Montijo. La Playa de los Suspiros, hace 62 años

Montijo. La Playa de los Suspiros, hace 62 años

Manuel García Cienfuegos
Cronista Oficial de Montijo y Lobón
cienfuegos@cronicasdeunpueblo.com

 

Era domingo, 2 de agosto de 1964. El marketing al más puro estilo Visam, inventó para aliviar las altas temperaturas, el gozo para pequeños, jóvenes y mayores: ¡La Playa de los Suspiros!, también llama Torremelones, en alusión al boom del turismo que entró en la Costa del Sol. Hoy persiste el calor, la calor, los calores, las calorinas, la calima y el jodío viento al que llamamos solano. La Playa de los Suspiros hace tiempo que dio su último suspiro porque la hemos emponzoñado, degradado y aniquilado. Y el río Guadiana sufre de asfixia por lo que a él vertemos.
Aquel año de 1964, Marisol y su canción “Tómbola” fue la canción del verano, porque la vida parecía que estaba llena de luz y color. Al año siguiente hizo furor la “Chica ye yé” de Concha Velasco, que tanto se bailó en el complejo del ocio y espectáculo del momento: la “Piscina Cavi” de inolvidable recuerdo para matrimonios, parejas y jóvenes con el mayor de los deseos posibles, ligar. ¡Tiempos!

 

 

Agosto

Agosto

Manuel García Cienfuegos
Cronista Oficial de Montijo y Lobón
cienfuegos@cronicasdeunpueblo.com

 

Se nos ha venido de frente crujiendo el sol de agosto. Sin tregua ni respiro ha llegado el mes de las canículas. El de las tardes donde la flama bochornosa, que aguarda desde la esquina, cae a plomo latiendo y envolviéndolo todo. La calle, en agosto, es un horno, embistiendo como un toro echando bocanadas de aire calentón. Por eso ha llegado implorando y pidiendo abanico, un helado y un trago de agua fresca. En agosto, tú, sigues existiendo, aún te sigues llamando, con dignidad, verano.
Agosto es partitura de retorno a los tiempos que se fueron. Es regreso a los territorios de un inmenso recreo que inundaba acequias, sifones, albercas y la playa del río. Agosto es partitura de llegada a miradas llamativas de muchachas adolescentes. Agosto es proyección de luz sobre la libertad de los cielos de las noches en las pantallas de los cines de verano. Agosto es regreso a jugar en la calle, en el lejío, escuchando, obedeciendo y poniendo en práctica lo que dictaba y decía, bajo secreto, la “piedra zumbona”.
Agosto es toque de queda que decretan las cornetas que se desangran por el calor del viento solano a la hora de la siesta. Agosto huele a café, a sonido de baraja de cartas y movimiento de ficha de dominó, rompiendo y fragmentando el tedio quegobierna la intimidad de la tarde. Agosto es remolino trenzando rizos sobre los rastrojos. Agosto trae mañanas en las que brilla un sol luminoso, mientras un gato duerme en el patio al amparo del verde frescor de las macetas de helecho. Agosto trae olor de jazmín y dulce sonido de una humilde campana que despierta el silencio antiguo de convento de clausura, señalado por el índice enhiesto del ciprés plantado en la huerta por las hijas de Santa Clara.
Agosto es memoria de un amanecer cierto, una llamada de teléfono negro bajo amenaza y decreto de cañón en los cerros apuntando y señalando un día de imborrable recuerdo. Agosto es tapia agujereada, herida y traspasada de cementerio. Agosto cocina en sus pucheros la verdad sensata de sus inocencias. Agosto rompe las conciencias que serán juzgadas por quien debe juzgarlas. Agosto es guiño, destello y llanto de estrellas que cruzan la grandiosidad de los cielos de una noche de verano. Agosto tiene, a mediados, sabor a Virgen, declarado día festivo, solemne y grande. Agosto es saludo de emigrante.
Agosto trae en sus paseos por los rincones oscuros de las callejas de la noche sonido a cadena, miedo, pánico y susto en el cuerpo por la sombra blanca que produce la silueta de una pantaruja. En agosto transita el rito de una sandía hueca con ojos tenebrosos y boca feroz, donde en su interior una vela la iluminaba y le daba aspecto fantasmagórico. La redonda sandía horadada y perforada era pegada sobre una tabla para ser sacada en nocturna procesión, mientras un coro infantil de penitentes y acompañantes, en su despedida, en la emoción, la velaban y le cantaban “Pobre sardina ya se murió, le cantaremos misa mayor. La calavera el conqui”.
Agosto trae una blanca camisa sin tirantas que juega, en lo efímero, a ofrecernos en su desnudo un hermoso pecho en el íntimo y ardiente deseo de querer mirarlo todo. En agosto las parejas de amantes, cómplices y enamoradas juegan y se dan el sí quiero. En agosto las noches tardan menos en venir, remansando sosiego ante la huella que va dejando el tiempo. En agosto se orean las sábanas del ajuar junto a la cal blanca que moltura y vendimia pregonando en las profundidades y honduras del alma. En agosto, a finales, estarán apuntalados los palos de la Feria, en la espera de que venga y aparezca el primer fogonazo para anunciarnos que el gozo ha llegado, que Ella ya está aquí, para exponerse, un año más, a las veladuras que cincelan los atajos del tiempo. Ella es y será siempre la esperanza que no envejece y la luz que nos toca acariciándonos los recuerdos.
(De mi libro “Los quehaceres y los días. Montijo en la memoria”, pgs. 59-60)

 

 

HISTORIAS DE LA CEREZA EN EL JERTE (II): LA INCIDENCIA DE LA GUERRA CIVIL EN LA RECOLECCIÓN DE LA CEREZA (I). L AS CAMPAÑAS DE 1937 Y 1938.

HISTORIAS DE LA CEREZA EN EL JERTE (II): LA INCIDENCIA DE LA GUERRA CIVIL EN LA RECOLECCIÓN DE LA CEREZA (I). L AS CAMPAÑAS DE 1937 Y 1938.

Juan Pedro Recio Cuesta

Hace apenas unos días se ha cumplido el 90 aniversario del inicio de la Guerra Civil, un conflicto que afectó de lleno a la cotidianidad de nuestros pueblos. Por aquel entonces, la cereza aún no era el motor económico del Valle del Jerte, pero ya sí era una actividad económica representativa para la economía familiar de algunas de sus poblaciones, tales como Cabezuela del Valle, Jerte o Navaconcejo. En este viaje a la década de 1930, hablamos de la incidencia que tuvo este trágico conflicto en las campañas de recolección de la cereza de los años de 1937 y 1938.

Enlace al artículo: https://senderosdelahistoria.blogspot.com/2026/07/historias-de-la-cereza-en-el-jerte-ii.html

 

Montijo. La baranda de la fragua de Vulcano

Montijo. La baranda de la fragua de Vulcano

Manuel García Cienfuegos
Cronista Oficial de Montijo y Lobón
cienfuegos@cronicasdeunpueblo.com

Pasó Santiago, Santa Ana, San Joaquín y Santa Marta. El último día de julio será San Ignacio de Loyola, y percibiremos el aire que producen los abanicos. Crujen las mecedoras de rejillas en su balanceo y el día calienta con su ola de calor el hierro de la baranda del atrio de la iglesia de San Pedro. La tocas y parece que está recién salida de la fragua de Vulcano.
Porque en este tiempo, en las largas tardes, las calles viven una paz y un silencio absoluto. No hay ni un alma por ellas en las horas calmas y pacíficas de la siesta. Son días en los que no hay misericordias en lo climatológico. Es verano y corre el reloj en busca de los calores de agosto que nos esperan.
Hoy cierro los ojos y acudo a los años de la niñez y adolescencia, cuando los muchachos corrían por el asiento de ladrillos del atrio, saltando para esquivar donde se apoyan los brazos. Aquel ejercicio evocaba una atlética carrera de saltos con vallas, porque en la austeridad y escasez en mi generación nos había ordenadores, consolas y videojuegos para entretener juegos y diversiones.

 

 

DE HINOJAL HASTA ALEMANIA

DE HINOJAL HASTA ALEMANIA

Francisco Rivero
Cronista Oficial de Las Brozas y de Hinojal

            Desde hace meses tenía guardado en casa de mi tía Pili Díaz un librito de poemas titulado “En el campo de Hinojal”, impreso, por Kaiser Press, el año pasado en Alemania. De ahí el título de la crónica.

            Son 38 páginas de poemas dedicados a mi pueblo natal por su autora María Teresa Heránn – Pérez, con tres poesías de Lurdes Durán, autora de la bella fotografía de la portada y que fue la persona que me regaló el poemario con la siguiente dedicatoria: “Para Francisco, que tanta ilusión y trabajo le caracteriza por Hinojal y los hinojaliegos”. Y es verdad, es mi pueblo y le debo mucho.

            La obra contiene 26 poemas, divididos en tres capítulos dedicados al pueblo, a sus paisajes y a sus gentes. De las 26 poesías, tres son obra de Lurdes Durán, una en cada apartado. La primera “Mi patio y Dino”; la segunda “De camino a Hinojal” y la tercera “Amante incondicional”.

            La autora dedica su obra a los habitantes de Hinojal del Campo, que así se llamaba antiguamente nuestro pueblo, y para Lurdes Durán, hinojaliega”. Y lo concluye con un “Gracias a Lurdes y Juan por invitarme a visitar Hinojal del Campo, inspirador de estos poemas Gracias a Alfred por convertirlos en este librito que tienes en tus manos querido lector”.

            Y para terminar un poema de María Teresa:

            MI HERMANA

            Mi hermanita me regaña,

            mi hermanita angelical.

            No me regañes hermana

            porque quiero ir a Hinojal.

            Mi hermanita me reprende,

            mi hermanita tan cabal.

            No me reprendas hermana

            porque quiero ir a Hinojal.

DON PABLO MORÁN ALEMÁN, FARMACÉUTICO

DON PABLO MORÁN ALEMÁN, FARMACÉUTICO

28 de julio 2026
Emilio Arroyo Bermejo
CRONISTA OFICIAL DE ZARZA LA MAYOR

En el siglo XX en Zarza la Mayor se conceden varias licencias de apertura de farmacias en la localidad. En la segunda mitad del siglo XX tres de estas farmacias corresponden a farmacéuticos cuya procedencia era zarceña. Don Luís
Gundín Hurtado, con su farmacia en la calle Concejo, don Pablo Morán Alemán, con su farmacia en la calle Abajo y la farmacia de don Nicolás Alemán de Sande en la calle Concejo. Anteriormente José María Álbaro, Francisco Perianes y Rafael Moro, entre otros, también pusieron al servicio de Zarza su sabiduría y buen hacer a nivel farmacéutico.
Las farmacias de don Luis Gundín y de don Pablo Morán cerraron por jubilación mientras que la farmacia de don Nicolás Alemán pasó a manos de doña Isabel Fidela Fernández Loro, hasta la actualidad.
En el libro que publiqué en 2014 «Homenaje a Zarza la Mayor y sus gentes.Recuerdos de mi infancia y juventud» ya glosé la figura de don Nicolás Alemán de Sande en las páginas 89, 90 y 91.
Pero hoy el foco se dirige a don Pablo Morán Alemán, hijo de Agustín Morán y Teresa Alemán. Don Pablo nace el 25 de enero de 1907 y tiene dos hermanos, Benjamín y Miguela. Benjamín estuvo casado con María Pallés y tuvieron tienda de ultramarinos en la calle Concejo, además de propiedades agrícolas.
Don Pablo contrae matrimonio con Dionisia de Sande Morán, su prima hermana, nacida el 24 de noviembre de 1906, hija de Mauricio de Sande y Nicolasa Morán. Dionisia de Sande tuvo una sola hermana, Casilda, que casaría con don Enrique Hurtado Gundín, veterinario.
Don Pablo Morán Alemán y doña Dionisa de Sande Morán en su matrimonio tienen tres hijos y otro que no llegó a nacer por muerte gestacional. La primera en nacer fue Teresa, el 28 de julio de 1935, (concretamente hoy cumple 91 años, a la cual felicito y deseo cumpla muchos más), luego nació Nicolasa, muriendo con 4 años y posteriormente nació Miguel, falleciendo al mes, nació sietemesino.
La familia de don Pablo procedía de la calle Concejo, pero al casarse se asentaron en la calle Abajo números 7 y 9, correspondiendo el número 7 a la farmacia y el 9 a la vivienda, que constaba de dos pisos, zaguán, muy fresquito, grandes salas y corral.
Pero antes, don Pablo tuvo que formarse academicamente y para ello estudió en el Colegio San Antonio o Franciscanos de Cáceres y posteriormente licenciarse en farmacia en Salamanca.
Durante la guerra sirvió como farmacéutico militar y la orden de 27 de mayo de 1939 establece su ascenso al empleo de farmacéutico segundo en el mismo destino, desarrollando toda su labor farmacéutica en Zarza la Mayor hasta su jubilación a inicios de los 70.
Eran épocas de las fórmulas magistrales en las farmacias con la elaboración de jarabes, pastillas, etc. A Don Pablo le gustaba asistir a reuniones del Colegio de Farmacéuticos de Cáceres e incluso, en ocasiones, viajaba a Madrid a estos encuentros, haciéndose cargo de la farmacia su esposa, doña Dionisia, con la ayuda del mancebo y su hija Teresa.
Con don Pablo, en la farmacia, trabajó de mancebo Teodoro Pérez Ferreira que habia iniciado los estudios de farmacia y que se casó con Fernanda López Gazapo, siendo padres de Marcelina Pérez López.
Al tratarse de familias que poseían fincas como El Olivar Grande (término de Alcantara), Valdefontes, El Barrero, Las Mayas, cercas y «tapaos» por distintos lugares del término, en la familia Morán de Sande se hacía necesario tener un hombre de confianza, Jerónimo, que además de atender las tierras, estuviera al tanto del ganado, como las ovejas.
En el Olivar Grande tenían vivienda en la que pasaban ciertos periodos y don Pablo, para atender la farmacia, se desplazaba 11 kilómetros de ida y otros de vuelta cada día a lomos de un caballo y allí, en esa propiedad, su hija Teresa disfrutaba con su amiga María Teresa, natural de Madrid, que había vivido en Zarza porque su padre fue Guardia Civil, hasta el punto de que los padrinos de bautizo de María Teresa fueron en su día don Pablo y doña Dionisia.
En casa de don Pablo trabajó, durante 25 años, Petra Britos Barroso y posteriormente su hija, María Teresa Montero Britos, siendo madrina de bautizo de María Teresa, la hija de Don Pablo y doña Dionisia y por eso a María Teresa le pusieron el nombre de su madrina.
Don Pablo era un gran aficionado a los toros, acudiendo todos los años a algún festejo a la Feria de San Isidro de Madrid, así como a los festejos de las Ferias de San Fernando en mayo y San Miguel, en septiembre, en la capital cacereña.
Además, a don Pablo le gustaba pasear con amigos como Casimiro Bermejo Navarro y Juan Navarro de Sande, entre otros.
La familia disponía de coche de caballos (conocido familiarmente como «la serré») que lo conducía Jerónimo y que era guardado en el tejarón del Reducto. Como curiosidad, pasados los años, el yerno de don Pablo, Francisco Bote Puerto, cambió el coche de caballos por un camión de paja, una pena para la familia.
A doña Dionisia le gustaba coser y guisar, pero le apasionaba atender la farmacia cuando su marido salía de viaje.
La familia veraneaba en la paradisiaca localidad salmantina de Candelario, buscando la brisa fresca de las estribaciones de la Sierra de Béjar.
La hija del matrimonio, Teresa, nace el 28 de julio de 1935. Va a la escuela, sita en el Ayuntamiento, con doña Antonia Pantrigo López y juega con la sobrina de doña Antonia, hija de Don Julián Pantrigo López, Maria del Carmen Pantrigo Casado. Además de ir a la Escuela Nacional, le da clases particulares la maestra doña Rosa Broncano Carrasco, que por aquellos años ejercía como Maestra Nacional en Zarza la Mayor.
Recuerda Teresa a sus amigas, entre ellas, Pura Pascual, Vicenta Pantrigo Antúnez, Blanca Bermejo Gazapo y añora los paseos por Zarza, ir a coser al campo, la fábrica, la villa Leandrita, jugar a las cartas con sus amigas en la sala de su casa y después en la farmacia, ir al baile a la Pista, al cine de Don Mario, vestirse en los carnavales todos los domingos desde el día de San Antón (17 de enero) hasta el martes de carnaval, muchos recuerdos de Teresa.
Y en esas partidas de carta le surge el amor a Teresa de una forma muy curiosa.
Como Teresa era prima hermana de las hijas de don Enrique Hurtado Gundín(veterinario), un día que estaban jugando a las cartas en casa de don Enrique, concretamente 16 amigas, llegó el que era veterinario en Alcántara para ver a su compañero zarceño y don Enrique le presentó a todas las mozas sin saber que el joven veterinario de Alcántara se enamoraría de su sobrina Teresa. Corría el año 1958. Pasados las años fructifica el amor y el 3 de mayo de 1963 contraen matrimonio en Guadalupe, Francisco Bote Puerto y Teresa Morán de Sande a los pies de la Morenita en plenas Villuercas.
Francisco Bote Puerto es natural de Alcuéscar (14 de noviembre de1932 – 20 de junio de 2020) y veterinario de profesión con destinos en Hurdes, Alcántara, Santa Cruz de la Sierra, Talaván, recalando en Cáceres al contraer matrimonio y terminando su vida laboral, con 62 años, en 1994 en la Oficina Veterinaria de Trujillo.
Teresa y Francisco tienen un hijo, Miguel Ángel, nacido el 21 de febrero de1964, licenciado en derecho, empresario autónomo ( dedicado principalmente a la agricultura y a la ganadería), está casado y tiene tres hijos.
La casa familiar en Zarza después de la jubilación de don Pablo, en la década de los 70, es habitada por el doctor don Pedro José Broncano Arévalo, en la que el mismo espacio que ocupaba la farmacia se convierte en la consulta del doctor Brocano Arévalo. Pasado los años, a principios de los 2000 pasa a manos de otra propiedad.
A la jubilación de don Pablo, la familia se traslada a Cáceres y se sitúan, durante un año, aproximadamente, en la conocida y concurrida avenida cacereña de la Virgen de la Montaña, para posteriormente, por problemas de salud de doña Dionisia, se trasladan al domicilio de su hija Teresa, sito en la calle Periodista Sánchez Asensio (actual calle de los Multicines) y a la muerte de doña Dionisia, su marido siguió viviendo con su hija.
Doña Dionisia fallece el 14 de diciembre de 1973 y don Pablo el 17 de junio de 1982, siendo enterrados ambos en el panteón familiar del Cementerio de Zarza la Mayor.

En la memoria colectiva de Zarza quedan los recuerdos, la figura de don Pablo y doña Dionisia, el chirriar del cancel que daba acceso a la botica, el olor propio del establecimiento, las fórmulas magistrales y los medicamentos que allí se dispensaban, todo un cúmulo de recuerdos al inicio de la calle Abajo de la mano de la familia Morán de Sande.