EL BAR DE PACO «EL PINCHE» EN LA PLAZA

EL BAR DE PACO «EL PINCHE» EN LA PLAZA

CRONISTA OFICIAL DE ZARZA LA MAYOR

En el edificio que albergó la Real Fábrica de la Seda, edificio levantado en 1749 bajo el reinado de Fernando VI, conocido también como La Casa Grande situado en la Plaza Mayor de Zarza la Mayor, la familia Durán Requejo tuvo un bar, peluquería de caballeros, peluquería de señoras y hasta confección de camisas.
La entrada se situaba por la puerta actual, pero un poquito más estrecha de lo que ahora es la entrada al «Mesón Moreno» y allí, Francisco Durán Clavero, «El Pinche» y mujer, Paula Requejo Almeida, vivían junto a sus dos hijos, Paqui Durán Requejo y Pedro Durán Requejo acompañados también por Simona Almeida, madre de Paula y abuela de Paqui y Pedro.
La familia tenía arrendada la casa cuya propiedad era de Baustista Vicario. Al entrar te encontrabas en primer lugar con el bar, con una barra alta de obra situada a la parte derecha, barra que construyó el padre de Paula, Miguel Requejo Hurtado y que también participó en la construcción de la escalera de caracol de la Iglesia, construida a partir de los años 50 bajo la dirección del aparejador local Fernando Perianes Presumido y siendo párroco Don Silvino Matas González.
Tras rebasar el bar, otra puerta te permitía pasar a un salón inmenso el cual tenía una ventana que daba a la Plaza del Rollo y allí, en ese salón, Francisco Durán Clavero, el señor Paco «El Pinche», en el lado izquierdo, al fondo, tenía la peluquería con todos los enseres necesarios para el corte de pelo y el afeitado de los hombres.
El bar, antes mencionado, lo llevaban al alimón el señor Paco y la señora Paula, pero como complemento, la señora Paula durante años se dedicó a confeccionar camisas a medida para el comercio del señor Gerardo Baz Barroso.
Sus hijos, Paqui y Pedro también fueron peluqueros. Paqui tenía su salón de peluquería en el piso de arriba y Pedro, además de la peluquería, era un excelente pintor de cuadros que muchos de ellos tenían motivos taurinos, cuadros que exponía tanto en el bar como en el anteriormente referido salón, así como una pintura de la la Excelsa Virgen de Sequeros que había pintado en la galería o corredor de arriba.
En el salón los domingos y días de fiesta había baile en el que tocaba el acordeón el señor Gregorio, «El Guiñapo», y su hijo la batería.
Durante un tiempo, el señor Paco junto a Alberto Hurtado Florencio, «Moreno», estuvieron llevando el bar del cine teatro Bofill, sin ambos dejar de dirigir sus propios negocios.
Pasados los años, pues Paqui tuvo la peluquería unos 16 años, tanto Paqui como Pedro emigran, Pedro marcha a Barcelona y Paqui lo hace a Vitoria, pero ambos siguen dedicándose a la peluquería.
En la pandemia, Paqui, ya jubilada, decide volver a Zarza con su marido, Antonio Pallé Módenes, natural de Piedras Albas, para vivir en la Calle del Parral, mientras que Pedro sigue viviendo en Barcelona aunque viene con frecuencia a Extremadura porque su mujer es de Jarilla, localidad del Valle del Ambroz.
Con el paso del tiempo, la vivienda vuelve a manos de sus propietarios y la parte correspondiente al bar queda como sede de una de las primeras peñas de jóvenes en Zarza, la Peña «El Candil», hasta que finalmente el empresario Leopoldo Moreno la adquiere junto a la propiedad contigua.
El señor Paco, «El Pinche», había nacido en 1911 y falleció el 8 de junio de 1984 con 73 años.
Cuántos zarceños y zarceñas recordarán momentos vividos en el bar, cuántos bailes y quizás primeros amores entre sus paredes, cuántos zarceños y zarceñas pasarían por las tijeras del señor Paco, Pedro y Paqui, cuántas camisas lucirían los zarceños elaboradas con la aguja y el dedal en las manos de Paula…cuántos recuerdos, cuántos bonitos recuerdos.

Nuestros pequeños pueblos

Esos pequeños frascos, como dice el refrán, que guardan grandes esencias. Esos son nuestros pueblos, pequeños en población pero grandes en otros muchos aspectos. Cuidémoslos, pues son uno de nuestros grandes tesoros.

Nuestros pueblos pequeños: a propósito del nombramiento de Emilio Arroyo como cronista de Valdastillas (Cáceres)

Enlace al artículo: https://www.elperiodicoextremadura.com/caceres-local/2025/12/03/pueblos-pequenos-proposito-nombramiento-emilio-124388865.html

MONTIJO. AQUELLOS DÍAS MATANCEROS

MONTIJO. AQUELLOS DÍAS MATANCEROS

Cronista Oficial de Montijo y Lobón

Dicen que cada estación aparece por un sitio distinto. Aseguran que el invierno lo hace llegando desde la parte norte, cuando el sol no se siente congestionado por el crepúsculo y los días muestran su tibieza bajo las lágrimas de un manto cuajado de niebla, pretendiendo con ello impedirnos ver el color celeste inmaculado de los cielos de estos días de diciembre.

Está todo a punto. El frio aprieta y el vareo trabaja. Por la resolana de los días llegan los manantiales de la molienda. La aceituna se desangra en un parto generoso para traernos su gloria líquida. Machado, triturado, capachos, alpechín, almazaras y molinos.

Está aquí, llega, la muy antigua, ilustre, venerable, madre y patrona de nuestra dieta, preservadora de nuestro organismo, maestra y virgen de nuestra cocina. Seas bienvenida, aceite. Elaborada en las antiguas almazaras, viejos lagares y molinos de aceite, que oficiaban en la Rinconá de Pozo Nuevo, calle Valdelacalzada, Puerta del Sol y Reyes Católicos, bajo el nombre de Ntra. Señora del Carmen que dio nombre a la actual urbanización El Molino.

Con diciembre evoco aquellos días en los que flotaba en el aire el aroma que llegaba del comercio de Juan Reyes, en el Barrio de la Pringue, a tripa y pimienta para los avíos de la matanza. Evoco los afanes de artesas, emburridores, baños, cuerdas, trébedes, embudos y picas. Las migas a primera hora de la mañana, hechas con pan del día anterior, mojado y reposado. Café y copa de anís.

La matanza del cerdo, antiguamente comenzaba a últimos de noviembre, por Santa Catalina de Alejandría y el apóstol San Andrés. Y de matanza a matanza se consumían los días de diciembre y la cuesta de enero, terminando los sacrificios por las Candelas, a comienzos de febrero. La matanza constituía un rito y el sacrificio requería valentía y oficio. Hay una buena nómina de profesionales matarifes. Destaco a Luciano Cerezo, Eduardo Cordero, Juan Redondo, Alfonso Díaz, su hermano Juan y Paco Ruíz, conocido cariñosamente como el vaquero; Miguel del Viejo, dueño del Estillero, que sacrificaba los guarros para Agustín Rodas Bautista. Aunque me quedo en la jurisdicción de mi memoria con Pedro Martínez Serrano, excelente maestro carnicero y mejor persona.

Junto a los matarifes no olvido el trabajo de las matanceras Catalina Mela, Josefa Barril y Tomasa Rodríguez Gutiérrez, entre otras muchas. Bien temprano se oía el gruñido del animal que atrapado por el gancho era aupado al Gólgota de la mesa del sacrificio. El ancho cuchillo matancero penetraba en la papada y un caudal de sangre caía en el barreño, que con el removido e ingredientes todo acababa en mondongo. El fuego de la albolaga iniciaba el chamuscado y raspado. Las ollas puestas a hervir. La prueba se enviaba para que la reconociese el veterinario. Luego el despiece, separando el magro de la grasa. Se lavaban las tripas. De rodillas en las artesas la masa para chorizos y morcillas era removida y agitada sin descanso. Luego el llenado para el embutido.

En esas faenas los muchachos, espectadores de excepción, solicitaban como triunfo el rabo del guarro y la vejiga para la boca de un cántaro hecho zambomba. La fiesta de la matanza era de alborozo y excusa para no ir a la escuela. Cuando pasaba lista el maestro o veían una falta, el resto de la clase justificaba la ausencia: “Maestro, está de matanza”. El gozo llegaba con la prueba hecha en la sartén y la careta asada, corriendo entonces de vaso en vaso la jarra de vino. Con lentitud y parsimonia se iba colgando el producto que las matanceras habían cortado y atado, obra hecha con artesanía. Y allí, arriba quedará quieto, inmóvil, hasta que la última gota grasa roja proclame el final del oreo. En la calle se oía la ronda de algún villancico “Esta noche es nochebuena y mañana Navidad”. Benditos sean aquellos días matanceros que traen ahora estos recuerdos en el mes de diciembre.

 

 

UN VIAJE POR PERÚ

UN VIAJE POR PERÚ

El viajero ha pasado unos días en Perú, la nación del imperio inca, territorio conquistado por el trujillano Francisco Pizarro. Es tal su importancia que hay una estatua de este conquistador en Lima, gemela de la que existe en la plaza mayor de Trujillo y me hice una foto junto a ella, situada en la Ciudad de los Reyes, la ciudad que mandó fundar el extremeño, hoy el mismo centro de Lima, ciudad que cuenta hoy con 12 millones de habitantes.

Durante el viaje a Perú la labor de varios hijos ilustres de la villa de Las Brozas (Cáceres) en este virreinato, villa de la que tengo el honor de ser desde hace más de 30 años, su cronista oficial. Así, uno de los primeros conquistadores de Perú fue el capitán alcantarino Hernando de Montenegro, quien se casó en Brozas con Ana Bravo de Paredes. Fue alcalde de la Ciudad de los Reyes, hoy un barrio muy céntrico e histórico de Lima y logró pacificar la región de Cajamarca, situada al norte de Perú.

Juan Gutiérrez Flores fue, en la segunda mitad del siglo XVI, capitán general del Perú, pues su abuelo materno, de nombre Hernando de Montemayor, que había nacido en la Ciudad de los Reyes (Perú), se casó con la que sería su abuela materna, la broceña María Bravo de Paredes. Su hermano, Antonio Gutiérrez Flores, fue inquisidor en Lima.

Un bisnieto de Juan Gutiérrez Flores, Rodrigo de Ovando Flores fue paje del Rey Felipe IV y Capitán de Infantería, distinguiéndose mucho en la Florida y en el Perú, donde llegó a Maestre de Campo, Capitán General y teniente del Virrey Fernando Torres y Portugal. También desempeñó el cargo de Corregidor en la Ciudad de la Paz, en Bolivia.

Otro capitán, hijo de Brozas, Pedro Gutiérrez, andaba por el Perú en la primera mitad del siglo XVI. Pedro Flores Gutiérrez profesó en la Orden de Alcántara en el año 1576, individuo del Consejo de Indias, presidente del Tribunal de Contratación e Sevilla y en Perú tuvo el cargo de Visitador General, donde prestó señalados servicios pacificando aquel país y asentando las cosas del mismo en ausencia del virrey Francisco de Toledo. Dispuso para el mejor gobierno sabias ordenanzas, las que estuvieron en observancia basta la pérdida de dicho Estado. En sus últimos años vivió retirado en Brozas

En 1612 tomó el hábito de la Orden de Santiago Fernando de Carvajal Ulloa y Duarte. Se dedicó a la carrera de las armas, llegando General. Casó en el Perú dos veces, la primera con María de Silva y Rivera y la segunda con María Celada. No teniendo sucesión en su testamento dispuso de la mayor parte de sus bienes a favor del Hospital de Santiago de Brozas.

Ya en el siglo XVII, un nieto e hijo de brocenses, el doctor Pablo Paredes, fue el rector número 84 de la Universidad de San Marcos de Lima, entre los años 1629-1631. Su padre, García de Paredes, era natural de Brozas, se casó en América y fue Gobernador y Capitán General del Perú.

Por último, no quiero que se me pase este nombre fray Francisco del Rivero, cuyo nombre en religión era fray Francisco de la Soledad, y copio textualmente lo que dice de él el libro de los Hijos Ilustres de Brozas: “Marchó a Lima con un pariente suyo, dedicándose algún tiempo a la carrera de las armas y luego al comercio. Después se trasladó á Filipinas y, sintiéndose llamado al estado religioso, entró en la provincia de San Gregorio, distribuyendo su caudal entre los pobres y profesando el 21 de julio de 1591. Fue religioso de oración y alta contemplación tuvo muchos éxtasis y arrobamientos y era muy caritativo y penitente; se ejercitó más de 30 años en la asistencia de enfermos de los hospitales y tuvo don de profecía. Fue lego. Murió en Manila en 1615.

A finales de septiembre se celebró en la que fuera capital del imperio inca, la ciudad de Cuzco, el congreso mundial del Skal, la asociación internacional de altos empresarios y técnicos del sector turístico, en el que participan más de 300 profesionales llegados de todas las partes del mundo.

El acto oficial de apertura del congreso se celebró en los jardines de la Coricancha, que fuera el templo más importante del imperio inca, algo así como nuestro Vaticano católico. Abrió el acto inaugural la presidenta del Skal Cuzco, María del Pilar Salas, así como el alcalde de la ciudad cuzqueña, Luis Pantoja; el director de promoción de Turismo, Alfredo Fortes; la directora de Promperu, María del Sol Velásquez y cerró la presidenta del Skal Internacional, la australiana Denise Scrafton.

Durante mi estancia en Lima hice el hermanamiento oficial, entre Skal Lima y Skal Madrid. El acta la firmaron el presidente de Skal Lima, Jorge y un servidor, como presidente de honor de Skal de Madrid y presidente de Skal España 2024/2025. Fue todo un éxito, por el número de asistentes en el hotel limeño Nhow, y la presencia de diversas autoridades nacionales del turismo de Perú.

Por la tarde de ese día impartí una conferencia en la Cámara de Comercio de Lima sobre “La importancia de la comunicación en la promoción de los destinos turísticos”. El acto estuvo organizado por la presidenta del Gremio de Turismo de la institución, Marienela Mendoza, buena amiga y excelente profesional de sector, con asistencia de la segunda vicepresidenta Gabriela Florini, esposa del presidente del sector de la gastronomía el chef Adolfo Perret, de los restaurantes Punto y Sal, pero que estaban ya cerrados, por lo que disfruté posteriormente, en otro restaurante de una rica cena de cocina peruano/japonesa.

Después fueron días de visitas turísticas, especialmente al centro de la ciudad de Lima, destacando las fotos ante la estatua del conquistador del imperio inca el extremeño Francisco Pizarro. También puedo presumir que, en plena misa, en la catedral de Lima, conseguí que me dejaran fotografiar la tumba de este personaje.

El día siguiente estuvo dedicado en la embajada de El Salvador en Perú, un servidor fue nombrado socio de honor de ACUPESAL, la Asociación Cultural Perú – El Salvador, en presencia del embajador salvadoreño Pablo Caballero.

En Cuzco

El viajero llegó al aeropuerto de Cuzco desde Lima a las cinco de la tarde. A las seis se metió en su hotel, el san Agustín Plaza, enfrente de la famosa Coricancha y no salió hasta las nueve de la mañana siguiente. Es muy aconsejable descansar mucho, dormir bien y tomar agua y hasta té de coca, pues Cuzco está a 3.400 metros de altitud y falta oxígeno. Algunos congresistas jóvenes, que ni repararon en esta sugerencia, tuvieron que acudir al hospital de urgencia por falta de oxígeno. Ya lo he dicho, hay que descansar y tomar coca… no droga, sino té de hoja de coca. Al día siguiente, como nuevo.

La Coricancha y Monasterio de Santo Domingo de Cuzco

La Coricancha es el templo del dios Sol o dios Inti, el más importante templo del imperio incaico, algo así como nuestro Vaticano en Roma. Aún se conservan los muros originales y habitaciones de los sacerdotes se conservan dentro del monasterio de Santo Domingo, que hoy por hoy es uno de los atractivos culturales más visitados del Perú, célebre por su valiosa muestra de la unión entre las herencias inca y española.

El monasterio conserva en el centro del claustro una pileta ceremonial inca y fue el lugar donde se celebró la cena de clausura del congreso mundial del Skal Internacional, la asociación de altos profesionales del turismo, con asistencia de unos 330 asociados de varios países de los cinco continentes. Un servidor acudió en calidad de presidente de Skal España 2024/2025. La pileta está tallada de un solo bloque de piedra, que se usaba en ritos religiosos prehispánicos.

La ciudad antigua de Cuzco (Cusco en peruano) era el ombligo del mundo, la capital del imperio del Tahuantinsuyo, hoy declarada en 1983 por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad. Cerca de la Coricancha y el monasterio de Santo Domingo se halla el hotel de lujo “El Palacio del Inka”, que fue levantado en unos terrenos cercanos donde descasaba el emperador inca y todo su séquito antes de ir a adorar a Inti, el dios Sol en la Coricancha. Tras el agradable almuerzo, Eva, una de las camareras más veteranas del hotel, inaugurado en 1976, me enseñó parte de los muros antiguos del palacio que aún se conservan dentro del hotel, con las características constructoras incaicas que no dejan pasar entre piedra y piedra el grosor de una hoja de papel, como se puede ver en sus muros y sobre todo en una pared del centro de la ciudad antigua en la famosa piedra con doce ángulos perfectamente conservada en lo que fuera palacio del Inca Roca y hoy palacio arzobispal, muy cerca de la Plaza de Armas.

La Plaza de Armas

La Plaza Mayor o Plaza de Armas es el lugar más céntrico y el más visitado de Cuzco. Es donde se halla la catedral, levantada entre los siglos XVI y XVII. Allí mismo, el Museo Inka y las iglesias de los jesuitas y la del Triunfo, además de numerosos restaurantes típicos con balconadas características de la arquitectura del lugar. En esta plaza se realizan numerosas actividades especiales, como el Corpus Christi, o la fiesta de Inti Raymi, la famosa y más importante fiesta dedicada al dios Sol de los incas que duraban unos 15 días en junio y en la que se realizaban sacrificios. La última gran fiesta se celebró un año de la conquista de Perú por Francisco Pizarro en 1535. Actualmente es una fiesta conmemorativa.

En esta Plaza Mayor o Plaza de Armas se celebró el domingo que yo pasé en ella una gran manifestación de colegios de todo Cuzco, una ciudad de unos 500.000 habitantes, y en la que había niños de cuatro años hasta profesionales ya jubilados como ingenieros civiles, cuya promoción fue la de 1977.

También en esta singular plaza se hallan numerosos restaurantes. Con motivo del congreso mundial del Skal Internacional tuve una cena en el restaurante Inka Grill, a base de platos típicos. Este restaurante se fundó en 1998 y desde entonces permanece encendida una enorme vela que está desde esa fecha.

La Zona Arqueológica de Moray

Situado a unos 50 kilómetros al norte de Cuzco, Moray está considerado como un laboratorio agrícola de los incas, con terrazas circulares donde se plantaban diversos productos que eran evaluados para mejorar las cosechas. De una planta de las terrazas a otras podía haber hasta 15 grados de diferencia y los incas llevaban allí tierras de otras partes del imperio de Tahuantinsuyo para hacer experimentos, creando microclimas para experimentar con los cultivos, a pesar de que Moray se encuentra a 3.500 metros de altitud. Moray significa, en la lengua quechua, “cosecha de maíz seco”, pero también era un lugar de observación astronómica, a la que tan dado eran las tribus de aquí.

Las Salineras de Maras

También en esta región, en Urubamba, en el Valle Sagrado de los Incas, se hallan las salineras de Maras, que hoy son explotadas por ciudadanos del lugar en beneficio propio y de la sociedad local. Las sales llegan desde un manantial subterráneo en plena montaña Qaqawiñay, a unos 3.000 metros de altitud. Llama la atención que encajonados entre las montañas hay unos pozos pocos profundos que evaporan el agua y sale una estupenda sal reconocida por los mejores jefes de cocina del mundo.

De hecho, la cocina peruana pasa por ser hoy la mejor del mundo. Nombres como los restaurantes Maido, considerado el mejor de la tierra, que promueve una mixtura entre la cocina peruana y la de Japón, comandado por el chef Mitsuharu Tsumara, más conocido como Micha. El menú al día de hoy una experiencia Maido con maridaje tokujou supone 2.525 soles, y a cambio son 636 euros. Claro que hay que pedir la reserva con muchísima antelación.

En los restaurantes locales de la ciudad antigua de Cuzco pude ver y probar diversos platos típicos cuzqueños, tales como adobo cuzqueño que es carne de cerdo adobado y macerado, y como bebida chicha de jora a base de maíz malteado (una cerveza de maíz), rocoto picante y típico pan de Oropesa, en Cuzco, aunque le deba su nombre al pueblo toledano, de donde era el virrey español; ceviche de pollo, sopa chairo, a base de trigo, maíz, papas peruanas, alas de pollo y otros productos típicos de la zona muy difundida además por Arequipa y Puno y hasta un pescado de interior, el pez tilapia. Todo ello sin olvidarse de otros platos típicos como el chicharrón mundialito, a base de presas de cerdo, papas, choclo (una variedad de maíz peruano), tajada de queso, y tamal cusqueño.

Cada año se celebra en Perú la Feria Gastronómica Mistura, a donde acuden agricultores, cocineros, panaderos, restaurantes, profesores de institutos culinarios, por loque prestan muchísima atención a la gastronomía y mezclan sus productos con otros llegados de fuera. Es la feria gastronómica más importante de Hispanoamérica. Toda esta labor por los productos y su elaboración han hecho de Perú que sea considerado el Mejor Destino Gastronómico del Mundo, según se ha reflejado en diversas ocasiones.

Machu Picchu

Es el lugar más turístico de todo Perú, no en balde está considerado una de las Siete Maravillas del Mundo y es Patrimonio de la Humanidad declarado por la UNESCO. Para llegar hasta este singular monumento se ha de ir hasta Lima y desde aquí tomar un avión hasta el aeropuerto de Cuzco. El aeródromo de la capital de Perú tiene el 66 % de los vuelos a la nación. Se está construyendo desde hace años un nuevo aeropuerto en la provincia de Cuzco, concretamente en el pueblo de Chinchero, situado a unos 50 minutos al norte de la capital, y que permitiría la entrada de todo tipo de aviones de cualquier parte del mundo. Sin embargo, las fuerzas económicas de Lima no permiten su terminación. Un verdadero problema para el turismo de esta provincia.

Para llegar hasta Machu Picchu hay que tomar un tren de Rail Perú desde Ollantaytambo hasta el pueblo de Aguas Calientes. Este singular tren turístico tiene una parada para que algunos viajeros comiencen el Camino Inca, que tiene una duración de cuatro días, hasta llegar andando a Machu Picchu. Los paisajes que se ven en el trayecto son preciosos, todo el Valle Sagrado y el rio Urubamba. Al llegar a Aguas Calientes una serie de autobuses traslada al viajero por una increíble y sinuosa carretera de montaña, dando miedo cuando dos autobuses se cruzan en el camino… pero todo merece la pena hasta llegar a ver la ciudadela que descubrió el explorador norteamericano y senador Hiram Bingham en 1911, aunque ya fuera conocida por los habitantes del lugar, pues ya el agricultor peruano Agustín Lizárraga ya la conocía desde 1902.

Machu Picchu tiene tres entradas, cada una con un recorrido distinto. Elegí la número 3 y un guía personal me fue enseñando la ciudadela fundada hacia 1450 por el inca Pachacútec, recorriendo los más importantes monumentos, tras pasar por la zona agrícola que está distribuida en terrazas y desde donde hay una preciosa vista del conjunto: La Plaza Sagrada con el Templo del Sol, el templo principal, la residencia real, la de los sacerdotes o el espectacular Templo del Cóndor, donde se ve un ala de esta ave del lugar. Machu Picchu tiene mucho que ver y es recomendable hacerlo con un guía especializado en la materia. Una vez que entras y lo visitas quedas embargado por el aura del inca y te atrapa su misterio.

EL DÍA MÁS FELIZ DE LA HISTORIA DE TORNAVACAS

EL DÍA MÁS FELIZ DE LA HISTORIA DE TORNAVACAS

Cronista Oficial de Tornavacas

Estrenamos diciembre y en justamente tres semanas se cumplirán 10 años (cómo pasa el tiempo…) del que podríamos llamar, y con razón, EL DÍA MÁS FELIZ DE LA HISTORIA DE TORNAVACAS.

El 22 de diciembre de 2015, un cuarto premio del Sorteo Extraordinario de Navidad, el número 52.215, cayó en Tornavacas. Unos 120 décimos, de la Administración “Santísimo Cristo del Valle” de Navaconcejo, fueron vendidos en el Bar “Los Faroles”. Cada uno resultó agraciado con algo más de 15.000 €, siendo una cifra total aproximada de 2.200.000 € la que dejó el premio.

Tornavacas apareció en todos los medios de comunicación (tanto nacionales como autonómicos) y protagonizó las dos portadas de los grandes periódicos regionales del 23 de diciembre de 2015 (el Diario HOY y El Periódico Extremadura)

Aquí dejamos una muestra de lo que se publicó aquellos días, hablando del acontecimiento y de sus protagonistas.

Un recuerdo simpático de nuestros tiempos más recientes que, nunca se sabe, puede volverse a repetir. Suerte y…si no, mucha salud para seguir recordando este acontecimiento por muchas décadas más.

Por la Calle de Arriba, Montijo

Por la Calle de Arriba, Montijo

Cronista Oficial de Montijo y Lobón

Me gusta la Navidad, la Navidad antigua, la de siempre, la de belenes y villancicos, la de las felicitaciones y lotería escuchada por la radio. Aunque antes rimaba mejor la peseta que ahora el euro en las voces de los niños del colegio de San Ildefonso. Digo peseta, no antiguas pesetas, que algunos se empeñan con ese enunciado. La peseta ni es antigua ni es moderna, es peseta y ya está.

Me gusta la Navidad -no las navidades- de los nacimientos con montes de corcho y musgo. Con figuritas de pastores y papel de plata simulando un río lleno de peces al que acuden las lavanderas. La Navidad del turrón, los alfajores, la de los aguinaldos, los polvorones, mantecados y la de las otras figuritas, las de mazapán. La Navidad de pueblo, de familia e infancia. La Navidad de memoria clara, alrededor de la aparición de un niño, que simboliza a todos los niños.

Decir Navidad es evocar la memoria de mi infancia que recorre de arriba abajo los espacios del recuerdo de aquellos días, de esta mi generación, que tanto castigó diciembre las manos por las secuelas de aquellos sabañones, bajo un frío que curtía y helaba la piel de nuestras piernas expuestas a la intemperie ante el desamparo causado por unos pantalones cortos.

No quiero ni puedo renunciar a la herencia de siglos de esta fiesta alborozada que celebra el momento en el que comenzó, allá en Belén, la experiencia de amor, generosidad y entrega que nos ha enseñado el código moral en el que nos reconocemos más plenos y más libres, participando en un rito colectivo que funde lo mejor de lo que somos y, sobre todo, de lo que hemos sido capaces de ser.

La Navidad compartida con la familia, con los nuestros, en la cena de la Nochebuena y en la comida del día de Navidad. Navidad bajo el olor intenso a matanza, a tripa y especias. Navidad bajo la niebla que sale para hacerse incienso difuminado de Pascua. Navidad del pavo que espera ser sacrificado. La de los petardos atronadores desprendiendo olor a pólvora, metiendo el susto en el cuerpo. La de las estrellas de purpurina que fijan su mirada hacia Oriente.

Nacimiento y manifestación, que nos provoca una leve sonrisa en el recuerdo de las heladas sufridas por aquel gallo hermoso, no el de la pasión, no el que avisó a san Pedro para que echase unas lágrimas, ese no, este otro, firme, fuerte, estirado, serio -como un buen gallo de corral- con aguzados espolones, encaramado en lo alto del chozo que cubría la fuente de granito, gris, sosa y simplona de la inmerecida Plaza de España que desacertadamente nos hicieron, proclamándonos, con su ferviente y claro quiquiriquí, que el niño Dios nace a eso de la media noche.

Llegado ese tiempo emprendíamos veloz carrera para buscar una ronda con sonido de guitarra y olor a aguardiente. Porque allí entre las chinas y los rollos, comadres, suegras, cuñadas, muchachos y muchachas; hombres viejos, nuevos y pimpollos. Allí, en la calle de Arriba, todos cantaban bajo el compás del sonido ronco, áspero, rudo y grave de una zambomba. Sacaban mantones de seda y abrían las puertas de sus casas importándoles muy poco que el pellejo de aquella zambomba se rompiera por la inmensa alegría de quien nace, llega y trae tantas esperanzas. Para que dentro de poco el silencio nos traiga una cruz de plata de miércoles santo, que nos diga que el niño se ha hecho hombre y nazareno, y que apenas sin fuerzas, sube la cuesta de esa calle haciendo la ronda de su pasión hacia el Gólgota, recordándonos con su mirada que una madrugada transparente y fría, allá por diciembre, quiso hacerse carne habitando desde entonces entre nosotros.

(De mi libro “Los quehaceres y los días. Montijo en la memoria”)