por Manuel García Cienfuegos | Jul 23, 2026 | Artículos
Manuel García Cienfuegos
Cronista Oficial de Montijo y Lobón
cienfuegos@cronicasdeunpueblo.com
En la tarde del 27 de junio de 1989, siendo alcalde Luis Gragera Zamora, se instaló el reloj del Ayuntamiento de Montijo. El soporte fue realizado por el artesano de la forja Casimiro Gragera González y su hijo Vicente Gragera Almirante. Causó polémica el número IIII, una norma que se le atribuye a varios monarcas europeos. Cierto es que los cuatros caracteres IIII crea una simetría visual con su opuesto en la esfera VIII, cosa que el IV no logra.
El reloj fue fuente de inspiración de mi amiga Laly González Castell, que supo plasmar este acontecimiento en unos versos que contaba la abuela a su nieta: “Eso sí que e un invento/el relo q’hay en la plaza/arriba del Yuntamiento./Ante de la campaná,/toca una musiquilla,/de bien y de acompasá”.
por Manuel García Cienfuegos | Jul 22, 2026 | Agenda Cultural, Artículos
Manuel García Cienfuegos
Cronista Oficial de Montijo y Lobón
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Hoy, 22 de julio, se celebra la festividad de Santa María Magdalena. Felicidades a las amigas que hoy celebran su onomástica. Felicidades a Solana de los Barros y Mirandilla que la tienen por patrona. Felicidades a sor María Magdalena Sotelo Ramírez, natural de Calera Víctor Rosales (México), religiosa clarisa que lleva veintidós años en el convento de las clarisas de Montijo.
ICONOGRAFÍA EN MONTIJO
La iconografía de María Magdalena la encontramos en el ático del retablo de la ermita de Jesús Nazareno de Montijo, atribuida al pincel de Alonso de Mures (s. XVIII), escenificada como penitente. En la imagen que procesiona en Montijo en la Soledad del Viernes Santo y Domingo de Resurrección. Imagen que forma parte del retablo donde está el sagrario de la ermita de Jesús Nazareno. Se trata de un grupo escultórico formado por Cristo en la cruz (atribuido a la gubia de Blas Molner), San Juan y María Magdalena. Escenifican las tres imágenes un instante vivido en el Monte Calvario o “Sacra conversatio” (Sagrada conversación) que, como imagen catequética, es testigo de la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo, arropada por sus más fieles seguidores: San Juan y Santa María Magdalena.
También localizamos a María Magadalena en el cuadro: “El descendimiento de Cristo o la Piedad de Ntra. Señora”, que está en la capilla del convento de las clarisas franciscanas de Montijo. María Magadalena sostiene y besa la llaga de la mano siniestra de Cristo, en una obra con aires murillescos.
RETABLO EN MIRANDILLA
Pieza barroca de buena factura, compuesto por un sólo cuerpo con gran ático. Su construcción se debe en 1757 al maestro entallador Juan de Olivenza, avecindado en Trujillo. Artista que labró el desaparecido retablo en la parroquial de La Nava de Santiago. La hornacina central la ocupa María Magdalena penitente, una de las santas más célebres del cristianismo, por haber conocido a Cristo y porque representó el paradigma de la mujer arrepentida. Arrodillada su pierna derecha sobre una roca, en actitud orante ante un crucifijo y una calavera apoyada en la Sagrada Escritura.
por Manuel García Cienfuegos | Jul 20, 2026 | Artículos
Manuel García Cienfuegos
Cronista Oficial de Montijo y Lobón
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En medio del Casino y la Casa del Navegante, por la calle del Pozo de Juan Ramos, hoy Ramón y Cajal, donde estuvo la casa de Correos, tejidos Horacio, Colino y la relojería de Tomás y su hermana Carri, se llega a la plazuela de ‘Los Piñero’, en otros tiempos llamada de Chaves, Juan Esteban y Herradores, lugar de mercados y alojo de circos en tiempos de feria. Antes de esa plazuela, la de Sagasta, luego Queipo de Llano y ahora Luis Braille, con dos comercios con años de excelente servicio: la Droguería de Fernando Pérez Palomo y La Valenciana de Manuel Polo Onteniente.
La familia González-Piñero y Salguero, él de Montijo y ella de Arroyo de San Serván. Sus hijos fueron alcaldes, concejales, diputados, senadores, médicos y abogados. El que más destacó fue Cipriano Piñero Salguero que tras las secuelas de la desamortización de Madoz compró las eras, entregándolas al municipio, con una cláusula admirable: “siempre que se ubicaran en ellas industrias que trajeran progreso y prosperidad para el pueblo”. La primera en hacerlo fue la Electro-Harinera, año 1917.
por Emilio Arroyo Bermejo | Jul 18, 2026 | Artículos
Emilio Arroyo Bermejo
CRONISTA OFICIAL DE VALDASTILLAS
Valdastillas es sinónimo de agua, naturaleza exuberante, cerezos, ciruelos, robles, castaños, senderismo, arquitectura popular, gastronomía, tradición, un lugar para disfrutar de todo lo bueno que la madre naturaleza ofrece, en un terreno labrado y trabajado con el sudor de sus habitantes, con el esfuerzo de los cuqueños.
En estas fechas estivales en las que las temperaturas arrecian, encontrar el líquido preciado en los campos y calles, que en otras zonas se convierte en una aventura imposible, en Valdastillas se hace presente a cada paso que das encontrando ese agua que refresca, revitaliza, regula la temperatura, transporta nutrientes y elimina toxinas mejorando la energía mediante una hidratación adecuada.
Enclavado Valdastillas en las estribaciones de la Sierra de Tormantos, en pleno Valle del Jerte, es un lugar ideal para iniciar rutas senderistas y de paso conocer la localidad visitando su iglesia parroquial del siglo XVI bajo la advocación de Santa María de Gracia, edificación fruto del mecenazgo de los obispos placentinos Gutierre Vargas de Carvajal y Pedro Ponce de León y también admirar su arquitectura tradicional y vernácula, encontrar el frescor en los soportales de la plaza, admirar los murales en fachadas ejecutados gracias al programa Muro Crítico en 2023 de la Diputación Provincial, con obras de Galleta María, Ricardo Romero y César Goce y saliendo de la localidad, dirección al vecino pueblo de Cabrero, encontrarse con la Ermita del Humilladero y observar la talla del Cristo de la Victoria, obra barroca del siglo XVII.
Pero volviendo al origen de esta crónica, Valdastillas es agua, pues ya el 26 de octubre de 2025 en un artículo que publiqué en el Periódico Extremadura en la sección del Blog del Cronista bajo el título «Valdastillas, entre dos gargantas», daba fe, escrita, de que el pueblo cuqueño está flanqueado por agua, por la garganta Bohonal y por la garganta Marta.
Así que el senderista y el visitante podrá calmar su sed y sudor en estas gargantas y en fuentes públicas, (imposible nombrar todas), diseminadas por el término municipal, al pie de los caminos que circundan y bordean la localidad.
Si un baño te quieres pegar a la garganta Bohonal irás y allí en su piscina natural, refugiado de la exuberante vegetación, también encontrarás el alivio a tu sed en una pequeña fuente al lado de la corriente de la garganta y aderezar el paseo tomando el aperitivo o merienda en el merendero que allí se ubica. También podrás bañarte en la excelente piscina municipal en los terrenos colindantes al sitio del Calvario, con instalaciones perfectamente adecuadas a la movilidad del usuario.
Si el paseo lo diriges hacia la Agrupación de Cooperativas, aliviarás la sed en la Fuente de Juan Gil y antes de llegar a ella, desde los balcones que ofrece la carretera, podrás otear el Valle del Jerte dirección Plasencia y vislumbrar el agua del pantano placentino en el cauce del río Jerte que aguas arriba, en el término de Valdastillas, también podrás encontrar para darte un buen chapuzón.
De Valdastillas a la Nacional 110, CC 233, a la derecha, abandonando la carretera y adentrándose en el terreno por un camino estrecho mirando a la garganta Bohonal, encontrarás la Fuente Blanca y en el Camino Real que también lleva a la Nacional 110 te espera la Fuente de los Alisillos, además en la bajada al Jerte, siguiendo la CC 233, arribarás a la Fuente Romana.
A los pies del Cristo de Valdastillas encontrarás la conocida Fuente de la Ermita, a la que se accede bajando una leve rampa perfectamente acondicionada, para desde allí, llegar a otro de los paraísos cuqueños, la Garganta Marta, donde poder refrescarte, meter los pies el cansado senderista, observar y tener el placer de vivenciar el funcionamiento del lagar de Tío Alicio, hoy de propiedad municipal y tomar ricas viandas en el merendero, sin olvidar de acercarse a la pasarela que nos facilita ver la cascada de Marta en todo su esplendor.
Si optas por adentrarte y conocer la localidad, cosa que recomiendo, el agua también la vas a encontrar en su recorrido. En el barrio antiguo del pueblo, barrio alto, podrás observar la Charca o Chorrera, corriente continua de agua, donde antaño se lavaban las tripas para la matanza y que a la vez era lavadero, agua que una vez aliviada discurre hasta la Fuente del Cuco, en pleno centro de la localidad, lugar donde descansar en sus bancos y refrescar tus manos, cara y cuello a través de su agradable chorro de agua.
Sombra encontrarás en los soportales de la plaza, donde podrás observar el agua encauzada en su lento discurrir. Saliendo de la plaza, hasta el conocido Muro, también una fuente, bancos y sombra te acompañarán y si está pronta la marcha, quizás alguna cantimplora o garrafa de agua podrás llevar de la Fuente de la Cooperativa que encontrarás a la salida de Valdastillas en dirección a Piornal.
Muchos topónimos encierra Valdastillas, lugares que reivindican su protección y recuerdo.
Caminar por los campos cuqueños al amanecer, sorprenderse de las corrientes de agua que acompañan tus pasos, sentir en la piel el frescor que desprende su flora es una experiencia que debes vivirla en cualquier época del año, resultando ahora, en el estío, si cabe, más gratificante.
Por agua no será, Valdastillas tendrás que visitar.
Emilio Arroyo Bermejo
CRONISTA OFICIAL DE VALDASTILLAS
por Manuel García Cienfuegos | Jul 17, 2026 | Artículos
Manuel García Cienfuegos
Cronista Oficial de Montijo y Lobón
cienfuegos@cronicasdeunpueblo.com
«Padre Guadiana que estás en el suelo, santificadas sean tus aguas, venga a nosotros tu naturaleza de paz y libertad y no perdones la civilización de los hombres que arrojan veneno en tus orillas. Líbranos de las sequías y la muerte de tus árboles y peces, acaricia los cuerpos que disfrutan tus abrazos y no los conviertas en muñecos de cera. Pon en nuestros cuellos farolillos de nenúfares y líbranos para siempre de las tiranías, odios y guerras. Amén».
MANUEL PACHECO (Olivenza, 1920-Badajoz, 1998).
Poeta. Académico de la Real Academia de las Letras y las Artes de Extremadura. Huérfano temprano, ingresó a los siete años, en el orfanato de Badajoz, y allí sufrió los duros avatares de la Guerra Civil. Al cumplir los dieciocho años se incorporó a filas, todavía en plena contienda, pero su maltrecha salud le llevó de enfermería en enfermería y de hospital en hospital, donde se familiarizó con el dolor y la muerte, dos temas que aparecen con frecuencia en su poesía y en sus relatos.
En 1940, una vez licenciado del Ejército, intentó multitud de humildes empleos para subsistir hasta que logró una plaza de mecanógrafo (Pacheco se ganó la vida como funcionario del Ministerio del Ejército, en las Subpagaduría de Haberes), ocupación que ha quedado testimoniada en varios registros poéticos, como en el “Poema para mirar al hombre de oficina”, en el cual escribe: “Nicho de fría fábula recoge/ la cansada atención de tu mirada,/ máquina de escribir, calculadoras/ escupen sus metales en tu entraña”; actividad que completaba con la de auxiliar en la Biblioteca de la Diputación Provincial de Badajoz.
De formación escasa, y totalmente autodidacta, Pacheco fue un hombre especialmente interesado por la literatura, el arte y el cine, y aprendió todo lo que esa curiosidad y una envidiable intuición le permitieron. Participó activamente en todas las tertulias provincianas que se formaron en su tiempo, especialmente en la que se celebraba cada sábado en la casa de una dama de la capital pacense, Esperanza Segura Covarsí.
Era la década de 1950, y Pacheco empezaba a publicar sus primeros libros de poemas, dentro de la estética de la “poesía social” que entonces se abría camino, aunque también se advierte en su obra una orientación surrealista que aprendió en sus inicios, cuando estuvo en breve contacto con el grupo postista, en el contexto vanguardista de la década de 1940. El hombre concreto, en sus circunstancias concretas, es uno de sus temas preferidos, al margen de todo formalismo esteticista, que considera frío, inerte, antipoético. El paisaje extremeño y una cierta veta erótica completan su cuadro estético. Uno de los libros que mejor caracteriza la poesía global de Pacheco es el titulado En la tierra del cáncer, poemario sombrío, con versos estremecedores. Su prosa narrativa también procuró análogo talante transgresor en la forma y en el contenido.
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