Manuel García Cienfuegos Cronista Oficial de Montijo y Lobón cienfuegos@cronicasdeunpueblo.com
Mi felicitación en la festividad de San José Obrero (1 de mayo) para Lácara, Pedanía de Montijo, y Guadajira, Entidad Local Menor de Lobón. Son tiempos para estar agradecidos a la tierra y a la vida. Fiestas que estrenan este mayo que dibuja y pinta dándole color al campo. (Dejo partes del Pregón que ofrecí para la localidad de Guadajira en mayo 2014, por invitación del entonces su alcalde, Alfonso López Thomas (qepd), un buen hombre).
PRÓLOGO
Los vientos de mayo peinan, bajo la emoción íntima, estirando las horas y trayendo, en sus atardeceres, los sueños. Mayo, en su gozo, echa puntadas y costuras precisas a los orígenes y los recuerdos. Mayo cosecha asombros a la vuelta de la esquina que nos va labrando el tiempo.
Este mayo hablador que ha dejado tras de sí los cantuesos, el apogeo de la jara y el anuncio de que el brezo es el señor de nuestras sierras. Este mayo que ha dejado atrás miradas implorando misericordia, manos atravesadas por clavos que se tendían llamando, derrotas, triunfos y repiques de campanas que han tocado a fiestas resucitadas por la vida.
Este mayo de paleta y lienzo. Este mayo que dibuja y pinta de rojo, azul, verde y amarillo. Este mayo que escribe el pliego anual de gratitud que se despierta y levanta porque el campo se desangra en amapolas. Este mayo en el que la espiga anda granándose para disponerse, en su inquietud, ir a la búsqueda de una custodia de Corpus, de flor, cera, juncia y romero.
Este mayo que pide lagares de luces de romería, cantes con sabor a vino de la pitarra mejor guardada de la rendida cosecha de vendimia y cepa. Porque entonces será cuando falten un par de brochazos para que nuestros campos acaben y completen el bodegón de todos los años. Feliz es el tiempo que en su giro templado nos lleva a los calores de los días interminables.
Amo y quiero a este mayo porque en sus inicios nos trae unas manos llenas de virutas del taller de un padre obrero y artesano que fija carteles en los que se anuncian que son tiempos para estar agradecidos, porque, desde lo alto, una hermosa dama, Guadajira,anda preñada por la alegría de este mayo que celebra sus fiestas.
LLAMADA
En otros tiempos, edictos, bandos y pregones llamaban a la común inteligencia del vecindario a que tomasen conciencia y acudiesen ante el acontecimiento festivo que llegaba. Hoy, como entonces, con los mismos desvelos, con las mismas razones y afanes, alzo la voz de aquellos pregoneros antiguos para que vengan todos, absolutamente todos. Para que no falte nadie.
Venid dulces de los petitorios, pelaeros, bodas y tornabodas. Venid, altares que hermosean las mañanas hondas y anchas del Corpus de incienso, juncia y romero. Que vengan los albañiles que construyeron este pueblo. Venid, mesas y sillas de tijeras del bar “La Parada”, que regentaron Manuel Barroso, Manolo y Cristóbal Barrantes. Venid, bogas del Bar Obispo. Que venga el taxi de Valentín García. Venid, bochornos del membrillo y chaparrones de los dioses campesinos de la liturgia de octubre que proclamáis la otoñada.
Venid, aires sanos y romeros que festejan en el campo a San Isidro, patrón de los labradores. Que venga el veterinario Jesús Ramírez de Lucas. Venid, olores y sabores de los ultramarinos de Victorio Álvarez y Fausti. Que vengan las niñas bailando en el colegio “la fuente de las natillas”. Venid, versos de Joaquina Jociles Camello. Que vengan los muchachos jugando en “los pilones”. Que vengan los muebles, la ropa y los comestibles de “La Cantina”, que vendía Dolores Riñones, la cantinera. Venid, virutas, serrín, cepillos y garlopas de la carpintería de Manuel Osorio.
Venid, pasos del Jueves Santo. Venid, montes de corcho del belén de la infancia. Que vengan Francisco Cuenda, el legionario, e Isabel Torrado, la rubia, que fue el primer matrimonio que se dieron el “sí quiero” ante el altar de San José Obrero. Venid, morrales repletos de algodón que se cultivaban en estos campos. Que venga Lorenzo Morato Gemio, el primer alcalde que tuvo este pueblo. Venid, sabores de la confitería y el bar Campos. Que venga Antonio, el pescaero, que era de Málaga y venía desde Talavera vendiendo fruta y pescado fresco.
Que vengan los bailes, las películas, las bodas y las celebraciones que se hacían en el Salón Cinema España. Que venga la barca grande de orilla a orilla del Guadiana, transportando a la gente que iba y venía a Pueblonuevo, Guadiana Montijo, La Puebla y Valdelacalzada. Venid, olores de la ferretería de los Linde. Que venga, empujando su carro, la señora Severiana, lleno de golosinas, caramelos, pipas y avellanas. Que venga Luís Solís, el herrero. Venid, olores y sabores a tintos y blancos del Bar Pepe, templo de la bebienda, que regentaba Pepe el albañil y Faustina González, su mujer.
Que vengan Cecilio Martín, Chinchilla, Inocente, Paco Rojas, Julián Chaves, Anastasio, Roldán y Carvajal. Venid, tejidos, muebles, electrodomésticos y comestibles selectos de Manuel Martín Trigo y su mujer María Giraldo. Venid, flores de los almendros que andáis por las faldas de estos cerros. Que vengan los maestros don Luis, doña Encarna, doña Cristina, doña Ana, don Jesús y don Juan Leo, para dirigir las orquestas de los pizarrines escribiendo en las pizarras de la edad de nuestra infancia. Venid, recetas de don Gregorio, el médico. Venid, medicamentos de la farmacia de Joaquín Antolín. Que venga Inocente Ramírez, el cartero.
Venid, beceros, machos, pardillas y carpas que pregonaban los pescadores del río que cogían con sus redes desde sus barcas. Venid, claros amaneceres que dobláis la luz para que la cal despierte los milagros de siempre, cielo, olor, mediodía, tarde y noche. Que vengan los futbolistas Fariñas, El Galgo, Norci, Chele y El Cano. Que venga José Gallardo Leo, uno de los primeros parceleros. Venid, gente buena, honrada y honesta, porque ya están aquí nuestras fiestas.
Venid todos, pequeños, niños, jóvenes, mayores, de Montijo, La Puebla, Lobón, Solana, Almendralejo, Badajoz, Valdelacalzada y Talavera. Que vengan todos. Que estén todos aquí. Que lo sepan todos. Que ha llegado, que está aquí, esta memoria hecha partitura que canta la copla de estos días de júbilo, distracción, diversión y festejos.
GUADAJIRA, CANTA
Escuchad, prestad atención de cómo nos canta Guadajira. Escuchad lo que dice este contador de cosas de vuestras Fiestas. Os puedo asegurar que esta noche he venido con el alma optimista y el cuerpo dispuesto para darle culto a la alegría y presentaros esta saludable letanía de vuestra Fiesta.
El sonido de la Orquesta Ceniza nos trae las primeras notas musicales
Las chucherías de Victoria Arévalo. La discoteca Chovo. Los costaleros llevando al patrón, San José Obrero. Los cigarrillos pinchados en la boquilla por un palillo en la caseta de tiro. Las atracciones de la noria y los caballitos del matrimonio Naranjo. Las primeras reinas de estas fiestas: Francisca Flores Vaca y Alfonsa Martín Guerrero.
Los concursos de macetas. Las tiradas al plato. Las carreras de sacos, triángulo y la cucaña. Los concursos de cocina. La cantante extremeña Petri Llanos. Ana María Abril y su orquesta, que eran de Valencia. Los desfiles de carrozas. Las carreras de galgos. Los encuentros de fútbol entre casados y solteros. La elección de miss visitante y míster feo. El caballo de cartón de los fotógrafos.
Y continúa el baile, ahora con la orquesta Nueva Tentación
Carnicería Andrés, el que compra chuletas en las Fiestas de San José Obrero, vuelve otra vez. La música del grupo X 45. La discoteca Ramón Gallardo. La peluquería de Vidal, el barbero, en la que los hombres se cortaban el pelo para estar más guapos y atractivos para las Fiestas. Los lanzamientos de cohetes y desfiles de la Banda de cornetas y tambores de la OJE de Montijo. El bar Lázaro. El ajedrez, damas, pin-pong y rompe pucheros que se organizaban desde el Hogar Juvenil. El turrón de Castuera.
La becerrada celebrada en la Ronda Oeste en la que se lidiaron ejemplares de una afamada ganadería para el diestro Antonio Ferrera, el parcelero, el niño de las Vegas Bajas, y el Pitillo, maestro entre los maestros en el arte de poner banderillas. El grupo Acción Rock Band. Los concursos de motocross. La gimkana automovilista de la Escuela de Conductores San Antonio, que cuando te ibas a sacar el carné, Juan Reyes, el encargado, te decía: “con lo que tú sabes, querido, jamón, a la primera”. La gimkana tractorista. La pasión que siempre pusieron Juan José Vaca Sampedro y Julián Chaves Álvarez en la organización de estas fiestas.
Por tanta buena gente que hemos conocido. Canta, Guadajira.
Las cajas de latón del dulce de membrillo donde se guardan ahora las fotografías antiguas, testigos de la luz y el tiempo, de los estudios de Foto Pepe y Garrorena. Las homilías de don Andrés Romero Sánchez el día del patrón, San José Obrero. Las escopetas de juguete con el tapón de corcha y la cuerda. El grupo de coros y danzas. Las parejas de novios paseando por la calle Las Mercedes y más íntimamente cerca de la iglesia, contándose aquello que tú y yo sabemos, Guadajira, sus cosas.
Que lista eres, Guadajira, hermosa dama. Qué bien sabes conjugar y manejar los tiempos y los quehaceres de las Fiestas de San José. Sí, de tu Fiesta, con la que llevas gratificándonos tantos años. Porque al final, en tus cantes, amiga Guadajira, has quedado para enhebrar las orquestas que han pasado animando tus noches. En las que todas se encierran en un solo nombre: Julián Rico Gómez, el músico.
Julián Rico, que trabajaba en la bautizada por vosotros “caseta del músico”. Julián era hijo de Antonio Rico, director de la Banda de Música de Montijo, conocido como el maestro Antonio, el del pito gordo. Julián Rico, memoria cierta de unos dedos acariciando los teclados gastados por el uso de su saxofón.
El bueno de Julián, supo cosechar con oficio, maestría y fama, innumerables éxitos en los templos de la música y el baile. Entre sus destacadas composiciones sobresale la portentosa y festiva pieza a la que él puso el nombre de “La Eustaquia”, embeleso de sinfonía popular.
Fueron días en los que las canciones lanzaban piropos. En las que los relojes del bolero detenían el tiempo haciéndolo perpetúo, para que nunca ella se fuera ni amaneciera. Días de ricos y sabrosones mambos. Porque, en las fiestas de San José, el baile lo ha sido casi todo, bajo el arrastre solemne y glorioso de los pies de las parejas agarradas siguiendo las notas de “España Cañí”. Porque la alegría es una necesidad y no un capricho. Porque era y es el tiempo para que las parejas sientan la verdad cierta de que “amar nunca es ridículo, se tenga la edad que se tenga”.
Porque “donde hay música no puede haber cosa mala”, como razona el servicial escudero de don Quijote. Campechana sentencia que Cervantes puso en boca del enjuto hidalgo “la música compone los ánimos descompuestos y alivia los trabajos que nacen del espíritu”, para añadir, “la música siempre es indicio de regocijos y de fiestas”.
Porque en las fiestas de San José de Guadajira, las chicas jóvenes subidas en unos tacones gustaban mirarse y retocarse los labios ante el pequeño espejo que llevaban en el bolso, esperando que les llegase algún enamoradizo pretendiente. Mientras las parejas abrazadas bailaban “Amapola, lindísima amapola, cómo puedes tú vivir tan sola”.
María del Carmen Calderón Berrocal Dra. Historia, Ciencias y Técnicas Historiográficas, Pro. UPO, Cronista Oficial de Cabeza la Vaca y Secretaria Canciller de ACROEX. Correspondiente por Extremadura en la Academia Andaluza de la Historia.
Como sabemos el antiguo reino de Sevilla comprendía mucho más de lo que hoy es la provincia de Sevilla.
El antiguo Reino de Sevilla fue una de las grandes divisiones territoriales de la Corona de Castilla tras la conquista cristiana del valle del Guadalquivir en el siglo XIII, especialmente después de la toma de Sevilla por Fernando III el Santo en 1248. Este reino no era un “estado” independiente, sino una demarcación administrativa dentro de la Corona y abarcaba un territorio muy amplio en el suroeste peninsular que incluía, de forma general:
Gran parte de la actual provincia de Sevilla
Amplias zonas de la actual provincia de Cádiz
Parte de la actual provincia de Huelva
Algunos enclaves que hoy pertenecen a Málaga (sobre todo en su zona occidental, en ciertos momentos)
El Bajo Badajoz.
Entre sus núcleos más importantes se encontraban ciudades como Sevilla (capital del reino), Cádiz, Jerez de la Frontera, Écija, Carmona, Huelva.
El territorio coincidía en gran medida con la antigua taifa de Sevilla y otras zonas musulmanas reconquistadas por Castilla durante la expansión hacia el sur. Tras la reconquista, se reorganizó el espacio mediante repartimientos de tierras y la creación de concejos dependientes de la capital sevillana.
El reino se estructuraba en:
Ciudades principales con jurisdicción propia
Villas y lugares dependientes
Grandes señoríos nobiliarios y eclesiásticos
Además, Sevilla ejercía un papel dominante como centro político, económico y comercial, especialmente a partir del siglo XVI con el comercio con América. El Reino de Sevilla mantuvo su vigencia como división territorial hasta el siglo XIX, cuando las reformas administrativas (como la de 1833 impulsada por Javier de Burgos) sustituyeron los antiguos reinos por las actuales provincias.
La Casa de Pilatos es uno de los conjuntos palaciegos más representativos de la arquitectura doméstica sevillana del siglo XVI y es la casa donde vivían los adelantados mayores de Andalucía, desde que Catalina de Ribera y Mendoza; y su esposo Pedro Enríquez de Quiñones, compraran en 1483 las casas incautadas por el Estado al ejecutor de la ciudad, el verdugo; y fuesen adquiridas por ellos a la Hacienda pública.
Situada en el casco histórico de Sevilla, en el entorno de San Bartolomé, forma parte del patrimonio de la Casa Ducal de Medinaceli y sigue siendo, en buena medida, un edificio vivo y visitable.
Fadrique Enríquez de Ribera, primogénito del matrimonio y primer marqués de Tarifa, impulsó la mayor parte del proyecto tras su viaje a Tierra Santa. Precisamente ese periplo, unido a su interés por la Pasión de Cristo, terminó influyendo en la tradición que relaciona el edificio con el pretorio de Poncio Pilatos, de ahí su nombre popular. También se ha vinculado su denominación al inicio de un antiguo Vía Crucis que partía desde la zona hacia la Cruz del Campo.
El palacio se articula mediante una compleja sucesión de patios, jardines y estancias interconectadas, generando un recorrido de gran riqueza espacial. En su interior conviven distintos lenguajes artísticos —mudéjar, renacentista y barroco— que se superponen a lo largo de los siglos, reflejando la evolución del edificio.
El acceso principal se realiza a través de una portada de inspiración clásica, labrada en Génova en 1529 por Antonio María de Aprile. Concebida como un arco triunfal, destaca por su equilibrio formal, los medallones decorativos y la inscripción que recuerda el viaje a Jerusalén del marqués. Este elemento renacentista contrasta con detalles de tradición gótica presentes en la coronación del muro. Sin embargo, recientemente, se ha edificado una puerta, con entrada solemne, que es la que se ha habilitado para las visitas del público.
Tras el ingreso se accede al apeadero y, desde allí, al patio principal, considerado el corazón del conjunto. Este espacio, de gran armonía clásica, está rodeado por galerías con columnas de mármol, arcos de medio punto y una rica decoración de yeserías y azulejos. En el centro se sitúa una fuente, mientras que en las esquinas aparecen esculturas de inspiración clásica, entre ellas representaciones de Palas Atenea y otras figuras mitológicas. A lo largo de las galerías se distribuyen bustos romanos, en su mayoría procedentes de colecciones antiguas, junto a piezas restauradas en época renacentista.
En torno al patio se organizan distintas estancias de gran interés artístico. Destaca el Salón del Pretorio, con un impresionante artesonado mudéjar de casetones decorados, así como el acceso al Jardín Chico. También sobresalen la capilla de la Flagelación, de origen tardomedieval, y otras salas con ricas yeserías y azulejería sevillana.
Uno de los elementos más llamativos del edificio es su escalera monumental, que conecta con la planta superior. Se trata de un espacio de gran efecto escenográfico, con azulejos, relieves y una espectacular cúpula de madera con mocárabes, pintada y dorada en el siglo XVI.
En la planta alta se conservan numerosas estancias decoradas con pinturas, artesonados y colecciones artísticas. Algunas salas muestran ciclos pictóricos de temática mitológica y religiosa, además de retratos y obras de distintas escuelas europeas, lo que refleja el carácter humanista de sus antiguos propietarios.
Los jardines constituyen otro de los grandes atractivos del conjunto. El Jardín Chico presenta una organización más íntima, con terrazas, fuentes y esculturas clásicas, mientras que el Jardín Grande adopta un diseño más monumental y simétrico, con logias abiertas que exhiben esculturas antiguas y una clara inspiración renacentista.
En conjunto, la Casa de Pilatos es el resultado de siglos de transformaciones y aportaciones de distintos arquitectos y artistas, entre los que destacan maestros genoveses, sevillanos e italianos. El edificio sintetiza influencias mudéjares, renacentistas y barrocas, convirtiéndose en una de las muestras más completas del arte nobiliario sevillano.
Más allá de su valor arquitectónico, el palacio representa también un espacio de intercambio cultural y artístico que marcó profundamente la vida intelectual de la Sevilla del Siglo de Oro.
Muchas son las curiosidades históricas relacionadas con el edificio del Ayuntamiento de Tornavacas: como su construcción allá por el siglo XVIII o la utilización de algunas de sus dependencias, en el pasado, para diversas funciones (pósito de cereales, cárcel é incluso escuelas). Pero en esta nueva entrada vamos a centrar la atención en una pequeña construcción que se encuentra incrustada en el tejado del Ayuntamiento desde hace algo más de 135 años: la torre del reloj.
En esta entrada hablamos de varias curiosidades relacionadas no solamente con esta torre, sino con el reloj que, durante muchas décadas, allí ha estado en funcionamiento.
Hablamos de cómo dicha torre fue construida a finales de la década de 1880.
Hablamos de cómo y cuándo se compró el reloj (cuya maquinaria original ahora se encuentra expuesta en el CIRV Las Cárceles), que costó una fortuna para aquella época.
Y hablamos, entre otras cosas, de cómo a nuestro paisano Ramón Marcos Sánchez, durante los casi 30 años que fue alguacil, le tocó subir muchas veces a la torre para dar cuerda al reloj (cuando no estaba averiado, cosa que era frecuente).
Otro pequeño rincón de Tornavacas con mucha historia detrás.
Los cursos fluviales de Extremadura han mostrado una realidad alarmante: todos los análisis realizados en ellos durante 2024 han confirmado la presencia de microplásticos. Esta conclusión ha sido expuesta por la organización medioambiental Adenex en el marco del proyecto Alíate con los Ríos, que persigue identificar tanto los residuos sólidos más comunes en las orillas como los contaminantes microscópicos en el agua…
María del Carmen Calderón Berrocal, Dra. Historia, Ciencias y Técnicas Historiográficas. Academia Andaluza de la Historia, correspondiente por Extremadura, Cronista Oficial de Cabeza la Vaca, Badajoz. Prof. UPO
La Cantiga del fuego se compuso a raíz del gran incendio que devastó Salónica el 18 de agosto de 1917. Aquel desastre dejó sin hogar a decenas de miles de judíos y arrasó gran parte del barrio judío de la ciudad antigua.
Tras la expulsión de los judíos de España y Portugal en 1492, las comunidades sefardíes conservaron su herencia cultural mientras se desplazaban por distintas regiones. Entre esos elementos se mantuvieron su literatura tradicional, sus expresiones musicales y el judeoespañol o ladino como lengua propia.
En Salónica, la música sefardí evolucionó en contacto con el entorno mediterráneo y del Oriente Próximo, incorporando influencias locales que enriquecieron sus formas tradicionales sin perder su identidad.
La canción alude al incendio describiendo cómo, en un día de sabbat, el fuego se propagó rápidamente, alcanzando zonas importantes de la ciudad. Evoca la tragedia colectiva, donde tanto personas humildes como acomodadas sufrieron por igual la pérdida de sus hogares. También refleja el desplazamiento forzoso de la población, que quedó sin bienes ni refugio, enfrentándose a la pobreza y la incertidumbre. El texto transmite una sensación de desamparo generalizado y de ruptura de la vida cotidiana, utilizando imágenes simbólicas para expresar el sufrimiento de la comunidad.
Dia de sabat, mi madre,
la horica dando dos,
fuego salió al Agua Mueva,
a la Torre Blanca quedo.
Tando probes como ricos,
todos semos un igual.
Ya quedimos arrastrando
por campos y por kislas.
Mos dieron unos tsadires,
que del aire se volan.
Mos dieron un pan amargo,
ni con agua no se va.
Las palombas van volando
hacienda estruicion.
Ya quedimos arrastrando
sin tener abrigacion’
Este texto está en judeoespañol (ladino). Sigue a continuación la traducción al castellano contemporáneo:
“Día de sábado, mi madre,
a la hora de las dos,
el fuego salió en Agua Nueva,
y en la Torre Blanca quedó.
Tanto pobres como ricos,
todos somos iguales.
Ya nos fuimos arrastrando
por campos y por islas.
Nos dieron unos harapos,
que se vuelan con el aire.
Nos dieron un pan amargo,
que ni con agua se pasa.
Las palomas van volando
haciendo destrucción.
Ya nos fuimos arrastrando
sin tener abrigo.”
El texto es un romance en judeoespañol con ecos de persecución, exilio y sufrimiento colectivo. Puede leerse desde una experiencia histórica judía (diáspora, expulsiones, pogromos, Shoá) y también desde claves simbólicas que un lector cristiano puede asociar con pecado, juicio, sufrimiento y redención.
1ª estrofa
“Día de sábado, mi madre… a la Torre Blanca quedó.”
En la tradición judía, el sábado (Shabat) es un día sagrado dedicado al descanso y la espiritualidad. Por ello, que una catástrofe ocurra en ese momento intensifica la sensación de dolor y profanación. El incendio puede entenderse como símbolo de destrucción colectiva, cercano a la idea de persecución o expulsión de una comunidad.
Las referencias a “Agua Nueva” y “Torre Blanca” podrían interpretarse como espacios concretos dentro de la ciudad o como imágenes simbólicas vinculadas al proceso de huida y dispersión. El agua, asociada a la vida y la renovación, sugiere un lugar que debería representar pureza o esperanza, pero que se ve afectado por el desastre, reforzando así la idea de pérdida y desarraigo.
Desde una lectura cristiana, el hecho de que el suceso ocurra en un día sagrado recuerda la presencia del mal incluso en espacios de lo religioso o lo santo. El fuego puede interpretarse como prueba, castigo o purificación. Los lugares mencionados adquieren un valor simbólico como escenarios del sufrimiento humano, mientras que el agua puede relacionarse con el renacimiento espiritual, como en el bautismo. Su destrucción refuerza la idea de ruptura del orden esperado.
El Shabat es el día sagrado del judaísmo, que comienza al atardecer del viernes y termina el sábado por la noche. Está basado en el relato bíblico de la creación, donde Dios descansa el séptimo día. Su significado principal es el descanso físico y espiritual, así como la memoria de la creación y la liberación de Egipto. Se celebra mediante rituales como el encendido de velas, las comidas familiares, las oraciones y el descanso del trabajo. Por ello, la aparición de una tragedia en este día se percibe como especialmente impactante.
En el caso cristiano, el equivalente simbólico sería el domingo, día de culto y descanso asociado a la resurrección de Cristo. En ambos casos, se trata de jornadas dedicadas a lo sagrado, lo que intensifica el contraste con la destrucción.
La “Torre Blanca” puede entenderse, dentro del contexto de los romances, como un punto geográfico asociado al avance del fuego o al alcance del desastre. Simbólicamente, una torre representa protección o refugio, mientras que el color blanco sugiere pureza o normalidad. Su destrucción indica que el incendio afecta incluso a los espacios considerados seguros o elevados.
2ª estrofa
“Tanto pobres como ricos… por campos y por islas.”
Este fragmento destaca que el desastre no distingue entre clases sociales: toda la comunidad resulta afectada por igual. La imagen de personas “arrastrándose” por campos e islas evoca el exilio forzoso, la dispersión y la pérdida del hogar, elementos muy presentes en la experiencia histórica sefardí.
Desde una lectura más universal o cristiana, esta igualdad en el sufrimiento puede interpretarse como recordatorio de la condición humana común ante la adversidad, así como la idea del ser humano como peregrino en la tierra.
3ª estrofa
“Nos dieron unos harapos… ni con agua se va.”
Aquí se expresa la humillación y la pobreza tras la catástrofe. La referencia a los harapos y al hambre refleja la precariedad extrema de los supervivientes. El “pan amargo” puede vincularse con la tradición judía del Pésaj, donde el pan ácimo simboliza la salida apresurada de Egipto y la memoria del sufrimiento.
En clave cristiana, este pan puede relacionarse con la idea del sufrimiento como prueba espiritual o con el simbolismo del pan como alimento esencial y representación de la fe.
El pan ácimo, elaborado sin levadura, tiene gran importancia en la festividad de Pésaj, que conmemora la liberación del pueblo hebreo de la esclavitud en Egipto. Durante esta celebración se recuerda la rapidez de la huida, la dureza del pasado y la transmisión de la memoria histórica mediante rituales como el séder. Sus símbolos principales incluyen la matzá (pan sin fermentar), las hierbas amargas y el relato de la liberación.
En el cristianismo, el pan ácimo también adquiere relevancia en la Eucaristía, donde simboliza el cuerpo de Cristo y la pureza espiritual. Por ello, el “pan amargo” puede asociarse tanto al sufrimiento histórico como a la dimensión espiritual del sacrificio.
4ª estrofa
“Las palomas van volando… sin tener abrigo.”
Las palomas pueden interpretarse de distintas maneras. En el contexto judío, suelen asociarse a la fragilidad del pueblo, la mensajería o incluso la esperanza, aunque aquí aparecen en un entorno de destrucción, lo que refuerza la sensación de caos y desamparo.
En la tradición cristiana, la paloma suele simbolizar la paz o el Espíritu Santo. Su presencia en un escenario de desastre genera un contraste significativo, subrayando la ausencia de paz o la inversión del orden esperado. La imagen final de “no tener abrigo” enfatiza la vulnerabilidad humana y la falta de protección.
Conclusión
En conjunto, el poema refleja una memoria de catástrofe, exilio y pérdida. En el contexto sefardí, conecta con experiencias históricas de expulsión y persecución, mientras que desde una perspectiva cristiana puede leerse como una reflexión más general sobre el sufrimiento humano, la fragilidad de la vida y la búsqueda de sentido ante la destrucción.
Aunque el texto no menciona explícitamente Salónica, presenta rasgos compatibles con el Gran incendio de 1917, que destruyó gran parte de la ciudad y afectó especialmente a la comunidad judía. Sin embargo, también puede tratarse de una reelaboración poética de distintas experiencias de desastre propias de la tradición oral sefardí.
Emilio Arroyo Bermejo CRONISTA OFICIAL DE ZARZA LA MAYOR Y VALDASTILLAS
Cuando arribamos ayer a la sierra de Tormantos, enclave de la localidad jerteña de Valdastillas, la umbría comenzaba a invadir la estribación. El día alcanzaba su decrepitud después de haber vivido una jornada para el recuerdo. La noche anterior había sido inquieta, esas noches previas que sabes que mañana será un día bonito y mucho antes de la hora prevista te apeas de la cama y la maquinaria comienza a funcionar. A las 8,30 hay que estar en la parada de autobús de Valdastillas, porque así se decide, lo decide la Asociación de Mujeres «Balcón del Valle» de Valdastillas, localidad de la cual soy desde el pasado mes de noviembre su Cronista Oficial, y decide ir a Zarza la Mayor, localidad de la cual también soy su Cronista Oficial, a realizar un viaje cultural y de ocio para conocer lo que atesora Zarza en todos los órdenes.
Durante un mes se ha estado preparando esta visita por todo lo que la intendencia exige en estos casos. Mi primer agradecimiento es para la Asociación de Mujeres «Balcón del Valle» de Valdastillas y a los 32 cuqueños asistentes por recoger la iniciativa que les propuse, suponiendo su aceptación para mí un acicate en intentar quedar a Zarza a la altura que merece. Formaba también parte de la expedición su alcalde, José Ramón Herrero Domínguez. El autocar bajó al río Jerte, se encaminó hacia la capital placentina y tras pasar por la almohade Galisteo, la episcopal Coria y la taurina Moraleja con las reses de Victorino Martín, arribamos a la sierra de la Garrapata-Valdecaballos para entrar en tierras zarceñas, en ese término municipal de 167 kilómetros cuadrados que forma parte de la Reserva de la Biosfera Tajo-Tejo Internacional y de la Macomunidad Rivera de Fresnedosa.
En el autobús ya surgieron las primeras preguntas, algunas tuve que frenar, pues debían ser contestadas «in situ» y en el momento oportuno. Todo estaba pensado y organizado y así fue, hasta en la cronología fuimos cumpliendo después de conocer lugares emblemáticos, ermitas, fuentes, calles, plazas, edificaciones civiles históricas y un sinfín de detalles que en el recorrido de seis horas (en sesión de mañana y tarde, sin contar el tiempo de comida) fui desmenuzando para que Valdastillas se llevara un gran conocimiento y recuerdo de su estancia en Zarza.
A las 10 horas estábamos en los aledaños de la antigua ermita de San Antonio Abad, inicio de la ruta, hoy «Centro de Identidad la Encomienda de Peñafiel» donde tras unas explicaciones, pudieron conocer el centro, los modos de vida de los freires de la Orden de Alcántara y donde aproveché para darles a conocer el Castillo de Peñafiel a partir de una maqueta de su torre del homenaje, además de explicarles los usos que esta antigua ermita había tenido después de la desamortización de Mendizabal. Quiero dar las gracias a Susana Luis Piñeiro, responsable del Centro y a su padre, que aunque no nos pudo acompañar, sí me facilitó todo lo necesario, así como dípticos e información promocional del Centro y de la Reserva de la Biosfera. Algunos visitantes dejaron impronta en el libro de visitas.
El recorrido continuó al pabellón municipal y tras ello, recorrer la Avenida de la Constitución, conocer el ensanche zarceño y llegar a la Plaza de Toros donde di cuenta de su historia, de la existencia en la localidad de la Peña Taurina «Heraclio Pombo» y en la actualidad sede de las clases prácticas de la Escuela Taurina de Extremadura. Aquí quiero agradecer al concejal del Ayuntamiento Rafael Borrega Granado el facilitarme las llaves tanto del pabellón municipal como de la plaza de toros. Contiuamos hacia el Castillo después de ver la Cruz de los Caídos y la avenida Doctor Perianes Carro. Previa a la explicación en la explanada del Castillo, oteamos la Piedra Caballera y les hablé un poquito de la Calzada Romana que, entre otros, defiende su existencia Pascual Madoz y José Luis Melena, para después fijarnos en el Calvario y en la obra de la ermita del Castillo con las consiguientes explicaciones pertinentes. Agradecer a Genari Diaz que siempre está dispuesta para abrirme la ermita. Gracias a Genari Diaz y también gracias a Trini Gutiérrez Morán que en otras ocasiones me facilitó la llave.
El mural de Sojo, en la calle Castillo, con las manos trabajadas cosiendo de la zarceña señora Luisa Vicario de Sande, fue otro punto de interés en el que me atreví a cantarles, por cierto no muy bien pues el cantar no es lo mío, la primera estrofa de la jota de Zarza: «No salgas niña a la calle…» hice lo que pude. Accedimos al horno del Castillo, expliqué su funcionamiento, elogié la figura de los grandes artesanos alfareros zarceños como Julián Morán Jorge, para después desde el mirador del Castillo otear Zarza desde lo alto. Tras ello nos esperaba la ermita de Santa Clara, su pasado, sus secretos, su estado, su relación actual con el Museo Arqueológico de Badajoz, para posteriormente llegar a la emblemática Plazuela y representarles las tres reverencias del Domingo de los Tiros con la explicación de todos los prolegómenos y eventos posteriores. Agradecer aquí, la presencia de María del Puerto Magro Pérez que nos hizo una foto de grupo delante de las esculturas de la zarceña y zarceño ataviados con el traje de la localidad y que tras ello, Puerto, resaltó la emoción que se vive sirviendo como mayordomos en las reverencias. Ménsulas, dinteles, esgrafiados y chimeneas nos fueron acompañando hasta la barroca ermita de San Juan. Pero antes de conocer San Juan vimos cómo se adorna un arco de bienvenida a la Virgen de Sequeros. Aquí en este momento comenzó a acompañarnos la Junta Directiva de la Asociación de Mujeres de Zarza la Mayor «Nuestra Señora de Sequeros» en las personas de Josefa Prado Jorge, Tomasa Blanco Placeres y Ana María Navais, que desde que les anuncié esta visita presentaron toda su disposición a colaborar en lo que fuera necesario. Gracias Josefa, Tomasa y Ana María. Expliqué la fachada de San Juan, atrio e interior, su arco y casa contigua solariega sin olvidar sus huertas. Y gracias a Tomasita y la señora Teresa por disponer de la llave para entrar en la ermita.
Ahora se hacía necesario un descanso, así que el Fari nos dispensó café, refrescos y alguna que otra cerveza para mitigar le calor del que disfrutamos. No había que enredarse mucho, el programa había que cumplirlo y nos esperaba la fachada del Cine de Don Mario en el que glosé rasgos de su historia y momentos vividos por los zarceños. Seguidamente visitamos la Puentita, casa del Vicecónsul de Portugal y entrada de la fachada de la casa de don Mario. La explicaciones complementaron estos tres lugares para luego en la calle Concejo, volver a ver la confección de otro arco para la Virgen de Sequeros pues tuvimos la suerte de que estos días Zarza ebulle por la presencia de la Madre de Sequeros en la Parroquia y que ahora, durante unos días, visitará en procesión todas las calles del pueblo por lo que los zarceños la reciben con arcos florales, adornos, balconeras y banderines. Llegar a la iglesia y ver en el altar mayor a Nuestra Señora de Sequeros es el mejor regalo que Zarza pudo ofrecer a los vecinos de Valdastillas. El calor estaba presente y el fresco de la Iglesia Parroquial de San Andrés se agradecía y allí glosé retazos de su historia, reformas producidas en la misma y presentación de su iconografía. Gracias a Josefita Núñez Andrade, que siempre que la molesto para que me abra la iglesia siempre está dispuesta y yo agradecido de ello. La Casa de la Encomienda y la Real Fábrica de la Seda centraron la siguiente parada y tras las explicaciones fuimos recibidos en el Excelentísimo Ayuntamiento de Zarza la Mayor por el primer teniente de alcalde, don Juan José Núñez Estévez, quien en el Salón de Plenos dirigió una bonitas palabras a la concurrencia haciendo incapié en la importancia del conocimiento histórico de los municipios como Zarza la Mayor y yo, como Cronista Oficial de la localidad, aproveché para explicarles las armas del Escudo Municipal. En este mismo salón, la Asociación de Mujeres Nuestra Señora de Sequeros de Zarza la Mayor tuvo el detalle de elaborar dos cazuelas (plato-postre típico zarceño), y tras la explicación de su elaboración, se procedió a la degustación del mismo, quedando toda la expedición con un buen «sabor de boca». Gracias a Juan José por abrirnos la casa de todos los zarceños y gracias por el gustazo de volver a probar la cazuela de la mano de Josefa, Tomasa y Ana María. La Plaza del Rollo, con su rollo e historia, los balcones corridos y la Fuente del Concejo, su historia, construcción y uso nos iban anunciando que la jornada de mañana llegaba a su fin. Pero todavía no habíamos terminado, teníamos que llegar al crucero del Altozano y adentrarnos en la ermita de San Bartolomé, el patrón, conocer sus usos, su imaginería, nuestro Nazareno, leyendas, hechos ocurridos en ella y hablar «hasta de gallinas». En San Bartolomé nos acompaña María Teresa Montero Britos para poner voz a la tradición del Huerto de San Bartolomé, tradición a la que dediqué el pasado Miércoles Santo una exhaustiva crónica. Gracias Maria Teresa. El estómago avisaba, el Complejo Valle Grande nos esperaba. De diez. Su gestores, como siempre, nos acogieron y ofrecieron lo mejor, además de mostrarnos todas sus instalaciones. Gracias José, gracias Amparo y gracias a todo el equipo que lo hace posible. Y gracias a Josefa, Tomasa, Ana Maria y Meñi Montero, zarceñas de la Asociación de Mujeres que también quisieron compartir con todos mesa y mantel. La jornada de tarde nos esperaba y la campiña de la Virgen de Sequeros sería nuestra primera parada. Reviví con la expedición las romerías de la Virgen de Sequeros y de San Isidro, las transformaciones que se han producido a lo largo de los años en la campiña sin olvidar la historia y detalles de la ermita. Seguimos el recorrido hacia el Centro de animales Exóticos y Tortugas gestionado por Daniel Iglesias en el sitio del antiguo tejar, al lado del Cementerio Municipal. Gracias Dani por tus explicaciones, por tu acogida y buen hacer de forma altruista sin ningún tipo de ayuda. Desde un tiempo a esta parte también incluyo en mis rutas la visita al Cementerio Municipal, antes Cementerio de La Piedad. Recorrerlo con breves explicaciones en voz baja, fijándonos en detalles, creo que merece la pena por respeto y consideración a nuestros a antepasados. Y llegamos casi al fin del viaje. Nos quedaba llegar al azud del Eljas, esa línea divisoria entre España y Portugal pero que en nada nos separa del vecino pueblo portugués. Apreciar su área de descanso, bungalows, bar de verano y agua fresca en buena cantidad que todavía discurre por su cauce, era la guinda que colmó el viaje, pero no solo hubo guinda, hubo corona, pues el viaje lo coronó la imagen de la Torre del Homenaje del Castillo de Peñafiel que se otea desde el lado portugués. Un viaje para enmarcar gracias a la Asociación de Mujeres Balcón del Valle de Valdastillas, gracias a la Asociación de Mujeres Nuestra Señora de Sequeros, gracias al Centro de Identidad la Encomienda de Peñafiel, gracias al Ayuntamiento, gracias al bar el Fari, gracias al Complejo Valle Grande, gracias al Centro de Tortugas y Animales Exóticos y a todas las personas que por las calles mostraron afecto y cariño hacia el pueblo de Valdastillas.
Y termino como empecé esta crónica. «Cuando (después del viaje cultural a Zarza la Mayor) arribamos ayer a la sierra de Tormantos, enclave de la localidad jerteña de Valdastillas, la umbría comenzaba a invadir la estribación. El día alcanzaba su decrepitud después de haber vivido una jornada para el recuerdo»…y así fue, doy fe, las muestras de afecto y agradecimiento tanto en Zarza como en el viaje de regreso eran patentes, Valdastillas había vivido un viaje para el recuerdo, con sentimiento, emoción y agradecimiento. Otro motivo más de orgullo zarceño y orgullo cuqueño.
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