Emilio Arroyo Bermejo
CRONISTA OFICIAL DE VALDASTILLAS
El rico Cancionero Popular cuqueño constituido por canciones infantiles, canciones de quintos, de despedida al servicio militar, canciones de galanteo, obscenas, canciones toreras y canciones de boda, tuvo antaño un recorrido bastante amplio en el uso por parte de los cuqueños cuando la ocasión lo brindaba.
Recuperar estas manifestaciones es un deber de las generaciones actuales para legarlo a los niños y jóvenes, sobre todo en lugares como en Valdastillas y también en todo el Valle del Jerte, pues es rico el repertorio que de las manifestaciones señaladas destacan en esta comarca de la alta Extremadura.

Valdastillas, al igual que hizo en los pasados carnavales poniendo en valor el «Jarramachis» o «Jarramache», recientemente con motivo de una boda y este pasado fin de semana, con motivo de otra boda, se han recuperado las «Alborás de Boda», hermosos cantares epitalámicos que son aireados por familiares, amigos e invitados a la boda, en la madrugada anterior, tanto a la puerta de la casa de la novia como en la del novio.
Y así dice una de las estrofas:
«A los dueños de esta casa,
las buenas noches les damos,
y que sepan disculparnos,
si en algo les molestamos».
Manifestaciones al son de la botella, almirez o el tamboril, que con motivo del enlace matrimonial la concurrencia loa las virtudes y buen hacer de los contrayentes y además expresan sus mejores deseos para la etapa que inician.
«Somos siempre tu familia,
y te apreciamos muy bien,
a Dios con fervor pedimos,
que te vaya siempre bien».
Y la ronda continúa, la noche avanza hacia la madrugada con la vista puesta en el día nupcial:
«Porque tiene cama nueva,
¡qué contenta va la novia!,
porque tiene cama nueva,
más contento va el novio,
porque va a dormir con ella,
Olé, olé, olé, porque va a dormir con ella».
La tradición también indicaba que la primera noche de boda, ya casados, los invitados volvían a salir por el pueblo a buscar a los recien desposados. Para ello se había preparado el lecho nupcial en un lugar desconocido y el séquito cantando y bebiendo buscaba el lugar donde los novios recién casados tendrían su primer nido de amor.
Y se canta:
«Entró libre en la iglesia,
salió casada:
no hay quien desate el nudo,
de esa lazada,
de esa lazada, niña,
nudo tan fuerte,
no hay quien lo deshaga,
solo la muerte»
Al encontrarlos, la fiesta volvía, unas buenas migas con café acompañaría esos momentos en los que familia y amistades más cercanas compartían otro gran instante.
Las tradiciones decaen. Son muchos lo factores que influyen. El hecho de producirse menos bodas en los pueblos y el hecho de que los novios, una vez casados pernocten en los hoteles donde se ha celebrado el evento culinario hace, que al menos, la tradición de «levantar a los novios» tras la boda, vaya desapareciendo.
Pero lo vivido en Valdastillas en las dos últimas ocasiones es de agradecer, el resurgimiento de las tradiciones rurales, tradiciones ricas tanto en lo que se refiere al cancionero y a las costumbres, bien merece ponerlo en valor y animar a que estas manifestaciones no se pierdan, pues son la idiosincrasia de un pueblo, de un modo de vivir y sentir los momentos o ciclos de la vida en comunidad.
En defensa de las tradiciones populares. Valdastillas con la cultura tradicional.

Comentarios recientes