A finales de septiembre, mientras me encontraba de visita en Perú (Lima, Cuzco y Machu Picchu) con motivo del Congreso Mundial del Skal, la asociación de altos profesionales del sector turístico, del que he tenido el honor de ser su presidente de Skal España 2024/2025 y vicepresidente fundador, en Venecia, de Skal Europa, se celebraba en Trujillo la edición de los Coloquios Históricos de Extremadura, en los que vengo participando desde 1988, en los que se trata, en profundidad, temas que tienen que ver con la historia y cultura de nuestra tierra. Este año, en concreto, presenté una ponencia de unos 30 folios, mostrando el original de la carta que escribió el hinojaliego don Feliciano Rocha Pizarro a don Niceto Alcalá – Zamora, presidente del Gobierno provisional de la República el 17 de junio de 1931, por la expulsión de España del cardenal don Pedro Segura, arzobispo mitrado de España con sede en Toledo, siendo don Feliciano su obispo auxiliar y vicario general
Feliciano Rocha Pizarro, nació en 1870 en Hinojal (Cáceres) y falleció en Plasencia siendo su obispo en 1945. Fue sacerdote en San Vicente de Alcántara y en las parroquias de San Mateo y Santiago de Cáceres capital. Coincidió con Pedro Segura cuando éste era obispo de la diócesis de Coria, donde Rocha Pizarro fue profesor en el Seminario. Debió causarle tan buena impresión que cuando Segura fue nombrado arzobispo de Toledo y primado de España, le llamó para ser su obispo auxiliar y difundió su labor apostólica a través de la Acción Católica. Tuvo que sustituirle tras ser expulsado el primado por las autoridades de la República Española en junio de 1931.
El 17 de junio de 1931, el presidente del Gobierno de España era Niceto Alcalá-Zamora, quien lideraba el Gobierno Provisional de la Segunda República Española. Este gobierno se formó tras la proclamación de la República el 14 de abril de 1931 y la salida de Alfonso XIII del país. Alcalá-Zamora ocupó la presidencia del gobierno provisional de la República Española hasta octubre de 1931, cuando fue sustituido por Manuel Azaña. El 11 de diciembre de 1931, Alcalá Zamora juró como primer presidente de la II República Española.
La falta de tacto del cardenal primado Pedro Segura tensó las relaciones Iglesia-Estado durante la Segunda República, aunque tampoco se mordió la lengua ante Franco
ROCHA PIZARRO, NUEVO VICARIO EPISCOPAL
La noticia de su elección como nuevo vicario episcopal, tras la dimisión del cardenal Segura, la tomamos del diario ABC del martes 6 de octubre de 1931, en la que se dice lo siguiente:
“Poco después de las diez de la mañana se reunió el Cabildo primado en la sala capitular de la Catedral, para proceder a la elección del vicario episcopal del Arzobispado en sede vacante. Concurrieron la casi totalidad de los capitulares, presididos por el deán, Sr. Polo Benito. Entre los canónigos figuraba el diputado a Cortes por Toledo D. Ramón Molina Nieto. No asistió el capitular don Emiliano Segura, hermano del arzobispo dimisionario. La reunión se prolongó cerca de una hora. A las once se supo que había sido elegido vicario capitular por unanimidad el obispo de Aretusa D. Feliciano Rocha Pizarro y que la designación de ecónomo de la mitra había recaído en el deán señor Polo Benito.
Documentos de la Sección de Diversos del Archivo Histórico Nacional
Un día de como hoy, 1 de noviembre de 1755, festividad de Todos los Santos, ocurrió el Terremoto de Lisboa, que por su duración y virulencia ocasionó cerca de cien mil víctimas. El ochenta y cinco por ciento de los edificios de la capital lisboeta sufrieron considerables daños. El seísmo recorrió el territorio portugués y el reino de España, no siendo ajenos los daños producidos en los territorios extremeños, y, evidentemente, nuestra comarca no fue una excepción.
La iglesia de Lobón quedó inhabitable por el gran destrozo que hizo en sus bóvedas y torre, permaneciendo varios años cerrada al culto. Varias ermitas de la comarca: Montijo, Lobón y Puebla de la Calzada padecieron las secuelas del mismo. En Montijo, aún es visible el impacto que causó en la iglesia parroquial de San Pedro Apóstol.
Varios fueron los contratistas que licitaron las obras de la iglesia de Lobón, tras el terremoto de Lisboa. La documentación estudiada referencia a Lorenzo Álvarez Santos, maestro alarife de Mérida; Francisco Santos y compañía, de Badajoz; Francisco Merchán, Diego Álvarez, Juan García y compañía de Zafra; Fernando y Tomás Feria de la ciudad sevillana de Carmona. Ninguno de ellos logró el remate de las obras, que recayó en Marcelino Pérez Valera, maestro de origen portugués y vecino de la ciudad de Mérida, en 60.300 reales. La fecha del remate de las obras se hizo el 5 de septiembre de 1766.
El retablo mayor de Ntra. Señora de la Asunción de Lobón, obra de Luis de Morales, concluido en 1556, sufrió un grave deterioro, la documentación señala “del retavlo se han caido algunos Santos y Piezas de el”. El programa pictórico contenía seis tablas hechas a pincel con pasajes de la vida de la Virgen, acompañadas de la imagen labrada de la Asunción, seis apóstoles y un calvario que remataba el ático. La causa de la desaparición de este retablo hay que buscarla aquí, en las graves secuelas que sobre el templo causó el terremoto de Lisboa.
Durante los años que el templo parroquial estuvo cerrado, el culto, la administración de sacramentos y las actividades pastorales se hicieron en el convento franciscano de Santiago y en la ermita de Ntra. Sra. de los Remedios, aunque ésta también acusó las secuelas del terremoto.
Alonso Marcos Mendo, cura párroco de Lobón, al día siguiente de producirse el seísmo, 2 de noviembre de 1755, escribe a la duquesa viuda de Arco, propietaria de la villa y de los diezmos de su término, en el que dice: “la torre de la referida Yglesia se havrio por muchas partes, la voveda del campanario dio en tierra, las bóvedas de la Yglesia dela grada del Altar Maior para abaxo se han caido muchos pedazos de modo que ha quedado inavitable por la grande ruina que esta amenazando. A S.M. coloqué en San Francisco y despues con la misma azeleracion saco los copones de la referida Yglesia y los coloco en el Nicho donde esta Nuestra Sra. de los Remedios en donde permanecen estando tambien dicha Hermita vastante derrotada y en una Palabra se halla sin Yglesia por estar todas las Hermitas del mismo modo”.
El 5 de noviembre de 1755, los maestros alarifes Juan Luis y Manuel Ramos, vecinos de Montijo y Puebla de la Calzada, emitieron un informe sobre el estado de la iglesia: “que habiendo visto y rastreado por fuera y por dentro la Yglesia de dicha villa, suvieron a su campanario y que segun sus inteligencias y saveres desde la cornisa y por baxo de las campanas está todo demolido de forma que los quatro Postes de dicho campanario desde donde se tocan las campanas hacia arriva estan caiendose, que las Bovedas desde el arco de la capilla maior hacia vaxo todas están demolidas, dando que devaxo de ellas no se puede estar por la ruina que amenazan, que la Capilla Maior y la Sacristía y capillas de San Juan no advierten daño notavle solo si el retavlo se han caido algunos Santos y Piezas de el pero que dichas capillas y Sacristia no se pueden usar por ser necesario pasar por las otras bóvedas y que combiene que dicha Yglesia este cerrada”.
Las obras se demoraron debido a la testamentaria de la duquesa de Arcos y a la compra por parte del duque de Uceda, a los herederos de ésta, de las propiedades de la casa de Lobón, al no disponer de certificación del Contador de los diezmos percibidos por la duquesa desde el año del terremoto hasta su fallecimiento. Hasta 1792, finales del siglo XVIII, no se concluyeron las obras de canceles, retablos, órganos y atrios de la iglesia.
Antes de la construcción del actual Cementerio Municipal, los enterramientos se hacían en la iglesia y alrededores y en los terrenos contiguos a la ermita de San Antón o San Antonio Abad ( actual Centro de Identidad la Encomienda de Peñafiel) y en algunos casos en el Castillo y en San Bartolomé. Es en 1885 cuando se decide el lugar de construcción, aunque parece ser que en principio no iba situado en la actual ubicación y debido a algunos inconvenientes como la calidad del terreno y algún perjuicio a los derechos de algunos vecinos, se acordó, por unanimidad, que se edificara por cima de los hornos de ladrillo, tejar, haciendo, que al final, se situase en el lugar actual. >En 1886 se inauguró el actual cementerio bajo la advocación y nombre de «Nuestra Señora de la Piedad», Madre afligida por la muerte de su Hijo, Madre que acoge, donde fueron trasladados todos los restos procedentes del anteriormente mencionado cementerio de San Antón. Fue construido por albañiles de la familia de los Requejos y bendecido por el párroco Don Nemesio Mateos Ollero el 11 de julio de 1886 siendo alcalde Don León Gazapo de Sande. Don Nemesio Mateos Ollero, natural de Casar de Cáceres que falleció el 30 de agosto de 1891, a pesar de llevar ya construido el cementerio cinco años, fue la última persona enterrada en la ermita del Castillo, según lo atestigua una lápida que se encuentra en mencionada ermita, en la nave, antes del presbiterio en el lado de la espístola. La primera persona enterrada en el Cementerio de la Piedad fue Juan Ruiz Cáceres el 17 de julio de 1886, seis días después de su bendición. El cementerio ha sufrido diferentes remodelaciones y ampliaciones y en actas municipales podemos encontrar solicitudes de terrenos por diferentes familias para construirse sus enterramientos. Así en 1897 un vecino solicita tres metros de terreno para construir un panteón previo pago de lo acordado al Ayuntamiento. En 1939 otro vecino solicita cuatro metros de terreno y se le concede a diez pesetas por metro. En el año 1956 nuevamente otro vecino solicita construir un nicho por valor de 100 pesetas.
Además de los panteones, galerías de nichos y alguna sepultura en tierra, reposo eterno de los zarceños, desde el día 8 de diciembre de 2012, a la entrada del Cementerio hay un monolito de granito que dice: “ A los que dieron su vida por la libertad fusilados en el verano de 1936” y se escriben los nombres de dieciséis personas, con el siguiente epitafio “Nombres escritos, tumbas vacías, os seguimos buscando”. >Cuenta el cementerio con 69 cruces de forja de bonita fábrica que coronan otros tantos panteones, un altar de cantería para la celebración de la misa el día de los Difuntos, un crucero y una bella entrada que tuvo que ser trasladada con motivo de la ampliación del campo santo por su parte izquierda, entrada con arco de medio punto, arco coronado por tres cruces en granito. En la puerta reza «Cementerio Municipal». En esta festividad de Los Santos y los Difuntos, uno de los momentos más deseados por los monaguillos fue siempre la noche de los Santos. La costumbre consistía en que los días previos a esta celebración, los monaguillos salían por las calles a pedir alimentos y alguna moneda a los vecinos para pasar la noche en la terraza y campanario de la Iglesia, con la finalidad de «doblar» durante toda la noche por los difuntos. Una estampa inolvidable era aquella que se observaba desde el tejado de la Iglesia y que no era otra que el resplandor a lo lejos, en el cementerio, de cientos de velas que durante el día, los familiares de los seres queridos habían depositado, por lo menos, para iluminarlos esa noche. >No a todos los monaguillos les dejaban sus padres pasar allí la noche entera, solo cuando tenían una determinada edad, el hecho se convertía en algo autorizado por los progenitores. La noche la pasaban bien, incluso eran muchos los niños y jóvenes que sin ser monaguillos deseaban subir a la terraza y por ello merodeaban por los alrededores de la iglesia para ver si por casualidad conseguían calentarse cerca de la hoguera que allí se prendía. Los monaguillos disfrutaban, pues la dadivosidad había sido grande y al lado de la lumbre pasaban la segunda noche del mes de las ánimas benditas. Las festividades de Todos los Santos y los Difuntos eran para los monaguillos los días de “más trabajo”. Entre misas, noche en el campanario, acompañando al sacerdote en el rezo o canto de los responsos en el cementerio, sin saber lo que decían (pues los rezaban o cantaban en latín), constituían unas jornadas agotadoras. >Hoy el Cementerio Municipal de Zarza la Mayor presenta una estampa envidiable acorde con lo que merecen los seres queridos de todos los zarceños, encontrando allí su descanso eterno. D.E.P.
El interior de las iglesias y sus aledaños acogían los cuerpos de los difuntos. Se pensaba que los enterramientos en el interior del templo hacían más efectivos los sufragios, al facilitar el recuerdo de los muertos y favorecer la intercesión de los santos. Dependiendo de la posición social, a pesar que la muerte a todos nos iguala, se ocupaban o no lugares preeminentes dentro de estos recintos sagrados.
Así, los hombres y mujeres de Montijo se enterraron en las iglesias de San Isidro (primera parroquia documentada), la actual de San Pedro Apóstol y ermita de Jesús Nazareno (hospital de pobres y transeúntes). Especificando los anotadores parroquiales en las actas de defunciones, expresiones como: se enterró en la grada de arriba, grada de abajo, en la capilla, en la puerta, en el exterior, etc.
Una Real Cédula, en 1787, de Carlos III prohíbe los enterramientos intramuros, ordenando la construcción de cementerios fuera de las ciudades. Sin embargo, no sería hasta el siglo XIX, al fenecer el Antiguo Régimen, cuando se construye el primer cementerio en Montijo. Las autoridades buscaban con los nuevos recintos mejores condiciones higiénicas y espacios más amplios.
Caso especial es el del convento del Santo Cristo del Pasmo de las hermanas pobres de Santa Clara (religiosas clarisas) que desde la fundación del convento se enterraban en él. Primero en el coro bajo y desde comienzos del siglo pasado en un espacio habilitado colindante con la huerta.
CEMENTERIO CATÓLICO (HOY PARQUE MUNICIPAL)
Fue el 28 de junio de 1807 cuando se inauguró el cementerio de Montijo, del que era propietario la Iglesia, promocionando su construcción la VI condesa de Montijo, María Francisca de Sales de Portocarrero Guzmán y Zúñiga, que pasaba aquellos días de obligado destierro impuesto por Manuel de Godoy en su casona de labranza, vieja casa de la Encomienda, pidiendo que el cementerio tuvieses una capilla para así honrar el lugar y los que se enterrasen en él. Cementerio que se situó en el norte de la población (actual parque municipal) y del que dijo Madoz, en 1848, que “al norte, en una altura, un cementerio que no ofende a la población”.
Basta con practicar un rastreo por los acuerdos inscritos en las actas de las sesiones municipales en el último tercio del siglo XIX para ver la preocupación e interés de las autoridades sobre el cementerio y el poco espacio del que se disponía al ir creciendo la población. Cuando llegaba alguna epidemia las carencias se acentuaban. No sería hasta 1914, siendo alcalde Francisco Rodríguez Cavero, cuando los responsables municipales deciden construir un nuevo cementerio, basándose que el que ocupaba el actual parque municipal se encontraba en mal estado, se había quedado pequeño y estaba ya muy próximo a él la población.
CEMENTERIO MUNICIPAL (1914)
El 27/junio/1914 el Ayuntamiento compró 10.643 m2 de terreno rústico a Amparo Lorenzo Codes, que segrega de una finca de su propiedad, sita en el camino de La Roca de la Sierra, ajustándose el precio de la compra-venta en 5.125 pesetas, cuyo destino era construir sobre esta finca el cementerio municipal. Días más tarde, el 10 de julio, fueron adjudicadas las obras proyectadas por el arquitecto provincial Ventura Vaca a Modesto Cabezas de la Riva en el precio de 25.600 pesetas. Ventura Vaca (1855-1938) realizó, entre otros, los proyectos del paseo del campo de la iglesia y el Matadero Municipal de la calle Virgen de Barbaño. Sin embargo, la construcción de los primeros nichos (diecisiete grupos de tres nichos) fue adjudicada el 30/abril/1915 al maestro de obras José Marín Rodríguez. El primer sepulturero fue José Arnela, al que el Ayuntamiento le ajustó un salario diario de dos pesetas.
A partir de entonces comenzaron los enterramientos en este nuevo recinto, el actual, y al traslado de los restos del otro cementerio que desde el Ayuntamiento lo convirtió en una glorieta, iniciándose así las obras del actual Parque Municipal. Junto a ello tres maestros de obras: José Marín Rodríguez, Antonio Cabezas Martín y Modesto Cabezas de la Riva presentaban, febrero de 1927, en el Ayuntamiento de Montijo un proyecto para construir una nueva barriada de casas entre el clausurado Cementerio y el camino de La Roca de la Sierra, casas que acogieron las actuales calles Isaac Peral, Virgen de Guadalupe, Adelardo Covarsí, prolongación de Reyes Católicos y Tentudía.
A lo largo de mis años como cronista de Valdelacalzada siempre he escuchado a alguna persona preguntar: ¿y por qué de los obreros no se habla?
Piensan que la historia los ha marginado de la misma forma que los marginó el Instituto Nacional de Colonización. Todo esto porque ellos, tal vez por desconocimiento, no se sienten incluidos en el vocablo colono/a (persona que coloniza un territorio o habita en una colonia) y, por otra parte, si difícil fue conseguir el lote para los colonos, más aún lo fue para ellos. De hecho, algunos jamás lo consiguieron como me contaba un vecino la semana pasada refiriéndose a su madre viuda con dos hijos y que tras solicitarlo tres veces nunca obtuvo respuesta.
En la Circular número 337 sobre la adjudicación de viviendas y huertos familiares para obreros en los pueblos del INC se dice lo siguiente: “Tan importante como la designación de colonos en las zonas objeto de actuación de este Instituto es la de obreros agrícolas con huerto familiar que van a ocupar las viviendas que a este efecto se construyan en los nuevos pueblos”. Se considera en la circular que los huertos familiares permanecerán indisolublemente unidos a las viviendas correspondientes. De la misma manera se recoge que la adjudicación se efectuará a las entidades municipales. Por tanto, las adjudicaciones de viviendas de obreros y huertos familiares, no se hacían de manera definitiva como los lotes de los colonos.
En esta misma circular se establecen los requisitos necesarios para acceder a una vivienda de obrero:
-Tener una edad comprendida entre veintitrés y cincuenta años.
-Ser casado con hijos.
-Estar entre obreros fijos o eventuales que residan en el área de influencia del poblado (chozos o residencias similares)
– Haber sido cultivadores de tierras expropiadas.
– Ser obreros de los términos municipales afectados por los nuevos pueblos.
En el Proyecto de viviendas de obreros agrícolas para Valdelacalzada realizado por el arquitecto Miguel Herrero Urgel y el aparejador Fernando Salazar Mora en marzo de 1955 se habla de las normas recibidas por la Dirección General del Instituto Nacional de Colonización para que se redacte con urgencia un proyecto para la construcción de viviendas de obreros. En dicho proyecto se contempla la construcción de dos tipos de viviendas, una de planta baja y otra de dos plantas. Tanto una como otra disponen de cocina comedor, tres habitaciones, servicio y despensa. En la de tipo II de planta alta se añade además una terraza cubierta. Las de una planta dispondrán de 45 metros cuadrados de edificación y 65 de patio, las de dos plantas tendrán 65 metros cuadrados tanto la vivienda como el patio, según la circular 300 de 1953.En concurso restringido las obras se conceden a la empresa José María Padró. S A según vemos en el boletín del estado:
BOE 163 del 12 de junio de 1955
Como resultado del concurso restringido convocado en 25 de abril de 1955 para las obras de «Construcción de 100 viviendas de obreros agrícolas en el nuevo pueblo de Valdelacalzada», en la zona regable de Montijo (primera parte) (Badajoz). cuyo presupuesto de contrata asciende a cinco millones quinientas ocho mil trescientas siete pesetas con cincuenta y un céntimos (5 508.307.51 ptas.), con fecha 3 del corriente la Dirección General de Colonización ha resuelto adjudicar dichas obras a José María Padró. S A., en la cantidad de cuatro millones ochocientas veintiocho mil treinta y una pesetas con cincuenta y cuatro céntimos (4 828.031.54 pesetas), con una baja que supone el 12.35 por 100 de) presupuesto antes indicado, y en el plazo de ejecución de ocho meses.
Las cosas no fueron bien, la empresa comienza a incumplir sus obligaciones. Los trabajadores, muchos de ellos adjudicatarios de las viviendas no recibían sus jornales y finalmente las obras se pararon.
La Dirección General del INC con fecha 3 de abril de 1957 por oficio 9373 acuerda rescindir el contrato a la empresa José María Padró SA para la construcción de las 100 viviendas de obreros agrícolas en Valdelacalzada y después de varios intentos para proceder a la liquidación conjunta de esta obra por medición de las dos partes de la obra ejecutada, lo que no se pudo lograr por incomparecencia de personas debidamente autorizadas por dicha Empresa, el Instituto puso en conocimiento del Gobernador Civil de la provincia de acuerdo con los artículos pertinentes del Pliego de Condiciones para la contratación de Obras Públicas, que nombró al arquitecto Luis Morcillo Villar con fecha 14 de julio de 1959, para que procediese a la medición de las obras ejecutadas por la Empresa rescindida. Lo que dicho técnico hizo así y presentó al Gobernador en mediciones visadas por el Colegio Oficial de Arquitectos el 3 de octubre de 1960 y basadas en dichas mediciones se presenta la liquidación.
Durante estos años algunas familias entraron a vivir en las casas sin finalizar, muchas de ellas sin ventanas y puertas.
Al mismo tiempo, en junio de 1957 se presenta el Proyecto reformado y de ampliación de 100 huertos para obreros agrícolas, coto escolar y huerto parroquial en Valdelacalzada siendo autor el ingeniero agrónomo Alejandro Martín, Martín y el perito agrícola, Casto Ríos Castillo.
El proyecto contempla la construcción de redes, acequias y caminos con una superficie cada huerto de 0-53-29 hectáreas.
Finalmente, el INC vuelve a sacar a concurso la terminación de las viviendas de obreros como así aparece en el BOE número 74 del 28 de marzo de 1961. Ministerio de Agricultura
‘RESOLUCION del Instituto Nacional de Colonización por la que se adjudica las obras de «Terminación de las de viviendas de obreros agrícolas en el pueblo de Valdelacalzada, en la zona regable de Montijo, primera parte (Badajoz). Como resultado del concurso restringido, convocado en 23 del febrero de 1961, para las obras de «Terminación de las 100 viviendas ·de obreros agrícolas en el pueblo de Valdelacalzada, en la zona regable de Montijo, primera parte (Badajoz), cuyo presupuesto de contrata asciende a un millón quinientas veintidós mil setecientas cuarenta y cinco pesetas con setenta y cuatro céntimos (1.522.745,74 pesetas), en el día de hoy, esta Dirección General ha adjudicado dichas obras a don Ricardo Gómez Sabaté, en la cantidad de un millón doscientas cuarenta y ocho mil seiscientas treinta y una pesetas con ocho céntimos ( 1.248.631,08 pesetas), con una baja que supone el 18,001341 por 100 del presupuesto antes indicado.
Una vez terminadas las viviendas, el Instituto Nacional de Colonización vuelve a adjudicar las casas ocurriendo el hecho de que hubo que cambiarse de vivienda ya que algunas familias se habían instalado en las que no les correspondía.
En los Planes de Explotación aparecen los nombres de los adjudicatarios. En los primeros tiempos encontramos el nombre del farmacéutico, hasta la concesión de farmacia, y de trabajadores de Colonización que luego se marcharon o adquirieron parcela. Lo cierto es que según el testimonio de algunos afectados hasta la década de los 80 no se consiguió el acceso a la propiedad que fue gestionado desde la Entidad Local Menor.
La labor que desarrollaron estos obreros fue fundamental para el crecimiento y desarrollo de Valdelacalzada. Muchos fueron tractoristas, guardas, o trabajadores del Instituto Nacional de Colonización, otros trabajadores que vinieron por su cuenta a trabajar, bien en la construcción, bien en los cortijos de la zona. Por tanto, el proceso de selección fue muy diferente al que se realizó en el caso de los colonos.
Las viviendas eran pequeñas, aunque las familias fueran muy numerosas, como lo eran en aquellos años. Tenían un patio al que no había acceso. En la actualidad estas viviendas están siendo compradas por la segunda generación de inmigrantes, estos llegados de otros países y que se van asentando definitivamente en la población.
FUENTES:
Circulares 300 y 337 del INC. Centro de Estudios Agrarios. Consejería de Agricultura.
Proyectos de viviendas de obreros agrícolas y de huerto familiares. CEA. Consejería de Agricultura.
Testimonios de familias.
Emilia Ramos Silva. Cronista Oficial de Valdelacalzada
Nacido en Alcántara (Cáceres) en 1499, en el seno de una familia noble. Juan de Garavito (nombre de pila) en su más temprana juventud sintió fuertemente la llamada vocacional en la Orden Franciscana. Abandonó sus estudios en Salamanca en 1515 e ingresó en el monasterio de San Pedro de Majarretes, donde al tomar los hábitos tomó el nombre de Pedro. De carácter humilde, encontró su camino espiritual en la vida monástica más austera y sencilla, predicando la humildad como un camino inquebrantable para conseguir todos los parabienes celestiales y alcanzar la vida eterna. Conoció a Santa Teresa de Jesús, trabando una sincera amistad y convirtiéndose a su consejero más allegado, animándola a emprender la dura tarea de reformar la Orden del Carmelo y ayudándola con la creación de diversos monasterios Descalzos. De hecho, Santa Teresa se convirtió en la primera escritora en relatar una biografía de San Pedro de Alcántara.
Su fama se extendió por toda Extremadura e incluso llegó hasta la Corte, solicitándole el Emperador Carlos V que fuese su confesor durante su retiro en el Monasterio de Yuste, honor que la humildad de Pedro de Alcántara declinó.
San Pedro de Alcántara fundó, entre otros, el convento de El Palancar (Pedroso de Acim, Cáceres), protagonizó la reforma de la observancia de los llamados franciscanos alcantarinos. En el cercano convento de San Isidro de Loriana y vinculado a la historia de Montijo se celebraron los definitorios provinciales de 1557 y 1559, siendo elegido San Pedro de Alcántara, Comisario Provincial.
Murió austeramente entre sus hermanos dando a gracias al Creador, el 18 de octubre de 1562 en Arenas de San Pedro (Ávila). Fue canonizado en 1669 por Clemente IX. En 1675 fue nombrado patrón de la diócesis de Coria (hoy Coria-Cáceres). El Papa Juan XXIII declaró el 22 de febrero de 1962 a San Pedro de Alcántara patrono principal de la región, junto a la Virgen de Guadalupe, por su breve “Commune patrae solum”, celebrándose su festividad el 19 de octubre.
Fue la Diputación Provincial de Cáceres la que, a mediados del siglo XX, promovió erigir una estatua pública en honor al santo. El encargo recayó en Enrique Pérez Comendador (Hervás,1900-Madrid,1981), uno de los grandes escultores extremeños del siglo. El San Pedro cacereño, en la fachada exterior de la concatedral Santa María de Cáceres, es un bronce de unos 2,5 metros y 650 kilos, fundido en la casa Hermanos Codina (Madrid), a partir de un modelo previo tallado en cedro que hoy conserva el museo dedicado al escultor en Hervás, su localidad natal.
Pérez Comendador prestó a San Pedro de Alcántara su propio rostro y compuso el cuerpo siguiendo las descripciones clásicas del fraile asceta, que aprieta una cruz contra el pecho y tiene los ojos cerrados en una expresión que transmite una gran serenidad y recogimiento.
(Fotografía: Altar de San Pedro de Alcántara en el convento de El Palancar)
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