Hoy hace 25 años que ocurrió el gravísimo e histórico atentado de las Torres Gemelas de Nueva York. Y me viene a la memoria qué hacía en el mismo momento en el que se cometió el segundo atentado cuando otro avión se estrelló en la segunda torre.
Acababa de terminar mi jornada laboral en la Dirección General de Turismo de España en Madrid. Tenía la oficina enfrente del hotel Eurobuilding. Una compañera y yo salimos a almorzar donde solíamos hacerlo siempre y allí vimos en directo, por televisión ese horrible atentado. A mí me pareció, al principio un accidente, Todo el restaurante se calló y pudimos escuchar en directo al locutor que hablaba desde el estudio en Madrid y no daba crédito a lo que veía.
Le comenté a mi compañera que a lo largo de mi ya larga vida de profesional del periodismo turístico tuve un almuerzo en el último piso de una Torre Gemela, coincidiendo con el congreso internacional de FIJET, la Federación Internacional de Periodistas de Turismo, que por entonces presidía el español y buen amigo Jesús Vasallo, padre del que fuera director general de Turespaña Ignacio Vasallo, quien antes había trabajado en la oficina española de turismo en Nueva York. Fue el mismo mes en el que una semana más tarde, en ese congreso, nos ofreció en uno de sus hoteles de Atlantic City un reconocido empresario que en el día de hoy es el presidente de los Estados Unidos: Donald Trump.
Subimos a la Torre Gemela en un rapidísimo ascensor un numeroso grupo de personas que nos llevó hasta el último piso de la torre. En mis colecciones de diapositivas tengo varias fotos que tomé desde arriba al Puente de Brooklyn. Fue un almuerzo muy agradable con compañeros periodistas de turismo de diversos países. Yo coincidí, me viene ahora a la memoria, con españoles, un libanés, al que conocí en el congreso de Beirut y que ahora vive en Canadá, suecos y polacos.

He vuelto a Nueva York, cuando mi hijo trabajó en la oficina española de turismo. Un día paseamos por esta zona de las Torres Gemelas, que ahora es el Memorial 11 de septiembre. Ahora es un espacio limpio de edificios, donde están los nombres de cerca de las 3.000 personas fallecidas en este horrible atentado, al que hoy no se atreve a ir el presidente Donald Trump y ha enviado a su vicepresidente, cuando sí van a acudir todos los presidentes vivos de los Estados Unidos.
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