Mi amigo Juan Ouzounoff, sobrino – nieto del actor cómico Casimiro Ortas, me hace llegar unas fotografías de su ascendiente durante su estancia en La Habana, fotos que fueron sacadas de la revista “Nuevo mundo” del 15 de febrero de 1918. En esta ocasión se encuentra con el famoso torero Juan Belmonte (Sevilla 1892 – Utrera 1962), uno de los grandes del arte de Cúchares, más conocido como el “Pasmo de Triana”.
El semanario “Nuevo Mundo” empezó a difundirse en 1895 y se cerró en 1933 y tuvo mucho éxito porque difundía fotografías reales en aquellos tiempos.
En este caso, había cuatro fotografías con el popular diestro, que paró en La Habana, camino de Lima.
El grupo se paseó por el precioso Malecón de La Habana donde he tenido más de una vez la oportunidad de pasearlo, a finales del siglo XX, pues la primera vez que fui a Cuba fue en noviembre de 1991. Con el tiempo, tras ocho viajes, he podido recorrer, prácticamente toda esa preciosa isla, provincia española hasta 1898, desde la provincia de Viñales, al oeste, hasta Santiago de Cuba, al este, sin olvidarse de la preciosa Isla de la Juventud.
En el artículo, firmado por “Grillito” comenta, con cierto humor, el encuentro de ambos famosos. Entre ello, el periodista dice: “¡Juan el único, Ortas el Grande! ¡Un par de tonterías! Juanito consiguió humillar al Morro con la intrepidez. y la audacia de su belfo triunfal; Casimirín, junto a Belmonte, lleno de satisfacción, alegre y confiado, contemplaba la perfecta curva de su vientre y sentía cierta desdeñosa compasión por la insultante barriga de Lugin.”.
En el caso que estamos comentando, el famoso actor brocense, comento en una entrevista al periodista Ramón Martínez de la Riva en la revista “Blanco y Negro” del domingo 15 de junio de 1919. En la entrevista, Casimiro Ortas explica que no estaba muy interesado en trabajar en América, donde estuvo en Cuba (desde mayo de 1918) y en México, donde por cierto aquí le fue muy mal. Él lo explica así con sus propias palabras: “Yo fui a América esta última vez creyendo hacer un gran negocio. Y no fue mal. Llevé una compañía formidable; pero yo iba con la impresión del éxito que tenía en La Habana”.
Gracias a un familiar lejano del actor Casimiro Ortas Rodríguez, Juan Ouzounoff Fernández (sobrino biznieto del actor brocense) tengo una singular información del artista. Ver: Crónicas de Las Brozas: LA FAMILIA DE ORTAS
El empadronamiento de sus padres, su hermana y su cuñado en un edificio de la calle Valverde, número 10 de Madrid, cuya construcción ya no existe, pero sí una antigua de época en el número 8 se conserva tal cual.
Vayamos al tema: En el año 1910 el Ayuntamiento de Madrid realiza el padrón municipal quinquenal. En ese año en la calle Valverde, número 10, piso 2º izquierda vivían cinco personas: Aurelio González Rendón; su esposa Amparo Ortas Rodríguez; sus suegros Casimiro Ortas Navarro y Dolores Rodríguez de los Ríos, y su cuñado Casimiro Ortas Rodríguez, nuestro biografiado.
Algunos datos más de cada una de estas personas, que se reflejan en el padrón municipal.
Aurelio González Rendón, nacido en Jerez (Cádiz) el 12 de noviembre de 1879, de profesión autor.
Amparo Ortas Rodríguez, nacida en Olivenza (Badajoz) el 12 de febrero de 1881, de profesión su casa.
Casimiro Ortas Navarro, nacido en Olivenza (Badajoz) el 16 de noviembre de 1855, de profesión artista.
Dolores Rodríguez de los Ríos, nacida en Cala (Huelva) el 22 de febrero de 1856, de profesión su casa.
Casimiro Ortas Rodríguez, nacido en Brozas (Cáceres) el 1 de mayo de 1880, de profesión artista. Soltero.
Firma en el libro del padrón Aurelio González Rendón, quien era un prestigioso letrista, que publicó en los primeros años del siglo XX, pues falleció en 1937. Una de sus obras más importantes fue “Gallito y Belmonte”, un entremés en prosa, al que puso música el maestro José Padilla (1889 – 1960), autor del himno dedicado a Valencia o de piezas tan famosas como el pasodoble “El Relicario” o “La Violetera”, que cantaba Sarita Montiel y a la que tuve el gusto de conocer en mis tiempos de Mallorca y acudir a su boda civil en Palma con el periodista mallorquín Pepín Tous.
Manuel García Cienfuegos Cronista Oficial de Montijo y Lobón cienfuegos@cronicasdeunpueblo.com
Bastaba regar con agua del pozo el patio de la casa para que reinara en el ambiente un frescor que dulcificara la huella tórrida que había dejado el crepúsculo en su despedida. Y era el pozo, fuente inagotable, el que también nos socorría refrigerando y tonificando nuestros estómagos. Cuando la tarde había sido vencida, el cubo introducido en las aguas subterráneas enfriaba los tomates criados en la huerta. Sólo era suficiente aquel menú nocturno que tanto gustaba: un tomate partido al medio aderezado con aceite y sal.
Hoy sigo defendiendo que no hay quien alcance a tan ilustre, venerable y fervoroso fruto, capaz de detener el tiempo en una noche de verano. Un menú para aquellos años repletos de necesidades y apreturas, de ahogos y asfixias. ¡Ay, aquellos tiempos felices y austeros! Mientras, desde un rincón, un silencio encalado de verano acunaba el balanceo del perfume que desprendía el jazminero.
Manuel García Cienfuegos Cronista Oficial de Montijo y Lobón cienfuegos@cronicasdeunpueblo.com
Tardes de julio cruzadas por la voz del pregonero, proclamando el mejor anuncio posible “Al rico helado mantecado”. Se agradecía el mensaje y el heladero aprovechaba el espacio de una sombra para aparcar el carrito blanco y ofrecer su refrescante y aliviadora mercancía. Los había con sabor a limón, vainilla y chocolate. Lengua y labios se entregaban al oficio de degustar aquella fría bola, quedando para el final el placer que producía el chasquido del cucurucho del barquillo. Luego estaban los polos, los helados al corte y las granizadas, y aquel firme y contundente consejo: “Bébetela despacio, que tanto frío no es bueno ni para el estómago, ni para la garganta”.
RECOPILATORIO DE HELADOS Y HELADERÍAS
Al rico polo y helado mantecado de limón, turrón, avellana, fresa, chocolate, coco, tuti-frutti y leche merengada. Un helado al corte de tres gustos de ‘Los Valencianos’. Los helados y horchatas de Ricardo Vinagre. Las tapaderas de aluminio, formando una especie de cono, de los carritos que vendían el rico helado mantecado. Antonio Redondo, vendiendo con el carrito por las calles polos y helados de la heladería ‘El Valenciano’, que luego, cuando lo dejó, se dedicó a la chatarrería.
Los helados al corte con las galletas chorreando fresa y nata o vainilla y chocolate. La leche merengada que hacía Cosme, en la fábrica de hielo, helados y polos Ntra. Señora de las Mercedes, donde estuvo la discoteca Nacha, en la hoy calle Clavijo. Trafikito y Semaforito, Avi-puch, el sorbete Pantera Rosa, el bombón crocanti, la tarta al whisky, el sándwich de nata, los Apolos y la tarta medalla de oro de Avidesa, que fundó en Alcira (Valencia) Luis Suñer Sanchís. Los polos de helado hechos con gaseosa La Casera. Quico y los helados que fabricó la heladería Gradel (Gragera-Delgado), en la Avenida Emperatriz, hasta que se jubiló.
Francisco Rivero Cronista Oficial de Las Brozas y Hinojal
Hace días vengo trabajando sobre la figura primordial en la conquista de América, la de mi paisano Nicolás de Ovando, primer gobernador en la isla de la Hispaniola (hoy República Dominicana y Haití), nombrado por orden de los Reyes Católicos, sustituyendo a Francisco de Bobadilla y a Cristóbal Colón en el mando del Nuevo Mundo, pues el descubridor era un gran navegante, pero un pésimo conductor y dirigente de hombres.
En las recientes jornadas “Ecocruz”, celebradas en el pueblo cacereño de Santa Cruz de la Sierra, donde nació en 1518 Ñuflo de Chaves, fundador en 1561 de la ciudad homónima boliviana de Santa Cruz de la Sierra que hoy tiene más de millón y medio de habitantes, conocí al dinámico Luisma Domínguez, creador de la Ruta Conquistadores, ruta de turismo cultural que muestra la labor que hicieron por el mundo hispanoamericano los conquistadores extremeños, comenzando por Nicolás de Ovando, que llevó a aquellos territorios recién descubiertos, a miles de españoles, muchos de ellos de mi región natal, a los que les llamaban los “garrovillas” por su proximidad a su localidad natal, la villa de Las Brozas, y a la de su familia paterna, Cáceres, el pueblo de Garrovillas de Alconétar.
Luisma Domínguez ha escrito un interesante libro para niños de 12 a 99 años titulado “La cuna de la Hispanidad”, publicado en abril de este año por la editorial “Numancia”, y en el que se descubren las hazañas de los personajes que forjaron la historia de América. El prólogo y las correcciones históricas corren a cargo del historiador americanista Manuel Fuentes y las ilustraciones son de Ana Belén Álvarez.
En la contraportada se da la razón del libro: ¿Por qué se descubrió América?, ¿Por qué tantos conquistadores fueron extremeños?, ¿Por qué fue tan importante el mestizaje?, ¿Qué es la Hispanidad?, ¿Qué es la Leyenda Negra? Todo ello está apoyado por la Fundación Extremeña de la Cultura de la Junta de Extremadura y por la Fundación Obra Pía de los Pizarro. Por cierto, de esta fundación gané un premio hace años en los Coloquios Históricos de Extremadura, que se celebran desde hace años en la ciudad de Trujillo. Y hoy mismo (3 de julio de 2026) Luisma Domínguez ha recibido una pequeña ayuda económica del Ayuntamiento de Alcántara, que tiene entre sus conquistadores a Alonso de Cáceres fundador de la primera y más antigua ciudad de Honduras: Comayagua, que tengo el gusto de conocer.
Continúan 16 personajes como Vasco Núñez de Balboa, descubridor del Océano Pacífico; Hernán Cortés, conquistador del Imperio Mexica; Los Doces Apóstoles de México, protectores de los indios americanos; Pedro de Alvarado, conquistador de Centroamérica; Catalina de Bustamante, la primera maestra de América; Francisco Pizarro, conquistador del Imperio Inca; Pedro de Valdivia, conquistador de Chile; Inés Suàrez, defensora de Santiago de Chile; Hernando de Soto, descubridor del río Misisipí; García López de Cárdenas, descubridor del Cañón del Colorado; Alonso de Mendiza, fundador de la Paz (Bolivia); Francisco de Orellana, explorador del río Amazonas; Diego García de Paredes, el Sansón extremeño (padre) y el hijo fue un conquistador; Ñuflo de Chaves, caballero andante de la selva; Mencía Calderón, primera adelantada de América, Pedro Cieza de León, príncipe de los cronistas de Indias y… otros conquistadores extremeños.
Juan Pedro Recio Cuesta Cronista Oficial de Tornavacas
En nuestro viaje por la historia cerecera, hoy nos detenemos en un interesante testimonio de 1941.
Poco más de dos años después de la finalización de la Guerra Civil, cuando la economía y la inmensa mayoría de la población española pasaban por unos momentos muy difíciles, la Central Nacional Sindicalista -único sindicato oficialmente reconocido-, a través de un pequeño reportaje publicado en el diario Pueblo, su órgano de comunicación oficial, sacaba pecho de la labor desarrollada en Navaconcejo en cuanto a la comercialización de la cereza recolectada en este municipio. Recordemos que aquí se puso en marcha, en 1937, y por iniciativa de la Hermandad de Labradores y Ganaderos, la primera experiencia cooperativa comercializadora de la cereza, que es la misma de la que se habla en este reportaje.
El titular del reportaje es llamativo, pues en él se afirmaba que «Navaconcejo produce en sus fértiles campos las cerezas de mejor calidad y en mayor cantidad de España«.
Aunque en muchos pueblos del valle la cereza aún no era, ni mucho menos, la actividad económica principal, a principios de 1940 sí que ya era una actividad representativa en pueblos como Cabezuela del Valle o Navaconcejo, cuyas cerezas ya habían salido en años anteriores, incluso, hacia mercados internacionales, algo de lo que hablaremos en próximos escritos.
Comentarios recientes