por Fabian Lavado | May 5, 2026 | Agenda Cultural, Artículos
Fig. 1: Estado del puente y proyecto de reconstrucción de Fernando Rodríguez en 1785.
Fabián Lavado Rodríguez
Cronista Oficial de La Zarza
Este artículo es continuación de “El puente de Siete Vadillos sobre el río Matachel” publicado en el diario HOY La Zarza (abril de 2017, n.º 31), en el que se describía el citado puente y los intentos de reconstrucción del mismo hasta el siglo XVIII.
A modo de resumen o introducción, el puente de Siete Vadillos o Siete Vaillos sobre el Matachel, en el término municipal de La Zarza, junto al cerro Alanjón y aguas abajo del molino de la Rabia o las Piletas, era una infraestructura alomada y estrecha, de más de 60 metros de longitud, posiblemente de origen bajomedieval. Construido en piedra y ladrillo, tendría posiblemente seis arcos apoyados en pilastras, varias de las cuales son a día de hoy visibles.
En la Edad Moderna, se situaba en la ladera del castillo de Alange el llamado puente de la Quebrada, sobre el río Matachel, que salvaba el camino que unía La Zarza con Almendralejo. En 1678, los vecinos de Alange manifestaban que junto al castillo existía un puente al cual “solo le faltaba cerrar un ojo por cuya causa estaba sin servidumbre”, que en los alrededores había otros tres puentes arruinados, entre ellos el de Siete Vadillos, y que en ocho leguas -45 kms- a la redonda no había ninguno. Eran necesarios 12.000 ducados para su compostura, pero nada se hizo dada la situación económica del país tras finalizar la Guerra de Portugal (1640-1668) unos años antes.
A mediados del siglo XVIII, se solicitó al Consejo Real que fueran construidos o reparados varios puentes cercanos a Mérida. Para el Matachel se proyectó edificar un puente de 92 varas de largo (76,91 m) por 5 de ancho (4’17 m) sobre otro anterior, que tenía varios pilares arruinados, cuyo coste alcanzaba los 30.000 reales. Aunque en el proyecto no se cita de qué puente se trata, muy posiblemente se refiera al de Siete Vadillos, ya arruinado, y no al de la Quebrada, pues éste excedía en mucho la longitud de 92 varas. En 1756 no se habían iniciado las obras, por lo que el paso de los correos debía realizarse por el puente de Aljucén.
Nuevamente, en 1784, los ayuntamientos de La Zarza y Alange solicitaron licencia al Consejo Real para reparar uno de los dos puentes o construir uno nuevo, pues la situación se había vuelto insostenible para el paso de tropas, comerciantes, correos, labradores, ganados y vecinos de la zona; además de su importancia estratégica por ser un paso fundamental para conectar los pueblos del partido de Mérida con el camino hacia Almendralejo, Llerena y Sevilla.
En 1785, se encargó el proyecto de revisión de ambos puentes al maestro de obras emeritense Fernando Rodríguez, quien entregó a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando los planos de los reconocimientos y el proyecto de reconstrucción del puente de Siete Vadillos, tasadas las obras en 159.000 reales, al considerar el alarife que éste tenía un emplazamiento más seguro y acertado. La Academia aprobó las reparaciones, pero no siguiendo los planos de Rodríguez, asignando la revisión del proyecto al arquitecto y académico Manuel Machuca Vargas, que se desplazó a La Zarza para reconocer las márgenes y fondo del río donde se pretendía construir el puente, así como los materiales constructivos que hubiera cercanos. En 1786, Machuca ideó un puente de nueva planta con ocho arcos y suficiente anchura para el paso de dos carros a la vez, todo de piedra berroqueña. Lo presupuestó en 551.000 reales, el elevado coste hizo que el Consejo Real solicitara más detalles al Intendente Provincial. Otra vez se frustraba una nueva oportunidad, el puente de Siete Vadillos seguía en ruinas y sin acometer la prometida reparación.

Fig. 2: Puente de la Quebrada en Alange, hoy bajo las aguas del pantano.
Nuevo proyecto de reconstrucción a mediados del siglo XIX
Transcurridos 56 años, en la sesión del pleno de la Diputación de Badajoz, de fecha 15 de febrero de 1842, con la asistencia de Cayetano Cardero de la Vega, como presidente, el intendente Antonio Moral Arenzana, Pedro Bueno Flores, José Carbonell Carbonell, José Antonio Ortiz, Vicente Sánchez Arjona y Carlos Márquez Rodríguez, se trató el expediente sobre la recomposición del pavimento de los baños de Alange, así como el desagüe y limpieza de las termas romanas, ya que el presupuesto formado por el ayuntamiento alangeño no cubría los gastos. Acordaron que el arquitecto Valentín Falcato (figura destacada en la arquitectura de obra civil en Extremadura, trabajó sobre todo en Badajoz, realizando obras como el paseo de San Francisco, el cementerio de San Juan, la reconstrucción de los puentes de Palmas y Gévora, etc.) pasase por Alange a reconocer las obras que necesitasen los dos edificios y formar el presupuesto de su costo. Al mismo tiempo, siendo de absoluta necesidad rehabilitar el puente antiguo sobre Matachel, en las inmediaciones de Alange, para facilitar la comunicación de la villa y la que afectaba entre los partidos de los Barros, Don Benito y la Serena, estimase el presupuesto también de esa obra.
Al día siguiente, 16 de febrero, en sesión vespertina, se reunieron los diputados Pedro Bueno Flores, Pedro José Campos, José Carbonell Carbonell, José Antonio Ortiz, Vicente Sánchez Arjona y el secretario interino Carlos Nicolás de Rebolledo. El diputado Campos manifestó que, en la sesión del día anterior, se acordó la rehabilitación del puente que está en los alrededores de Alange sobre el río Matachel, puente que nunca pudo servir más que para infantería, y juzgando que este gasto no puede evitar otro desembolso que precisamente tendría que hacerse en la recomposición del puente que está, en parte arruinado, a un cuarto de legua distante de las villas de Alange y La Zarza -se trataría del puente de Siete Vadillos-, en el camino-carretera de los partidos de los Barros a Don Benito y la Serena, y de éstos a Sevilla; propuso que, en consideración a la mucha mayor utilidad pública, se acordase la reparación del que está en el sitio de Siete Vadillos, jurisdicción de La Zarza, ordenando a Valentín Falcato realizar el correspondiente presupuesto, aplicando para ello los fondos sobrantes de los baños de Alange, al tiempo que los pueblos que se designen propongan los arbitrios más apropiados para esta obra y menos gravosos para sus vecinos. Después de haber hecho varias aclaraciones y dadas todas las explicaciones por el diputado peticionario Campos, se aprobó su proposición.
Un mes más tarde, 14 de marzo, los diputadosCarlos Márquez Rodríguez, Francisco Moreno Gallardo, Guillermo Nicolau Rivalaigua y el secretario Nicolás Coronadodieron cuenta de la comunicación del arquitecto Falcato, que iba acompañada de los presupuestos necesarios para los baños de Alange y la reconstrucción de un puente sobre el río Matachel frente al pueblo de Zarza junto Alange, pasando toda la información a la Comisión de Puentes y Alcantarillas.
Reparto del coste entre las poblaciones afectadas
Con posterioridad, la Diputación de Badajoz, que el 15 de febrero de 1842 había acordado la construcción de un puente sobre el río Matachel en las inmediaciones de La Zarza y firmado el presupuesto cuya suma ascendía 145.300 reales de vellón, tomando por tipo el encabezamiento de la contribución de paja y utensilios (impuesto que se creó con el objeto de obtener fondos para los gastos de cama, luz, aceite, leña, vinagre y sal que causaba el alojamiento de las tropas en los pueblos y la paja que consumía la caballería), estipuló el consecuente repartimiento entre los pueblos afectados, debiendo contribuir, según lo publicado en el Boletín Oficial de Badajoz de fecha 5 de julio de 1845, con las siguientes cantidades: Zarza de Alanje: 4665 reales 25 maravedíes, Alanje: 5308 rs. 29 mrs., Aljucén: 357 rs. 20 mrs., Almendralejo: 17827 rs. 4 mrs., Aceuchal: 3270 rs. 9 mrs., Calamonte: 723 rs. 23 mrs., Carmonita: 176 rs. 12 mrs., Carrascalejo: 177 rs. 33 mrs., Cordobilla de Lácara: 359 rs., Don Álvaro: 1144 rs. 1 mrs., Esparragalejo: 1082 rs. 18 mrs., Fuente del Maestre: 15174 rs. 33 mrs., La Garrovilla: 923 rs. 32 mrs., Guareña: 11998 rs. 15 mrs., Mérida: 26573 rs. 7 mrs., Mirandilla: 1053 rs. 14 mrs., La Nava de Santiago: 543 rs. 23 mrs., Puebla de la Calzada: 5451 rs. 18 mrs., Puebla de la Reina: 1373 rs. 6 mrs., Solana de los Barros: 558 rs. 8 mrs., Torremayor: 925 rs. 19 mrs., Torremejía: 304 rs. 7 mrs., Trujillanos: 360 rs. 28 mrs., Valverde de Mérida: 1678 rs., Villafranca de los Barros: 16531 rs., Villagonzalo: 2794 rs. 18 mrs., Villalba de los Barros: 3231 rs. 8 mrs., Arroyo de San Serván: 2530 rs. 26 mrs., Lobón: 2687 rs. 25 mrs., Oliva de Mérida: 2717 r. 5 mrs., Montijo: 10579 rs. 15 mrs., Palomas: 1336 rs. 20 mrs. y San Pedro: 880 rs. 9 mrs.
Expedidas las órdenes oportunas para que los pueblos hicieran la propuesta de arbitrios para cubrir las cantidades que a cada uno correspondía, lo verificaron las 27 primeras poblaciones, entre ellas La Zarza, según aparece en el expediente general, pero no los 6 pueblos restantes (Arroyo de San Serván, Lobón, Oliva de Mérida, Montijo, Palomas y San Pedro). Deseando que se llevara a cabo la obra a la mayor brevedad posible, los ayuntamientos de los expresados pueblos darían cuenta al gobierno provincial, sin demora, del estado en que estaban estos expedientes y de las cantidades que hubiesen hecho efectivas, disponiendo se ingresasen en la depositaría de la corporación provincial, tanto por los repartimientos, cuanto por las ventas y arbitrios aprobados por el gobernador provincial; proponiendo igualmente, sin el menor retraso, los que sean necesarios para cubrir su déficit, manifestando las causas que les hayan impedido ejecutarlo hasta ahora, exigiendo responsabilidades a quienes retrasasen los pagos.
La reconstrucción se dilata en el tiempo
La esperada reconstrucción del puente de Siete Vadillos seguía sin ejecutarse. El 5 de diciembre de 1852, siete años después del repartimiento de las distintas cantidades entre los pueblos afectados, el Ayuntamiento de La Zarza, compuesto por Francisco Gutiérrez Mateos, alcalde constitucional; Pedro Merino, primer teniente de alcalde; Francisco Seguro, síndico, y los regidores Fernando Delgado Almendro, Cristóbal Solar, Francisco Delgado Ordóñez, Juan Peñato, Patricio Lavado Dicha, Juan Barrero Paliza y el secretario Miguel Amado, se reunió en sesión ordinaria para, entre otros asuntos, acordar lo necesario para el cumplimiento de la orden del gobernador provincial, de 17 de noviembre, relativa a saber si existía disponible en las arcas de la depositaría de los propios municipales la cantidad de 4695 reales de vellón y 25 maravedíes [sic] que le correspondieron a esta villa para la construcción del puente en el río Matachel; en caso contrario, se acreditase dónde se había invertido dicha cuantía para ponerlo en conocimiento del gobernador. Enterados los ediles, acordaron que el secretario mostrase el repartimiento que tienen entendido obra en su poder, girado por orden superior el pasado año de 1842. Visto el repartimiento e informados por varios miembros que componían el ayuntamiento de aquel año y otras personas con conocimiento de causa, parece que no se realizó su cobranza, puesto que en las arcas de la depositaría de propios no entró ninguna suma con dicho destino. Mediante el correspondiente oficio, pusieron en conocimiento del gobernador provincial la situación.
Casi un año después, el pleno de la Diputación Provincial de Badajoz, en la sesión de 17 de noviembre de 1853, integrado por José del Pino, gobernador presidente, José Montero Romera, Francisco Guerrero Baena, Campo Espino, Antonio Fernández, Manuel Mendoza González Torres de Navarra, Gabino Daza y José M.ª Albarrán como secretario, decidió que el expediente relativo a la construcción de un puente sobre el río Matachel pasara a informe de los señores Montero y Fernández.
En la siguiente sesión, 19 de noviembre, los anteriores diputadosestudiaron el dictamen presentado por la comisión encargada de informar sobre el expediente antiguo promovido con motivo de la construcción de un puente sobre el río Matachel en el punto de Siete Vadillos, proponiendo que no había motivos para variar el acuerdo aprobado por la Diputación Provincial de Badajoz sobre su reparación en 1842. Por lo tanto, deberá llevarse a cabo lo resuelto entonces respecto a que se costee por los 31 [sic] pueblos que se comprometieron a ello, determinándose se vuelva a consultar a dichos pueblos para que declaren si están prontos a solventar la cuota que se les repartió con tal motivo y en su vista resolverá en la primera reunión del próximo año lo que proceda, pidiendo, mientras tanto, al gobernador que averiguara el paradero de los fondos que tienen entregados algunos pueblos en virtud del reparto que se hizo en aquella época para el costo de dicha obra.
El Ayuntamiento de La Zarza, reunido en sesión ordinaria a primeros de abril de 1855, formado por Clemente Rodríguez Montero, segundo teniente de alcalde; Antonio Bravo Bacas, síndico, y los regidores José Guerrero Márquez, Antonio Cortés Lobato, Agustín Barrero, Sebastián Guerrero Muñoz, Sancho Morán Gómez, Martín Flores y Miguel Amado como secretario, sin la presencia del alcalde presidente Pedro Merino, trató nuevamente el tema del puente sobre el río Matachel. El síndico Antonio Bravo manifestó el retraso en que se encontraba la construcción del puente sobre el Matachel, en el sitio de las Piletas o Siete Vadillos, cuya obra ya debería haber comenzado, toda vez que los pueblos que estaban comprometidos a costearlo parece que tenían sus respectivas cuotas presupuestadas o arbitradas, y que el ayuntamiento zarceño, con fecha 4 de diciembre de 1853, manifestó su cooperación y conformidad en la cuota que se le asignó a consecuencia de la orden del gobernador provincial.
Asimismo, destaca el incalculable perjuicio para los porteadores, carreteros y viajeros que transitaban por la carretera que de la Serena, parte de la Mancha y Castilla iba hacía dicho puente, y que reiteradamente tienen que paralizarse por las grandes y frecuentes crecidas del río Matachel. Mucho mayor era el daño para los pueblos del entorno, sobre todo Villagonzalo, Guareña, La Oliva, Palomas, Puebla de la Reina, Alange y La Zarza, por su indispensable paso por aquel punto, causando infinidad de retrasos en los correos y remesas de caudales a la capital, y, peor aún, algunos, después de un largo rodeo, cruzaban el crecido río en un barquichuelo, sucediendo mayores desgracias como la acaecida unos días atrás en la que se ahogó el vecino Benito Pérez, cuando estos sucesos se podían evitar.
Por todo ello, la corporación dirigió un recordatorio a la Diputación Provincial, suplicándole brevedad en una pronta determinación y que, dado que estaban en primavera, era una buena época para comenzar la ejecución de esta imprescindible obra, que tantos beneficios había de reportar como calamidades ocurrieron a causa de su abandono.
Proyecto para un nuevo puente en el río Matachel
Pasaban los años y la obra del puente seguía sin materializarse. En el pleno de la Diputación Provincial del día 9 de febrero de 1866, se reunieron los diputadosAntonio Fernández Viera, Secundino Fernández, Miguel Nogales, Alfonso Nogales, Andrés Moreno Nogales, Eduardo Maesso de la Fuente, Antonio Estévez Osma, Santiago Ruiz García, Gómez Bravo, Juan Martínez de Santa María, Antonio de Castro y José Blanco y Romo, presididos por Juan Fernández de Soria.Este último dio la puntilla al proyecto de levantamiento de un puente sobre el río Matachel en Siete Vadillos, al proponer a la Diputación la importancia y necesidad de construir un nuevo puente sobre el río Matachel, acordando se procediera al estudio, formación de planos y presupuesto por el director de caminos vecinales Florencio Ger, cuya obra sería costeada por los pueblos interesados en su construcción y subvencionada por la propia Diputación. El puente se construirá en el punto que designen los pueblos que debían costearlo, siempre que se subordine al plan de caminos vecinales y atendiendo a la situación topográfica más conveniente. La elección del lugar se hará en una reunión de dichos pueblos que convocará el alcalde de Almendralejo, citándolos para ello, y con asistencia de los diputados provinciales de los partidos de Almendralejo, Zafra, Mérida, Villanueva de la Serena, Don Benito y Castuera. Los gastos de estudio y servicio de peones se sufragarán de los fondos provinciales destinados al estudio de caminos vecinales.
Al cabo de tres años, el 10 de mayo de 1869, Florencio Ger y Lóbez presentó el borrador del proyecto de puente sobre el río Matachel en el camino vecinal de Almendralejo a Oliva de Mérida. Ger y Lóbez eligió como mejor emplazamiento para el puente sobre el río Matachel el pasil de Palomas, ya que presentaba pocas dificultades para la construcción de un puente de cinco arcos iguales de 8 metros de luz cada uno.
En conclusión, la reconstrucción del puente de Siete Vadillos sobre el río Matachel, en el término municipal de La Zarza, fue una necesidad histórica recurrente durante los siglos XVII, XVIII y XIX, marcada por los intentos de recuperar la ruina de la antigua construcción y la dificultad para asegurar su financiación, retrasando las obras o quedando paralizadas, como de hecho ocurrió de nuevo.
Actualmente, aunque se considera una estructura arruinada, sigue siendo un punto de interés histórico y paisajístico dentro de las rutas turísticas por La Zarza.
Publicado en:
– LAVADO RODRÍGUEZ, Fabián: “El puente de Siete Vadillos sobre el río Matachel en el término municipal de La Zarza: un nuevo intento de reconstrucción durante la 2ª mitad del siglo XIX”, La Zarza: Feria del Ganado Mayo 2026. La Zarza: Ayuntamiento de La Zarza, 2026, 7-17.
Fig. 3: Estado actual del puente de Siete Vadillos.
por Manuel García Cienfuegos | May 5, 2026 | Agenda Cultural, Artículos
Manuel García Cienfuegos
Cronista Oficial de Montijo y Lobón
cienfuegos@cronicasdeunpueblo.com
Estamos en tiempos donde nos cercena el calor, la calor, los calores y las calores. También hay otra expresión muy propia ¡Hace una calor antigua! Cada uno retorna a los recuerdos de su infancia. ¡Hace calor como antiguamente! Pues hace un calor como siempre, más que ayer, pero menos que mañana.
Cierto es que estamos metidos dentro de estos calores, bajo la memoria de un sonido de verano antiguo, con carros tirados por mulas que van y vienen de las eras. A viento solano de largas siestas. A tardes de silencio, de mecedora y gratificante aire de abanico. En la memoria suena a agua fresca de la alberca, bajo la sombra de la higuera y la morera. Agua y frescor de verano. Alberca de toda la vida. La alberca antigua de regar nuestras huertas. De un riego generoso cuando le quitaban el tapón, aquel tapón hecho con ramas y cubierto con un saco de arpillera. El agua salía a borbotones en busca de los bancales, maravilla de espectáculo, al encuentro con los melones, sandías, tomates, pimientos, con los frutales… bajo canales artificiales, algunos conducidos por la goma negra de las cubiertas de los camiones.
Memoria de la alberca, de niños zambulléndose en aquel edén de las aguas, bajo un fondo resbaladizo de cieno, en calzoncillo blanco, sorteando en sus chapuceos las carreras de insectos veloces, criados en el verdor del limo. Agua fría como ella sola, a prueba de gritos de la chiquillería y a tiritones aliviados por la generosidad de las toallas tendidas al sol. Albercas, norias, acequias… el agua, la vida… desde siempre, muy antiguas.

Olores y sabores de aquellas huertas. A brevas de las higueras, a la humedad de la alfalfa, al cacareo de gallinas, al penetrante olor de cochinos y vacas. A leche recién ordeñada. Al sonido del vuelo del pínfano sangrador que atacaba de día y de noche. A sopa de tomates, a gazpacho… A olor de café de puchero en la solemne y grata quietud de la hora de la siesta. A trago de agua fresca de barril. A sudor y trabajo. A callo del amocafre en las manos del hortelano.
Por las noches siempre refrescaba, la huerta regulaba la temperatura nocturna veraniega. Aún así, cuando terminábamos la cena, casi a oscuras, bajo la luz del carburo, desvelados por el calor, nos quedábamos embobados mirando hacia arriba, observando las estrellas.
El éxtasis nos transportaba a una blanca pantalla de cine de verano, en la que jugaban lagartijas y salamanquesas. El “Emperatriz de verano” proyectaba en eastmancolor ¡Fantomas vuelve! con el genial cómico francés Louis de Fùnes, y la rubia y atractiva actriz Mylene Demongeot. Cómo se nos fue muriendo cada día pequeños trozos de aquellos cines de verano: Palmera, La Concha, Salón Moderno y Avenida
Aquella noche de la primera quincena de agosto esperábamos la madrugada. En el firmamento había un espectáculo asegurado, las “Lágrimas de San Lorenzo”, lluvia de estrellas fugaces. Las horas pasan y el sueño empieza a castigarnos. De pronto enchufan una vieja radio, un Askar. Al instante se oye una voz “Aquí Radio España Independiente; estación pirenaica, la única emisora española sin censura”. Estábamos en la dictadura, corrían tiempos de negación de las libertades y del bienestar, era cuando pocos se podían comprar un coche. Tiempos de dolor y emigración. La señora de la huerta, que era muy monárquica, ordena darle más voz: “Anoche dijeron que Franco está al caer y que está don Juan de camino”. A lo que respondió su marido “Ilusiones de libertad, de restauración monárquica. Baja la radio, que hasta en las huertas, en el campo, escuchan los falangistas y los tricornios, que ahí nada más que hablan Carrillo y La Pasionaria”.
(De mi libro «Los quehaceres y los días. Montijo en la memoria», pp. 53-54)
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por Manuel García Cienfuegos | May 5, 2026 | Agenda Cultural, Artículos, Noticias
Manuel García Cienfuegos
Cronista Oficial de Montijo y Lobón
cienfuegos@cronicasdeunpueblo.com
Mi felicitación en la festividad de San José Obrero (1 de mayo) para Lácara, Pedanía de Montijo, y Guadajira, Entidad Local Menor de Lobón. Son tiempos para estar agradecidos a la tierra y a la vida. Fiestas que estrenan este mayo que dibuja y pinta dándole color al campo. (Dejo partes del Pregón que ofrecí para la localidad de Guadajira en mayo 2014, por invitación del entonces su alcalde, Alfonso López Thomas (qepd), un buen hombre).
PRÓLOGO
Los vientos de mayo peinan, bajo la emoción íntima, estirando las horas y trayendo, en sus atardeceres, los sueños. Mayo, en su gozo, echa puntadas y costuras precisas a los orígenes y los recuerdos. Mayo cosecha asombros a la vuelta de la esquina que nos va labrando el tiempo.
Este mayo hablador que ha dejado tras de sí los cantuesos, el apogeo de la jara y el anuncio de que el brezo es el señor de nuestras sierras. Este mayo que ha dejado atrás miradas implorando misericordia, manos atravesadas por clavos que se tendían llamando, derrotas, triunfos y repiques de campanas que han tocado a fiestas resucitadas por la vida.
Este mayo de paleta y lienzo. Este mayo que dibuja y pinta de rojo, azul, verde y amarillo. Este mayo que escribe el pliego anual de gratitud que se despierta y levanta porque el campo se desangra en amapolas. Este mayo en el que la espiga anda granándose para disponerse, en su inquietud, ir a la búsqueda de una custodia de Corpus, de flor, cera, juncia y romero.
Este mayo que pide lagares de luces de romería, cantes con sabor a vino de la pitarra mejor guardada de la rendida cosecha de vendimia y cepa. Porque entonces será cuando falten un par de brochazos para que nuestros campos acaben y completen el bodegón de todos los años. Feliz es el tiempo que en su giro templado nos lleva a los calores de los días interminables.
Amo y quiero a este mayo porque en sus inicios nos trae unas manos llenas de virutas del taller de un padre obrero y artesano que fija carteles en los que se anuncian que son tiempos para estar agradecidos, porque, desde lo alto, una hermosa dama, Guadajira,anda preñada por la alegría de este mayo que celebra sus fiestas.
LLAMADA
En otros tiempos, edictos, bandos y pregones llamaban a la común inteligencia del vecindario a que tomasen conciencia y acudiesen ante el acontecimiento festivo que llegaba. Hoy, como entonces, con los mismos desvelos, con las mismas razones y afanes, alzo la voz de aquellos pregoneros antiguos para que vengan todos, absolutamente todos. Para que no falte nadie.
Venid dulces de los petitorios, pelaeros, bodas y tornabodas. Venid, altares que hermosean las mañanas hondas y anchas del Corpus de incienso, juncia y romero. Que vengan los albañiles que construyeron este pueblo. Venid, mesas y sillas de tijeras del bar “La Parada”, que regentaron Manuel Barroso, Manolo y Cristóbal Barrantes. Venid, bogas del Bar Obispo. Que venga el taxi de Valentín García. Venid, bochornos del membrillo y chaparrones de los dioses campesinos de la liturgia de octubre que proclamáis la otoñada.
Venid, aires sanos y romeros que festejan en el campo a San Isidro, patrón de los labradores. Que venga el veterinario Jesús Ramírez de Lucas. Venid, olores y sabores de los ultramarinos de Victorio Álvarez y Fausti. Que vengan las niñas bailando en el colegio “la fuente de las natillas”. Venid, versos de Joaquina Jociles Camello. Que vengan los muchachos jugando en “los pilones”. Que vengan los muebles, la ropa y los comestibles de “La Cantina”, que vendía Dolores Riñones, la cantinera. Venid, virutas, serrín, cepillos y garlopas de la carpintería de Manuel Osorio.
Venid, pasos del Jueves Santo. Venid, montes de corcho del belén de la infancia. Que vengan Francisco Cuenda, el legionario, e Isabel Torrado, la rubia, que fue el primer matrimonio que se dieron el “sí quiero” ante el altar de San José Obrero. Venid, morrales repletos de algodón que se cultivaban en estos campos. Que venga Lorenzo Morato Gemio, el primer alcalde que tuvo este pueblo. Venid, sabores de la confitería y el bar Campos. Que venga Antonio, el pescaero, que era de Málaga y venía desde Talavera vendiendo fruta y pescado fresco.
Que vengan los bailes, las películas, las bodas y las celebraciones que se hacían en el Salón Cinema España. Que venga la barca grande de orilla a orilla del Guadiana, transportando a la gente que iba y venía a Pueblonuevo, Guadiana Montijo, La Puebla y Valdelacalzada. Venid, olores de la ferretería de los Linde. Que venga, empujando su carro, la señora Severiana, lleno de golosinas, caramelos, pipas y avellanas. Que venga Luís Solís, el herrero. Venid, olores y sabores a tintos y blancos del Bar Pepe, templo de la bebienda, que regentaba Pepe el albañil y Faustina González, su mujer.
Que vengan Cecilio Martín, Chinchilla, Inocente, Paco Rojas, Julián Chaves, Anastasio, Roldán y Carvajal. Venid, tejidos, muebles, electrodomésticos y comestibles selectos de Manuel Martín Trigo y su mujer María Giraldo. Venid, flores de los almendros que andáis por las faldas de estos cerros. Que vengan los maestros don Luis, doña Encarna, doña Cristina, doña Ana, don Jesús y don Juan Leo, para dirigir las orquestas de los pizarrines escribiendo en las pizarras de la edad de nuestra infancia. Venid, recetas de don Gregorio, el médico. Venid, medicamentos de la farmacia de Joaquín Antolín. Que venga Inocente Ramírez, el cartero.
Venid, beceros, machos, pardillas y carpas que pregonaban los pescadores del río que cogían con sus redes desde sus barcas. Venid, claros amaneceres que dobláis la luz para que la cal despierte los milagros de siempre, cielo, olor, mediodía, tarde y noche. Que vengan los futbolistas Fariñas, El Galgo, Norci, Chele y El Cano. Que venga José Gallardo Leo, uno de los primeros parceleros. Venid, gente buena, honrada y honesta, porque ya están aquí nuestras fiestas.
Venid todos, pequeños, niños, jóvenes, mayores, de Montijo, La Puebla, Lobón, Solana, Almendralejo, Badajoz, Valdelacalzada y Talavera. Que vengan todos. Que estén todos aquí. Que lo sepan todos. Que ha llegado, que está aquí, esta memoria hecha partitura que canta la copla de estos días de júbilo, distracción, diversión y festejos.
GUADAJIRA, CANTA
Escuchad, prestad atención de cómo nos canta Guadajira. Escuchad lo que dice este contador de cosas de vuestras Fiestas. Os puedo asegurar que esta noche he venido con el alma optimista y el cuerpo dispuesto para darle culto a la alegría y presentaros esta saludable letanía de vuestra Fiesta.
El sonido de la Orquesta Ceniza nos trae las primeras notas musicales
Las chucherías de Victoria Arévalo. La discoteca Chovo. Los costaleros llevando al patrón, San José Obrero. Los cigarrillos pinchados en la boquilla por un palillo en la caseta de tiro. Las atracciones de la noria y los caballitos del matrimonio Naranjo. Las primeras reinas de estas fiestas: Francisca Flores Vaca y Alfonsa Martín Guerrero.
Los concursos de macetas. Las tiradas al plato. Las carreras de sacos, triángulo y la cucaña. Los concursos de cocina. La cantante extremeña Petri Llanos. Ana María Abril y su orquesta, que eran de Valencia. Los desfiles de carrozas. Las carreras de galgos. Los encuentros de fútbol entre casados y solteros. La elección de miss visitante y míster feo. El caballo de cartón de los fotógrafos.
Y continúa el baile, ahora con la orquesta Nueva Tentación
Carnicería Andrés, el que compra chuletas en las Fiestas de San José Obrero, vuelve otra vez. La música del grupo X 45. La discoteca Ramón Gallardo. La peluquería de Vidal, el barbero, en la que los hombres se cortaban el pelo para estar más guapos y atractivos para las Fiestas. Los lanzamientos de cohetes y desfiles de la Banda de cornetas y tambores de la OJE de Montijo. El bar Lázaro. El ajedrez, damas, pin-pong y rompe pucheros que se organizaban desde el Hogar Juvenil. El turrón de Castuera.
La becerrada celebrada en la Ronda Oeste en la que se lidiaron ejemplares de una afamada ganadería para el diestro Antonio Ferrera, el parcelero, el niño de las Vegas Bajas, y el Pitillo, maestro entre los maestros en el arte de poner banderillas. El grupo Acción Rock Band. Los concursos de motocross. La gimkana automovilista de la Escuela de Conductores San Antonio, que cuando te ibas a sacar el carné, Juan Reyes, el encargado, te decía: “con lo que tú sabes, querido, jamón, a la primera”. La gimkana tractorista. La pasión que siempre pusieron Juan José Vaca Sampedro y Julián Chaves Álvarez en la organización de estas fiestas.
Por tanta buena gente que hemos conocido. Canta, Guadajira.
Las cajas de latón del dulce de membrillo donde se guardan ahora las fotografías antiguas, testigos de la luz y el tiempo, de los estudios de Foto Pepe y Garrorena. Las homilías de don Andrés Romero Sánchez el día del patrón, San José Obrero. Las escopetas de juguete con el tapón de corcha y la cuerda. El grupo de coros y danzas. Las parejas de novios paseando por la calle Las Mercedes y más íntimamente cerca de la iglesia, contándose aquello que tú y yo sabemos, Guadajira, sus cosas.
Que lista eres, Guadajira, hermosa dama. Qué bien sabes conjugar y manejar los tiempos y los quehaceres de las Fiestas de San José. Sí, de tu Fiesta, con la que llevas gratificándonos tantos años. Porque al final, en tus cantes, amiga Guadajira, has quedado para enhebrar las orquestas que han pasado animando tus noches. En las que todas se encierran en un solo nombre: Julián Rico Gómez, el músico.
Julián Rico, que trabajaba en la bautizada por vosotros “caseta del músico”. Julián era hijo de Antonio Rico, director de la Banda de Música de Montijo, conocido como el maestro Antonio, el del pito gordo. Julián Rico, memoria cierta de unos dedos acariciando los teclados gastados por el uso de su saxofón.
El bueno de Julián, supo cosechar con oficio, maestría y fama, innumerables éxitos en los templos de la música y el baile. Entre sus destacadas composiciones sobresale la portentosa y festiva pieza a la que él puso el nombre de “La Eustaquia”, embeleso de sinfonía popular.
Fueron días en los que las canciones lanzaban piropos. En las que los relojes del bolero detenían el tiempo haciéndolo perpetúo, para que nunca ella se fuera ni amaneciera. Días de ricos y sabrosones mambos. Porque, en las fiestas de San José, el baile lo ha sido casi todo, bajo el arrastre solemne y glorioso de los pies de las parejas agarradas siguiendo las notas de “España Cañí”. Porque la alegría es una necesidad y no un capricho. Porque era y es el tiempo para que las parejas sientan la verdad cierta de que “amar nunca es ridículo, se tenga la edad que se tenga”.
Porque “donde hay música no puede haber cosa mala”, como razona el servicial escudero de don Quijote. Campechana sentencia que Cervantes puso en boca del enjuto hidalgo “la música compone los ánimos descompuestos y alivia los trabajos que nacen del espíritu”, para añadir, “la música siempre es indicio de regocijos y de fiestas”.
Porque en las fiestas de San José de Guadajira, las chicas jóvenes subidas en unos tacones gustaban mirarse y retocarse los labios ante el pequeño espejo que llevaban en el bolso, esperando que les llegase algún enamoradizo pretendiente. Mientras las parejas abrazadas bailaban “Amapola, lindísima amapola, cómo puedes tú vivir tan sola”.
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