendo las descripciones clásicas del fraile asceta, que aprieta una cruz contra el pecho y tiene los ojos cerrados en una expresión que transmite una gran serenidad y recogimiento.
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