UNA ARQUITECTURA «ECOLÓGICA» EN VALDASTILLAS

UNA ARQUITECTURA «ECOLÓGICA» EN VALDASTILLAS

25 de agosto de 2026
Emilio Arroyo Bermejo
CRONISTA OFICIAL DE VALDASTILLAS

Asentada la localidad jerteña de Valdastillas a media ladera en las estribaciones de la Sierra de Tormantos, más próxima a la hondonada del río Jerte que a las cumbres de la sierra, su arquitectura tradicional ha estado determinada por las características climáticas del lugar, los materiales del entorno y por el buen hacer de cuqueños, que a base de estructuras arquitectónicas basadas en el entramado, construían sus edificaciones, unas con uso habitacional y otras con finalidad agroganadera.
Ubicado Valdastillas en una zona con contrastes a nivel térmico y pluviométrico, hace que sus construcciones se adecuen a esos parámetros para conseguir unas condiciones óptimas de habitabilidad humana y animal.
Para ello se recurría a materiales autóctonos, los que la madre naturaleza ofrecía para luego «moldear» la mano del cuqueño.
Así, para conseguir esa estructura arquitectónica del entramado se recurría a la calidad maderera del lugar, prestancia que ofrecía el castaño y el roble y que ensamblada con el adobe, en sus diferentes representaciones cromáticas, conseguían un maridaje digno de ser observado y valorado en la actualidad y que poco a poco, si no se actúa, irá desapareciendo, pues son cada vez menos las representaciones de este tipo que vamos teniendo al alcance de nuestra vista.


Unido al entramado, reservado para los pisos altos, la mampostería, más que el sillar, se utilizaba para las plantas bajas con el fin de mitigar la humedad. El uso del sillar se circunscribe a esquinas y vanos en jambas y dinteles, sin más uso que en alguna casa más solariegas y en la construcción del templo parroquial de Santa María de Gracia y en su torre exterior.


Las sierras valdastillenses ofrecían una madera de gran calidad, excelencia que brindaba tanto el roble como el castaño, a pesar de las crisis del castañar por la enfermedad de la tinta en el XVIII (aspecto que ya he tratado en otra crónica), convirtiéndose en suprema la madera procedente de los castaños regoldos tal y como aseveró el racionero de la Catedral de Plasencia, Merino de Vargas, el que defendía que eran las mejores maderas para la construcción «las vigas no se hallan mejores de otras maderas (…) porque nunca cimbran ni tronchan» como bien recogió el reconocido etnógrafo Fernando Flores del Manzano en sus obras.


Luis Pablo Merino de Vargas documentó las plagas de castañares y el avance de la plaga iniciada en 1726 y su expansión por la comarca y la ribera del Jerte y a su vez, sus escritos se centraron en los fuertes daños económicos que la tinta produjo en la región.
Siguiendo con los materiales al uso para la constitución del entramado, los armazones de roble o castaño se rellenaban con adobes compuestos de barro y paja que se fabricaban con moldes o «mencales» para dar forma y luego ponerlos al sol a secar, destacando en Valdastillas buenos obradores de los mismos.
Esta arquitectura «ecológica», aferrada al terruño, supuso y debería suponer una de las señas de identidad de Valdastillas, una personalidad que todavía se puede encontrar paseando por las vericuetas y empinadas calles cuqueñas del barrio antiguo de la localidad antes de adentrarse en el ensanche urbanístico.

Bonita estampa la que ofrecen estas construcciones cuqueñas que aderezadas por las solanas, arropadas por sus bellos tejaroces y aliñadas por la curvada teja árabe, confieren, al lugar, la posibilidad de transportarnos a un pasado, que si no se remedia, puede caer en el olvido visual y reservarse exclusivamente al recuerdo.
Valdastillas, una arquitectura ecológica y vernácula.

 

HISTORIAS DE LA CEREZA EN EL JERTE (III): LA INCIDENCIA DE LA GUERRA CIVIL EN LA RECOLECCIÓN DE LA CEREZA (II).  CEREZAS DE NAVACONCEJO EXPORTADAS A BRASIL.

HISTORIAS DE LA CEREZA EN EL JERTE (III): LA INCIDENCIA DE LA GUERRA CIVIL EN LA RECOLECCIÓN DE LA CEREZA (II). CEREZAS DE NAVACONCEJO EXPORTADAS A BRASIL.

En esta nueva entrega de HISTORIAS DE LA CEREZA EN EL JERTE, viajamos, de nuevo, a los años de la Guerra Civil.

En un contexto de economía de guerra, en las campañas de recolección de 1937 y 1938, cuando faltaba mano de obra, cuando apenas había transporte terrestre disponible para llevar la fruta a los mercados y cuando estos se encontraban prácticamente paralizados, hubo que buscar alternativas para comercializar toda la cereza que se pudiera.

Así, curiosamente, nos encontramos que una pequeña parte de la producción de esta fruta recolectada, en este caso, en el municipio de Navaconcejo, fue exportada, nada más y nada menos, a Brasil.

Según los registros del Ministerio de Agricultura, y más concretamente de su Sección de fitopatología y plagas del campo, en los años de 1937 y 1938 -como así ya había sucedido en 1936 y también en los años anteriores de la II República- cerezas procedentes de Navaconcejo cruzaron la aduana de Valencia de Alcántara para ser embarcadas, en Portugal, hacia Brasil.

La entrada al completo, puede leerse en: https://senderosdelahistoria.blogspot.com/2026/08/historias-de-la-cereza-en-el-jerte-iii.html

 

Trofeos del Montijo F.C. en la Feria y Fiestas Patronales 1932-1935

Trofeos del Montijo F.C. en la Feria y Fiestas Patronales 1932-1935

Manuel García Cienfuegos
Cronista Oficial de Montijo y Lobón
cienfuegos@cronicasdeunpueblo.com

En la Feria de 1932 se disputó un trofeo entre el Montijo F.C. y el Sport de Badajoz, para el que se le concedió cincuenta pesetas por parte del Ayuntamiento. Jugaron en el conjunto montijano, Candado, Cortés, Cecilio, Martínez, Pardal, Gutiérrez, Terreno, Vila, Melara y Domínguez. A finales de año se subastaron las obras del vallado, a base de tablas de madera, del campo situado en la calle Virgen de Barbaño, frente al Matadero Municipal, terrenos situados en la actualidad entre el colegio y el parque. El Montijo F.C. gozó de fama por su nivel competitivo, enfrentándose a los equipos más fuertes de la competición como el Racing de Badajoz y el Emérita.
Miguel Gómez Rodríguez, en el año 1934, presidente del Montijo F.C., solicitó una subvención del Ayuntamiento para el Trofeo que disputó el conjunto montijano, “al Montijo F.C. por una copa sport que fue disputada con un equipo de Évora, sesenta y cinco pesetas”. Fue con el Lusitano Gimnasio Club de Évora. El año anterior, el 8 de septiembre, el Montijo F.C. se había enfrentado con el Sport Lisboa e Elvas. El cartel que anunciaba este encuentro señalaba: “Toda la afición recordará la derrota que sufrió nuestro equipo ante este potentísimo once, derrota que sin ningún género de dudas fue debida a la superioridad del enemigo, por su juego velocísimo y matemático. En este equipo se alinean varios elementos internacional portugueses”. La entrada costaba una peseta. Para las señoras y señoritas era gratis.
La Comisión de Festejos encargada de organizar la Feria de 1935, a propuesta del alcalde, Pedro Miguel Rodríguez Bautista, estuvo integrada por los concejales Francisco Marín Martín, Alfonso Barco Barco y Alfonso del Viejo Barrena, siendo el señor Barco su presidente al ser tercer teniente de alcalde. A finales de agosto el señor Barco pide “que durante los días de las próximas Ferias no se autoricen las instalaciones de tabernas ambulantes en la vía pública; y el sr. Menayo ruega igualmente sean clausuradas, por razones tributarias, de orden público y de higiene, las tabernas instaladas en los alrededores de las iglesias. Se les contesta de conformidad por el señor Alcalde”.
En esa misma sesión se acordó subvencionar con doscientas cincuenta pesetas al Montijo F.C. para la celebración de dos partidos de Feria. Concretamente durante los días 8 y 9 frente al Sevilla F.C. (amateur), del que se decía que era campeón de España y llegaba a Montijo reforzado con los jugadores suplentes del titular: Pepe Guillamón, Rafael Cortón, Antonio Caro y Palencia. El Montijo F.C. alineó a Jiménez, Candado, Cortés, Ruíz, Franco, Cecilio, Paquino, Ramos, Vila, Fernández y Calvo. Para entretener el ocio y darse a la diversión, el club rojinegro montijano organizó, en su estadio, para el tercer día de la Feria, interesantes carreras de “Huevos con cucharas, pedestres y de cintas en bicicletas”.

 

 

INTERESANTE LIBRO SOBRE ZARZA LA MAYOR

INTERESANTE LIBRO SOBRE ZARZA LA MAYOR

FRANCISCO RIVERO

Justo se presentaba el libro en el pueblo y yo lo he recibido en mi casa de Madrid. Me lo encuentro al terminar mis vacaciones en Málaga. Lo repaso con detenimiento y veo que tiene cosas muy interesantes que contar, gracias a sus dos autores Emilio Arroyo Bermejo, cronista de la villa, y José Antonio Ramos Rubio, cronista de Trujillo. Ambos han investigado en archivos y documentados por una amplia y rica bibliografía y ha salido un libro de 362 páginas con bonitas fotografías de colores, con algunos apuntes sobre la villa de Las Brozas, de la que un servidor tiene el honor de ser su cronista oficial desde hace más de 30 años.

Su presentación corrió a cargo de los dos autores en un salón de actos de Zarza la Mayor, repleto de público, acto que fue presidido por el alcalde de la localidad y prologuista del libro Félix Bayón Lillo.

El tomo tiene seis capítulos donde se estudia la geografía, y el territorio, un segundo capítulo está dedicado a la historia, para continuar con el patrimonio cultural de la iglesia de San Andrés, las ermitas, el rollo jurisdiccional y las cruces del término. El cuarto título está dedicado al castillo de Peñafiel, el siguiente a la arquitectura civil de Zarza la Mayor, como la Real Fábrica de Seda, para terminar con las fiestas y tradiciones populares. Un apartado excepcional está dedicado a la amplia bibliografía y a los archivos y fuentes documentales.

Los temas relacionados en el libro con Las Brozas empiezan con la creación de la Orden Militar de Alcántara cuando en 1218 se traslada la Orden portuguesa de San Julián del Pereiro a la villa cacereña. La nueva orden de Alcántara tuvo un gran poder jurisdiccional, administrativo y eclesiástico en el territorio: Alcántara, Brozas, Ceclavín, Zarza la Mayor, Portezuelo, Membrío, Salorino, Estorninos y Mata de Alcántara. Brozas fue la Encomienda Mayor y Zarza la Mayor compartió cabeza de encomienda del partido de Alcántara con el cercano castillo de Peñafiel, a orillas del río fronterizo, el río Eljas.

En un documento fechado en 1251aparecen documentadas las aldeas cercanas, tales como Aldea del Rey (hoy Villa del Rey), la Almofeda (finca Mohedas, término de Alcántara y fronteriza con Portugal), Pedro Pulán (cerca de Brozas) y Araya.

La villa de Las Brozas fue la Encomienda Mayor de la Orden Militar de Alcántara, con una fortaleza (que por desgracia se está cayendo a cachos por diversas partes por la irresponsabilidad de los propietarios y de las autoridades, ya que nadie le pone remedio). Fue su primer comendador mayor don Arias Fernández en 1254. A finales del siglo XIV este castillo cayó en poder del ejército luso al mando de Nuño Álvarez Pereira, condestable de Portugal. En 1431 volvió a ser tomada por el infante don Pedro de Aragón. El infante aragonés mandó derrumbar la fortaleza, pero en el siglo XVI se llevaría a cabo obras de acondicionamiento.

En 1467, Las Brozas se ve envuelta en una guerra civil de la Orden de Alcántara en la que se enfrentaron el clavero don Alonso Monroy y el maestre don Gómez Solís.

En la segunda mitad del siglo XVI el rey Felipe II, por Provisión Real del 21 de mayo de 1556, subdividió el partido de Alcántara en cuatro, resultando los de Alcántara, Brozas, Valencia de Alcántara y la Sierra de Gata. El partido de Brozas comprendía la villa, la población y dehesas de Araya y Azagala. Las encomiendas de la Orden en el partido de Alcántara fueron la Mayor (Brozas), Belvís – Navarra, Ceclavín, Peñafiel, Acehúche, Santibáñez el Alto, Eljas, Villasbuenas de Gata, Herrera de Alcántara.

Otras fechas históricas, por desgracia, para ambos pueblos sería la destrucción y saqueo de los dos con motivo de la Guerra de Sucesión Española (1701 – 17614), por las tropas portuguesas. “En el mes de mayo del año 1705 las tropas aliadas lograron cruzar la frontera y se apoderaron de varias poblaciones extremeñas, tales como Membrío, Estorninos, además de Zarza la Mayor sería destruida y un año después Brozas sería arrasada”.

Ya en la Guerra de la Independencia (1808 – 1814), en el mes de abril de 1809 “serán continuos los saqueos de las tropas francesas en los pueblos de Mata, Villa del Rey, Zarza la Mayor y Brozas”.

 

Con sabor a verano. El higo chumbo

Con sabor a verano. El higo chumbo

Manuel García Cienfuegos
Cronista Oficial de Montijo y Lobón
cienfuegos@cronicasdeunpueblo.com

Hablan los días de la última decena del caluroso agosto. Allí, asomándose cerca del camino habitan la pita y la chumbera. Se necesita arte, oficio y técnica para coger los higos chumbos. Hay en la cocina llamada de alta deconstrucción hasta “sorbete de higo chumbo” ¡Qué cosas! Y suena la hondura del pregón de aquel puesto en el que vendían altramuces, garbanzos tostados, agua que daban en un barril y una fruta con sabor a verano que sigue: El higo chumbo dulce.