por Francisco Rivero | Feb 9, 2026 | Artículos
En la obra del alcantarino Manuel Pedro Bernáldez “El partido electoral de Alcántara durante el siglo XIX y hasta la dictadura de Primo de Rivera”, publicada en mayo de 2025 por la editorial Círculo Rojo, se cuenta que la Ley Electoral de 18 de marzo de 1846 promueve un distrito por cada 35.000 habitantes.
Así a la provincia de Cáceres le correspondían 7 y a la de Badajoz 9. Los distritos de nuestra provincia eran: Brozas, Coria, Gata, Navalmoral, Plasencia, Trujillo y Cáceres.
Veamos ahora el distrito concreto de Brozas, publicado en el Boletín Oficial de la Provincia de 1 de julio de 1846 y en el que se había enumerado un total de 35.952 personas, siendo el segundo de más población de la provincia.
El distrito electoral de Brozas lo conformaban las siguientes poblaciones: Brozas, la más poblada, con 5.600 almas; Alcántara, 2.912; Mata, Villa del Rey, Garrovillas (4,800 personas), Navas del Madroño, Arroyo del Puerco (con 5.056 habitantes), Carbajo, Cedillo, Herrera de Alcántara, Herreruela, Membrío (2.080 almas), Pino de Valencia, Salorino, Santiago de Carbajo y Valencia de Alcántara (3.920 personas).
En el censo de 1843, Alcántara tenía 2.576 habitantes; Brozas, 4.936; Zarza la Mayor, 2.563; Cáceres, 5.723; Garrovillas, 4.006; Navalmoral, 7.480; Plasencia, 4.871; Trujillo, 4.843; Valencia de Alcántara, 3.277. La provincia tenía 218.035 habitantes, de los que 108.139 eran mujeres.
Pero en la Ley Electoral del 23 de junio de 1870 hay ya unos cambios que afectan a varios pueblos la sede de Brozas fue sustituida por Alcántara, Gata por Hoyos y Siruela por Villanueva de la Serena.
De esta manera en menos de dos siglos, el número de habitantes de la villa Brozas y su movimiento económico ha caído en picado. Esta debe ser es la motivación actual de la sociedad broceña y de sus autoridades municipales para tener como motivación principal volver a ser un pueblo importante en la provincia.
No hace mucho sugerí en el Real Casino de Madrid, en presencia de autoridades turísticas de Extremadura que hay que tener en Brozas y otros pueblos de la región una buena red de Wifi para que muchos de nuestros jóvenes profesionales puedan comprar alguna casa en nuestros pueblos y teletrabajen, en esta nueva sociedad de nómadas digitales. La idea fue muy bien aceptada.
por Manuel García Cienfuegos | Feb 5, 2026 | Agenda Cultural, Artículos
El pasado 24 de enero asistí al homenaje que el Ayuntamiento de Montijo hizo a los “Teatros Ambulantes”, y de una manera especial al ‘Teatro Mari Paqui’ que en los años cincuenta y parte de los sesenta actuó en Montijo en la plaza del Conde, hoy Plaza de Cervantes. Marisa y Paquito, hijos de la pareja de directores y propietarios de este teatro portátil, que tomó el nombre de ellos.
Ahora, transcurridos los años, gracias a la gestión de Juanma Holguera, director del Teatro Nuevo Calderón que, al contratar a la compañía de Marisa Lahoz, ella mostró su alegría al ver que vendría a Montijo para actuar en el Teatro, diciéndole a Juanma ¡Tengo que contarte algo!, y era que conocía Montijo desde niña, pues junto con sus padres venía con el Teatro Mari Paqui, del que eran directores y propietarios. Así ha sido como ha surgido la idea de colocar una placa en la fachada que da acceso a la Plaza de Cervantes, del hoy Teatro Nuevo Calderón.
La actriz Marisa Lahoz, emocionada descubrió la placa que ofrece esta leyenda: “Homenaje a los Teatros Ambulantes. En memoria de aquellas compañías, que durante las décadas de los cincuenta y sesenta del siglo XX, llenaron de vida y sueños la montijana Plaza de Cervantes, antes Plaza de los Condes de Montio. Descubre esta placa la actriz Marisa Lahoz, que en su niñez recorrió estas calles con el Teatro Mari Paqui de sus padres, y hoy regresa con la misma pasión al escenario del Teatro Nuevo Calderón. Montijo, 24 de enero de 2026, Ayuntamiento de Montijo”.
Acto sencillo y emotivo que presenté ante el público que asistió al mismo, con la presencia del alcalde Montijo, Javier Cienfuegos Pinilla, la concejala de Cultura y Festejos, María Gutiérrez y el concejal Carmelo Pérez Sánchez, responsable de Comercio e Industria, acompañados por integrantes de la compañía ‘Arden Producciones’ que ofreció ese día “El perfume del tiempo”, de Chema Cardeña.
Marisa Lahoz (1954) es una actriz con una consolidada y reconocida carrera interpretativa (“Amar en tiempos revueltos”, “Velvet”, “Cuéntame cómo pasó” o “Las chicas del cable”, que han sido algunas de las últimas series de televisión en las que ha participado).
El Teatro Mari Paqui ocupó el entretenimiento durante años en los que la escasa programación cultural que aquel tiempo ofrecía, estaba centrado en el cine, el baile y algunos teatros ambulantes que llegaban a Montijo, amparados por la taquilla que las representaciones lograban, gracias a los pueblos cercanos, creados por el Plan Badajoz (Valdelacalzada, Guadiana, Pueblonuevo del Guadiana y Barbaño), junto al aporte de espectadores, entre otros, de Montijo, Puebla de la Calzada, Lobón y Torremayor. No obstante, en Guadiana, también actuaba por esas fechas el teatro portátil Fernando-Isabel, según me ha informado Anita Gallarín, vedette de la revista musical española.
El Teatro Mari Paqui estuvo, según me han informado, vinculado con la pareja de artistas montijanos, muy populares, “María Soltero y Antonio Polo”, que habrán disfrutado desde el cielo con este homenaje. Con ellos acudo a los laberintos de la memoria, dictándome redactar la sintonía “Mari Paqui, Mari Paqui…el de la alegre simpatía, de los pueblos que llevamos recorridos, uno de ellos, el mejor, Montijo. Porque tiene las mujeres más bonitas y porque viene a visitarnos todo el forastero… para subir de nuevo la música: Mari Paqui, Mari Paqui… Tampoco olvido la pareja Ramuncho y Rodolfo cantando y bailando “Soy Rodolfo Monterrey, y de rey no tengo, ná”. Tiempos para evocar, desde la crónica, que son historia de mi querido Montijo.
por Emilio Arroyo Bermejo | Feb 4, 2026 | Agenda Cultural, Artículos
2 de febrero de 2026
CRONISTA OFICIAL DE ZARZA LA MAYOR
El calendario litúrgico católico establece el 2 de febrero como el día de las Candelas y en la parroquia de Zarza la Mayor es la imagen de la Virgen del Rosario la que hace las veces de la Virgen de las Candelas cada segundo día de febrero.
La imagen de la Virgen del Rosario, hoy bajo la advocación de la Virgen de las Candelas, ocupa la hornacina central del retablo barroco dorado situado en el transepto, en el lado del evangelio, retablo bajo un dosel o guardapolvo situado artísticamente en el siglo XVIII.
La imagen de la Virgen del Rosario es una talla en madera, policromada, avenerada con ropajes dorados y portando la Virgen en el brazo izquierdo al Niño, el cual en su mano izquierda sostiene la bola del mundo y del brazo derecho de la Virgen pende un Rosario.
Tradicionalmente, desde antaño, esta imagen en Zarza la Mayor ha cumplido con la advocación de la Virgen de las Candelas, pues hoy se le coloca y porta una vela en su mano derecha que representa la purificación de la Virgen tras el nacimiento de Jesús, presentando a los nuevos bautizados ante la Virgen, portando velas los feligreses.
Durante algunos años, esta talla fue vestida, al menos, para procesionar el día de las Candelas alrededor de la Iglesia.
También hay quien defiende que pudo ser la original Virgen de Sequeros.
La estampa envidiable que presenta la imagen en la actualidad, es obra de la restauradora Licenciada en Bellas Artes en la Especialidad en Conservación y Restauración de Obras de Arte, la salmantina Isabel Pantaleón Rodríguez y que gracias al empeño del párroco del momento, Don Alfredo Ballesteros Morientes y la aportación de un feligrés que prefirió permanecer en el anonimato, hoy podemos disfrutar los zarceños de una bella imagen.
En el año 2009, en el taller salmantino de la Licenciada Pantaleón Rodríguez se le realizó una restauración integral basada en una limpieza, reintegración volumétrica y mejora de su policromía. Años más tarde, aprovechando unos días de vacaciones navideñas de la restauradora en la localidad de Perales del Puerto, se le realizaron, a la imagen, algunos retoques.
Desde la restauración efectuada en 2009 cuenta Zarza y la Parroquia de San Andrés Apóstol con una imagen luminosa, como iluminan las candelas y preciosa, que muestra todo su esplendor, tanto en su retablo como cuando procesiona alrededor de la Iglesia cada día de Las Candelas.
Hoy a las 18 horas, en la parroquia, el párroco Don Roberto Rodríguez Santibañez bendecirá las candelas, se presentará a los nacidos en el último año, procesionará la Virgen y los feligreses asistentes participarán en la Santa Misa.
Para la ocasión, la mayordomía baja la imagen de su retablo, la engalana y coloca en sus andas para procesionar.
Para dar colorido a la festividad, las mujeres de las asociaciones irán ataviadas con el pañuelo de cien colores, signo muy de Zarza, guardado, con esmero, en los baúles zarceños desde antaño.
La feligresía festeja a la Virgen de las Candelas. Ayer, la Asociación de Mujeres «Virgen de Sequeros» la festejó tomando, en su sede, chocolate con roscas y esta tarde, la Asociación de Mayores de la Tercera Edad «San Bartolomé» , lo hará con un chocolate con churros.
Que la Luminaria dé luz a los nuevos bautizados en el último año y los conduzca por la senda del compromiso cristiano.
En defensa de las tradiciones zarceñas. Otro motivo más de orgullo zarceño.
por Fabian Lavado | Feb 4, 2026 | Agenda Cultural, Artículos
Cronista Oficial de La Zarza
Los días 2 y 3 de febrero se celebran las fiestas de las Candelas y San Blas, respectivamente. Días de perrunillas, galletas de máquina, bollos de chicharrones, magdalenas…y hornazos con huevo y chorizo. Ambas fiestas tienen referencias documentales en La Zarza.
La Fiesta de La Candelaria o de las Candelas se celebra en recuerdo al pasaje bíblico de la Presentación del Niño Jesús en el Templo de Jerusalén y la purificación de la Virgen María después del parto, para cumplir la prescripción de la Ley del Antiguo Testamento. La fiesta es conocida y celebrada con diversos nombres: la Presentación del Señor, la Purificación de María, la fiesta de la Luz y la fiesta de las Candelas; todos estos nombres expresan el significado de la fiesta. Cristo, la Luz del mundo presentada por su Madre en el Templo, viene a iluminar a todos como la vela o las candelas, de donde se deriva el nombre de Candelaria.
Sobre el año 1400, una imagen de la Virgen que representaba esta advocación, fue hallada a orillas del mar por dos pastores guanches de la isla de Tenerife. Tras el hallazgo y su identificación iconográfica con la Presentación del Niño Jesús y la Purificación de María, la fiesta comenzó a celebrarse con carácter mariano en 1497.
Sus orígenes se encuentran en Oriente con el nombre del Encuentro. En el siglo VI se extendió por Occidente, llegando a celebrarse en Roma con carácter penitencial. En Jerusalén se celebraba una procesión con velas encendidas hasta la basílica de la Resurrección. Otros autores comentan que esta fiesta tuvo su origen en la antigua Roma, donde la procesión de las candelas formaba parte de la fiesta de las Lupercalia.
Documentalmente nos consta que el Ayuntamiento de La Zarza, en la primera mitad del siglo XIX, reservaba una partida del presupuesto anual, dentro del apartado “festibidades de Iglesia”, para pagar al párroco la misa votiva celebrada cada 8 de septiembre en el santuario de la Virgen de las Nieves, al fraile o sacerdote que predicaba la Cuaresma, y también para pagar la cera de la “función” de la Candelaria. Tenemos muchos ejemplos, así en el 1 de febrero de 1810 se pagaron 146 reales al cerero Esteban Pérez Barba, vecino del Almendro, por el mayordomo de propios municipales Juan Rodríguez Montero. En 1813 se pagaron 144 reales al mismo por 8 libras y media de cera, al igual que en 1814. En 1818 se abonaron 80 reales a Antonio Meneses, vecino de Zafra, por el mayordomo Mauricio Flores. El 25 de enero de 1821, el mayordomo Félix Romero pagó a Esteban Fernández, vecino del lugar del Castaño, 80 reales por 6 libras y media de cera: 5 a 13 reales, y la otra y media a 10 reales, para su distribución entre el estado eclesiástico y la corporación municipal. En 1824, otros 80 reales al mismo, por 7 libras y media. En 1827, el mayordomo Clemente Rodríguez pagó 80 reales a Alonso Pérez, por 7 libras de cera a 11 reales y 17 maravedíes cada una. En 1830, Pedro Mª Pérez abona 80 reales a Matías Antúnez, vecino de Alosno, por 6 libras y media de cera. Por último, en 1830 se pagan de nuevo 80 reales a Alonso Pérez, vecino de Puebla de Sancho Pérez, por el depositario de propios Fernando Delgado, por 7 libras de cera.
San Blas o Blas de Sebaste fue médico, obispo de Sebaste (Armenia) y mártir cristiano. Hizo vida eremítica en una cueva en el bosque del monte Argeus, que convirtió en su sede episcopal. Fue torturado y ejecutado en la época del emperador romano Licinio, durante las persecuciones cristianas del siglo IV. Su culto se extendió por Oriente y Occidente. San Blas tiene el honor de ser uno de los catorce santos auxiliadores. Se le considera patrón de los enfermos de garganta y de los otorrinolaringólogos.
Según la tradición, San Blas era conocido por su don de curación milagrosa, que aplicaba tanto a personas como a animales. Salvó la vida de un niño que se ahogaba al clavársele en la garganta una espina de pescado. Este sería el origen de la costumbre de bendecir las gargantas el día de su fiesta.
También nos consta la presencia de San Blas en La Zarza, en el retablo de la antigua ermita de los Santos Mártires San Fabián y San Sebastián, hoy ermita de Ntra. Sra. de las Nieves. Ya en la temprana fecha de 1508, los visitadores de la Orden de Santiago ordenaron al mayordomo que Pedro Nieto, oficial o maestro de cierto renombre en la comarca de Mérida, pintase las imágenes de San Sebastián, San Fabián y San Blas de “buena pintura”, por 2.200 maravedíes. Las “pinturas” o cuadros se realizarían al óleo sobre lienzo, con una altura de 10 palmos (unos 2,10 m.) y una anchura de 6 ó 7 palmos (entre 1,25 y 1,45 metros) que en 1511 ya habrían sido acabadas. Sería un retablo sencillo y de modestas proporciones, que daría solemnidad al altar, donde la figura de San Sebastián estaría en el centro y “la ropa de las tres imágenes [Fabián,
Sebastián y Blas] sean finas; doradas las diademas, cenefas y mitra”.
por Francisco Rivero | Feb 4, 2026 | Agenda Cultural, Artículos
El 28 de julio de 1928, Feliciano Rocha Pizarro firma, como vicario general de la diócesis de Coria el “imprimi potest” del libro “Zarza la Mayor. Impresiones y recuerdos”, de Antonio Solar y Taboada, académico correspondiente de la Real Academia de la Historia, y del presbítero, Marcelino López de Alba. El día anterior, el 27 de julio, el libro había obtenido el “nihil obstat” del censor José Antón Ortiz, canónigo magistral.
“En estas páginas, se dice en la portada, encontrará el que desee escribir la historia de esta villa extremeña algunas noticias que acaso le sirvan”. El tomo se publicó en 1928 en la Tipografía “La Minerva extremeña”, de Badajoz.
Esta información se la debo al cronista de Zarza la Mayor, Emilio Arroyo, quien tiene una copia del libro que era propiedad de su abuelo y después de su padre, éste profesor de EGB en el pueblo cacereño, todos con el mismo nombre. Y por ello le estoy muy agradecido.
Antonio Solar, primer marqués de Campolataro, nació en Alcántara en 1891 y falleció en Badajoz en 1952. Fue un prestigioso investigador de la historia de Extremadura, además de organizar en su momento el Museo Arqueológico de la ciudad de Badajoz, de la que fue su alcalde entre los años de 1924 a 1928. Fue académico correspondiente de las Academias de la Historia, la Academia de la Historia, de la de San Fernando, de la Sevillana de Buenas Letras. Por todo ello, fue nombrado hijo predilecto de Alcántara. Publicó 23 obras, entre ellas: Godoy, Príncipe de la Paz; Del pasado extremeño (1927); Notas históricas y Documentos (1944); Extremadura agraria (1949).
por Pablo Iglesias Aunión | Feb 4, 2026 | Agenda Cultural, Artículos
Cronista Oficial Puebla de la Calzada
Febrero se inaugura tradicionalmente cargado de celebraciones que entrelazan el calendario litúrgico con la vida social de los pueblos. Son días donde la religiosidad popular, la memoria colectiva y el encuentro vecinal se dan la mano. Entre esas fechas señaladas, el 3 de febrero destaca con nombre propio: San Blas, una advocación profundamente arraigada en la tradición cristiana y en la cultura popular de numerosos municipios.
Antes de adentrarnos en el contexto local de Montijo y Puebla de la Calzada, conviene detenerse en la figura histórica y legendaria de este santo cuya devoción ha atravesado siglos.
San Blas: historia, fe y tradición
San Blas fue obispo de Sebaste, en la antigua Armenia —territorio de la actual Turquía—, y vivió entre los siglos III y IV. Venerado tanto por la Iglesia Católica como por la Ortodoxia, su figura ha quedado ligada desde muy temprano a la protección contra los males de garganta, una asociación que hunde sus raíces en la tradición hagiográfica.
Las fuentes cristianas relatan que, antes de ser obispo, ejerció como médico, circunstancia que explicaría su fama como sanador. Vivía retirado como ermitaño, dedicado a la oración y al recogimiento, y el imaginario popular —rico y simbólico— sostiene que incluso los animales acudían a él para ser curados, reflejo de su santidad y cercanía con la creación.
Durante las persecuciones contra los cristianos bajo el mandato del emperador romano Licinio (308–324), San Blas fue detenido por negarse a renunciar a su fe. Sufrió torturas con peines de hierro, instrumentos utilizados habitualmente para cardar la lana, y finalmente fue decapitado en el año 316, convirtiéndose en mártir.
No obstante, el episodio que marcó definitivamente su devoción popular fue el milagro atribuido a la salvación de un niño que se ahogaba con una espina de pescado, tras la oración del santo. A partir de este hecho, San Blas pasó a ser invocado como protector de la garganta, dando origen a la tradición —aún vigente— de la bendición de cordones, cintas o gargantillas en su festividad.
San Blas y su devoción en Montijo
En Montijo, la festividad de San Blas alcanzó durante décadas una notable relevancia social y religiosa. La localidad conserva una imagen del santo en la iglesia parroquial de San Pedro Apóstol, templo edificado entre los siglos XV y XVII, testimonio material de su presencia en la vida espiritual del municipio.
La celebración incluía una romería hasta el cerro donde se levanta la ermita de San Gregorio, datada en el siglo XVIII. Hasta allí acudían las familias portando comida, bebida y productos procedentes de las recientes matanzas, en una jornada que trascendía lo estrictamente religioso para convertirse en un auténtico acto de convivencia y socialización, una comunión vecinal articulada en torno a la Iglesia y al espacio natural.
Durante un tiempo, San Blas fue en Montijo fiesta mayor, con bailes, juegos y encuentros populares. Con el paso de los años, la celebración ha ido transformándose, adaptándose a nuevas realidades, hasta llegar a su formato actual: una programación de carácter festivo y lúdico, organizada por el Ayuntamiento, que tiene como principal escenario la conocida finca de Las Cabezas.
Puebla de la Calzada y la discreta huella de San Blas
Distinto ha sido el devenir histórico de la festividad de San Blas en Puebla de la Calzada. A diferencia de Montijo, las fuentes locales y las tradiciones más destacadas del municipio no recogen un arraigo significativo de esta advocación en la vida festiva de la villa.
No obstante, siempre abiertos al análisis y la interpretación histórica, cabe la posibilidad de que su celebración haya existido de forma más reducida o localizada, quizá vinculada a algún barrio concreto o a actos parroquiales puntuales, aunque —conviene insistir— no existe documentación que lo certifique.
También resulta plausible que se tratara de una festividad menor, de carácter popular y social, similar a la que hasta fechas recientes se celebraba en el barrio de Santo Toribio, haciéndola coincidir con la tradicional fiesta de las Candelas, compartiendo ese mismo espíritu comunitario, participativo y cercano.
Tradición, identidad y memoria
La festividad de San Blas, con mayor o menor presencia, nos recuerda cómo la religiosidad popular ha sido históricamente un elemento vertebrador de la vida en nuestros pueblos. Más allá del calendario litúrgico, estas celebraciones hablan de identidad, memoria y convivencia, de la manera que generaciones enteras han tejido su historia común en torno a la fe, la fiesta y el encuentro.
(Nota: la imagen que aparece ilustrando estas reseñas, pertenece al templo parroquial de San Pedro Apóstol de Montijo).

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