Francisco Rivero Cronista Oficial de Las Brozas y Hinojal
Hace días vengo trabajando sobre la figura primordial en la conquista de América, la de mi paisano Nicolás de Ovando, primer gobernador en la isla de la Hispaniola (hoy República Dominicana y Haití), nombrado por orden de los Reyes Católicos, sustituyendo a Francisco de Bobadilla y a Cristóbal Colón en el mando del Nuevo Mundo, pues el descubridor era un gran navegante, pero un pésimo conductor y dirigente de hombres.
En las recientes jornadas “Ecocruz”, celebradas en el pueblo cacereño de Santa Cruz de la Sierra, donde nació en 1518 Ñuflo de Chaves, fundador en 1561 de la ciudad homónima boliviana de Santa Cruz de la Sierra que hoy tiene más de millón y medio de habitantes, conocí al dinámico Luisma Domínguez, creador de la Ruta Conquistadores, ruta de turismo cultural que muestra la labor que hicieron por el mundo hispanoamericano los conquistadores extremeños, comenzando por Nicolás de Ovando, que llevó a aquellos territorios recién descubiertos, a miles de españoles, muchos de ellos de mi región natal, a los que les llamaban los “garrovillas” por su proximidad a su localidad natal, la villa de Las Brozas, y a la de su familia paterna, Cáceres, el pueblo de Garrovillas de Alconétar.
Luisma Domínguez ha escrito un interesante libro para niños de 12 a 99 años titulado “La cuna de la Hispanidad”, publicado en abril de este año por la editorial “Numancia”, y en el que se descubren las hazañas de los personajes que forjaron la historia de América. El prólogo y las correcciones históricas corren a cargo del historiador americanista Manuel Fuentes y las ilustraciones son de Ana Belén Álvarez.
En la contraportada se da la razón del libro: ¿Por qué se descubrió América?, ¿Por qué tantos conquistadores fueron extremeños?, ¿Por qué fue tan importante el mestizaje?, ¿Qué es la Hispanidad?, ¿Qué es la Leyenda Negra? Todo ello está apoyado por la Fundación Extremeña de la Cultura de la Junta de Extremadura y por la Fundación Obra Pía de los Pizarro. Por cierto, de esta fundación gané un premio hace años en los Coloquios Históricos de Extremadura, que se celebran desde hace años en la ciudad de Trujillo. Y hoy mismo (3 de julio de 2026) Luisma Domínguez ha recibido una pequeña ayuda económica del Ayuntamiento de Alcántara, que tiene entre sus conquistadores a Alonso de Cáceres fundador de la primera y más antigua ciudad de Honduras: Comayagua, que tengo el gusto de conocer.
Continúan 16 personajes como Vasco Núñez de Balboa, descubridor del Océano Pacífico; Hernán Cortés, conquistador del Imperio Mexica; Los Doces Apóstoles de México, protectores de los indios americanos; Pedro de Alvarado, conquistador de Centroamérica; Catalina de Bustamante, la primera maestra de América; Francisco Pizarro, conquistador del Imperio Inca; Pedro de Valdivia, conquistador de Chile; Inés Suàrez, defensora de Santiago de Chile; Hernando de Soto, descubridor del río Misisipí; García López de Cárdenas, descubridor del Cañón del Colorado; Alonso de Mendiza, fundador de la Paz (Bolivia); Francisco de Orellana, explorador del río Amazonas; Diego García de Paredes, el Sansón extremeño (padre) y el hijo fue un conquistador; Ñuflo de Chaves, caballero andante de la selva; Mencía Calderón, primera adelantada de América, Pedro Cieza de León, príncipe de los cronistas de Indias y… otros conquistadores extremeños.
Juan Pedro Recio Cuesta Cronista Oficial de Tornavacas
En nuestro viaje por la historia cerecera, hoy nos detenemos en un interesante testimonio de 1941.
Poco más de dos años después de la finalización de la Guerra Civil, cuando la economía y la inmensa mayoría de la población española pasaban por unos momentos muy difíciles, la Central Nacional Sindicalista -único sindicato oficialmente reconocido-, a través de un pequeño reportaje publicado en el diario Pueblo, su órgano de comunicación oficial, sacaba pecho de la labor desarrollada en Navaconcejo en cuanto a la comercialización de la cereza recolectada en este municipio. Recordemos que aquí se puso en marcha, en 1937, y por iniciativa de la Hermandad de Labradores y Ganaderos, la primera experiencia cooperativa comercializadora de la cereza, que es la misma de la que se habla en este reportaje.
El titular del reportaje es llamativo, pues en él se afirmaba que «Navaconcejo produce en sus fértiles campos las cerezas de mejor calidad y en mayor cantidad de España«.
Aunque en muchos pueblos del valle la cereza aún no era, ni mucho menos, la actividad económica principal, a principios de 1940 sí que ya era una actividad representativa en pueblos como Cabezuela del Valle o Navaconcejo, cuyas cerezas ya habían salido en años anteriores, incluso, hacia mercados internacionales, algo de lo que hablaremos en próximos escritos.
Emilio Arroyo Bermejo CRONISTA OFICIAL DE ZARZA LA MAYOR
El cine, como séptimo arte, es un poderoso agente de cambio y cohesión, transmite valores, fomenta la educación emocional, genera identidad colectiva y despierta la denuncia de injusticias.
En nuestra comarca gozamos, antaño, del privilegio de contar con varios cines que de una forma u otra cumplían con esos objetivos, rememorarlos y recordarlos es parte de nuestro deber. Así, Coria tenía el Cine Mendo, Acehúche el cine Avenida, en Piedras Albas el Roel/Mari-Emi y el Ideal Cinema en Ceclavín, por nombrar algunos.
Pero Zarza la Mayor no estuvo ajena a esta tendencia. Contamos en diferentes etapas del siglo XX con tres representaciones: el cine de María Montero en la calle San Juan, el Cine-Teatro «El Clavero» (Cine Zarza), también conocido como teatro Bofill por ser su propietario Serapio Bofill Rivas, sito en la actual Plaza Mayor y el «Cinema Salamanca» en terrenos de la conocida, antiguamente, como La Calcinada, hoy Avenida Doctor Perianes Carro.
Pero hoy mis letras van dedicadas al Cine de Don Mario, el «Cinema Salamanca», un proyecto familiar pensado en los años 40 y puesto en funcionamiento a finales de esa década por el empeño de Don Mario Guillen Carbayo, médico de profesión en nuestra localidad.
Sin el ímpetu y los fondos personales necesarios, la obra no hubiera sido una realidad.
Pero hay que retroceder en el tiempo y para ello debemos recordar la figura y personalidad de don Mario.
Don Mario Guillén Carbayo nace el 12 de abril de 1902 en Aldeaseca de la Armuña, entidad local menor dependiente de Villares de la Reina (Salamanca). Hijo de Valentín Guillén Nacarino, (tesorero en la hacienda de Salamanca) y Aurelia Carbayo Pérez. El padre de don Mario murió joven quedando viuda su madre, Aurelia, maestra de profesión y que dado el poco sueldo que por la época cobraban los maestros, dejó de ejercer y montó una pescadería y así logró dar estudios a sus dos hijos, Mario y José.
Tanto Mario como su hermano José, estudian Medicina en Salamanca y tras ello, don Mario ejerce la profesión en Zarza la Mayor y su hermano, don José, lo hace, entre otros lugares en Aliseda, donde se casa.
Don Mario termina la carrera a los 23 años, en la orla de la Facultad de Medicina de Salamanca reza la fecha de 1925.
Don Mario gozó de tener un solo destino profesional y ese es Zarza la Mayor, localidad a la que llega acompañado de su madre, pero todavía soltero, muriendo su madre en Zarza el 16 de diciembre de 1942 a la edad de 70 años y siendo enterrada en el Cementerio Municipal de Zarza.
En sus años de estudios en Salamanca don Mario conoció a la joven María Luisa Olgado Macías, estudiante de Bachillerato, natural de Arroyo de la Luz, nacida en 1905, hija de Ángel Olgado y Vicenta Macías. Don Mario y doña María Luisa contraen matrimonio en Arroyo de la Luz fijando su residencia matrimonial en Zarza, primero de arriendo en la calle Concejo n⁰ 56, en la casa que luego fue vivienda de Juan Navarro de Sande y Josefa Millagros Ballestero Rubio, donde nacen los tres hijos del matrimonio Guillén-Olgado, Mari Luz, Vicente y Valentín, para posteriormente trasladarse a la misma calle Concejo n⁰ 61, vivienda que compraron a la familia de don José Perianes Carro.
Doña María Luisa procedía de una familia que poseía propiedades agrícolas en Arroyo de la Luz y en su matrimonio atendía las labores familiares, encantándole el cuidado de las flores y plantas que tenían en el corral que poseía la casa, corral con estrada por la calleja que comunica Concejo con la Plaza Mayor y que se conocía como «La calleja de don Mario». Doña María Luisa gozaba de la amistad de Josefa Rubio Andrade y de Josefa Ballestero, entre otras, además de ser muy devota de San Antonio.
Don Mario ejerció toda su vida profesional en Zarza. En su propia casa tenía la consulta. El zaguán servía de sala de espera y la sala situada a la derecha de la edificación ocupaba la consulta. Solía visitar a los enfermos después de desayunar y tras ello, iniciaba la consulta diaria. Aunque los enfermos mejoraban, él seguía visitándolos, hasta el punto que cuando se trataba de niños, ya los padres le decían: «no se preocupe don Mario, que el niño ya está por ahí jugando». Tras su jubilación, parte de su instrumental formó parte de alguna exposición.
Le gustaba mucho el fútbol, del Real Madrid, amaba la zarzuela y siendo niño disfrutaba viendo a su padre tocar la bandurria. Le gustaba escuchar la radio, tenía una telefunken y en la época de la Guerra Civil la gente acudía a su casa a escuchar el parte de guerra.
Los años pasan y nacen los hijos, Mari Luz el 20 de octubre de 1928, Vicente el 16 de octubre de 1930 y Valentín el 30 de abril de 1933. Pero además de los hijos del matrimonio, hay que recordar a Lucía Durán Paniagua, que desde muy joven fue la asistenta de la familia a la que siempre consideraron como una más, pues en todo momento vivió con ellos hasta su muerte.
Mari Luz estudia enfermería y ejerce en el Hospital de Cruces en Bilbao y posteriormente, hasta su jubilación, lo hace en la antigua Residencia Sanitaria de Cáceres, actual Hospital San Pedro de Alcántara donde llegó a ser supervisora.
Los dos varones, Vicente y Valentín, son escolarizados en Zarza siendo alumnos de maestros como don Felipe Vega Fabián y don Carlos Fernández Barbero, para luego marchar a estudiar a los Salesianos de Salamanca.
Pasan los años y Vicente y Valentín se casan con dos zarceñas. Vicente lo hace el 12 de julio de 1957 con María del Pilar Rubio Andrade (12 de octubre de 1929- 22 de enero de 2017), hija de Antonio Rubio de Sande y Emilia Andrade Prieto , de cuyo matrimonio nacen cinco hijos, Mario Jorge, Marisé, Emilio, Jesús Antonio y María del Pilar.
Por su parte Valentín se casa en Zarza el 3 de octubre de 1958 con Carmen de Sande Rosellón (15 de mayo de 1933 – 29 de mayo de 2024), hija de Pedro de Sande y Sande y de Clementa Rosellón Andrade, de cuyo matrimonio nacen Luis María (Luismari), María Luz (Mariluz), Pedro y María Luisa (Marisa).
Don Mario cuando se jubila, junto a su mujer, su hija y Lucía, se trasladan a vivir a Cáceres y se asientan en la conocida avenida de Antonio Hurtado, n⁰ 14. Don Mario fallece el 21 de abril de 1977 a los 75 años, su mujer muere en 1990 con 85 años y su hija María Luz fallece el 26 de julio de 2022 a la edad de 96 años. Los tres encuentran su reposo eterno en Arroyo de la Luz.
Don Mario, el médico, era un gran aficionado al cine y ese gusto le llevó a convertirse en empresario cinematográfico, acompañado de su cuñado, hermano de su mujer, Ángel Olgado que era Policía Secreta en Madrid.
Y así el sueño se hace realidad. En la segunda mitad de la década de los 40, tras adquirir los terrenos a don Francisco Gundín y bajo la dirección técnica del aparejador zarceño Fernando Perianes Presumido (1908-1985), se erige tan noble edificación bajo el nombre de «Cinema Salamanca», aunque era conocido por el «Cine de Don Mario», entrando primero en funcionamiento el cine de invierno y más adelante el cine de verano.
El edificio se construye con piedra traída fundamentalmente de las proximidades de Sequeros y de terrenos en la carretera de Moraleja tras rebasar el cementerio. La piedra fue acarreada en los carros de Juan Pascual Vicente y Reyes Antúnez, cobrando los propietarios de las carretas 100 pesetas por viaje, ofreciendo el edificio una solidez y bella pátina asombrosa desde cualquier punto que se observe.
Y así, el 31 de diciembre de 1946 la Delegación de Industria de la Provincia de Cáceres resuelve y autoriza a don Mario Guillén Carbayo a «instalar una industria de SALÓN DE CINEMATÓGRAFO EN ZARZA LA MAYOR» como así se publica en el Boletín Oficial de la Provincia de Cáceres de fecha 24 de enero de 1947.
Y será bajo la dirección de don Mario cuando sus hijos Vicente y Valentín comienzan a poner en funcionamiento el cine, un edificio que contaba con bar, patio de butacas (98 butacas), platea, escenario y camerino, además del conocido «gallinero» y la cabina de proyección.
Pero el espíritu empresarial del doctor no se queda ahí. Don Mario se asocia a Antonio Herrero González para gestionar el Ideal Cinema de Ceclavín constituyendo un tándem empresarial elogiado en la zona.
Y así fue desarrollándose este proyecto que se convirtió en realidad.
Los viajantes cinematográficos les ofrecían catálogos de películas que la familia Guillén seleccionaban y pedían según la época. Las películas llegaban al principio a Zarza a través de los coches de línea y posteriormente un empresario madrileño las iba distribuyendo por los pueblos. La familia Guillén recibía las películas en una sacas que contenían las cintas, debidamente recogidas, en unas cajas circulares de lata. Tras ello, la película, antes de la emisión, había que desenrollar la cinta y colocarla en la bobina teniendo que unir las cintas si la película era muy larga y si no entraba en una bobina, había que colocar otra bobina y eso hacía que en la proyección se diera paso al descanso. El «Cinema Salamanca» contaba con una máquina de proyección marca Superson y el cine de Ceclavin tenía una máquina Ossa.
Pero el día de la proyección, al inicio de la actual calle Vitigudino, confluencia con Concejo, se colocaban las carteleras con distintas secuencias de la película y en una pizarra se escribían, con tiza, aspectos como el título de la película y hora de proyección. Bonito momento que se vivía en la esquina de la intersección de esas calles, lugar al que acudía el público para adquirir la información.
Y llegada la tarde-noche, el señor Vicente y el señor Valentín se encargaban de la proyección, que se realizaba normalmente, sobre todo al principio, los domingos y lunes, con la misma entrada para los dos días, de tal forma que se pasaba una película el domingo en Zarza y esa misma película se pasaba el lunes en Ceclavin y la que se había pasado el domingo en Ceclavin sería el lunes cuando se proyectaba en Zarza.
Pero también surgían dificultades que hoy resultan ser una anécdota. Cuando la luz llegaba a Zarza procedente del Alagón (Juan Casas), esta era «muy pobre» y don Mario tuvo que comprar un generador-motor a gasolina para que funcionara el arco voltáico, pero con frecuencia se paraba, lo que despertaba los silbidos del público, cosas propias del momento, hasta que la compañía eléctrica Pitarch se hizo cargo de la gestión eléctrica en Zarza y todo quedó solucionado. ¿Se imaginan los silbidos y pataleos en el gallinero?…Don Mario lo pasaba muy mal cuando esto se producía.
Al cine se accedía con entrada que había que adquirir en la taquilla y al principio hubo abono, con reserva de butacas, como por ejemplo los que disponían familias como Melchor Plaza Hernández y su esposa Juana Canales Placeres y los maestros-matrimonio don Julián Pantrigo López y doña María Casado Lanchares.
Para acceder al patio de butacas había que hacerlo a través de una puerta con arco de medio punto y al gallinero a través de unas anchas escaleras que partían al lado de la taquilla.
En Zarza gustaban especialmente las películas del oeste, las de cante y baile, sobre todo películas españolas.
Pero el cine no ofreció solo películas. El «Cine de Don Mario» ofreció actuaciones de Rafael Farina, Antonio Molina, El Príncipe Gitano, Manolo Escobar y la Niña de la Puebla, entre otros. El cine también acogió teatro, como las obras ofrecidas por la compañía familiar «Fonseca», que permanecían en Zarza durante varios días ofreciendo obras teatrales distintas cada jornada. Además, acogió obras de grupos de teatro locales e infantiles y sus propietarios ofrecieron sus instalaciones, en diferentes ocasiones, para galas benéficas.
El año 1977 el cine acogió el Pregón con motivo de las fiestas del Resucitado y la Virgen de Sequeros a cargo de don Valeriano Gutiérrez Macías y en 1979 pregonó a la Virgen de Sequeros el zarceño Emilio Rubio Pérez.
Pero el cine no lo conformó solo la familia Guillén. Hubo otras personas que desarrollaron su trabajo en el «Cinema Salamanca». El bar que estaba situado al lado izquierdo, en la antesala del cine, con una barra de obra muy alta, lo llevaron personas como don Julián Pantrigo López, Anastasio Herrero Rabasco, Atilano Jorge Salgado y Marcos Borrero Requejo junto a su José María con el puesto de las golosinas. En la taquilla estuvo Justo de Alba Jiménez y de portero Claudio Palomino y su mujer Santiaga Prieto, que también realizaba la limpieza del local, sin olvidar a los acomodadores Pedro de Alba que era herrero y Ambrosio Zango.
La oficina administrativa estaba en la casa de la familia Guillén Olgado, en la sala contraria a la de la consulta del doctor. Allí don Mario hacía las gestiones administrativas y el señor Valentín, con su máquina de escribir Olivetti, escribía las cartas a las empresas cinematográficas y cumplimentaba los documentos de gestión.
Los hermanos Guillén Olgado, Vicente y Valentín, también diversificaron sus actividades laborales, tuvieron taxi juntos, que al final se quedó Valentín, durante años tuvieron una DKV para llevar a trabajadores al Salto de Alcántara y también para realizar viajes sobre todo al norte en los años de la emigración, todo ello combinado con la atención al campo y al ganado. Vicente, por el año 1976, gestionó el molino y mezcladora que se instaló en el antiguo local de la Casa Cuartel de la calle Altozano, y en 1978 Vicente fue nombrado presidente de la Cámara Agraria Local y ya, en la etapa democrática, fue concejal del Ayuntamiento. Vicente fallece el 15 de marzo de 2017.
Pero vino la enfermedad del cine, aparece la televisión y dice Valentín y «la furia de las discotecas» y el cine desapareció.
Las dificultades y la ausencia de relevo generacional hace que los Guillén-Olgado vendan, como dice Valentín, «nuestra vida», porque así fue y en 1999 toda la propiedad del cine es comprada por Fidel Paniagua Perianes.
A lo largo de la conversación que mantuve con el señor Valentín el día 22 de mayo aprecié en él nostalgia, recuerdo, emoción, le afloraron las lágrimas pero también nacieron en él sonrisas, las sonrisas propias de unos buenos momentos vividos y de entrega a un pueblo como Zarza, ofreciendo a través del cine, entretenimiento, ocio y diversión, tanto en la sala de invierno como en las bonitas noches de verano.
Don Mario en el recuerdo, siempre será la casa de Don Mario, la calleja de Don Mario y el cine de Don Mario.
Siempre será el cine, siempre en el recuerdo el chascar de las pipas, la evocación del pataleo del gallinero, el descanso, las primeras manitas de los enamorados en la oscuridad de la emisión, siempre el cine de don Mario en la memoria de los zarceños.
Gracias a la familia Guillén-Olgado.
Otro motivo más de orgullo zarceño.
Repasando la historia de Nicolás de Ovando me encuentro con una crónica del historiador Enrique Lillo Alarcón, compañero comendador de la Orden del Camino de Santiago en Castilla la Mancha, cuando un servidor lo es en Extremadura, en la que duce que de los amoríos de Andrea de Cervantes, la hermana mayor de Miguel de Cervantes Saavedra, autor de Don Quijote de la Mancha, con Nicolás de Ovando nació en Sevilla una niña llamada Constanza de Ovando y Figueroa.
Vamos a aclarar bien este tema para no ocultar nada, pues Nicolás de Ovando, era freyre comendador de la Orden Militar de Alcántara, fraile y soldado, pues no tenía mujer.
Este Nicolás de Ovando era descendiente directo de un familiar del que fuera primer gobernador en Indias, sustituyendo a Cristóbal Colón. Como se sabe, Nicolás de Ovando fue el hijo segundo de Diego de Cáceres Ovando y de Isabel Flores de las Varillas, dama de la reina Isabel la Católica y nieto de los Flores cuyo palacio estaba en lo que hoy son las Escuelas Nuevas de Brozas.
Este Nicolás de Ovando, amante de la Cervantes es, quizá un sobrino biznieto del gobernador. Lillo Alarcón aporta más datos: Diego de Cáceres Ovando y la broceña Isabel Flores de las Varillas tuvieron varios hijos, entre ellos frey Nicolás de Ovando y su hermano Hernando de Ovando. Este se casó con Mencía de Ulloa, que tuvieron un hijo al que pusieron de nombre Nicolás de Ovando (doctor en Leyes y oidor del Consejo de Órdenes), quien tuvo como esposa a Isabel Téllez, fallecida en 1557. La descendencia de este matrimonio fue María Ovando, casada con otro doctor en Leyes, Luis Carrillo. Esta patea fueron los padres de Nicolás de Ovando, que fue el que embarazó a Andrea Cervantes, la hermana de Miguel. No se casó con ella, pero sí consintió darle su apellido a la niña Constanza de Ovando y Figueroa, además de donarle dinero a Andrea por proceder de una familia más pobre que los Ovando.
Emilio Arroyo Bermejo CRONISTA OFICIAL DE VALDASTILLAS
La parroquia de Santa María de Gracia de Valdastillas, perteneciente al arciprestazgo de Cabezuela del Valle, es una de las más de doscientas parroquias que tiene la Diócesis de Plasencia, parroquias ubicadas en las provincias de Cáceres, Salamanca y Badajoz.
La advocación de la parroquia cuqueña es mariana, con la denominación de Nuestra Señora de Gracia o de la Anunciación, cuya festividad se celebraba el 25 de marzo (nueve meses antes del nacimiento de Jesús) sacando la imagen en procesión, hecho que con el paso de los años su culto ha decaído.
Esta edificación religiosa es el fruto del interés de Valdastillas en el siglo XVI por tener un servicio espiritual y su necesidad de autoafirmación como poblado en creciente y constante desarrollo unido a su incremento demográfico, lo que hace que para su definitiva construcción, además de la financiación por parte del Concejo se tenga que acudir a la generosidad de la diócesis de Plasencia, más concretamente a dos de sus obispos que ocuparan la silla episcopal en los años de construcción, convirtiéndose en dos mecenas, patrocinio común en el Renacimiento, primero Gutierre de Vargas Carvajal y a la muerte de este, su sucesor, Pedro Ponce de León.
Gutierre de Vargas Carvajal nació en Madrid en 1506 y fallece en Jaraicejo en 1559, vigésimo noveno obispo de Plasencia desde 1524 hasta su muerte en 1559, destacando por ser un gran impulsor de iglesias rurales de la diócesis entre las que se encuentra la de Valdastillas.
El sucesor en la silla episcopal placentina fue Pedro Ponce de León (Córdoba 1510-Jaraicejo 1573), trigésimo obispo de Plasencia desde1560 hasta su muerte en 1573 y como su antecesor, también gran impulsor de la construcción de iglesias con aportación de su propio pecunio como ocurrió con la de Valdastillas.
Ámbos epíscopos dejaron su impronta en la edificación valdastillense. Gutierre de Vargas Carvajal hizo colocar su escudo episcopal en la fachada principal de la Iglesia de Valdastillas, encima de la puerta de arco de medio punto, debajo de la espadaña del esquilón. Por su parte, Pedro Ponce de León dejó su huella colocando su escudo en el exterior de la edificación, concretamente encima de la puerta, actualmente tapiada, del lado del evangelio.
Todo apunta a que sin este concurso la construcción se hubiera alargado en el tiempo pues el Concejo y la Parroquia disponían de escaso caudales para afrontar su término, cosa que, por el contrario, las diferentes cofradías locales, se encontraban más boyantes económicamente y con posesión de bienes de otro tipo.
Tras la construcción de la iglesia, obra arquitectónica del XVI y que en las centurias siguientes sufriera alguna que otra reforma a expensas de la situación económica del momento, la misma comienza su andadura bajo la jurisdicción diocesana y del prelado de turno.
Las parroquias recibían y reciben la visita pastoral de su obispo y en ocasiones la de visitadores del obispado, tradición que no tiene un carácter meramente administrativo o fiscalizador, sino que también es un encuentro fraterno y cercano para fortalecer la fe de los fieles, animar a los sacerdotes y evaluar el estado de la comunidad, buscando revitalizar la labor evangelizadora y la comunión eclesial, ademas de incluir la comprobación de los libros parroquiales, el inventario de bienes y la conservación del templo, entre otros aspectos.
Bartolomé de Ocampo y Mata, obispo de Plasencia entre 1699 y 1703 en el libro de visitas de la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús de Valdastillas , el 22 de octubre de 1701, reconoció las cuentas y aprecia que la cofradía no tiene estatutos ni está el listado de los cofrades.
El obispo Francisco de Pérez y Porras (epíscopo placentino de 1715 a 1720), en su visita pastoral, detecta errores en las cuentas de la parroquia por no pasar antes los controles obligados sin ser entregadas previamente al Notario o Escribano, ni estar firmadas por el Mayordomo y solo tener la firma del cura párroco. Este mismo obispo, refiriéndose a la cofradía del Dulce Nombre de Jesús, le pide a sus mayordomos que presenten cuentas claras, sobre todo en lo referido a la venta de frutos de las heredades.
En 1726 realiza visita pastoral a Valdastillas el obispo Francisco Laso de la Vega y Córdoba (episcopado 1721-1728), quien tras decir misa cantada se acercó al Sagrario y dio a adorar al Santísimo Sacramento, luego se aproximó procesionalmente con el clero a la pila Bautismal. Posteriormente se cantaron varios responsos, saliendo en procesión alrededor de la iglesia y cantando de nuevo responsos frente al osario.
En algunos casos, los obispos no acudían a estas visitas pastorales. Este es el caso de la visita de 1740 en la que el visitador Alejandro Sierra y Dávila actúa en el nombre del obispo del Plasencia entre 1739 y 1742, Pedro Manuel Dávila Tapia y Cárdenas.
Valdastillas cuenta con Libro Becerro de la Fábrica de su iglesia, ejemplar donde se asentaban todas las posesiones, heredamientos y tributos de todas las fábricas, beneficios y capellanías de la iglesia y los visitadores constantemente «invitan» a los párrocos a anotar en el libro Becerro los bienes eclesiásticos y datos económicos.
El obispo Pedro Gómez de la Torre en sus tres años de episcopado (1756-1759) visita Valdastillas en 1759 y en ella aprecia que en una tablilla que se colocaba en la sacristía con las funciones y atenciones de la parroquia, esta no ofrece claridad por lo que pide mejorar el contenido. En esta misma visita Gómez de la Torre se preocupa por la vida y costumbre del clérigo, pidiéndole decoro externo con vestimenta arreglada, mandato que ya venía del anterior obispo José Ignacio Rodríguez Cornejo (episcopado en Plasencia entre 1750 y 1756).
Las devociones marianas fueron centro de interés en la visita girada en 1881 por el obispo Pedro Casas y Souto ( obispo placentino entre1876-1906) quien sugirió el rezo del Ángelus por la mañana, al medio día y por la noche y que en esta misma visita el prelado Casas Souto alude a la Gracia de la Virgen María por la Anunciación y de ahí el nombre de Parroquia de Nuestra Señora de Gracia de la Anunciación.
Todas estas visitas pastorales y las que efectuaban para administrar el Sacramento de la Confirmación, estaban cargadas de boato y protocolo siendo recibidos los mitrados a las puertas de la iglesia por los clérigos locales y comarcales, autoridades como el alcalde, regidores, escribanos y parroquianos en general, con la común estampa de la feligresía inclinándose hacia el obispo para besarle el anillo episcopal que portaba en la mano derecha como señal de respeto.
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