RECUERDO DE DOS CRONISTAS OFICIALES

RECUERDO DE DOS CRONISTAS OFICIALES

Miércoles 11 de febrero de 2026.
“Los Cronistas Oficiales una gran figura para la historia local: en recuerdo de D. José Antonio Fidalgo (Colunga) y D. Domingo Quijada (Navalmoral de la Mata)”,
por Santos Ortega Marcos. Economista e Investigador, Socio del Centro Asturiano y del AA. AA. de Colunga.

Esta Conferencia – Homenaje fue presentada por el Dr. D. Juan Francisco Rivero Domínguez. Periodista especialista en Viajes y Cronista Oficial de Brozas y de Hinojal del Campo (Cáceres). Expuso el marco general y características de esta importante Real Asociación Española de Cronistas oficiales “RAECO”, que preside el Rey de España.

A continuación, D. Santos Ortega Marcos, socio del Centro Asturiano y de la Asociación de Amigos del Cª de Colunga, realizó el homenaje de los Cronistas que le han ayudado activamente en sus trabajos de investigación y de divulgación.

El primero fue José Antonio Fidalgo Sánchez (1939-2025) cronista de Colunga. Glosó su biografía con la familia Montoto-Figaredo hoy “Fundación Montoto”, grandes mecenas sociales de Colunga, quienes le ayudaron toda su vida dada su orfandad.

Su gran actividad académica en la doble vertiente docente y editorial, con multitud de libros sobre su especialidad de Ciencias Físicas y Químicas. Y la más conocida de la gastronomía, con especial referencia a la asturiana y leonesa.

El segundo fue D. Domingo Quijada González (1949-2023), cronista de Navalmoral de la Mata (Cáceres), localidad donde D. Santos Ortega tuvo su familia de origen. Domingo Quijada oriundo de Montehermoso (Cáceres) tuvo una meritoria biografía como docente, investigador histórico, divulgador y meteorólogo local. Lo glosó, al final, su viuda, Dª Pilar Fraile, profesora y continuadora de la labor de su esposo.

En el vídeo del acto, publicado en Youtube, se incluye más información de este muy interesante evento, que culminó con un animado coloquio.

Jesús Nazareno de Montijo y el importante círculo de Roldán: una aproximación al año 1690

Jesús Nazareno de Montijo y el importante círculo de Roldán: una aproximación al año 1690

Pablo Iglesias Aunión
Cronista Oficial Puebla de la Calzada

Con la llegada de la Semana Santa, una de las celebraciones más arraigadas en la tradición cultural y religiosa de España, resurgen también los debates en torno al patrimonio histórico-artístico que procesiona por las calles. Más allá de la devoción popular, la investigación sobre la autoría y procedencia de las imágenes sacras continúa siendo una de las principales líneas de trabajo para historiadores y especialistas.

En este contexto, la localidad de Montijo conserva una destacada talla de Jesús Nazareno datada posiblemente en los años finales del siglo XVII. La imagen se encuentra en la capilla homónima, un espacio que formó parte de un antiguo hospital de pobres. Este establecimiento asistencial pasó, en el segundo tercio del siglo XVIII, a manos de los hermanos hospitalarios vinculados a la obra del religioso Cristóbal de Santa Catalina, figura clave en la atención a los más necesitados durante la época.

La propia evolución histórica del hospital, marcada por transformaciones entre finales del siglo XVII y comienzos del XVIII, ha despertado el interés de los investigadores hacia esta imagen. El análisis se ha centrado en aspectos metodológicos, estilísticos y ornamentales, prestando especial atención a los elementos característicos del barroco andaluz y su relación con el barroco extremeño.

A partir de este estudio comparativo, los especialistas apuntan, con un alto grado de probabilidad pero sin aseverar absolutamente nada, la vinculación de la obra con el entorno artístico de Pedro Roldán (1624-1699), uno de los grandes exponentes de la escultura barroca sevillana. En concreto, se plantea su posible adscripción a la escuela del maestro, a su círculo de influencia o incluso a alguno de sus discípulos.

Estas conclusiones forman parte de un trabajo de investigación más amplio, que es remitido para el número de este mes de marzo que ya se nos va, para su publicación en el boletín digital de la ACROEX. El artículo profundiza de manera detallada en los argumentos históricos y artísticos que sustentan esta hipótesis, contribuyendo así al conocimiento y puesta en valor del patrimonio devocional extremeño.

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LAS ESCRITURAS DE CENSO PERTENECIENTES A LA COFRADÍA DE NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO DE LA ZARZA EN 1763: UNA FO RMA DE CRÉDITO ECLESIÁSTICO

LAS ESCRITURAS DE CENSO PERTENECIENTES A LA COFRADÍA DE NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO DE LA ZARZA EN 1763: UNA FO RMA DE CRÉDITO ECLESIÁSTICO

Fabián Lavado Rodríguez
Cronista Oficial de La Zarza

Origen y desarrollo del culto a la Virgen del Rosario

En la Iglesia católica, el origen de la advocación mariana a Nuestra Señora del Rosario surge a principios del siglo XIII, más concretamente en 1208, cuando a Santo Domingo de Guzmán se le apareció la Virgen María en una capilla del monasterio francés de Prouille, fundado por él mismo en compañía de Diego de Acebes, entregándole el Santo Rosario como arma contra la herejía albigense. Ella le enseñó a rezarlo y le encomendó propagar esta devoción para la conversión de los pecadores y la obtención de abundantes gracias.

La obra apostólica de Santo Domingo creció de tal forma que, en el IV Concilio de Letrán (1215), el papa Inocencio III apoyó la Regla de Santo Domingo para establecer una nueva orden mendicante. Buscaba combatir las herejías y reformar la Iglesia mediante órdenes religiosas centradas en la pobreza y la predicación, impulsando la fundación de la Orden de Predicadores, más conocidos como Dominicos, aunque la aprobación formal de la orden dominica fue completada por su sucesor Honorio III gracias a la Bula «Religiosam Vitam», fechada en Roma el 22 de diciembre de 1216.

El rosario se mantuvo como la oración elegida durante dos siglos, cayendo su devoción en el siglo XV. Una nueva aparición de la Virgen en torno a 1564, esta vez al beato dominico Alano de la Rupe o de la Roca, revivió y potenció la devoción al rosario. Este dominico de origen bretón, a petición de la Virgen, recogió en un libro todos los milagros llevados a cabo por el rosario, recordándole las promesas que siglos atrás concedió a Santo Domingo. De la Rupe fue un gran difusor del uso devocional del rosario, llamado entonces “Salterio de la Virgen”, nombre tradicional del Santo Rosario completo, compuesto por 150 Avemarías que emulan los 150 salmos bíblicos (Rosario significa corona de rosas, cada avemaría es una rosa ofrecida a la Virgen, y el rosario completo constituye una corona de rosas).

En el siglo XVI, el papa Pío V estableció su fecha de celebración el 7 de octubre para conmemorar la victoria naval de Lepanto, ocurrida precisamente el 7 de octubre de 1571, que enfrentó a la coalición cristiana de la Liga Santa, encabezada por la monarquía de Felipe II, contra los turcos. Los días anteriores a la batalla, Pío V había promovido un prolongado periodo de oración del Santo Rosario y de procesiones penitenciales, invocando la intercesión de María Santísima. La victoria fue vista como una gracia y milagro alcanzado por la Virgen María y el rezo del rosario. De ahí que ese día de celebración fuera conocido como Santa María de la Victoria.

Su sucesor en el pontificado, Gregorio XIII, tuvo un papel fundamental en la consolidación de la devoción a la Virgen del Rosario al cambiar, en 1573, el nombre de la fiesta de Santa María de la Victoria a Nuestra Señora del Rosario.

La victoria en la batalla de Temesvar (1716) por parte del príncipe Eugenio de Saboya sobre el Imperio otomano, atribuida por el papa Clemente XI a la intercesión de la Virgen del Rosario, dio lugar a que este papa ordenara que su fiesta se celebrase por la Iglesia universal.

En consecuencia, el Concilio de Trento (1545-1563) y la conmoción por la victoria en la batalla naval de Lepanto supusieron la universalización del Santo Rosario y la fundación de múltiples cofradías dedicadas a la Virgen del Rosario, tras el trabajo inicial de los dominicos regulando y dando unidad al rezo del rosario y el establecimiento de sus primeras cofradías.

La cofradía de Nuestra Señora del Rosario y sus censos en 1763

No tenemos constancia documental de cuándo se fundó la cofradía de Nuestra Señora del Rosario en La Zarza, aunque posiblemente se erigiera después del éxito de Lepanto y la globalización del rezo del rosario. Existe documentación fechada entre 1700 y 1826, sobre todo referida a cuentas de fábrica de ingresos y gastos que nos muestran la gestión anual de la cofradía.

Entre estos expedientes se conserva uno relativo a los censos que poseía la cofradía del Rosario en 1763. La cofradía poseía numerosas parcelas rústicas y algunas casas, fruto posiblemente de donaciones, la mayoría vía testamentaria. Muchas de estas propiedades inmobiliarias fueron hipotecadas mediante censo, por lo que era fundamental para la cofradía acreditar su propiedad.

Como explica Marco Yagüe (1), el censo es un “contrato por el que surge la obligación de pagar unos intereses según porcentajes legislados, por parte de quien lo recibe y que avala con unos bienes inamovibles, a quien le entrega el capital, sin que se señale fecha para redimirlo”. Por lo tanto, la cofradía del Rosario prestaba un capital, llamado principal, a cambio de unos bienes raíces o fincas. Este capital perduraba sin cambios en el tiempo hasta que se devolvía íntegro (redimir el censo), sin precisar el momento del vencimiento, por parte del receptor o sus herederos en igual condición en que se entregó, y en la misma moneda. Al capital se añadían unos réditos (según la época, entre 3% y 5%) cuyos porcentajes los marcaba la legislación real. Al redimir el censo o restitución del principal, la propiedad volvía a la persona que había solicitado el préstamo. Pero ocurría que estos préstamos eran de larga duración, por generaciones, es “como si el dominio se hubiera perdido y su propiedad hubiera pasado a otro. La redención por tanto responde al concepto de venta con que se encabezan las escrituras de los censos. Hacía olvidar la recepción del principal y hacía valorar especialmente las fincas hipotecadas como si por ellas se pagasen las rentas. Se veían como si se desprendieran de unos bienes, los hipotecados, aunque seguirían trabajándolos para ellos poder sacar el dinero con que pagar el arriendo”.

Como estos censos duraban tanto en el tiempo, debían renovarse ante notario o escribano cada cierto tiempo con testigos, y obligatoriamente si cambiasen de dueño por herencia. Todo quedaba por escrito, comprometiendo sus bienes o el de los herederos para el cumplimiento del pago censal. La suma de los bienes inmuebles hipotecados tenía que superar el triple de la cantidad o principal objeto de préstamo. La cofradía del Rosario, en principio, no podía vender ni enajenar las fincas, y “si alguien las comprara cargaría con la deuda del capital y debería hacer nuevo censo de reconocimiento y aceptación de las cargas”.

La cofradía era representada por su mayordomo, que entregaba el dinero y recibía los réditos en mano, firmaba las escrituras de censo y su renovación, sobre todo cuando había cambio de poseedor por herencia o de propietario para que no se extinguiese el censo. Todo estará registrado en los libros de la cofradía y del escribano, que realizará las copias necesarias para las partes.

En 1763, Fernando Alonso Macías, mayordomo de la cofradía de Nuestra Señora del Rosario, perteneciente a la parroquia de la villa de La Zarza, escribió al licenciado D. Pedro Moscoso, Provisor Juez Ordinario de la Provincia de León de la Orden de Santiago, contándole que dicha cofradía tenía a su favor varios censos, todos en manos de diversos poseedores, de los que se conocían algunas escrituras y otras constaban en el libro de hipotecas de la cofradía, pero que con el paso del tiempo y la dejadez, la documentación acabaría perdiéndose. Por lo que le solicita librase comisión a quien “fuere de su agrado” para que los actuales inquilinos identificasen sus respectivos censos, deslindándolos con la mayor claridad posible, se indagase el paradero de los extraviados y se reconociesen los anotados en el libro. Concluidas las averiguaciones, se hiciera relación de todos los censos en el libro becerro de la iglesia para que siempre constasen. También le informaba que la cofradía del Rosario tenía sus escrituras de censo en casa de Lucas Matheos Milanés, escribano de La Zarza, pero ausente éste, un alcalde las sacó y puso, según tenía noticias, en el archivo del ayuntamiento, diciendo que la cofradía las tenía allí para consultarlas si fuese necesario, cuando debería haberlas reintegrado a la cofradía como su legítima dueña. Por tanto, suplicaba al licenciado Moscoso que la justicia obligase a reintegrar a dicha cofradía sus escrituras, libre y sin costas.

El 16 de agosto de 1763, el provisor juez Pedro Moscoso dictó en Mérida un auto dando comisión al cura o teniente de la iglesia parroquial de La Zarza, con las facultades y auxilios necesarios, para proceder contra los inquilinos censuales de la cofradía del Rosario con el fin de que realicen y otorguen escrituras de nuevo reconocimiento de sus censos y obligaciones, deslindando y apeando los bienes e hipotecas con sus linderos y cabida que hubieran pasado a segundos o más poseedores ante escribano público. Todas estas operaciones deberán certificarse en el libro becerro de la iglesia para que se conservasen en el tiempo. A su vez, exhortaba a cualquiera de los dos alcaldes ordinarios de la villa, Juan Carrasco Montero y Bartolomé Matheos Mejía, a hacer inventario y cesión de todas las escrituras tocantes y pertenecientes a la cofradía que estaban depositadas en el ayuntamiento, y las entregaran a su mayordomo Fernando Alonso Macías, el cual pondrá testimonio del inventario en el libro corriente de cuentas.

Al día siguiente, 17 de agosto, el escribano Lucas Matheos Milanés hizo saber el auto antecedente a Fernando Antonio de la Barreda y Bolaños, cura párroco propio de la parroquia. Vista la comisión que le confiere el provisor dijo la aceptaba y que estaría pronto a su ejecución y cumplimiento. Ese mismo auto, también le fue notificado al mayordomo de la cofradía de Nuestra Señora del Rosario y a los alcaldes de la villa.

Inventario de censos de la cofradía de Nuestra Señora del Rosario en 1763

El 18 de agosto, los alcaldes Juan Carrasco Montero y Bartolomé Matheos Mejía, representantes del estado noble y llano, pasaron al archivo del ayuntamiento, de donde extrajeron un legajo de escrituras perteneciente a la cofradía, y en presencia de los alcaldes, el juez de la comisión (en este caso, el párroco) y el mayordomo, se hizo un reconocimiento formal de todas ellas y se inventariaron en la forma siguiente:

1.- Una escritura censual otorgada ante el escribano Pedro Sánchez Romo por Juan Cortés Dorado y su mujer María Rodríguez, vecinos de Don Álvaro, con unos autos ejecutivos y un reconocimiento de dicho censo de 704 reales ante el escribano Sebastián Gómez Fernández por Esteban Dorado el 18 de septiembre de 1714.

2.- Otra escritura otorgada ante Miguel Cortés Lozano por el licenciado Pedro Alonso Benítez, provisor vecino de esta villa, reconocida ante Sebastián Gómez Fernández por D. Gaspar Ruiz, de 440 reales.

3.- Otra otorgada ante Miguel Cortés Lozano por Francisco Rodríguez Bacas y Teresa Blázquez, vecinos de La Zarza, está reconocida ante Sebastián Gómez Fernández por Juan Cano, vecino de Villagonzalo, de 506 reales.

4.- Otra escritura otorgada por Francisco Montero Macías y María Gómez, su mujer, ante Sebastián Gómez Fernández, de venta de una suerte de tierra en la Toconosa de 5 fanegas de trigo en sembradura.

5.- Otra otorgada por Francisco Rodríguez Tejar ante Lucas Matheos Milanés, de 1364 reales y unos autos ejecutivos.

6.- Otra escritura de venta otorgada ante Lucas Matheos Milanés por Bartolomé Matheos Montero y Juana Sánchez, su mujer, junto a la de cesión que últimamente hizo ante el notario Alexandro de Vargas.

7.- Otra de venta a favor de dicha cofradía otorgada ante Joseph Gregorio Malo de Molina por Benito Sánchez Paredes.

8.- Otra de venta ante Juan López Ortiz Blasco otorgada por los albaceas de Pedro Malpartida.

9.- Otra otorgada ante Lucas Matheos Milanés por Francisco Romero Muñoz y su mujer, de 500 ducados de censo.

10.- Otra escritura otorgada ante Serván Macías por Alonso Blázquez, vecino de esta villa, de 1100 reales, reconocida ante Sebastián Gómez Fernández por Juan Cortés Aguilar, Francisco Romero y Benito Sánchez.

11.- Otra ante Miguel Cortés Lozano reconocida por Alonso del Toro e Isabel de Lemos de 440 reales, reconocida por Fernando Milanés ante Sebastián Gómez Fernández.

12.- Otra escritura otorgada ante Miguel Cortés Lozano por Alonso González Caballero de 480 reales, reconocida ante Sebastián Gómez Fernández por Andrés Martín Casillas y repetido por Juan Matheos Paredes y María Cortés ante Joseph Gregorio Malo de Molina.

13.-Otra de censo otorgada por Fernando Alonso de Fernando Alonso Cortés y su mujer ante Miguel Cortés Lozano de 330 reales.

14.- Otra ante Lucas Matheos Milanés otorgada por Sebastián Benítez Carrasco y su mujer, de 220 reales de principal, reconocida por Matheo Pérez Calbo “el Viejo” ante Sebastián Gómez Fernández.

15.- Otra ante Pedro Sánchez Romo por Pedro Domínguez Menayo y su mujer, de 700 reales.

16.- Otra escritura otorgada por Matheo García y su mujer, de 65 ducados de principal ante Miguel Cortés Lozano.

17.- Otra otorgada por Juan Cortés Barrera y su mujer, de 440 reales, ante Juan Cortés Lozano, reconocida por Antonia Mhateos, vecina de Sebastián Montero.

18.- Otra de 550 reales otorgada por Francisco Rodríguez Villafranca ante Miguel Cortés Lozano, reconocida por Alonso Martín Carretero ante Sebastián Gómez Fernández.

19.- Otra escritura de censo otorgada por Gonzalo Montero y su mujer ante Miguel Cortés Lozano de 60 ducados de principal, reconocida por Francisco Rodríguez Tejar ante Sebastián Gómez Fernández.

20.- Otra de 495 reales ante Marcos Durán otorgada por Juan y Pedro Carrasco Montero.

21.- Otra con autos ejecutorios otorgada por Alonso Ramírez de Martín Alonso ante Juan Cortés Lozano, de 25 ducados, reconocida por Miguel de Chaves ante Sebastián Gómez Fernández.

22.- Otra escritura otorgada por Juan Blázquez “el Mozo” y su mujer ante Lucas Matheos Milanés, reconocida por los mismos ante Sebastián Gómez Fernández.

23.- Otra de 30 ducados otorgada por Esteban Blasco ante Lucas Matheos Milanés.

24.- Otra de 400 reales otorgada por Sebastián Sánchez Aguilar y su mujer ante Miguel Cortés Lozano.

25.- Otra otorgada por los anteriores ante el mismo escribano.

26.- Otra escritura de 84 ducados con autos, otorgada por María Matheos La Parra ante Miguel Cortés Lozano, reconocida por María Sánchez Milanés ante Sebastián Gómez Fernández.

27.- Otra de 90 ducados otorgada por Alonso López de Silba y su mujer ante Lucas Matheos Milanés.

Con esta operación quedó finalizado el inventario, a la espera de que pudieran aparecer algunas más, que se añadirían al listado. Los alcaldes dijeron no tener noticias de otras escrituras, por lo que el juez de la comisión, Fernando Antonio de la Barreda y Bolaños, dio por concluida la diligencia, firmando todos los presentes ante el escribano Lucas Matheos Milanés.

Por último, el 15 de septiembre de 1763, el párroco y juez de la comisión Fernando Antonio de la Barreda y Bolaños, en vista de las diligencias practicadas para el apeo y deslinde de las tierras de la cofradía del Rosario de La Zarza, con el objeto de saber los sujetos que las poseían y que estaban hipotecadas a los censos de dicha cofradía, nombró por apeadores y deslindadores a Martín Alonso Barrero y Martín Alonso Flores, vecinos de la villa, para que se les notifique, acepten y juren el cargo, como así lo hicieron. Una vez realizadas estas operaciones, comparecerán a declarar sobre el particular; asimismo las personas que gozaban de las tierras, también acudirán a reconocer su censo dentro del segundo día, bajo pena de excomunión mayor, que suponía la privación de todos los sufragios de la Iglesia, como recibir los sacramentos, y los sufragios públicos como las indulgencias, la comunión, la misa, la recitación de las horas canónicas y procesiones públicas, e igualmente la sepultura en sagrado, que incluía, además, la prohibición de celebrar exequias de cualquier tipo.

De esta manera, la cofradía de Nuestra Señora del Rosario obtenía unas rentas estables para su funcionamiento y culto. Además, estos censos permiten estudiar la economía y estructura social de La Zarza, así como el crédito eclesiástico.

(1) MARCO YAGÜE, Mariano: Préstamos, hipotecas y censos en la Capellanía de Ánimas: (Labros 1630-1815). Guadalajara: Diputación Provincial de Guadalajara, 2017.

RUTA AL CASTILLO DE FERNÁN CENTENO-HERNÁN CENTENO-HORNACENTENO

RUTA AL CASTILLO DE FERNÁN CENTENO-HERNÁN CENTENO-HORNACENTENO

Emilio Arroyo Bermejo
CRONISTA OFICIAL DE ZARZA LA MAYOR

La tarde de ayer, 23 de marzo, se presentaba apasionante. El objetivo, aunque difícil, por la dificultad del terreno, no impidió que nos acercaramos y coronaramos la mole del Castillo de Fernán Centeno a través de la umbría, fortificación situada en la sierra de la Garrapata, mirando a Moraleja y a Zarza la Mayor.
Así que de la mano de José Luis Pascual Blanco (hostelero, conocedor del terreno) que fue nuestro guía, Pepe San Andrés Belmonte ( amigo, maestro en ejercicio y fotógrafo por afición), Abel Hernández Gazapo (Graduado en Turismo y exalumno mío) y yo, cogimos destino al objetivo a través de la carretera Zarza-Moraleja, desviándonos por la entrada a la finca «Los Canchos de Ramiro» para, a su puerta, dejar el vehículo y emprender la gesta a pie y con bastón en mano.


Toda una gesta subir y coronar el Castillo por la umbría.
Orientados por la valla que circunda la finca «Los Canchos de Ramiro» y sirviéndonos de medios de orientación técnica y con la ayuda y dirección de nuestro guía y amigo José Luís, comenzamos la subida, una fuerte pendiente pedregosa de unos 500 metros, que gracias a la ayuda de bastones, pudimos colmar para luego poder llanear por otros 500 metros aproximadamente, en la base de los roquedos, donde la sombra nos acompañaba agradeciendo la frescura después del sofoco de la subida tras salvar matorrales y maleza propio del terreno.
Tras disfrutar de la frescura de la umbría, otra dificultad nos esperaba. Alcanzar y coronar la fortificación seguía presentando el riesgo de caminar por piedras caídas de la construcción, que sin lugar a dudas, suponía otro apasionante momento hasta la coronación total.
Y así fue. Tras pasar por un «cuchillo» o grieta, a la que se accedía con dificultad y con una estrechez de escasos 50 centímetros llegamos al objetivo.

Gervasio Velo y Nieto en su libro «Castillos de Extremadura», 1968, refiriéndose a este castillo escribe: «…se erguía en un cerro de la Dehesa de Benavente en los límites de las encomiendas de Zarza la Mayor y Moraleja y su poseedor Centeno…lo entregó en 1474 a Hernando de Monroy…»
El mismo autor y en la misma obra referenciada dice: «…hace la figura de un torreón, llamado el Castillo de Hernán Zenteno…» indicando la existencia de una concavidad que pudiera haber servido de caballerizas.

Para los cuatro supuso una gran satisfacción, aunque por mi parte con un poco de miedo si se tiene un poco de vértigo.
La gesta mereció la pena.
Y merece la pena alcanzarlo por las enormes vistas que se otean desde el lugar, viéndose desde la umbría Moraleja, Santibáñez el Alto, Casas de Don Gómez, Coria, Rivera de Gata, Cachorrilla, Pescueza y Canchos de Ramiro y desde el lado de la solana, Zarza la Mayor, la Dehesa de Benavente, el pantano de Benavente o la Raposera y Portugal.
Mahatma Gandhi en 1922 refirió: «La satisfacción reside en el esfuerzo, no en lo que se obtiene. Un esfuerzo total es una victoria completa». El esfuerzo de llegar fue la victoria.
Solamente una consideración. Si alguien decide » conquistarlo» es mejor hacerlo con alguien que conozca el terreno, lo demás es de «ser un atrevido».
Gracias a José Luis Pascual Blanco por su tiempo, por ser un gran guía y por su disposición en todo momento.
Una experiencia inolvidable en la Raya zarceña.
Irrepetible momento para un zarceño.

Montijo. Pregón Semana Santa y concierto de la Banda de Música

Montijo. Pregón Semana Santa y concierto de la Banda de Música

Manuel García Cienfuegos
Cronista Oficial de Montijo y Lobón

El Teatro Nuevo Calderón de Montijo, cedió su escenario para estos dos acontecimientos que suelen celebrarse todos los años. En este 2026, el pasado sábado, Pedro Monty, Pedro Gutiérrez Domínguez, fue el pregonero elegido por las cofradías y hermandades para anunciar la Semana Santa.
Antes de tomar el atril, se visionaron dos proyecciones. El primero de ellos en homenaje a la siempre recordada profesora Mari Arrobas Vila (qepd) que nos dejó el 3/VI/2025, colaboradora en la presentación de los pregoneros. El segundo ofreció el saludo del arzobispo de Mérida-Badajoz, fray José Rodríguez Carballo (ofm), dedicando frases para Pedro Monty, situando con ello a las personas que asistían a escuchar el pregón. La atención y el silencio estuvo servida. Todo ante la mirada penetrante de Nuestro Padre Jesús Nazareno, que parecía interpelar al espectador “Tú cuando vas a ser cristiano, anda y tira hacia adelante”.


El profesor Manuel Rodas Llanos de la cofradía Jesús Salvador de los Hombres hizo, un año más de presentador. Saludó y dio la bienvenida a los párrocos, alcalde, hermanos mayores, cofrades, comunidades cristianas de Montijo y asistentes, presentando al pregonero.
Pedro Monty dividió su pregón en varias partes que se vieron acompañadas por la música del piano y el desgarro y buen hacer de la portentosa voz de Guadiana Almena, interpretando ambos: Padrenuestro, Sólo tú, La saeta, Tras un amoroso lance, Gracias a la vida y Aleluya. Pedro Monty, maestro de educación musical, habló desde la fe, desde el latido de su corazón, los sentimientos y el amor del que ama y es amado. Un recorrido profundo desde su diálogo con el que todo lo puede, para decir: aquí estoy, no entiendo, dudo, caigo, oscuridad, me levanto, perdono, la soledad, angustia, abatimiento, temor, salgo, busco, encuentro, luz, confío, comparto, tengo esperanza… Él y siempre Él.
Tras el cierre del pregón, con el público puesto en pie cantando el Aleluya de Leonard Cohen, le fueron entregados a Monty&Guadiana obsequios de las Cofradías de Montijo. Después habló Javier Cienfuegos Pinilla, alcalde de Montijo, cerrando el acto el párroco de San Pedro Apóstol, Pedro Gómez Serrano.

CONCIERTO SONES DE LA SEMANA GRANDE
El V Domingo de Pascua, a falta de siete días para que llegue el que trae tantas esperanzas, se presentó en el escenario del Teatro Nuevo Calderón, al mediodía, la Asociación Musical Andrés Mena, Banda de Música de Montijo, formada por cuarenta y un músicos, dirigidos por Narciso M. Leo Romero. Habia expectación por ver y escuchar a la Banda de Música y ésta no defraudó.


Bajo la presentación de Francisco José González Rodríguez, la Banda de Música estrenó y ofreció ocho marchas procesionales: Al cielo la reina de Triana, La Saeta, Mayor Dolor, Honsanna in Excelsis, Sentimiento Gitano, Mesopotamia, Jerusalén y Reina Madre y Capitana.
La Banda de Música con su puesta en escena y la solemnidad de su música, nos dijo que vuelve la Pasión, llega, está aquí. La Pasión según la música. Porque cuando nos alcance el rumor que nos anuncia que llega el cortejo, ella, la música, acudirá puntual y exacta. Porque ella siempre ha estado y está ahí, para rememorar también estos misterios. Porque cuando se abran los portones de los templos aparecerán: La cruz y la marcha procesional para anunciarnos que la Pasión debe ser proclamada y que entonces, desde su pentagrama, nos tocará cumplirla.


Narciso M. Leo Romero presentó a cuatro nuevos educandos, formados en la Escuela de Música Pedro López. Un director emocionado al finalizar el concierto que dio las gracias, premiando y alabando el esfuerzo, la dedicación y entrega de los componentes de esta agrupación. Invitando al alcalde de Montijo, Javier Cienfuegos Pinilla, presente en el concierto, acompañado por algunos concejales, dirigirse a los espectadores. El alcalde anunció que será posible la nueva sede de la Banda de Música que pasará a estar en el antiguo colegio de las eras.
Enhorabuena por estos dos intensos días, pórtico de lo que será la Semana Santa de Montijo. (La primera fotografía está tomada del faceboock de la Cofradía Nuestro Padre Jesús Nazareno y Ntra. Señora de la Piedad)

EL ALMA DE LOS ÁRBOLES ESPAÑOLES

EL ALMA DE LOS ÁRBOLES ESPAÑOLES

Francisco Rivero

El ingeniero y naturalista español Miguel Herrero Uceda impartió recientemente en Madrid una conferencia “El alma de los árboles” en la que trató con cariño a todas las especies vegetales, con especial dedicación a los árboles españoles, mientras la poeta Amelia Penco recitaba poemas escritos por su hermana Elisa Herrero, ya fallecida.

Impulsor de la filosofía natural arboterapia, Miguel Herrero ha organizado en los últimos años talleres de arboterapia para combatir la ansiedad, la insatisfacción y el estrés que genera el mundo moderno y devolver el sentido positivo de la vida.

MIGUEL HERRERO

En su charla Miguel informó que no es en Nebraska (Estados Unidos) donde se creó la Fiesta del Árbol más antigua del mundo, pues se decía que nació en el año 1872. En Suecia se cuenta que la fiesta surgió en 1840 y que fueron los emigrantes suecos la que la llevaron allí. Miguel dice que “confrontar documentos históricos aportados desde diversos archivos, ha quedado demostrado que la Fiesta del Árbol más antigua del mundo se celebró, por primera vez, en Villanueva de la Sierra, un pueblo de Extremadura”, mi región natal, concretamente en el año de 1805. En esta localidad vivía un sacerdote, don Ramón Vacas Rojo que inculcó esta fiesta a todos los habitantes de la Sierra de Gata.

Según las crónicas antiguas, don Ramón persuadido de la importancia del arbolado para la salubridad, higiene, ornato, carácter, ambiente y costumbres decidió plantar árboles y darle un aire festivo y abierto para extender esta iniciativa a todas las poblaciones de la Sierra de Gata.

La fiesta comenzó el 26 de febrero de 1805, Martes de Carnaval, con el repiqueteo de las campanas Gorda y Mediana de la iglesia parroquial. Después hubo una procesión hacia el Valle del Ejido y allí los vecinos se dedicaron a plantar árboles.

Así la esencia del mundo mediterráneo es la encina, árbol emblemático de España, el árbol nacional, nombrada más de 20 veces en El Quijote, que da como fruto, la bellota con la que se alimentan en montanera, al aire libre, los cerdos de raza ibérica que producen el famoso jamón español. Por eso en uno de mis viajes a Egipto a un congreso internacional de turismo se nos pidió que cada participante llevara el árbol típico de su país y yo planté una encina extremeña en los terrenos del desierto cercanos de la Batalla de El Alamein, a unos 120 kilómetros al oeste de Alejandría, donde el británico Montgomery venció en 1942 al nazi Rommel.

El naturalista Miguel Herrero tiene publicado el libro “El alma de los árboles”, de más de 400 páginas y que ya va por su segunda edición y estudia en profundidad las características de 40 árboles de España y del mundo, así como otro dedicado a los niños titulado “Vive la Fiesta del Árbol”, los dos llenos de poemas de afamados literatos españoles.