por Manuel García Cienfuegos | Jun 21, 2026 | Agenda Cultural, Artículos
Manuel García Cienfuegos
Cronista Oficial de Montijo y Lobón
cienfuegos@cronicasdeunpueblo.com
En la sesión del 2 de agosto de 1915 se inscribe, por el secretario del Ayuntamiento de Montijo, Bernardo del Amo, en el acta municipal correspondiente “Hallándose en ruinas una Capilla de la Ermita de Nuestra Sra. de Barbaño, patrona de esta villa y practicándose actualmente postulación pública para reedificarla, la Corporación acordó conceder con tal fin una limosna de ciento cincuenta pesetas, que se pagarán con cargo al capítulo 11º, artículo único del presupuesto vigente”.
La capilla a la que se hace referencia es la nave donde se sitúan las imágenes de San Luis y San Isidro, pues el sacerdote Andrés Trigueros, el 30/IV/1917, dedica un altar a San Isidro y ofrece la mayordomía perpetua a los presidentes de la Comunidad de Labradores, de la que era secretario Julio García Pérez. Ambos, secretario y sacerdote crearon la “Fiesta de la Agricultura”, luego Gira y posteriormente Romería.
A finales de septiembre de ese año, 1917, el obispo de Badajoz, Adolfo Pérez Muñoz (1913-1920), aprobó la erección canónica de la Hermandad de Ntra. Señora de Barbaño y su Reglamento, tras la solicitud hecha por el entonces párroco de Montijo, Juan Pérez Amaya, “con el deseo de fomentar más y más la devoción y culto a la Santísima Virgen”. Había fallecido su mayordomo, el sacerdote Luis Pinilla Pinilla, que había adquirido la imagen de San Luis.
La Corporación Municipal de Montijo, el 2 de septiembre 1916, había acordado “que con motivo de la próxima Feria de esta villa y coincidir con la misma la fiesta de la patrona, se construya un quiosco de madera en el paseo para la Banda de Música. Se proceda por el Sr. Presidente a ordenar se hagan las obras de ornamentación en el mismo que es de costumbre y se haga una bandera nueva por hallarse deteriorada la que existe, satisfaciendo el importe de los gastos que origine todo ello con cargo a los Capítulos y artículos respectivos del presupuesto vigentes»
por Pablo Iglesias Aunión | Jun 20, 2026 | Agenda Cultural, Artículos
Hay momentos del año en los que una comarca entera parece cambiar de ritmo. Entre los meses de junio y octubre, una auténtica corriente de “agua fresca y festiva” recorre pueblos y ciudades, desde la comarca emeritense hasta las tierras de Lácara, llenando calles, plazas y corazones de una energía diferente. Son días en los que la tradición, la historia y la convivencia se dan la mano para convertir cada celebración en un acontecimiento colectivo.
Las fiestas, generalmente nacidas al amparo de una profunda raíz religiosa, han sabido evolucionar con el paso del tiempo hasta convertirse en una expresión cultural donde lo espiritual convive con lo popular. Cada localidad se convierte entonces en protagonista de su propia historia y ofrece a vecinos y visitantes una oportunidad única de encuentro.
Puebla de la Calzada, Lobón, Mérida, Montijo, Torremayor, Guadiana, Talavera la Real y Valdelacalzada son algunos ejemplos de pueblos que, durante estos meses, rompen la monotonía del calendario y transforman unos días concretos en una experiencia compartida. Es una reacción humana casi inevitable: cuando llega la fiesta despierta en nosotros un impulso interior que abre las puertas a la alegría, al disfrute y a la necesidad de celebrar juntos.
San Pedro anuncia la llegada de la fiesta a Puebla de la Calzada
Siguiendo la cadencia del calendario festivo, nuestra mirada se detiene ahora en Puebla de la Calzada, que ya cuenta los días para el comienzo de sus Feria y Fiestas Patronales en honor a San Pedro Apóstol, que tendrán su jornada central el 29 de junio de 2026.
Antes de que las calles se llenen de música, encuentros y celebraciones, la localidad vivirá otro de esos momentos que anuncian que la fiesta ya está llamando a la puerta de sus habitantes: el 21 de junio tendrá lugar el Pregón Oficial de las fiestas y la entrega de premios del IV Certamen Nacional de Poesía de la localidad.
Porque una fiesta no es únicamente una suma de actos programados. No es, como tampoco lo es un hormiguero por la simple suma de hormigas, ni un texto por la acumulación de palabras. Una fiesta posee algo más profundo: tiene alma, memoria y sentimiento colectivo. Es una construcción emocional que nace de la historia compartida y que permite a un pueblo reconocerse a sí mismo.
La memoria de los pueblos vive en sus celebraciones
Para comprender plenamente una fiesta es necesario mirar hacia atrás. Las tradiciones no aparecen de la nada; son el resultado de siglos de historia, de creencias, de formas de vida y de la necesidad humana de reunirse y celebrar.
Las fiestas de San Pedro en Puebla de la Calzada nos conducen por un largo camino temporal que hunde sus raíces en la época romana, una etapa histórica con la que nuestra localidad mantiene profundos vínculos culturales. La explosión de alegría que vivimos durante unos días es también el reflejo de una herencia antigua: la capacidad de una comunidad para detener el paso cotidiano y entregarse a la convivencia.
Puebla de la Calzada sabe expresar esa identidad desde una realidad profundamente ligada a su tierra. El esfuerzo del campesino, el trabajo diario y la relación con un entorno que durante generaciones ha dado sustento a sus habitantes forman parte también del espíritu de estas celebraciones.
Aquellas calles que durante el año acogen mercados, compras, encuentros y el caminar tranquilo de sus vecinos se transforman durante la fiesta en escenarios de sonrisas, abrazos y emociones compartidas. La palabra “vecinal” adquiere entonces todo su significado: nace desde dentro del pueblo y se abre hacia fuera para recibir a quienes llegan como visitantes y terminan formando parte de la celebración.
Junio, mes de juventud, luz y celebración
No es casualidad que estas fiestas tengan lugar al final del mes de junio. Este mes parece llevar consigo una especial conexión con la juventud, con el impulso vital y con la alegría. Su propio nombre ha sido tradicionalmente relacionado con la juventud y con la renovación, evocando una época del año en la que la naturaleza alcanza su plenitud y las personas sienten con mayor intensidad el deseo de compartir: «jóvenes, junioniss, junius, junio.»
La energía de quienes comienzan su camino en la vida se mezcla con la experiencia de quienes han recorrido ya muchos años y contemplan el fruto del esfuerzo realizado. Es la unión de generaciones: jóvenes y mayores compartiendo una misma emoción, dejando atrás por unos días las preocupaciones cotidianas y entregándose al espíritu festivo.
Incluso quienes llegan cansados después de las tareas del campo encuentran en estas jornadas un motivo para sonreír, reunirse y celebrar. La fiesta se convierte así en recompensa, en descanso emocional y en expresión de una comunidad viva.
San Pedro y la herencia de Roma: un puente entre pasado y presente
A lo largo de la historia del cristianismo muchas celebraciones han recogido, transformado y reinterpretado elementos procedentes de culturas anteriores. En este sentido, las fiestas dedicadas a San Pedro y San Pablo conectan simbólicamente con aquel mundo romano al que tanto debemos culturalmente.
Roma, fundada según la tradición en torno a sus grandes figuras míticas, convirtió a Rómulo y sus símbolos fundacionales en referentes de identidad y unidad tomando en el año 16 a.C. de manera oficial una rica fiesta en su honor. Siglos después, el cristianismo situó en San Pedro y San Pablo dos grandes pilares de su expansión, siempre con Cristo como centro de la fe en ese mismo 29 de junio.
San Pedro, considerado fundador de la sede romana y figura esencial de la Iglesia, representa la continuidad y la raíz. San Pablo, apóstol de los gentiles, simboliza la apertura universal del mensaje cristiano, la expansión de una nueva visión que traspasaba fronteras y pueblos.
Puebla de la Calzada, al honrar a San Pedro como protagonista de sus fiestas patronales, mantiene viva esa relación entre pasado y presente. Una relación que habla de identidad, de pertenencia y de capacidad para acoger.
Porque una fiesta patronal no solo mira hacia dentro; también abre sus puertas hacia fuera. Es una invitación al encuentro, una muestra de hospitalidad y una declaración de orgullo por aquello que un pueblo conserva y comparte.
Comienza la cuenta atrás
Ya se aproxima el momento. Puebla de la Calzada comienza a sentir en sus calles y en sus gentes ese anuncio invisible que precede a toda gran celebración. La música, los encuentros, los recuerdos y las emociones volverán a ocupar un lugar protagonista.
Con la llegada de las Feria y Fiestas de San Pedro 2026, la localidad volverá a demostrar que una fiesta es mucho más que una fecha en el calendario: es memoria, cultura, convivencia y sentimiento colectivo.
Es la historia de un pueblo que celebra su pasado, disfruta su presente y abre sus brazos al futuro.
por Manuel García Cienfuegos | Jun 14, 2026 | Artículos
Manuel García Cienfuegos
Cronista Oficial de Montijo y Lobón
cienfuegos@cronicasdeunpueblo.com
Regresan, en estos tiempos, de calor y flama, los baños en acequias, canales, sifones y en la alberca de la huerta. Aquella fue una época dorada, inolvidable; de bañador de tela de algodón color azul. Otros, los más atrevidos, en calzoncillo blanco. Hasta que aparecieron los bañadores Meyba. Baños a escondidas. Aventuras de la niñez.
Un paseo y estábamos en aquellos territorios, en la playa del espectacular y siempre recordado sifón del “Pajarón”. En 1956, Francisco Caro realizó el complejo “Piscina-Bar Cavi”, un negocio innovador y uno de los pioneros en la provincia. Supuso una revolución dentro de las costumbres, el ocio y la hostelería del momento. Fueron años en el que se inauguraron los pueblos nuevos surgidos por el Plan Badajoz, el comercio y los negocios se vieron favorecidos y los espectáculos también.
Luego llegó el marketing de Vicente Sánchez Melara (VISAM) que promocionó para el turismo del regadío de la comarca la “Playa de los Suspiros”, también llamada de “Torremelones”, que algunos dijeron que todo se integraba en la “Costa de la pana”. Una época en la que las aguas del Guadiana estaban limpias y el camalote aún no había sido gestado. Un tiempo en el que desde el chiringuito de la playa que suspiraba, sonaba en la gramola del fotógrafo Vicente Sánchez la canción del verano que ahora traen los pasillos de la memoria: “La playa estaba desierta, el mar bañaba tu piel, cantando con mi guitarra para ti, María Isabel”.
por Emilio Arroyo Bermejo | Jun 13, 2026 | Agenda Cultural, Artículos
13 de junio de 2026
Emilio Arroyo Bermejo
CRONISTA OFICIAL DE ZARZA LA MAYOR
Hoy,13 de junio, se celebra la festividad de San Antonio de Padua (Lisboa 1195 – Padua 1231), sacerdote portugués, santo canonizado en 1232 y Doctor de la Iglesia Católica por Pío XII en 1946.
Cuenta Zarza la Mayor con dos imágenes del santo portugués y que antaño tuvo gran devoción en la localidad. Una imagen se encuentra en la Iglesia Parroquial de San Andrés y la otra en la ermita del Castillo.
La imagen sita en la iglesia parroquial estuvo colocada, en los últimos años, en la nave de la iglesia, en la hornacina del lado de la epístola contigua a la capilla del Santísimo, hornacina que acogía a San Francisco Javier como imagen central, a la izquierda a San Antonio de Padua y a la derecha a Santa Teresa de Jesús y que hoy es ocupada en su totalidad por la Inmaculada Concepción. En la actualidad, tras los cambios producidos en la parroquia a principios de 2026, la imagen de San Antonio de Padua ha pasado a ocupar, sobre una peana adosada al muro, un espacio en el transepto derecho, lado de la epístola, contiguo a la hornacina donde se encuentra el Sagrado Corazón de Jesús.
La otra imagen referida de San Antonio de Padua se encuentra en la ermita de la Virgen del Castillo, ermita que también tiene las advocaciones de la Asunción y de San Antonio y dada esta advocación, la imagen se encuentra en el presbiterio, en el lado de la epístola, al lado del retablo que acoge a Nuestra Señora del Castillo.
Ambas imágenes, de tamaño medio, presentan a San Antonio de Padua con el Niño en su brazo izquierdo, pero luego, ambas muestran diferencias. La presente en la parroquial de San Andrés está coronada y porta otros dos atributos del santo, como son el libro debajo del niño Jesús que representa la Biblia y el Evangelio (aludiendo la extensa sabiduría teológica del Santo) y el lirio blanco, simbolizando pureza y castidad. La imagen venerada en la ermita del Castillo es más humilde en la presentación de atributos, mostrando una composición sencilla y una policromía discreta acorde con el conjunto escultórico.
Indistintamente, las imágenes responden a una iconografía muy difundida en la religiosidad barroca, asociada a la intercesión y a la devoción popular.
Y tal era la devoción popular en Zarza que, desde antaño, San Antonio de Padua siempre tuvo mayordomía, pues como ejemplo, en un acta municipal de 31 de diciembre de 1860 se da cuenta de las peticiones verbales para la mayordomía de los santuarios para el año 1861, entre ellos el de San Antonio de Padua.
Y durante muchos años, la misa del Santo se celebró en la ermita de San Antonio, nombre que también adquiere la calle que nos lleva desde la emblématica Plazuela hasta la explanada del Calvario a los pies de la ermita del Castillo.
Y la tradición nos indica que el santo protege de los extravíos, pero la creencia más generalizada es que acogerse a él puede ser exitoso el hecho de encontrar pareja o mantener en buenas condiciones la que se posee.
Así, mientras se tira del cíngulo o cordón tres veces, se recita tradicionalmente esta formula:
«San Antonio Bendito, envíame pareja que venga, que tenga y que convenga».
Y la narrativa tradicional posee una canción que relata el milagro más popular de San Antonio , «La canción de los pajaritos», común en el folclore y las celebraciones religiosas hispanas, especialmente durante su festividad el 13 de junio.
La leyenda cuenta que los padres de San Antonio, siendo niño, le dejaron al cuidado de unas aves para que no se marcharan a los campos de cultivo recientemente sembrados por la siembra de verano, Antonio los dejó marchar ante el enfado de los padres, pero se produjo el milagro de San Antonio, pues este consiguió volver a recoger las aves.
Y así se cantaba:
«Mientras yo estoy en misa,
gran cuidado has de tener;
mira que los pajaritos
Todo lo echan a perder.
Entran en el huerto,
pican el sembrado,
Por eso te advierto,
Que tengas cuidado».
Continuemos con la tradición, honremos a San Antonio en su misa, suerte con el cordón y que las aves o agentes meteorológicos no destrocen las cosechas.
Y felicidades a todos los que hoy celebran su onomástica.
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